Cultura

La física del tiempo y la belleza de Óscar Andrey Herrera

Este semanario conversó con el físico y profesor de la Universidad de Costa Rica Oscar Andrey Herrera, ya que su carrera se ha ido perfilando hacia la gestión de proyectos en los que los objetos de estudio son el arte y los artefactos históricos con sus capas matéricas y temporales.

El físico Óscar Andrey Herrera estudia obras pictóricas y municiones para descubrir en sus capas no solamente las materias con que fueron creadas, sino el tiempo encapsulado en ellas.

Herrera trabaja como científico y profesor de la Universidad de Costa Rica, enfocado en la física educacional, la óptica, la biología y la metrología cuántica, así como la física de las superficies.

Estas aristas de su especialidad lo han llevado hasta el Teatro Nacional, los Museos del Banco Central y el Museo Juan Santamaría, en donde participa en proyectos para estudiar el estado de conservación de pinturas con más de cien años y las municiones utilizadas durante la Campaña Nacional de 1856 (ver recuadro).

Gusta andar en bicicleta antes que en automóvil, no tiene celular, y prefiere el intercambio epistolar (correo electrónico) o el teléfono fijo para comunicarse; aunque, por supuesto, no desprecia la tertulia presencial.

Adolescente prefirió desertar por un par de años del colegio —sétimo y octavo— y luego volvió al sistema educativo pero a estudiar en un nocturno porque, junto a su primo, dedicaba el día a vender galletas, chocolates y confites a pulperías.

Esta decisión —tolerada amorosamente por su mamá— lo hizo dar un salto cuántico, pues le permitió interactuar con el entorno con una sensibilidad y empatía distintas.

Mediante una adaptación de El principito de Antoine de Saint-Exupéry, el físico Óscar Andrey Herrera explica a estudiantes de escuela y colegio conceptos sobre los modelos atómicos. (Foto: Universidad de Costa Rica).

Terminó la secundaria y las estaciones de su viaje en los caminos de la Física marcaron su joven adultez: después de la maestría en la Universidad de Costa Rica voló a Alemania para hacer un doctorado en óptica cuántica (medición del tiempo y su frecuencia) en la Gottfried Wilhelm Leibniz Universität Hannover, becado por el Servicio Alemán de Intercambio Académico, también conocido por su acrónimo DAAD (Deutscher Akademischer Austauschdienst).

El inquieto estudiante no se detuvo ahí, sino que posteriormente, en el Institute of Quantum Optics and Quantum Information, Innsbruck, de Austria, hizo el posdoctorado, junto a un profesor con quien investigó la computación cuántica.

El interés por la materia y sus manifestaciones no lo aperezó en una zona de confort, sino que lo ha impulsado a desarrollar el campo de la física educacional aplicada al arte.

De ahí que, de manera lúdica y creativa, adaptó El principito de Antoine de Saint-Exupéry, en una obra teatral, con el objetivo de enseñarle a los estudiantes de escuela y colegio los distintos tipos de modelos atómicos.

El viaje del querido personaje, con su bufanda, abrigo, botas y pequeña espada se parece de algún modo al viaje que Herrera ha ido haciendo, deteniéndose en cada planeta de su camino para escudriñar el tiempo y la materia.

Él, como un “principito” científico, busca la verdad en su núcleo más profundo, que a pesar de no saber exactamente qué es, reconoce que está ahí como un campo de interacción.

Para Herrera, la materia es y ¿no es?, mientras el tiempo transcurre, en una especie de quimera, en que los seres humanos habitamos un pasado permanente.

¿Cuáles eventos te hicieron irte perfilando hacia la Física?

—Un evento definitivamente fue dejar de ir al colegio, pues me ayudó a tomar la decisión de estudiar física porque aprendí muchas cosas: aprendí a estar en la calle, tener horarios específicos de trabajo para vender galletas, chocolates, confites a pulperías; aprendí a rodearme de gente de la que uno no se rodea cuando está en el colegio, porque estás en una burbuja.

¿Por qué no querías estudiar?

—Tiene que ver con que mi mamá me dejaba hacer lo que yo quisiera. Fue una rebeldía de decir: no estudio porque es lo que hace la gente —no tengo celular porque la gente tiene celular— y a mí no me gusta hacer lo que la gente hace; no manejo automóvil porque la gente maneja automóvil. Eran rebeldías para gritarle a la sociedad que yo no hago lo mismo. En mi casa nadie ha estudiado y mi primo, que me lleva siete años, tampoco estudió; era un patrón familiar. Mi primo trabajaba en la distribución de galletas y chocolates y yo pensé que era bonito hacer eso y mi mamá me dijo que estaba bien.

