Cultura

Las fronteras culturales de San José van más allá del Paseo Colón

La arquitecta e investigadora Rosa Malavassi aborda la ciudad de San José desde la construcción de los discursos y ahonda en el concepto de patrimonio cultural, que surge del cruce de miradas de lo oficial y los sectores subalternos.  

San José es una ciudad que se mueve entre el encanto y la fealdad según quien la mire. Sus fronteras culturales han estado centralizadas desde siempre en una construcción que se focaliza en un radio en el que la exclusión se vuelve inevitable.

La periferia de la capital cuenta poco desde el punto de vista cultural, dado que sus manifestaciones se observan, por lo general, con ojos distantes y marginales.

La inclusión de los barrios de la periferia de la capital, como el de Sagrada Familia, es clave para ampliar las fronteras culturales de la capital. (Foto: Katya Alvarado).

Libros de historia, de arquitectura, de sociología e incluso de folclor buscan aproximarse a esta San José que tiene su atractivo adicional para quien la camine y pretenda descubrir en sus rincones personajes y expresiones que también forman parte del imaginario popular que la constituyen.

Rosa Malavassi, profesora en la Escuela de Arquitectura del Tecnológico de Costa Rica (TEC), investigó a fondo la ciudad y la plasmó en una tesis doctoral que presentó en la Universidad de Sevilla en 2019. El jueves 29 de abril de 2021 compartió la conferencia por Zoom: “ La construcción social del patrimonio urbano y arquitectónico en la ciudad de San José”, en la que abordó diferentes aspectos de cómo se da esa creación del imaginario que prevalece sobre la capital costarricense.

 “Sabemos que donde existe un estacionamiento en San José hubo antes un edificio patrimonial. Uno a uno, edificios emblemáticos fueron derribados, hasta llegar a la demolición de la Biblioteca Nacional. Era la instauración de ‘La civilización del parqueo”, Rosa Malavassi.

Para Malavassi, quien es arquitecta, San José en su construcción social va más allá de las fronteras que se han trazado habitualmente entre el Paseo Colón, la Avenida Segunda y la Avenida Central.

Las manifestaciones de barrios como Sagrada Familia, Barrio Cuba, Barrio Luján y Plaza Víquez, entre otros, son también de relevancia desde el punto de vista histórico, arquitectónico y cultural, pese a que las actividades siempre se han desarrollado en los espacios centrales del sector josefino.

“El patrimonio se construye desde dos aristas: desde un discurso oficial y desde una construcción cotidiana. Las leyes, el sistema educativo, la producción académica y los medios de comunicación son los que conforman el discurso oficial”, explicó.

Al lado de esa visión, los ciudadanos van construyendo una imagen de su propia ciudad, en este caso San José, la que no siempre coincide con la mirada oficial que pretende delinear los distintos puntos de vista.

“Muchas veces lo que es considerado patrimonio es desconocido para la gente; para el ciudadano común. Este fue uno de los aspectos que comentamos en la charla del 29 de abril pasado”.

Un buen ejemplo de la anterior afirmación es que San José cuenta con un centro histórico, cuyos límites desconocen la mayoría de los costarricenses. De hecho, el concepto de centro histórico es uno de los que la autora aborda como un elemento a revisar en un futuro, si se quiere ampliar la visión de lo patrimonial en Costa Rica. El centro histórico es una iniciativa de la Municipalidad de San José.

La arquitectura de finales del siglo XIX ha sido clave en la concepción del patrimonio histórico y arquitectónico. Una muestra de ello es el Colegio de Señoritas. (Foto: José Eduardo Mora).

La noción de lo que representa el patrimonio debería de ser un concepto sobre el que conviene ahondar.

“Hay muchos mitos. Por ejemplo, mucha gente piensa que patrimonio histórico es aquello que debe de tener 50 años o más. Lo que pasa es que en nuestro contexto esa ha sido la tendencia en cuanto a declaratorias, en las que se incluyen los edificios de finales del siglo XIX y principios del XX. La única declaratoria que hay de un edificio contemporáneo es la del Instituto Nacional de Seguros, en Cartago, del arquitecto Rolando Ferreto, que tiene una estructura muy particular”.

Para Malavassi, el edificio central de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) no solo debe verse como un cajón, sino que a la hora de valorarlo tendrían que entrar otros elementos como su significación y la historia que representa para el país.

