Cultura

La declaración desconocida de Gregorio José Ramírez sobre los movimientos de independencia  

Dos años antes de la independencia de Costa Rica, Gregorio José Ramírez fue apresado por la fragata La Argentina, en enero de 1819, cuando se encontraba al mando del bergantín San José, y a raíz de ello tuvo que rendir una declaración sobre el estado de los movimientos de independencia en Centroamérica y Suramérica, en un texto desconocido hasta ahora en el país.

El descubrimiento de dicho texto lo realizó el historiador Iván Molina, mientras trabajaba en un libro relacionado con la independencia, de acuerdo con lo expresado a UNIVERSIDAD.

Según Molina, el hecho de la captura de Ramírez sí se conocía y algunos habían apuntado este episodio en sus indagaciones. Tal fue el caso del historiador Jorge León Sáenz, quien la mencionaba en uno de sus escritos. Posteriormente, el periodista nicaragüense Manuel Jirón Castrillo lo incluía en su libro de 1986. Con esos datos, Molina siguió el rastro de aquella captura y obtuvo el informe dado por Ramírez a Hipólito Bouchard, quien estaba al mando de la fragata La Argentina.

En su testimonio dado a Bouchard, Gregorio José Ramírez cita al almirante argentino de origen irlandés William Brown. (Retrato al óleo hecho por Alfredo de la María, en 1977, Departamento de Estudios Históricos Navales de la Armada Argentina).

La declaración aparece en la Colección documental de la independencia del Perú, tomo VII. La Marina 1780-1822, volumen I, en un trabajo elaborado por la Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia, entre las páginas 559-560.

El texto, añade Molina, deja entrever la información que para entonces —1819— manejaba Ramírez, tanto de lo que sucedía en Centroamérica como de lo que acontecía en América del Sur.

Sobre la relevancia de conocer el testimonio que en su momento ofreció el futuro prócer nacional, Molina precisó: “El documento tiene importancia porque es un texto de Ramírez completamente desconocido en Costa Rica. También muestra no solo el conocimiento y la opinión que Ramírez tenía de los movimientos independentistas en Centroamérica, sino también los rumores que corrían acerca de sucesos recientes relacionados con las guerras de independencia en Suramérica. Además, ese documento fue considerado en la corte marcial que se le siguió en Buenos Aires, entre 1818 y 1819, al irlandés  William Brown, considerado el fundador de la armada Argentina”.

Dicha declaración luego fue desestimada por el juez instructor de la causa contra Brown, pero constituye un nuevo acercamiento a quien fue el líder de la guerra de Ochomogo el 5 de abril de 1823 y quien terminaría por trasladar la capital de Cartago a San José.

Para Molina, el encuentro con Bouchard y sus hombres pudieron haber influido de cierta manera en la visión que en su momento tenía Ramírez de las guerras de independencia.

“Aunque los estudios sobre Ramírez suelen presentarlo como siempre identificado con los valores republicanos y con los procesos independentistas hispanoamericanos, su experiencia con los corsarios argentinos pudo haberlo distanciado, más que acercado, a esos valores y procesos. De hecho, Ramírez participó activamente en la defensa de la provincia organizada por las autoridades españolas, una iniciativa que perpetuaba la condición colonial de Costa Rica”.

Al consultarle a Molina por qué la captura y declaración de Ramírez por la fragata La Argentina tardó tanto en conocerse en el país, explicó: “Considero que la experiencia con los corsarios argentinos proporcionó al joven Ramírez, en un primer momento, cierta notoriedad que le ayudó a acumular prestigio y capital político, sobre todo en Alajuela. Sin embargo, dado que como resultado de este suceso Ramírez se sumó a la defensa de Costa Rica como colonia española, luego de la independencia, Ramírez ya no estaba interesado en recordar este hecho, puesto que después de 1821 construyó una imagen pública de sí mismo que enfatizaba su republicanismo y su independentismo”.

El hecho, también, de que las valoraciones efectuadas por el benemérito de la patria, así declarado por la Asamblea Legislativa en 1971, quedaran registradas en otras latitudes, dificultó su acceso.

“Por otra parte, tanto la captura de Ramírez como su declaración quedaron consignadas en documentos archivados fuera de Costa Rica, que solo fueron dados a conocer mucho tiempo después, en revistas y libros que estaban fuera del alcance o del interés de los historiadores costarricenses”.

Pese a que fue un hombre clave en 1823, a Ramírez no se le conoce como a otros personajes históricos del país y solo se tiene noticia de dos biografías: una escrita por Pedro Pérez Zeledón y otra por Carlos Meléndez y José Hilario Villalobos, editada en la magnífica colección “¿Quién fue y qué hizo?” tomo 12, del Ministerio de Cultura, publicada en 1975.

