La locura en un cabaret

La locura por maternidad y las implicaciones que ello conlleva en la vida de las mujeres que luego se gastan su vida en un

Diecisiete mujeres saltan al Vacío, en una propuesta atrevida y atractiva del teatro Abya Yala, a partir del 21 de octubre.

La locura por maternidad y las implicaciones que ello conlleva en la vida de las mujeres que luego se gastan su vida en un cabaret escuchando canciones de amor, nostalgia y olvido, es el argumento que da pie a Vacío, la obra que Abya Yala presentará del 21 de octubre al 14 de noviembre en el Teatro Universitario.
La puesta en escena, explicó su directora Roxana Ávila, requirió de un extenso trabajo de investigación y cuya idea data desde hace dos años y medio, la cual  poco a poco tomó forma hasta materializarse en una propuesta con 17 mujeres involucradas en la pieza.
Las funciones serán de jueves a sábado a las 8 p.m. y los domingos a las 5 p.m. El valor de las entradas es de ¢3000.
El texto de la obra es de Ailyn Morera y Ávila y para ello se necesitaron de una amplia investigación sobre el tema de fondo, que son las mujeres que eran diagnosticadas como locas en el asilo Chapuí.
El período abarcado va de 1890 a 1960 y en él la mujer pasa por diferentes tamices.  En muchos de ellos termina por ser solo un eco de lo que dictaba la medicina de entonces.
De acuerdo con Ávila, el tema es complejo y fuerte, por lo que el público tendrá que prepararse para soportar una hora y cinco minutos en los que se escarba sin contemplaciones sobre la visión de la mujer que predominaba en la sociedad. No obstante lo anterior, la música de Gardel, Benny Moré y Gershwin, entre otros, y el “ambiente” lo harán pasar una excelente velada.

IRONÍA Y DOLOR

Mientras el Teatro Universitario se convierte en un cabaret, con música en directo, cantantes que traen hermosas y tristes piezas de la época, la vida de las mujeres discurre y se pierde en esas noches eternas de la nada, tras soportar la locura que las llevó a la marginación en el Chapuí.
Es decir, son mujeres que vuelven a la vida con la cruz de ceniza de la locura marcadas en sus frentes para que todo el mundo las reconozca y no haya ninguna duda de su condición social y psicológica.
La idea del tema, expresó la productora y actriz María Luisa “Lulú” Garita, parte de la tesis de Mercedes González, la cual fue titulada La construcción social de la locura, 1890-1910.
“El Cabaret es una decisión de puesta en escena. La directora no quería montar un ‘asilo de locas’, en donde el público viera mujeres con ataques diversos. La premisa de trabajo fue buscar cómo esas cartas que nunca fueron enviadas, podrían haber sido dichas, entregadas o cantadas. Y por eso surge la idea de hacer un cabaret, un lugar en donde podrían converger las voces de todas estas mujeres”, explicó Garita.
El teatro, entonces, se convertirá en un escenario en el que el espacio se usa en su totalidad, no hay ‘espacio escénico’ separado de los espectadores. Es una experiencia de ‘inmersión’ no de voyeurismo”, detalló Ávila.
La música desempeña una función transcendental dentro de la obra, por esa razón las actrices Garita, Grettel Méndez y Liliana Biamonte eligieron el repertorio junto con la directora y recibieron clases de canto con la soprano Marcela Alfaro. Además, trabajarán acompañadas por Fiorella Bákit, Ivannia Morales y Fabiola Cordero, quienes interpretarán la música durante el desarrollo del espectáculo.
“La música funciona como elemento formador y conformador del mundo emocional de las mujeres y hombres de la época y me pregunté ¿cómo hacer para meter tanta música en un espectáculo? La respuesta estaba en transformar el escenario en un cabaret”, afirmó Ávila.
“Esa metáfora no es para ser unívoca y cómoda (‘ahh estoy en un cabaret’), sino que permite la presencia de todo lo que fue saliendo: danzas, movimiento, actuación de momentos íntimos, música en directo y hasta el teatro aéreo. Ese todo es lo que es la obra”, agregó.
El propósito del montaje es que el público se sienta inmerso en un ambiente de época, para lo que conspiran todos los elementos incluidos.
“En la puesta en escena se trabaja con el sentido visual, auditivo, olfativo, gustativo y táctil. Es decir, es una obra de mucha provocación sensorial. Hay actrices, hay música interpretada y cantada en directo, hay teatro aéreo, se le ofrecen bebidas al espectador para que deguste mientras observa el espectáculo y además se utilizan mucho aceites esenciales y también hierbas naturales”, dijo Garita.

DOS MATERNIDADES

Con base en la investigación realizada, en la pieza se critica la idea de que la mujer que era simplemente un objeto productor de niños al servicio de un padre capaz de engendrarlos.
En ese sentido, se indagan dos de los principales prejuicios que predominaban en la época. Por un lado estaba la idea de que en la lucha entre la inteligencia y la reproducción, con la mujer como protagonista, ganaba la segunda tesis, es decir, la de la mujer con su rol de madre, y por el otro en el que la mujer pierde femeneidad.
En relación con el primer caso, Ávila apunta: “la mujer ya no es más diosa creadora de vida, sino reproductora de ciudadanos para engrosar las filas de lo que la sociedad requiere y se da el ideal de la Virgen María como rol y paradigma inalcanzable y esquizofrénico”.
Las mujeres que rechazaban la maternidad eran tachadas de “furiosas, demasiado alegres, por disfrutar de su sexualidad, gritonas, bebedoras”, en suma, eran “demasiado locas” por no querer ser madres.
La otra cara de la moneda, resalta la directora, es cuando se da una “masculinización de la maternidad”.
“Se impulsa a las mujeres a no dar de mamar, sino a dar leche en polvo, a creerle solo al médico y no a las parteras, a tener sus hijos por cesárea y a que la mujer cuide su cuerpo para que no aparente ser madre, sino una mujer despampanante”.

SOLO PARA MUJERES

Aunque Garita y Ávila reconocen que durante el proceso de creación y montaje han contado con la oportuna colaboración de hombres, en la puesta en escena, en la definición y confección de la escenografía, solo intervienen mujeres. Diecisiete mujeres en total se tomarán el Teatro Universitario a partir del 21 de octubre.
La escritura de la obra estuvo a cargo de Ailyn Morera y Ávila; el vestuario le correspondió a Micaela Piedra, la artista plástica es Mariela Richmond, y el elenco está conformado por  Andrea Gómez, Liliana Biamonte, Valentina Marenco, Lulú Garita, Aysha Morales, Monserrat Montero, Erika Mata, Grettel Méndez, Fabiola Cordero, Fiorella Bákit, Ivannia Morales y Liubov Otto.
En una obra como la descrita, es imposible no dejar de escuchar los ecos de la Sonora Santanera y sus luces de Nueva York.

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