Llegó la hora de la sublevación

Nuevo espectáculo de Danza U cuestiona todo, absolutamente todo.

Hoy en día, es urgente sublevarse “contra un sistema que trata de colonizar lo más íntimo de nuestra subjetividad, creo que no lo ha logrado, pero siempre intenta de alguna forma apropiarse de eso que es significativo para los seres humanos, de ahí, todo lo que implica, desde la felicidad y la espiritualidad como mercancía, la indiferencia”.

Esa reflexión de Hazel González es de alguna manera el punto de partida de Historias de Sublevación, la nueva puesta en escena de la Compañía de Danza Universitaria (Danza U), que se estrena este 15 de noviembre en el Teatro de la Danza.

La coreógrafa y directora del espectáculo reveló que “estas historias implican a un grupo de seres que dicen ‘no’ a ver la felicidad y la espiritualidad como un objeto y mercancía, a la imposición de un deseo que nos es dado por un sistema que nos dice ‘es aquí donde usted debe colocar sus deseos, sus intereses y sus expectativas’, a esas imposiciones que nos han puesto nuestras familias o entornos más inmediatos, esos constructos que tenemos en nuestras cabezas sobre lo que se supone que somos o cómo nos ven los demás”.

Comentó que, así, estas historias que componen el espectáculo implican una sublevación “desde lo cotidiano hasta lo más social en términos de los problemas y las complejidades que vivimos como país y como mundo”.

Sublevación contra todo

González, directora de Danza U, observó que “en los tiempos que vivimos es importante sublevarse contra una serie de construcciones e imposiciones, es importante alzar la voz” y hacerlo desde “lo más cotidiano, que es donde construimos nuestra subjetividad de alguna forma artesanal, hasta los espacios más colectivos, sociales”.

Con franqueza, dijo que la pieza hasta incluye “nuestra sublevación respecto a las condiciones en las que hemos venido trabajando en este edificio, que cada vez está más viejo y que tiene goteras”. También se trata de “cómo dedicamos el tiempo en nuestras casas a hacer cosas absurdas, solamente porque las heredamos y no hemos tenido la oportunidad de cuestionarlas”.

Por si queda alguna duda, con no poca rebeldía, González sentenció que son sublevaciones “contra todo, las formas en cómo se supone que debemos vernos, cómo debe comportarse un hombre o una mujer, qué es ser masculino, qué es ser femenino, qué significa ser religioso, qué significa la religiosidad”.

Sublevación artística

“No es solo danza, tiene de todo”, ya que cuestionó que se coloquen “las formas, las manifestaciones y saberes en lugares muy separados”, ante las necesidades “que tenemos en las artes y en realidad en todas las áreas del conocimiento”.

Todo ello quiere decir que la subversión también desafía a las clasificaciones tradicionales de la manifestación artística: “diría que es una obra no ubicable, depende de dónde se aborde; la danza, teatro, son artes escénicas y los recursos usados en la obra son resultado de las necesidades del tema”.

Puntualizó, entonces, que existen “metodologías pétreas” ya designadas que deban ser usadas para sacar adelante un proyecto de creación artística, sino que los formatos y herramientas de expresión deben emerger de las necesidades que “se van construyendo a lo largo de todo el proceso y de aquello que queremos decir y cómo lo queremos decir”.

Así, uno de los recursos ha sido las exploraciones sonoras. Informó que para ello se acercó al proyecto  Geobiopolíticas Audiovisuales, inscrito en el Instituto de Investigaciones en Arte (IIARTE), de la compositora electroacústica Susan Campos. Detalló que el equipo de trabajo de Danza U recibió una capacitación, “aprendimos a recolectar ciertos sonidos y hacer exploración sonora, edición de sonido, uso de ciertos programas”.

“Hemos trabajado mucho las neurosis que todos tenemos, no hablamos de una persona en específico, hablamos de esas cosas humanas, sentimientos contradictorios, ambiguos, polarizados, imposibles, impredecibles que tenemos todos los seres humanos”.

Otro aspecto destacado es el vestuario, diseñado por la grabadista Verónica Navarro. Se trata de una emulación de las partes internas del cuerpo, con énfasis en las texturas y más bien poco color, pues la paleta se limitó a las tonalidades de la piel de los bailarines.

Sublevación desde lo cotidiano

Insistió por ello en que se trata de “una sublevación desde lo más cotidiano” y relató que una de las exploraciones, además de lo sonoro, tuvo que ver con “las formas en cómo hacemos las cosas en la casas”, las tareas y rutinas más consuetudinarias.

“A partir de eso, metemos los diferentes planos de lectura de las escenas, en donde la parte textual, verbal lo que ellos cuentan lleva a un sitio, la entonación te lleva a otro lugar, el movimiento te lleva a otro lugar, entonces se genera una posibilidad muy amplia de leer la escena”, indicó.

Entonces esta rebelión contra las imposiciones y construcciones sociales de identidad, toma la forma de una búsqueda, un “develar mi deseo, me sublevo porque me doy cuenta de que mi deseo va hacia otro lado, quiero colocarlo donde me siento pleno, honestamente, quiero ir ahí”.

Sublevación colectiva

González destacó de manera enfática que el espectáculo es fruto de un esfuerzo colaborativo que implicó a todo el elenco, ya que “era imposible hablar de algo tan importante como esa búsqueda y trabajar imponiéndole mis deseos a los bailarines”.

Es decir, que “la idea vino de mi, planteo una metodología, pero ha habido una construcción colectiva de ese material”.

Recordó que no es la primera vez que Danza U trabaja de esa manera, pero halló necesario explicitarlo, sobre todo a partir de una discusión a lo interno del grupo sobre qué es del coreógrafo y qué significan las autorías.

“Últimamente hemos trabajado mucho con improvisación de los intérpretes, pero sí quiero explicitar que es un trabajo creado a partir de sus subjetividades, sus investigaciones, exploraciones, improvisaciones y a partir de un texto fue decantando un movimiento y la exploración sonora”.

Todo ello llega a sintetizarse en una escena ritual final, que a partir de la propuesta inicial de González fue trabajada desde “toda la exploración de movimiento y la voz de los textos que ellos construyeron a partir de ciertas vivencias de la infancia y después nos sentamos a tratar de tejerlo. Fue complejo, una de las escenas más complejas”.

“La obra -aseveró- tiene mucho amor”, un recurso, según dijo, sirve para que, en medio de lo que lleva a la persona a “cuestionar fuertemente las cosas”, se encuentre “ante algo que te hace gracia y te hace reír, pero que también es incisivo”.


Sublévese

Historias de Sublevación se presenta en el Teatro de la Danza, en el Centro Nacional de Cultura (Cenac), el 15 y 16 de noviembre a las 8 p.m. y el 17 a las 6 p.m.

La entrada tiene un costo de ¢4.000 en preventa, al correo preventasdanzau@gmail.com; ¢6.000 la entrada general en boletería y ¢3.000 para estudiantes.


 


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