Mi mamá trabajaba en el Buen Pastor, y ella no tenía un contacto tan directo conmigo en el sentido de que se iba en el primer bus de las 5 de la mañana y llegaba a las 11 de la noche a recogerme donde mi tía que vivía en Buenos Aires de Palmares, para luego caminar hasta Palmares centro, donde vivíamos. Mi mamá me cargaba en brazos y llegábamos a dormir y al día siguiente ella se levantaba a hacer lo mismo, porque trabajaba de 8 de la mañana a 8 de la noche. La imagen que yo tengo de mi mamá es que siempre estaba trabajando.

¿Qué te hizo volver al colegio?

—Trabajé con mi primo como dos años, perdí el séptimo año y no hice octavo, y regresé al colegio a séptimo, pero en el nocturno en San Ramón, mientras en el día trabajaba con mi primo vendiendo galletas. Regresé porque siempre me han gustado los planetas, y en ese momento me preguntaba por qué habían otros planetas, por qué existía Saturno —que siempre me ha gustado mucho—, por qué están ahí dando vueltas y por qué hay un sistema solar. Terminé el colegio y fue todo un aprendizaje que me llevó a trabajar de la manera en que lo hago: la cantidad de horas que yo le dedico al trabajo no las mido. Primero quería estudiar astrofísica, pero luego entré a la universidad y quise estudiar física para entender la naturaleza.

¿De qué hiciste la tesis de maestría?

—Una de mis grandes fascinaciones es el tema del tiempo, de hecho el doctorado lo hice tratando de medir el tiempo. La maestría la hice estudiando unas películas muy delgadas de gadolinio y cómo absorben hidrógeno y se vuelven transparentes a ciertas concentraciones.

¿El proyecto de investigación del doctorado en qué consistía?

—En la medición del tiempo y su frecuencia con los niveles de energía que hay en los átomos internos.

¿Por qué te atrae tanto el tema del tiempo?

—El tiempo es algo fascinante. Uno tiene un tiempo y las otras personas tienen su tiempo. Si uno está teniendo una conversación agradable el tiempo pasa de una forma, pero si uno está triste el tiempo pasa de otra forma, si uno se levanta en la noche, el tiempo pasa de otra forma. Hay un tiempo externo y uno interno. Siempre me llamó la atención cómo podemos medir el tiempo y de hecho es la cantidad física que los físicos podemos medir con mayor precisión.

¿Vos crees que el tiempo sea cultural, que la percepción del tiempo cambia dependiendo de la cultura?

—Claro que sí. De hecho los alemanes usan una expresión que dice: «el tiempo es dinero». Si uno compara la cultura de cómo se maneja el tiempo en Costa Rica con los alemanes, es muy diferente.

¿La estructura del tiempo es arbitraria? ¿Es una convención?

—Es un estándar, y es algo que nos han inculcado; es una construcción que siempre va pasando y es ilusoria hasta cierto punto. El tiempo en Puntarenas es diferente al del Irazú, porque si uno está más cerca del centro de la Tierra transcurre diferente a si está más alejado.

¿Tiene que ver con la fuerza gravitacional?

—Sí, con la fuerza de atracción gravitacional. El tiempo tiene tres dimensiones y coordenadas, pero uno lo piensa en términos de futuro, presente y pasado.

En el plano laboral y las distintas aplicaciones que hacés mediante los proyectos que llevás a cabo con el arte, ¿por qué llegaste ahí?

—Yo me dedico a la física experimental y estoy en Costa Rica, por lo tanto tengo que tratar de hacer algo para el país. Yo vengo de la escuela y el colegio público, fui becado; entonces siempre he sentido una necesidad de devolverle algo a mi país. Con el proyecto de El principito quise mezclar el arte y la física con otras disciplinas, porque he querido entender el arte desde la perspectiva del científico y no del artista.

Por este mismo interés han ido surgiendo los proyectos del Teatro Nacional, el Museo de Oro y el Museo Juan Santamaría. En el Teatro Nacional son obras de artistas italianos, pero también he querido entender a los pintores nacionales, su obra y los materiales que usaron: ¿por qué usaron esos pigmentos, por qué hicieron ese trazo? Desde la física podemos dar evidencia sistemática de que eso que el artista hizo que es arte uno lo puede explicar capa por capa.

En el caso de El principito hiciste una obra en la que explicaste conceptos físicos a partir del personaje, y lo llevaste a escuelas y colegios.

—Es una obra de teatro en que el Principito hace un viaje por diferentes modelos atómicos y explica cómo estos van evolucionando, por qué van cambiando, para entender la parte más pequeña del mundo, de dónde salimos. Mediante la interacción con los niños, ellos pueden apropiarse fácilmente de esos conceptos.

