Estreno de la obra teatral El señor de las moscas

La maldad juega ronda con los niños perdidos

Teatro Espressivo presenta una adaptación de la novela El señor de las moscas. UNIVERSIDAD conversó con el director Paul Stebbings sobre las actrices que interpretan a siete niños y la maldad como algo inherente o no al ser humano.

En escena hay siete niños que, interpretados por actrices, intentan adaptarse y subsistir en una isla desierta y sin adultos.

Que sean mujeres actuando a preadolescentes es el punto clave para el inglés Paul Stebbings, director de la adaptación de la novela El señor de las moscas, del Premio Nobel de Literatura de 1983, William Golding (Reino Unido, 1911-1993), y que Teatro Espressivo pone en escena hasta el 14 de julio.

La pregunta para Stebbings fue cómo retratarlos. “Si hubieras usado jóvenes actores profesionales, digamos de 20 años, no hubiera sido creíble, porque sería una obra sobre adolescentes y testosterona, no sobre la inocencia corrompida. Esa es la clave”, dijo en entrevista con UNIVERSIDAD.

De acuerdo con el director, solamente se pueden crear niños en escena con actrices. “El público sabe que son mujeres y prefiere que lo sean. De otra forma no hubiera sido consecuente con la novela, porque no hubieras podido obtener la sutileza de las complejas relaciones interpersonales que se desarrollan”, puntualizó.

En medio de una guerra nuclear, los niños sobreviven a un accidente aéreo y se enfrentan a la urgencia de fundar una microsociedad, con ciertas reglas básicas de convivencia basadas en principios democráticos, que Golding simboliza con una caracola y Stebbings con un clarín.

Pero el contrato social que establecen es frágil y la “Bestia” aflora; de ahí surge la interrogante que atraviesa toda la obra: ¿es la maldad una construcción social o es inherente a los seres humanos? “Es una pregunta humana básica”, afirmó Stebbings.

“Mi sentimiento es que la sociedad crea la maldad. Por eso, una de las cosas que hice en el montaje -que es inusual-, es que destaqué la guerra nuclear, porque el contexto histórico en el que escribió William Golding fue la guerra”, agregó.

Stebbings hizo hincapié en que la idea de una sociedad adulta violenta reflejada en el escenario en una sociedad de niños, tiene sentido si no se pierde de vista el entorno bélico, pues de lo contrario sería una obra mucho más oscura. “No podríamos decir que los niños se matan entre ellos”, aseveró.

La puesta en escena -al igual que la novela- va desvelando, entonces, las relaciones a veces lúdicas y de camaradería, a veces tensas y violentas, entre ellos.

Al inicio los niños intentan distribuir el poder. ¿Quiénes tienen la palabra y cuándo? Deben salir a cazar y ¿cuáles de ellos serán los responsables? ¿A quiénes “bullean”? ¿En quién recae cuidar que el fuego no se apague por si divisan en el horizonte un barco o en el cielo un avión y los puedan rescatar?

El grupo intenta decidir quiénes son los líderes y quiénes los vulnerabilizados por sus condiciones menos “saludables” o por características que los “disminuyen” socialmente: gordura, edad, altura y particularidades mentales.

Así, Ralph y Jack (interpretados por las actrices Noelia Cruz y Natalia Arias) se disputan la supremacía, en un tour de force que, con adeptos y adversarios, va dejando hasta víctimas mortales.

Por su parte, Piggy y Simon (actuados por Zoraya Mañalich y Karla Barquero) son la sensibilidad, corrección e introspección con que desean civilizar el caos instaurado.

Cada uno posee un tipo de sabiduría, Piggy anclado en lo racional, y Simon en lo irracional. Juntos hacen un llamado a la justicia y al cuestionamiento filosófico. ¿Es la maldad inherente al ser humano? ¿Hay una “Bestia” que ronda o está adentro de nosotros?

Con una traducción de Gerardo Bolaños, El señor de las moscas se presenta en una temporada del 31 de mayo al 14 de julio en el Teatro Espressivo, ubicado en Momentum Pinares en Curridabat.

¿Cómo traducir una novela como El señor de las moscas a escena?

-El punto importante es recordar que la historia en el teatro es diferente a la del libro, porque tienes menos tiempo y estás trabajando en tres dimensiones. Además, puedes tener silencios -no solo los parlamentos-, y aunque no puedes tener descripciones, puedes hacer tus propias propuestas para traer todas las artes escénicas al montaje, como el uso de las imágenes visuales, la música e incluso la comedia.

