25 años del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo

La lluvia que cae sobre el techo de un museo

En la exposición “Nunca fuimos un cubo blanco”, el MADC se muestra sin afeites: un hermoso contenedor de artes visuales y diseño con historia de un cuarto de siglo.

¿Cuánto pesaron en total los escombros recogidos por los operarios del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC) luego de que terminara la reciente restauración del inmueble patrimonial? El equivalente a un Tiranosuario Rex.

¿Cuánto ha llovido sobre el techo de cedro amargo y macizo en 25 años? Trece piscinas olímpicas.

Quizá el dato no sea de gran utilidad o trascendencia, pero la información probablemente sorprenderá o ha sorprendido a una buena parte de los visitantes de la actual “exposición” intitulada “Nunca fuimos un cubo blanco” del MADC.

En la exposición De principio a fin la sala 1 del MADC las obras cubren las paredes del espacio que mide en total 400 metros cuadrados. (Foto: MADC)

La propuesta se trata de una muestra “sombrilla” que cubre tres exposiciones: “Una obra en sus manos”, “Modernos y universales” y “Este paisaje sí lo puedo entender”, que el público podrá visitar hasta el 25 de mayo de este año.

La historia de esta particular exhibición se remonta unos tres meses atrás, cuando el MADC inició un proceso de remozamiento del edificio que finalizó a mediados de febrero, momento de reapertura que coincidió con la fecha -el 21 de febrero- en que el espacio cumple el cuarto de siglo de funcionar como museo estatal de arte contemporáneo y diseño.

Con “un adulto joven” comparó Fiorella Resenterra, directora del MADC, al edificio patrimonio arquitectónico e histórico que fuera la Fábrica Nacional de Licores.

Resenterra reconoce que, evidentemente, el espacio no es solamente un museo, ya que no fue construido para albergar arte visual ni obras de diseño; al mismo tiempo que se congratula de que cuando se hizo la remodelación en los años noventa, el Ministerio de Cultura y Juventud respetara la arquitectura histórica de carácter industrial.

“Me parece un gran acierto y, aunque en medio hemos tenido paredes blancas, hemos tratado de ser consecuentes con esto de convivir con el espacio”, destacó.

Debido a que esta historia en una gran medida continua viva, para celebrar los 25 años del MADC Resenterra y el equipo que la acompaña pensaron que había que desnudar el edificio de las obras que expone cotidianamente, con el propósito de mostrar, literalmente, sus ‘entrañas’; es decir, que el público (re)conociera de qué y cómo está constituido en su rol de contenedor.

El remozamiento consistió en arreglos que, de acuerdo con Resenterra, podrían pasar desapercibidos, ya que le cambiaron el techo, la hojalatería, los bajantes,  las canoas, el piso, parte del sistema eléctrico y los paneles, entre otros elementos.

Por esta razón concluyeron “que eran cambios que si no los comunicábamos no se iban a notar”.

Los artistas que exponen sus obras en la sala 3 del MADC han adoptado las paredes sin repello, que tienen la memoria de aquello que era la Fábrica Nacional de Licores (FANAL).

¿Qué pasa si…?

La pregunta ¿qué pasa si…? se convirtió en el leitmotiv generador para conceptualizar la celebración del aniversario del MADC.

El resultado fue que se abrieron las puertas al público en general “tal cual es”: sin paneles ni obras de arte, sin cédulas ni textos explicativos impresos en cartones, así como con algunas de sus paredes descascaradas, más otros detalles propios del edificio.

La apuesta fue que los visitantes se encontraran con un museo “vacío”, pero lleno de sí, de su historia y características constructivas.

“Resolvimos que esta celebración debía empezar dándole importancia al inmueble patrimonial pero no como edificio sino como contenedor del museo”, explicó Resenterra.

Seguidamente convinieron en que la conmemoración se haría a lo largo del todo el año, con diversas exposiciones y actividades, consecuente con el presupuesto y las posibilidades reales del museo.

Además del ¿qué pasa si…?, otra de las preguntas surgidas fue ¿cuál es la información que el museo posee intrínsecamente que no se comunica a los visitantes y que podría ser interesante y divertida?

Entonces, se planteó un recorrido por las salas “desnudas”, que dimensionara en toda su grandeza y esplendor el espacio, acompañado de información sucinta impresa en papel bond y apenas colocada con alfileres en las paredes.

Como parte de un ejercicio lúdico calcularon la cantidad de visitantes que pudieron haber ido al Museo durante los 25 años de funcionamiento (450 mil personas que podrían llenar 13 veces el Estadio Naconal); la cantidad de pasos que han dado adentro, que equivaldría a dos vueltas a la tierra; y la cantidad de agua que ha caído en el techo, que alcanzaría para llenar 13 piscinas olímpicas.

“Uno nunca ha pensado en cuánto ha llovido encima de un museo”, sopesó Resenterra. Tampoco sobre una casa o cualquier otra cosa -para los mismos efectos-.

