Cultura

La aventura increíble de Hugo Valverde

Cornista del Metropolitan Opera House recordó sus orígenes en la música y llamó a que el acceso a las artes sea más democrático, incluso desde el sistema educativo.

“¿Qué tal el corno francés?”, le preguntó un día cualquiera hace unas dos décadas Francisco Molina, por entonces director de la Escuela de Música de Barva, a un inquieto niño de seis años de edad que ya había estudiado solfeo durante un año y probablemente no podía esperar a poner sus manos sobre un instrumento.

Hugo Valverde, cornista de la orquesta de la titánica Metropolitan Opera House (Met), de Nueva York, recordó que cuando Molina le mostró por primera vez en su vida el corno francés “fue amor a primera vista”.

“Es muy parecido a la voz humana, no es un sonido muy brillante o chillón, no molesta, es más bien un poco opaco, como una tela muy sedosa y bien tocado, con buen sonido, genera mucha conexión con la audiencia”, detalló Valverde, quien se presentará el próximo 27 de setiembre con el Quinteto de Luz desde el Teatro Espressivo.

Su camino luego lo llevó al Instituto Nacional de la Música (INM), donde tocó durante sus años de colegio entre 2008 y 2012 con la Orquesta Sinfónica Juvenil y donde encontró oportunidades para tocar como músico invitado o músico extra con la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN). “Me gustaba mucho tocar el instrumento en otras agrupaciones con personas de mi edad, pero cuando tocaba en el Teatro Nacional con la OSN, con mi profesor Luis Murillo a la par, me dije: esto es lo que quiero hacer profesionalmente, voy a dedicar mi vida a esto”.

Esas experiencias le permitieron aprender de los conductores Irwin Hoffman, Gerald Brown, Mark Russell Smith, Carl St. Clair y del costarricense ganador de varios premios Grammy, Giancarlo Guerrero; además de participar en una ocasión con el Ensamble de Metales de la OSN, bajo la conducción del connotado tubista Sam Pilafian.

Recordó particularmente cuando bajo la batuta de Hoffman, interpretó la Obertura 1812, de Piotr Ilich Tchaikovsky, y la Quinta Sinfonía de Ludwig Van Beethoven.

Sin embargo, fue en ocasión de un concierto dirigido por Brown que la rueda del destino giró una vez más, pues el joven músico llamó la atención del cornista invitado Gregory Miller, quien le ofreció una beca para estudiar con él en la Universidad Lynn, en Boca Ratón, Florida. Fue así como en agosto de 2012 partió a cursar el bachillerato.

Luego pensó en una maestría, pero tras un año cursado en la Universidad Rice, en Houston, en 2017 realizó cinco audiciones en busca de un puesto en alguna orquesta profesional, incluida la orquesta de la Metropolitan Opera House.

¿Qué recuerda de su reacción al momento en que se le comunicó que, luego de tres rondas de audición, entre 60 aplicantes el elegido era usted para tocar nada menos que en el Met?

Uno se queda atónito, sin aliento, cuesta procesar la noticia, pero a la vez es un gran alivio y un gran honor, sabiendo que es el primer costarricense en formar parte de la Orquesta. No fui el primer tico en llegar al Met, porque el primero fue el tenor Melico Salazar. Me siento muy honrado y orgulloso de llevar a Costa Rica en el corazón a la Orquesta.

La responsabilidad es muy alta, sabiendo la reputación que tiene el Met mundialmente, la gente siempre espera lo mejor cada noche. El hecho de ganar la audición implica que uno tiene que estar preparado para mantener el nivel diario.

Recuerdo que el primer acorde que toqué con la orquesta tuvo una energía increíble, súper afinado, todo el mundo con ganas de estar ahí y hacer música. Era el primer ensayo de la temporada, La Flauta Mágica, de Mozart. Se me erizó la piel, toqué ese acorde y dije “esto va a ser una aventura increíble, ojalá pueda hacer música con ellos muchos años más”.  

A su gusto, ¿cuáles han sido las mejores producciones en las que ha participado?

—La primera, La Flauta Mágica, así como La Bohemia y Turandot de Giacomo Puccini, ambas realizadas por Franco Zeffirelli. Ver esas producciones que él diseñó le cambia la perspectiva a uno y ser parte de ello es un gran honor.