Molina, precisamente, tiene sus consideraciones sobre las biografías disponibles en relación con Ramírez.

“En realidad, existe bastante información sobre las actividades empresariales de Ramírez que fue dejada de lado por quienes lo biografiaron o fue considerada muy limitadamente. Esta información no solo permite dar una visión distinta de la vida de Ramírez, como una particular experiencia de ascenso social, sino que posibilita analizar, desde perspectivas nuevas, su inserción en la política y su desempeño en ese campo”.

Y agregó: “Al igual que José Figueres, que era una figura política y empresarialmente menor a inicios de la década de 1940 y llegó a jugar un papel decisivo en la Costa Rica de la segunda mitad del siglo XX, Ramírez también se desplazó de las márgenes al centro de la vida política en la Costa Rica de la independencia. Sin embargo, a diferencia de Figueres, su mala salud y su temprana muerte en diciembre de 1823 le impidieron ir más lejos”.

Portada de la biografía publicada por Carlos Meléndez y José Hilario Villalobos sobre el prócer, en 1975, en la colección “¿Quién fue y qué hizo?”

A LA MAR

 En la biografía de Meléndez y Villalobos se precisa cómo el joven Ramírez padecía de asma y en busca de un alivio para su padecimiento descubrió que la mar podía ser una buena alternativa para recuperar su salud.

De esta forma, cuando tenía apenas 15 años empezó a vincularse con el mundo marino hasta convertirse en capitán del bergantín San José, propiedad del español Ramón Palacios.

“Fue en el mar, donde Ramírez sin duda alguna se encontró a sí mismo. Allí superó las ataduras que le ligaban a este mundo, de modo que sus batallas contra su mal crónico, el asma, tuvieron como escenario el en ocasiones quieto y en otras embravecido mar de Núñez de Balboa”, puntualizan Meléndez y Villalobos.

Ahí en la mar océana no solo encontraría alivio a sus padecimientos, sino que hallaría algo todavía más trascendente.

“El trato con los hombres curtidos en los embates con la naturaleza le hizo como ellos: corajudo, osado, valiente ante las inclemencias. Mostró don de mando y por ello tuvo rápidos ascensos. Aprendió primero a ser obediente y responsable en sus tareas, y más tarde pudo mandar y ser obedecido, de modo que su palabra tenía que ser escuchada, cuando ordenaba la realización de las cosas que él determinaba”.

Hecho a la mar, en ella nacerían sus inquietudes intelectuales y a tener una perspectiva de lo que sucedía en Sudamérica sobre los movimientos emancipadores que luego darían con la independencia del subcontinente.

“Sus lecturas sobre temas marineros debieron haberle llevado luego a otra clase de lecturas, de modo que los clásicos no le fueron extraños. Mas el contacto con los puertos suramericanos debieron haberle impuesto de cuanto acontecía por aquellos ámbitos, de modo que empezó a comprender también las justas razones de los movimientos emancipadores. Así iría forjando sus concepciones políticas”, apuntaban Meléndez y Villalobos.

Ese moverse por los puertos de América del Sur le dieron ese conocimiento empírico que le permitió, una vez capturado por Bouchard, poder rendir una declaración en la que daba a entender que tenía una comprensión de lo que sucedía en Centroamérica y mucho más allá, en un período como el de 1819 en el que las voces independentistas se escuchaban en los cuatro puntos cardinales.

A pesar de que su vida sería muy corta –nació el 27 de marzo de 1796 y murió el 4 de diciembre de 1823, a los 27 años—participó activamente en el impulso de la Costa Rica independiente.

Así, por ejemplo, formó parte de quienes firmaron el Pacto de Concordia en 1821 en representación de la provincia de Alajuela. En 1823 fue elegido diputado provincial también por Alajuela.

El sello que le imprime el mar a su carácter y la amplitud de miras que le concedió ver un mundo más allá de las fronteras del Valle Central es recogido en esta visión de Meléndez y Villalobos.

“Poseedor ya de una conciencia madura americana, podrá dar fisonomía y entraña a su terruño, el que envuelto en la indecisión no sabe dónde marchar ni cómo hacerlo. Para eso está el líder, cuya madura y reflexión le han indicado ya un camino. Mientras los demás –no todos, sino la mayoría— ven las cosas desde la perspectiva aldeana, él tiene mayor amplitud de miras, otea mayores horizontes”.

Y en ese conocer mundo, los desafíos de la patria, se calibran distinto y se asumen con una perspectiva diferente.

“Los problemas se superan, las dificultades se vencen fácilmente por quien está acostumbrado a encontrarlas y superarlas. De manera que el mar es la escuela mejor, donde el joven Ramírez hallará la razón de su existencia. Allí nacerá para cumplir con la misión que la Patria le ha asignado. Sin temores. Con fe y coraje. Dispuesto a seguir siendo él mismo. Sin ninguna claudicación”.

