Festival SóLODOS en Danza

La fuerza centrípeta de la danza a dúo

Con giras en comunidades fuera de la GAM, un grupo independiente de danza binacional pone en valor la descentralización del arte y su impacto real.

La imagen de una bailarina girando podría ser la de una fuerza centrípeta que empuja de afuera hacia adentro. Aunque suene contradictorio, eso sucede con el grupo SóLODOS en Danza y su festival, que se realiza en nuestro país hasta el 17 de marzo.

La fuerza generada por la propuesta de la agrupación se basa en giras por siete comunidades fuera de la Gran Área Metropolitana (Limón, Pérez Zeledón, Río Claro, Quepos, Cartago, Santa Clara de San Carlos y Tilarán), que culminan en San José y Heredia con el Certamen de Creación de Dúos y Solos.

SóLODOS en Danza ofreció talleres en la Escuela BMS de Pérez Zeledón, con la española Alba Fernández Cotelo y el grupo mexicano Pájaro Mosca, integrado por Elisa Medina Hudgins y Noemi Sánchez Cárdenas.

El paradigma centro/periferia hace perder de vista que cada comunidad es su propio centro. Sin embargo, el costarricense Eric Jiménez y la española Maruxa Salas, directores artísticos de SóLODOS en Danza, se han encargado a lo largo de siete años de poner en valor y dignificar el sentido de la danza como un arte de transformación social en comunidades “alejadas” de la capital.

“La idea era promover la movilidad de artistas jóvenes y sus obras entre dos continentes”, cuenta Jiménez, quien migró hace 20 años a Europa, se casó y tiene familia en España. “Tratamos de crear una plataforma que les permita hacer trabajo social”, puntualizó.

El espacio se desarrolló lentamente con ayuda de comunidades, universidades, municipalidades, instituciones estatales y artistas independientes, que apoyan distintas áreas para la consecución del proyecto, al establecer una red que lo soporta, tanto en la GAM como en el área rural.

Hoy, el Festival SóLODOS en Danza lleva las artes escénicas contemporáneas a poblaciones desfavorecidas y más vulnerables, mediante un certamen internacional que “llama la atención a los artistas para que puedan participar de esa movilidad”, agregó Jiménez.

Según explicó el gestor, el proyecto surge con el respaldo de universidades costarricenses e instancias españolas: de este lado del Atlántico menciona al Centro Cultural de España, el Tecnológico, la Universidad Nacional (UNA) y la Universidad de Costa Rica (UCR). Asimismo, en la edición del 2018 se cuenta con la colaboración del Teatro Nacional y la Compañía Nacional de Danza (CND).

Los aliados sustentan a los jóvenes creadores para que desarrollen talleres y clases de danza en escuelas y colegios, con el objetivo de despertar la sensibilidad social mediante al cuerpo y el movimiento como herramientas.

Santa Clara de San Carlos recibió al Festival SóLODOS en Danza, que impartió un taller a estudiantes de escuelas y del programa CTEC (Centro de Transferencia Tecnológica y Educación Continua).

Todos somos centro

En el momento de la entrevista con UNIVERSIDAD, Jiménez detalló que estaban ubicados en la sede del TEC de San Carlos y que se desplazarían a escuelas en un radio de 20 kilómetros.

“Trabajamos con cientos de niños anualmente; gracias a directores de escuelas y colegios y de las asociaciones comunales hemos logrado un proyecto con una visión a largo plazo, a través del cual empiezan a ver arte escénico y a tener clases de danza contemporánea a muy corta edad, para que sea parte de su formación”, precisó Jiménez.

En la sexta edición de SóLODOS en Danza participan 15 artistas independientes de México, Panamá, Estados Unidos, Japón, España, República Dominicana y Costa Rica, quienes consideran vital transformar el modelo que ha centralizado los teatros y la circulación de las obras en zonas como la GAM.

Para Jiménez es importante un cambio de paradigma que permita acercarse a contextos donde no necesariamente exista una “caja escénica”. “El futuro para los artistas independientes se encuentra ahí; en muchas zonas rurales donde trabajamos hay exalumnos de la UNA que se graduaron en danza, y que al cabo de los años se han regresado y se han posicionado políticamente dentro de las comunidades”, estimó.

De esta forma, los bailarines podrían recurrir a instancias locales con recursos y herramientas, y con ello mejorar tanto la calidad de las propuestas comunitarias, como la calidad de vida de los pobladores en general.

En cada zona abarcada, el festival implementa acciones a largo plazo mediante una programación que involucra a estudiantes desde quinto grado hasta tercer año, con una agenda regular de talleres de danza y un encuentro anual de una semana con artistas escénicos.

Por ejemplo, en la zona Sur han trabajado con cerca de 3.000 niños; específicamente en Quepos, 200 estudiantes reciben talleres en la escuela María Luisa.