“Hay que abordar el tema de la educación y la divulgación dentro de lo que significa el concepto de patrimonio histórico y arquitectónico en Costa Rica. Para la conservación del patrimonio lo primero que hay que reforzar es el conocimiento. Hay que llegar más a la población. No es decir que la gente está equivocada, sino que hay que darle más acceso a la información”.

El mensaje en el carrito de este vendedor, que en ese momento pasaba por las cercanías del Parque Central y la Catedral, es una verdadera cátedra andante en San José. (Foto: archivo José Eduardo Mora).

VIVIR LA CIUDAD

 La mejor manera de conocer una ciudad es caminarla. Descubrir sus rincones. Sus personajes. Sus edificios. Sus estilos arquitectónicos. Ese acercamiento permite indagar en sus contradicciones sociales y luego en la revisión del discurso se pueden percibir las maneras de concebirla.

San José, como capital a la que ingresaba al menos un millón de personas antes de la COVID-19, no escapa a esa dinámica. La mejor forma de acercarse al patrimonio es que el ciudadano de a pie perciba que lo histórico, lo arquitectónico y ese intangible llamado patrimonio cultural, le pertenecen.

El patrimonio no debe alejar al ciudadano, por el contrario, debe acercarlo a su realidad y a su cotidianidad, considera Malavassi, pero para llegar a ese punto es imprescindible que los sistemas de educación y divulgación estén en marcha.

En Costa Rica, si se parte de la percepción de los inmuebles declarados patrimonio, existe en la población la idea de que lo patrimonial es intocable e intransferible. Ambos son dos mitos urbanos que se han ido erigiendo alrededor del tema, lo que redunda en que muchas personas y empresas que poseen bienes que podrían ser declarados, se distancien de dicha iniciativa.

Una muestra de ese vacío que hay alrededor de esa visión fría y distante del patrimonio fue lo que sucedió en Palmares con la Basílica de Nuestra Señora de las Mercedes y el parque Simón Ruiz, donde un sector de la jerarquía católica se oponía a la declaratoria del templo. Una posición similar asumió el concejo municipal respecto del parque.

“La gente tiene que tener acceso al patrimonio. Si un edificio no tiene uso para qué lo conservamos. El objetivo de la arquitectura es servir al ser humano y si eso no se cumple no tiene razón de ser”.

La otra visión que habría que combatir es la idea preconcebida de que San José es una ciudad fea. Incluso el periódico español Elmundo.es, en una nota de 2019, había asegurado que la capital costarricense estaba entre las que habría que excluir de visitar en América Latina.

Esa construcción, sostiene Malavassi, debería analizarse más a profundidad porque dependiendo de dónde se sitúe el observador, así será su percepción de la ciudad o de las cosas.

En ese sentido, la investigadora explicó “que más que decir que San José es una ciudad fea, es una ciudad desconocida”, porque puede tener tanta actividad cultural como cualquier otra de la región latinoamericana.

Los edificios posteriores a 1950 responden a estilos arquitectónicos más modernos y le dan un nuevo lenguaje a la ciudad, como se aprecia aquí en las cercanías de la Avenida Central. (Foto José Eduardo Mora).

CENTRO HISTÓRICO

Malavassi en su tesis doctoral presentada en 2019 aborda la concepción de centro histórico, que en el país ya tiene sus manifestaciones en San José y en Liberia, pero que es una denominación que requiere de un fortalecimiento conceptual y una mayor difusión.

Es probable que si un investigador realiza un sondeo entre los transeúntes de la capital y les pregunta si conocen los límites del centro histórico podría toparse con muchas respuestas erróneas, precisamente porque dicho espacio, pese a los esfuerzos realizados por sus impulsores, entre ellos la propia Municipalidad de San José, todavía es bastante desconocido.

De acuerdo con el proyecto original, el centro histórico capitalino estaría conformado dentro de los siguientes límites, con base en un mapa elaborado en 1851. Se ubica entre el espacio comprendido entre Acueductos y Alcantarillados, la Iglesia de Los Ángeles, el sector del antiguo cine Líbano y el Parque Morazán.

Costa Rica cuenta con pocos núcleos denominados centros históricos. Otro caso llamativo es el creado en Liberia, en Guanacaste, de nuevo en un esfuerzo de carácter municipal.

Lo anterior viene a confirmar una tendencia que hay en América Latina y es que no siempre hay límites claros respecto de los centros históricos, como sí sucede en Europa, donde existen otras condiciones históricas que favorecen la delimitación.