Usted suele montar obras de William Shakespeare que son pura acción, y esta obra también es acción, no es discursiva.

-Shakespeare nos enseña que puedes abordar una idea muy complicada -qué más complejo que Hamlet- a través de la acción. El señor de las moscas es sobre un grupo de niños y los niños no filosofan, no se sientan a discutir, sino que accionan. El teatro es acción. ¿De dónde sale la palabra actor? Es alguien que acciona. El teatro debe hacerse mediante la acción, y nuestro trabajo es crear la poesía y la filosofía de la acción en el escenario; cuando no lo hacemos corremos el riesgo de que la obra sea aburrida. El teatro aburrido es terrible, hace que la gente huya de la sala.

Los personajes de Ralph y Jack se disputan el poder y uno de ellos lo gana y lo ejerce de una manera despótica y sanguinaria.

-Así es, y vemos el desarrollo de una dictadura en la obra. Yo solo sigo lo que Golding propone. Tienes que estructurar con mucho cuidado la obra para que se vea la imposición de manea gradual y dónde comienza.

Jean-Jacques Rousseau decía que el ser humano nace bueno y la sociedad lo corrompe. ¿Golding sostiene la tesis contraria?

-Es lo que él sugiere, pero no quiere decir que tengamos que creer en eso. Aun cuando Simon llega a la conclusión de que la Bestia está adentro de cada uno de nosotros, no significa que cada uno tiene la maldad adentro.

¿El señor de las moscas es un dios o una deidad creada por los niños?

-Creo que es Belcebú. Esta idea de una cabeza de jabalí y las moscas a su alrededor es muy fuerte, es una metáfora y no creo que haya que despedazarla para sacarle un significado. Es un título y una idea con mucha riqueza. El monstruo es el terror de la guerra atómica y luego le rinden culto a ese monstruo.

La novela habla sobre monoteísmo, monarquía, tecnología y guerra como sinónimo de civilización y lo cuestiona.

Civilización son los valores que Piggy, Simon y algunas veces Ralph se las arreglan para mostrar pero que no pueden establecer. Viví en Alemania y era uno de los peores países en el mundo hace 70 años y ahora probablemente sea uno de los mejores. Las cosas pueden cambiar, pues hay cosas positivas que puedes hacer.


Violencia versus justicia

Para el montaje de la adaptación teatral de El Señor de las moscas de William Golding, el director inglés Paul Stebbings eligió que los niños fueran interpretados por actrices.

Perdidos en una isla desierta y en un contexto extremo de guerra atómica, lo que comienza como un juego inocente, con risas y cantos, termina en la violencia más cruda y sanguinaria, donde el poder se utiliza para dominar y avasallar a sus pares más vulnerables.

Son siete niños que sin adultos, límites ni reglas, intentan sobrevivir, pero la “Bestia” interna de la mayoría, a la cual hace referencia Golding, se desata sin contención, acabando con la precaria “civilización” que proponen como modo de convivencia en ese entorno desolado.

Más que los niños perdidos –en referencia a aquellos de Peter Pan que nunca crecieron-, estos emulan a los adultos, que “crecen” para cometer las peores atrocidades.

Es una alegoría de la sociedad, en la que cada personaje representa distintos aspectos de los seres humanos, según lo expresan las intérpretes.

El director de El señor de las moscas, Paul Stebbings, propone que los siete niños de la adaptación teatral de la novela de William Golding sean interpretados por actrices jóvenes. (Foto: Andrey Gamboa).

​​Noelia Cruz (Ralph)

“Creo que hay fuerzas muy potentes en el ser humano que siempre están en pugna y que pueden ser vistas como buenas, como la justicia, y como malas, como la maldad. Lo que define eso es la relación con otros seres humanos, y en este caso la necesidad de sobrevivir, y que son personas (los personajes) que están respondiendo a un contexto de guerra y sobre todo al contexto de escuelas militares. Los chicos están acostumbrados a ciertas rutinas y violencia, han normalizado todo eso y han creído que es una forma de actuar. A pesar de que Ralph tenga un sentido de justicia -lo veo como un chiquillo bueno de verdad-, ayuda a matar a uno de ellos en un momento en que parece que todos están como en trance. Yo sí creo que la “Bestia” anda por ahí y está en todas las personas, sin querer afirmar que hay maldad en el ser humano porque me suena a moral cristiana”.

