La lengua española le apuesta a lo digital

Esta es una de las mayores conclusiones extraídas del VII Congreso Internacional de Lengua Española, realizado entre 15 y 18 de marzo en Puerto Rico

En el mano a mano que sostienen los soportes digitales con el papel, los primeros vuelven a asestarle un duro golpe a lo impreso, dado que la 24.° edición del Diccionario de la Lengua Española (DLE) será completamente digital.

Así lo afirmó Darío Villanueva, presidente de la Real Academia Española (RAE), al argumentar que, en el mes pasado, el diccionario que por mucho tiempo se denominó el DRAE tuvo 63,7 millones de consultas, lo que marca una clara tendencia de que su público meta está en línea y que las consultas a las ediciones impresas −que se seguirán publicando, pero más como registro que para su venta− son cada vez menos.

El anuncio lo hizo Villanueva en el marco del VII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), llevado a cabo en Puerto Rico del 15 al 18 de marzo, y que para los más de 150 eruditos y escritores congregados, entre ellos el Premio Nobel francés Jean Marie Le Clézio, constituyó una reivindicación del español frente al inglés, como lenguas que se hablan en la isla con total alternancia.

“Después de 300 años de historia, la Real Academia Española quiere ser la academia de los nativos digitales”, comentó.

Las afirmaciones de Villanueva durante el Congreso llaman la atención, porque tan solo cuatro semanas antes El País, el periódico en español más leído en el mundo, anunciaba que todos sus esfuerzos se concentrarían en el diario digital.

Por primera vez, toda la plataforma en que descansará el DLE (antiguo DRAE) será digital, con lo que se marca un antes y un después en el quehacer de la RAE y de la Asociación de Academias de la Lengua (Asale), compuesta por las 22 academias en América Latina y la Academia Española en Estados Unidos.

En un contexto en el que el castellano es la segunda lengua en importancia cultural, no comercial, detrás del inglés, los pasos agigantados hacia lo digital marcan tendencia y coparon buena parte de las discusiones que se presentaron en San Juan Puerto Rico.

RECORDANDO A GARCÍA MÁRQUEZ

Ningún congreso, de los siete realizados hasta ahora, ha cobrado tanta relevancia internacional como aquel de 1997, efectuado en Zacatecas, México, oportunidad en la que el Premio Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez, removió los cimientos del idioma de Cervantes, al pedir en su discurso “Botella al mar para el adiós de las palabras” que se jubilara la ortografía.

Sin el relumbrón que significaron sus palabras y que le dieron varias veces la vuelta al mundo −y obligaron a la RAE a invitar al Nobel a sus estancias en Madrid, con el fin de conciliar visiones−, el VII Congreso cobró relevancia por muchas razones, entre ellas porque en el marco de los 400 años de la muerte de Cervantes −y de William Shakespeare−, ambos fueron vivamente recordados por el presidente de la RAE, Darío Villanueva, para quien la lengua es parámetro, voz y norte de la esencia del ser humano.

“En el presente año, el inglés y el español celebran asimismo el cuarto centenario luctuoso de sus escritores máximos, William Shakespeare y Miguel de Cervantes, respectivamente. Las lenguas, todas las lenguas, son instrumentos prodigiosos para la configuración de nuestras identidades personales y colectivas”.

Para Villanueva, las celebraciones de los congresos permiten que, como sucedió en esta ocasión, académicos y escritores del mundo hispánico se den cita para reinventar y descubrir a la vez las potencialidades infinitas del castellano.

“Gracias a ellas (las lenguas), podemos comunicar lo que pensamos y sentimos, lo que vemos del mundo en torno y dialogar con los demás para entendernos o para discrepar. A través de la lengua atesoramos y transmitimos el caudal de nuestros saberes filosóficos o científicos. Incluso, se puede reparar también en su valor económico, en términos del producto interior bruto de cada país. Pero donde el rendimiento de la lengua se expresa al máximo es cuando las palabras, creativamente, se hacen música, imagen y arte”, externó.

Si en el Congreso se mencionaba a Shakespeare, era inevitable evocar la visión que de él tiene Harold Bloom, el crítico y profesor estadounidense que más admira y que más ha escrito sobre el bardo inglés.

“Bloom ejemplifica su admiración hacia el autor de Hamlet con una declaración que puede parecer escandalosa, cuando afirma que la personalidad humana, en nuestra concepción moderna, es una invención shakespeareana”, puntualizó.

La amplitud de las obras de los dos grandes clásicos alcanza, según Villanueva, incluso a la literatura sapiencial: “En su libro Dónde se encuentra la sabiduría consagra el hermanamiento entre Shakespeare y Cervantes, cuando los sitúa, hombro con hombro, entre las parejas de autores en los que funda su concepto de literatura sapiencial y les atribuye la supremacía entre todos los escritores occidentales desde el Renacimiento hasta hoy”.

Los dos elementos que más definen a Shakespeare y a Cervantes pasan por las formas en que ambos evocaban la comunicación humana, trascendental en sus obras.

“Sus grandes figuras dramáticas (las de Shakespeare) son magníficos solipsistas, mientras que Don Quijote y Sancho se escuchan de verdad el uno al otro y cambian a través de su receptividad, de sus maravillosas conversaciones”.

PARA EL SEÑOR CERVANTES

A falta de una celebración digna de sus 400 años de fallecido por parte del Estado español −cuya agresión a la cultura es escandalosa en palabras del escritor y académico de la lengua Arturo Pérez Reverte−, el VII Congreso Internacional se convirtió en un homenaje prolongado a Cervantes.

De esta manera, Le Clézio, que ha podido leer a Cervantes sin necesidad de una traducción −gracias a los años en que aprendió español en México−, dijo que el autor del Quijote le enseñó a entender el significado “del hambre, del miedo y de la crueldad”.

Mientras tanto, Antonio Skármeta confesó que ese juego establecido entre Don Quijote y Sancho ha sido clave en toda la literatura que él ha escrito.

Si no, agregó, vean la relación que se establece en El cartero de Neruda: “El golpe emocional de descubrir que ese enorme vínculo puede darse entre dos seres tan dispares, de tan diferente densidad cultural, como son Quijote y Sancho. Si te fijas, con ello encontré un tema que después he desarrollado en toda mi obra”.

En medio de los homenajes a Cervantes, el encuentro no podía olvidar que por Puerto Rico pasaron grandes poetas y ensayistas españoles que vivieron estancias prolongadas, como fue el caso de Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas y Francisco Ayala. Para ellos también hubo homenajes, porque su vasta obra no podría entenderse sin lo que produjeron en la isla.

Mientras el Congreso evocó a Cervantes y a su máxima obra −cuya expansión por el mundo se dio gracias a los aportes que hiciera al orbe el descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutenberg−, la Academia de la Lengua Española mira el desarrollo del castellano y su presencia cultural y académica por el filtro de lo digital que, ahora sí, le asestó un golpe mortal al antiguo DRAE, cuya próxima edición estará pensada para los nativos digitales.


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