Elisa Medina, de la agrupación Pájaro Mosca de México, agradece haber tenido solo una presentación en una sala de teatro durante la gira, ya que la idea del teatro como espacio escénico está muriendo en Occidente.

“Siento que no tenemos mucho que aportar ahí; es en otros campos muy fértiles en donde podemos aportar mucho más para poder alcanzar a otras personas”, señaló.

Al sopesar la experiencia vivida en nuestro país, la bailarina afirmó que es más humano y enriquecedor en todos los sentidos, en comparación con presentaciones en lugares frente a personas que no conoce. “Este es un proyecto que no es de paso, que perdura y echa raíz  y se queda aquí y sigue, estemos o no”, dijo.

Medina afirma que SóLODOS en Danza les abrió espacios de peso en México, que por ellas mismas no pudieron hacer. “Venir acá, conocer gente y regresar a México fue un parte aguas para nuestro proyecto artístico, porque pudimos tocar puertas importantes como la sala Miguel Cuvarrubias, de la Universidad Autónoma de México, que nos permitió entrar”.

La española Alba Fernández expresó su gratitud por la acogida de las comunidades a la propuesta, pues “la gente nos recibe con los brazos abiertos, compartiendo todo lo que tiene”, acotó.

De acuerdo con Fernández, el festival es vital, con sus funciones, conversatorios y talleres para niños, adolescentes y adultos, ya que acerca la danza a la calle, a los parques y a las personas que nunca han visto danza en su vida. “El arte forma el alma y la mente”, destacó.

“Tenemos que llenar todas las esquinas de arte, porque hay muchas personas que no se pueden mover a la ciudad, necesitamos hacerles conocer para que se dediquen a ello o para que lo disfruten”, comentó la bailarina.

El proyecto de Jiménez y su colega Maruxa Salas es de carácter binacional, en la contraparte española participan artistas en proyectos relacionados con actividades similares, pero en teatros europeos visitados por niños de comunidades rurales.

En Costa Rica, una parte del financiamiento se obtiene de la colaboración comunitaria, la otra es suplida por la agrupación, que cubre los pasajes aéreos a partir del trabajo desarrollado por la empresa de la que forman parte, que hace presentaciones y ofrece cursos y talleres en España.

El programa del festival también contempla presentaciones en San José y Heredia, en el marco del Certamen de Creación de Dúos y Solos, que promueve la participación de jóvenes creadores latinoamericanos en espacios como la Plaza Skawak, en Barrio Escalante, y en los jardines del Teatro Nacional, así como la Escuela de Danza de la Universidad Nacional y en el parque de Barva.

La obra ganadora del concurso será recompensada con una gira por Europa durante dos meses con los gastos pagos, reconocimiento que promueve a su vez que la propuesta permanezca circulando durante un año y medio en distintas programaciones de festivales.



Quepos también es danza

Hace 10 años Carlos Ovares dirige el Proyecto de Danza Corpóreos en Quepos, comunidad que forma parte de la red promovida por SóLODOS en Danza.

La experiencia de Carlos Ovares, exdirector de la CND, con el Proyecto de Danza Corpóreos, en Quepos, es testimonio del cambio de paradigma que también promueve SóLODOS en Danza y que se suma al festival.

“Es muy enriquecedor para los grupos que existen, porque Costa Rica no es solo la meseta central, existen muchos grupos alrededor que se han invisibilizado”, expresó.

Ovares detalla que en los últimos diez años algunos artistas se han desplazado a Pérez Zeledón, Jacó, Quepos y Guanacaste, entre otras zonas, para trabajar en propuestas locales que, vinculadas con SóLODOS en Danza, tienen la posibilidad de fortalecerse a través de los talleres y presentaciones de espectáculos de los invitados al festival.

“Es un intercambio muy favorable porque no solo enriquece el pensamiento artístico del público, sino a los jóvenes, niños y adultos que están haciendo danza en estas zonas”, confirmó Ovares, quien, al frente de la CND y a través del programa de extensión, entró en contacto con comunidades.

Una de estas fue, precisamente, Quepos, donde una asociación quería iniciar un proceso de formación que acogió el bailarín. “Me llamó la atención la energía de la zona y el interés de la gente joven; por otro lado, la poca posibilidad que tienen sumado a la vulnerabilidad social hizo interesarme en el proyecto”.

Una vez terminado el período con la CND se estableció en la comunidad para comenzar la “lucha de cero”, que logró cristalizar en su agrupación y que convoca a 80 estudiantes. “Ahora hay un público, hay un movimiento que se ha gestado”, dijo satisfecho.



 



 

(Créditos: (Foto: Pablo Vargas Unfried), Foto: Pablo Vargas Unfried)


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