​Natalia Arias (Jack)

“(Los personajes son guiados por) las grandes manifestaciones del deseo, muy instintivos y super apasionados. Son niños que no mienten, con deseos viscerales, y a partir de esa realidad viene una búsqueda de la aprobación en el otro. Como sociedad también es un gran reflejo (la obra), porque siempre estamos en esa búsqueda de la aprobación en todo sentido, desde la familia, la academia, estamos buscando pertenecer a un grupo, sentirnos parte de; cuestionarnos si son niños salvajes sin corazón, o niños deseosos de jugar con grandes pasiones, que son muy viscerales y por ende muy humano. También es el deseo del poder, de que los demás hagan lo que yo quiero, ese poder se ve reflejado en ese deseo de tenerlos a todos conmigo, que lo que yo estoy haciendo tenga una repercusión en el otro, y que el otro haga lo que yo deseo aunque yo directamente no esté asesinando”.

Zoraya Mañalich (Piggy)

“El hecho de que no haya adultos es sumamente importante porque los adultos significan la civilización, la sociedad, las reglas, la moral. Cuando tenemos a un grupo de niños en un isla en situaciones extremas y no tienen esas reglas, ¿qué va a salir de ahí?, ese es el gran cuestionamiento. Van a salir las ganas de hacer un grupo, de tomar decisiones para poder sobrevivir o de dejarse llevar por instintos violentos. Por eso es tan importante en la obra el clarín, un objeto que significa esa realidad de la que ellos venían, esa civilización donde había un democracia, donde habían reglas, donde había una humanidad, orden para que cada quien hablara, que cada quien tuviera su espacio. El clarín son los límites, cuando ellos dejan de prestarle atención al clarín, se vuelve una cuestión animal y es como una bola de nieve que cada vez va escalando a niveles tan grandes que llegan a matar”.

Karla Barquero (Simon​)

“Uno de los detonantes principales en esta obra y que podría concentrar el valor que tiene es el tiempo de guerra que está puesto en la obra, que son condiciones extremas a las que se enfrenan los personajes. Ahí surgen sus personalidades reales, los comportamientos que el ser humano esconde porque no está en ese extremo. Es desde la presión social que se revelan identidades monstruosas. Creo que la guerra en sí misma es monstruosa, y ellos lo que hacen es un comportamiento aprendido, que lo vemos hoy en día en los chiquillos que juegan videojuegos y matan, y ven una cotidianidad con este lenguaje. Nosotras actrices en esta obra hacemos eso, ejecutamos comportamientos aprendidos desde nuestros personajes, que al final recaen en los tiempos de guerra y destrucción, en el tiempo de ruptura”.

Noelia Campos (Percival)

​“Desde que leí el libro antes de leer la adaptación, la sensación que me dio fue que es un paralelismo con la humanidad. A mí lo que me impacta de esto es cómo estos seres que se suponen inocentes, buenos porque son niños, pueden llegar a hacer estas cosas. Lo veo con las personas en la calle, que quieren hacer las cosas bien, pero se ven en un medio tan hostil que los lleva a ir perdiendo poquito a poco esa sensibilidad, esa humanidad. Cada día veo a las personas menos humanas y eso es lo que les pasa a estos chicos. Al enfrentarse al hambre, a la soledad, al miedo de no ver a nadie nunca más en su vida, se empiezan a perder esas esperanzas, se empieza a perder esa cohesión social y se convierten en maldad, entra la Bestia, que se apodera de ellos”.

Alice García (Eric)

“En momentos de crisis el ser humano puede transformarse porque todos tenemos algo de maldad y bondad dentro de nosotros y es nuestra decisión cuál vamos a seguir. Por más que seamos animales instintivos, lo que nos caracteriza como ser humanos es que tenemos la razón, razonamos, y en momento de crisis a veces aunque perdemos un poco la razón, igual estamos tomando decisiones a diferencia de los animales. Tomamos la decisión de seguir a alguien, seguirle la corriente y hacer lo mismo que esa persona o no, y en esta obra se ven como unos toman las decisiones para bien y otros para destruir.

Karen Mora (Roger)

“A veces los sentimientos más profundos del corazón salen porque estamos en un círculo social que nos empuja hacia algo. Cuando nos sentimos socialmente presionados por pertenecer a un cierto grupo de amigos, de estudio, aunque muchas veces vamos en contra de nuestros principios, se actúa más por una necesidad instintiva de pertenecer y sobrevivir en una sociedad tan llena de violencia, que nos lleva a perder la humanidad, a perder la razón, a perder todo lo que nos identifica como animales razonables”.


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