La física es la materialidad en su máxima expresión, pero a la vez es filosófica, porque, ¿la penetración en esas capas matéricas nos lleva a eso que no es nada?

—El átomo está formado por capas que vamos quitando hasta llegar a algo que es lo que describimos como un campo que no sabemos qué es, ¿qué es un campo? ¡No sé! Por ejemplo, si yo acerco mi mano a tu brazo hay una interacción, se siente algo, un calor, pero si yo no interactúo yo no siento ese campo.

Algunas obras pictóricas con más de 100 años de creación son estudiadas por un equipo interdisciplinario en el que participa el físico Oscar Andrey Herrera. (Foto: Universidad de Costa Rica).

En el caso de tu trabajo en el Teatro Nacional, ¿cuál es el objetivo?

—Es para establecer el estado de conservación de las obras pictóricas de gran formato, —tamaño de una pantalla de cine—, que incluye entender la paleta pictórica del artista, cuántos pigmentos utilizó, cuántas capas para hacer el óleo luego de la imprimación, cómo la formó, con cuáles materiales, si hay hongos y bacterias en esas obras, qué tipo de lienzo, si usó lino o cáñamo. En ese ejercicio de entender el estado de conservación nos hemos acercado a otras disciplinas como microbiología, ingeniería, geología. Hemos observado nanofósiles en unas capas del Teatro Nacional, que son más antiguos que la edad de Costa Rica, es decir tienen 125 millones de años. Investigar esos materiales para decirle a la restauradora o restaurador que el artista usó un pigmento equis. Se pueden observar materiales que fueron utilizados originalmente por el artista y materiales que probablemente fueron utilizados en restauraciones de estas obras pictóricas, algunas documentadas y otras no. Es un trabajo muy cercano al arte, muy cercano a las ciencias, en el que colaboramos geólogos, químicos, físicos, químicos, microbiólogos, paleontólogas.

 ¿Podrías decir que el tiempo y la cuántica, campos en los cuales elegiste profundizar, los aplicás en este trabajo al estar relacionados con las capas temporales y matéricas de la arqueología del saber y la práctica pictórica?

—Tenés razón, es una perspectiva que no había pensado. De hecho datamos los nanofósiles, y estamos usando el tiempo en otra escala porque es de millones de años. A mí me interesa cómo cambian las obras en el tiempo, porque las condiciones climatológicas en Costa Rica no son iguales que en Europa. Estamos estudiando cómo afecta la temperatura, la humedad, el dióxido de carbono o CO2, cómo afectan todas estas variables en los materiales que el artista utilizó.

 Podrías referirte a esta noción del tiempo y de cómo en realidad siempre estamos viviendo en el pasado.

—Uno siempre piensa en el presente y realmente siempre está en el pasado. Yo te veo a vos y lo que veo es la luz que me llega de vos, y esa luz al interactuar con vos dura un tiempo para trasladarse a mí, dura nano segundos, que es un tiempo muy corto; por eso siempre te veo en el pasado. Nosotros nos preocupamos por el presente y el futuro…

…y estamos hechos de pasado.

—Estamos hechos de pasado.


Arte y ciencia

Nombres de los proyectos en que colabora el físico Óscar Andrey Herrera:

  • Servicios de investigación científica para establecer el grado de deterioro y sus causas en obras pictóricas de gran formato.

UCR en colaboración con el Teatro Nacional.

Artistas: Antonio Rovescalli, Vespasiano Bignami, Carlo Ferrario

  • Análisis del estado de conservación en 20 obras pictóricas al óleo de artistas costarricenses para un periodo de 140 años.

UCR en colaboración con la Fundación para la Administración de los Museos del Banco Central de Costa Rica.

Artistas: Tomás Povedano y por estudiar: Aquiles Bigot, Enrique Echandi, Francisco Amiguetti, Lola Fernández, Rafael Ángel García.

  • Estado de conservación en pinturas de acuarela del artista costarricense Fausto Pacheco como recurso para establecer falsificaciones.

UCR en colaboración con Fundación para la Administración de los Museos del Banco Central de Costa Rica.

Artista: Fausto Pacheco

  • Estudio del estado de conservación de la obra histórica “La quema del Mesón”.

UCR en colaboración con el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría.

Artista: Enrique Echandi

  • Aportes a la reconstrucción del contexto histórico de la Batalla en la Trinidad de Sarapiquí de 1856: comprendiendo el origen de las municiones a través del análisis químico y microestructural.

UCR en colaboración con el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría.

Investigación de la colección única de municiones Minié recuperadas en el 2016 en una excavación en el sitio de La Trinidad, en Sarapiquí.


 

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