Pese a los desafíos que hay en relación con la idea del centro histórico, lo más relevante es que los ciudadanos vivan su ciudad e incorporen los valores patrimoniales que se encuentran en ella.

ESTANCAMIENTO

Para la profesora e investigadora del TEC, Costa Rica sufre un estancamiento en materia de patrimonio histórico y arquitectónico, sobre todo porque la ley 7555 de octubre de 1995 carece de una serie de aspectos que hoy son indispensables. En el caso de las declaratorias, el texto no promueve incentivos para las personas o empresas que poseen bienes patrimoniales, lo cual se convierte en un obstáculo a la hora de fomentar una política al respecto.

Malavassi precisó que la primera ley que el país tuvo sobre la protección del patrimonio data de 1973 y que lo interesante del tema fue indagar sobre los textos que en su oportunidad se presentaron en el Congreso y lo que finalmente se aprobó.

Para la ley 7555 hubo una serie de reflexiones que incluso hoy podrían ser válidas a la hora de un ajuste de dicha legislación.

Rodrigo Gutiérrez, entonces diputado de Pueblo Unido, decía esto sobre la idea que él tenía de lo que debe representar el patrimonio de un país: “Lo que hay que salvar, lo que forma parte de la conciencia histórica de un pueblo, es el paisaje, eso es lo que nos identifica a nosotros”.

De forma tal, que con una ley y un reglamento (de 2005) que ya son insuficientes para atender las necesidades que hay sobre el cuidado del patrimonio histórico y arquitectónico, lo que procedería es realizar ajustes a la ley, dado que en estas últimas dos décadas se ha constatado de que no hay voluntad política para impulsar un nuevo texto.

Mientras se llega a una vía para actualizar la ley, el país sufre un estancamiento en esta materia, sostiene Malavassi. Hay que dotar a las instituciones relacionadas con la conservación del patrimonio de más recursos, nuevas políticas y más personal. Y la participación del Estado debería descentralizarse, consideró.

El nuevo edificio legislativo ha sido cuestionado por sectores populares y especializado por la forma en que irrumpió en el paisaje urbano josefino. (Foto: José Eduardo Mora).

APRÓPIESE DEL PATRIMONIO

La ciudadanía está en el derecho de apropiarse del patrimonio público porque en realidad le pertenece. Así, a las distintas manifestaciones les va dando una serie de atributos e interpretaciones que responden a su visión, tradición e incluso creencias.

Es lo que sucede con la escultura “La Chola”, ubicada en la Avenida Central, en el costado sur del Banco Central, y creada por el artista Manuel Vargas.

Esa mujer fuerte, morena, que está ahí desafiando la vida, el imaginario popular la ha hecho suya. Eso explica, en parte, el que muchos se hacen fotos con ella y la tocan para que les genere suerte.

Esta cosmovisión entra dentro de la categoría de patrimonio cultural, que además de los elementos tangibles incluye  a los intangibles, y en el que también tienen un gran valor la visión y la memoria.

Así es como el ciudadano común comienza a vivir y a experimentar lo que representa el patrimonio de su país.

En el caso de San José es una ciudad que muestra una resistencia envidiable. En el libro Levantar la mirada, segundas plantas en San José, de Flora Ovares y Guillermo Barzuna, publicado en diciembre de  2020, se recogen una serie de manifestaciones arquitectónicas que en su momento predominaron en la capital.

Para descubrir esos retazos de ciudad que todavía quedan es imprescindible invocar la figura del caminante urbano, que aún conserva la capacidad de sorprenderse con rasgos de una arquitectura que en su mayor parte ya ha sido sustituida por otra que responde a lo que muchos denominan la modernidad.

En el libro de Barzuna y Ovares se apunta un elemento que marcó a la capital después de 1950, y fue el boom de los parqueos en detrimento de inmuebles de un gran valor histórico y arquitectónico.

“Sabemos que donde existe un estacionamiento en San José, hubo antes un edificio patrimonial. Uno a uno, edificios emblemáticos eran derribados, hasta llegar a la demolición de la Biblioteca Nacional. Era la instauración de ‘La civilización del parqueo”.

La clave, no obstante, está en ir identificando muestras de una ciudad que fue y que convive con la que hoy es.

Desde esa perspectiva que aboga porque las fronteras culturales de la capital se amplíen y se incluyan aquellos barrios que están en la periferia, es posible vivir una San José más rica histórica, arquitectónica y culturalmente, y que va más allá del Paseo Colón.

 

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