También Parsifal y El Anillo de los Nibelungos de Richard Wagner. En ellas se utiliza una máquina en el escenario, es muy difícil coordinar la orquesta con lo que pasa en escena, lleva mucho trabajo extra y ver todo eso llevándose a cabo es muy emocionante. Por eso el público está ahí.

¿En algún momento llegó a sentir un shock cultural?

En el Met es difícil encontrarse con esas situaciones, primero que todo porque uno vive en una ciudad muy cosmopolita, hay gente de todos los rincones del planeta. En la orquesta hay mucha gente de diversos orígenes: Puerto Rico, Alemania, Asia, ingleses… hay de todo. Nunca me ha pasado una situación incómoda.

¿Siente que toda esa diversidad enriquece el trabajo?

Definitivamente. Últimamente se han dado muchas protestas en contra de la desigualdad y de la discriminación… cuando algo pasa en Estados Unidos, Nueva York es uno de los primeros lugares que se manifiesta, porque la ciudad siente la responsabilidad de alzar la voz, porque saben que el mundo va a escuchar lo que pasa en esa ciudad. La diversidad cultural le da identidad a la ciudad de Nueva York, que es así por los inmigrantes, gente de todos esos lugares que hace su aporte a la cultura y otros ámbitos. 

Desarrolla su carrera de forma positiva cuando se viene la pandemia y precisamente Nueva York fue el primer epicentro en Estados Unidos. ¿Cómo vivió el manejo de esa situación?

La última ópera que toqué fue El Holandés Errante, de Wagner, el 10 de marzo. Pensamos que iba a ser un par de meses, quizás cinco, que íbamos a estar fuera, sin tocar. Pero ya cuando vimos la evolución, cómo las cosas empeoraban, el Met tomó la decisión de congelar toda actividad hasta nuevo aviso, incluído nuestros pagos.

Se hizo muy difícil subsistir en la ciudad, los casos se elevaban muy rápidamente, eso me obligó a tomar una decisión rápida y lo mejor que pude haber hecho fue devolverme a Costa Rica.

Ha sido difícil mantenerme motivado por no poder tocar, lo cual me llevó a empezar proyectos como el Quinteto de Luz. La idea surgió porque este mismo quinteto había dado un concierto hace dos años en el Teatro Eugene O’Neill, mantuvimos el nombre, dijimos que cada vez que nos reuniéramos, haríamos un proyecto de alcance social, además de hacer música.

Un concierto de música de cámara con el quinteto es posible porque no ocupamos mucho espacio en el escenario, hablé con los otros integrantes y encaja muy bien con lo que pasaba con la pandemia, se trata de llevar luz, esperanza, música a los hogares en estos tiempos de incertidumbre. 

¿Deberíamos democratizar el acceso al conocimiento sobre la música?

Estoy en total desacuerdo en que la música sea elitista. La música es para todos y todos deberíamos tener acceso sin importar clase social o ingresos. Es un idioma universal, nos une siempre y lleva un mensaje. Puede ser que una personas no conozca la música que se toca, pero va a sentir algo.

Siento que el Ministerio de Cultura podría ayudar a instituciones como la OSN para promocionar y divulgar por ejemplo conciertos didácticos que se hacen en colegios, para que asista gente de las diversas comunidades.

A muchas de las clases de música les falta más música nacional e incentivar a los estudiantes a ir a conciertos u obras de teatro, como parte de las clases, y que ofrezcan un reporte de qué les pareció y cómo se relaciona con sus vidas, de manera que se fomente la reflexión para que sean audiencia activa que apoya a la gente que vive del arte.

Amplio repertorio

El Quinteto de Luz está integrado por el flautista José Mario Portillo, Delberth Castellón en el oboe, Carlos David Arroyo en el clarinete e Isaac Leyva en el fagot, además de Valverde.

Este 27 de setiembre a partir de las 2 p.m. transmitirán un concierto desde el Teatro Espressivo. El repertorio incluye obras que van desde jazz latino hasta composiciones tradicionales costarricenses. Repasará así el trabajo de compositores como Vinicio Meza, Benjamín Gutiérrez o Paquito D’Rivera.

El precio que no incluye IVA ni cargos por servicio es de ¢5.000 el tiquete general, ¢8.000 el tiquete denominado “Gracias”, que financia el acceso a una persona estudiante de música, y ¢10.000 el tiquete “Muchas Gracias”, que  patrocina la compra del boleto de un estudiante de música y su burbuja social.

Más información en boleteria.espressivo.cr

Ir al contenido