ASOMARSE AL PERSONAJE

El hallazgo de sus declaraciones a Bouchard, dará, de acuerdo con el historiador Molina, una oportunidad para valorar nuevos elementos en torno a Ramírez, que en su testimonio dio una especie de estado de situación de cómo veía los movimientos independentistas a la altura del 26 o 27 de enero de 1819.

Certifico yo D. Gregorio Ramírez, capitán y maestre del bergantín San José a Las Ánimas procedente del nuevo puerto de San Juan de Nicaragua, como habiendo sido apresado por la fragata corsaria de las Provincias Unidas del Río de la Plata nombrada la Argentina, fui llamado por el comandante de dicha fragata para que diera unas noticias de los patriotas de México y demás provincias: Digo lo siguiente: que el Reino de Guatemala existe por los españoles pues aunque ha habido su levantamiento, no han podido sostenerse más de tres meses por la poca o ninguna fuerza”.

Así comenzaba la declaración que encontró Molina y que la da a conocer en el país (véase texto completo) con el fin de que los especialistas y los interesados en la historia puedan tener nuevos elementos para acercarse a la figura de Ramírez.

Del Comandante General, que había de morir el 4 de diciembre de 1823 en Alajuela, agobiado por el asma que le marcó desde su temprana edad, quedaría un testamento en que daba fe de su amor por su madre Rafaela Castro, sus exiguas pertenencias y su devoción por San Francisco.

Después vendría el largo olvido, a tal punto que hoy no se sabe con exactitud en qué parte del cementerio de Alajuela reposan sus restos. A dos años de que se cumpla el centenario de su muerte, la mar sigue trayendo noticias de ese marino, que un día, por encima de sus contradicciones, iba a convertirse en prócer de su patria.


Declaración del capitán Ramírez encontrada en Perú

 A continuación se transcribe de manera textual la declaración de Gregorio José Ramírez dada a Hipólito Bouchard tras ser capturado por la fragata La Argentina, y la cual fue facilitada por el historiador Iván Molina.

“Certifico yo D. Gregorio Ramírez, capitán y maestre del bergantín San José a Las Ánimas procedente del nuevo puerto de San Juan de Nicaragua, como habiendo sido apresado por la fragata corsaria de las Provincias Unidas del Río de la Plata nombrada la Argentina, fui llamado por el comandante de dicha fragata para que diera unas noticias de los patriotas de México y demás provincias: Digo lo siguiente: que el Reino de Guatemala existe por los españoles pues aunque ha habido su levantamiento, no han podido sostenerse más de tres meses por la poca o ninguna fuerza. Por lo que toca a la costa de Chocó todos están rendidos ya, pues se mantuvieron dos años habiendo venido el General Morillo por los mares del norte a conquistar el Reino de Santa Fe, trataron todos los cómplices de la revolución de escribirle al General Brown, que andaba con dos buques cruzando en aquella costa para que pasase al puerto de Dagua a embarcarlos a ellos y sus intereses, y consiguieron que el dicho General anclase en dicho puerto con una corbeta adonde todos ellos estaban listos para embarcarse con destino de pasar a Buenos Aires, pues de paso habían saqueado el cuño de la ciudad de Popayán y todas las minas inmediatas, y con lo que ellos traían llegaba a dos millones de pesos y doscientos mil pesos en alhajas y oro en polvo: todo eso se embarcó a bordo de dicha corbeta, la que había entrado en dicho puerto, y estando todos los señores a bordo les dijo el General Brown que tenía que hacer alguna aguada, y echó en tierra algunas pipas y piezas de artillería, y les puso una tienda de campaña en tierra para que durmieran mientras hacía la agua, y una noche la menos pensada levó la ancla el General y se hizo a la vela dejando a los patriotas con sólo la ropa puesta y sus hamacas en que dormían, y algunas piezas de cañón y las pipas vacías. A los seis días de esto entraron las tropas del General Morillo, y los apresaron y eran lo que más deseaban, y al día siguiente fueron sacrificados sesenta y cuatro; y uno de ellos cuando estaba en el suplicio, para tirarles, dijo en altas voces las palabras siguientes: Muero por la patria, muero por la libertad; mas no siento sino que mis paisanos, mis hermanos Americanos me hayan engañado: Es cuanto puedo decir en obsequio de la verdad, y en orden a lo que se me ha preguntado. Fragata Argentina 10 de febrero de mil ochocientos diez y nueve. Gregorio José Ramírez”.

Fuente: Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, Colección documental de la independencia del Perú, t. VII. La Marina 1780-1822, v. I. Lima, CNSIP, 1971, pp. 559-560.

 

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