Otro dato curioso sobre el estado del inmueble es que llevando a cabo el remozamiento descubrieron, por ejemplo, una pared que estaba en muy mal estado porque la pintura se estaba desprendiendo. Decidieron rasparla y cayó una capa de unos trece milímetros de espesor que dejaron hasta cierta altura como testigo. “Es equivalente al cuero de un búfalo”, dijo aún sorprendida Resenterra

El techo del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo está enteramente construido en cedro amargo. Las inmensas vigas, columnas y cerchas provienen de árboles tallados con hacha. (Foto: MADC)

Vacío pero lleno

Con esta idea de que el visitante vaya descubriendo un museo distinto, desprendido de su colección y como edificio contenedor, la celebración continúa en estos próximos meses con una programación que va llenando poco a poco el espacio “vacío”.

De esta forma, la exposición sombrilla “Nunca fuimos un cubo blanco” albergará tres muestras, cuyos montajes se realizarán mientras las personas visitan el museo, de manera que serán partícipes del proceso.

“Lo que queremos es que el visitante vea que los procesos adentro del Museo son orgánicos. No es que uno llega, coge la expo y se monta, sino que hay muchas tareas que se van traslapando”.

La labor empieza en la sala 4, con la exposición “Una obra en sus manos”, comandada por la curadora del MADC, Adriana Collado, quien se encargó de sistematizar los documentos y la gráfica producida por la institución a lo largo de 25 años. Tanto los catálogos de la producción editorial, como los brochures y afiches, visualizan los cambios del logo y las aproximaciones de diseño.

El montaje continúa en la sala 3 con la exhibición “Este paisaje sí lo puedo entender”, curada por Daniel Soto y dedicada al paisaje que, de acuerdo con Resenterra, “definitivamente ha sido uno de los temas ejes y pilares fundamentales del arte costarricense desde los inicios.

La muestra posee, más que un tono de homenaje, uno irónico, “porque somos contemporáneos pero seguimos teniendo esta referencia; aunque también queremos evidenciar que el paisaje contemporáneo es distinto”, explicó.

Dicha exhibición va a permear otra sobre pintura intitulada “Modernos y universales”, que se alimenta de la colección permanente del MADC de 750 obras, también curada por Soto. “En Costa Rica se ha constituido en una técnica constante validada como recurso”, precisó Resenterra.

Con piezas representativas, algunas conocidas por el público y otras que no han visto la luz por bastante tiempo, se trata de una investigación de muchos meses que presentará obras consideradas por los curadores del Museo como claves a lo largo de su historia, con lo cual ponen en evidencia una línea discursiva tejida con el tiempo.

Propuestas procesuales

Para el 13 de marzo también se inaugura el programa de la sala 1.1 y El Tanque, que presenta artistas jóvenes y emergentes enfrentados a estos espacios con el acompañamiento del museo.

“Tienen un curador que los acompaña en todo el proceso, que les da un guía en contenidos y discurso, así como el museógrafo y el jefe de taller que les resuelve mucho en iluminación y sonido”, detalló Resenterra.

Al hablar de este programa, la directora del MADC aclara que es concebido, más que para proyectos expositivos, para formativos, en el tanto que el tamaño pequeño de la Sala 1.1 permite que artistas sin tanta obra o con deseos de experimentar o hacer video puedan exponer.

En este marco programático, Resenterra indicó que un gran porcentaje de los esfuerzos del museo se centran en la formación de los artistas que pasan anualmente por esos dos espacios. “Es como hacer un curso, porque reciben elementos de museografía, iluminación, cómo elaborar textos, cédulas, brochures y la gráfica”, comentó.

De acuerdo con la experiencia de Resenterra, una de las realidades con que el Museo batalla es el estigma de “yo no voy porque yo no voy a entender”. Sin embargo, ella es optimista al imaginarse que si un día los visitantes llegan y el Museo está vacío y se encuentra con los datos del edificio que son divertidos e interesantes, “las personas se podrían conectar de una manera distinta”.

“Para nosotros es un ejercicio interesante el no tomarnos tan en serio, porque, aparte de que el museo ya tiene 25 años -que podríamos pensar que es un adulto joven-, es no perder esa capacidad dinámica, de sorpresa y juego para los visitantes”, subrayó.

“Nunca fuimos un cubo blanco” es una pista para entender cómo ha funcionado el Museo en estos 25 años y cómo los artistas han adoptado sus paredes: “las que están peladas, desnudas, sin repello, que tienen la memoria de aquello que era la fábrica”, enfatizó Resenterra.

Según Resenterra, al MADC le queda el reto de seguir facilitando las herramientas que llenen las necesidades de los diversos rangos de los artistas: desde los más consolidados, para los que se concentran en la obra en sí, hasta los emergentes, a quienes les ofrecen procesos formativos.

“Una de las claves es que el Museo siga logrando tener un balance entre la exhibición, divulgación, promoción, formación e investigación, y las aspectos más internos como registro y catálogo, y coleccionismo. Que la agenda anual logre un equilibrio entre el arte contemporáneo y el diseño”, concluyó.

 


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