Karina Mora fue galardonada con el Premio Nacional de Teatro Ricardo Fernández Guardia, por su dirección de la obra Des Conectados. En esta pieza teatral, la artista puso en acción todos sus años de investigación de la técnica de “teatro sensorial”, a la que llegó en un afán de hacer un teatro mucho más inclusivo.
De acuerdo con Mora, su camino en esta búsqueda inició al formar parte de la obra Mi tía Panchita en luz negra, cuando al final de una de las funciones un niño ciego se acercó para tocar uno de los muñecos que utilizaban en escena.
“A partir de ahí, me di cuenta —curiosamente, luego de toda mi formación de estudiante y profesional—, de que el teatro es súper visual con respecto a la información que se da en el escenario: las luces, los vestuarios, el casting de los actores. Si una persona no ve eso, le llega la información a medias y uno no le da a entender todo lo que quiere proponer en escena”, comentó la locutora.
Posterior a esto, comenzó a realizar diversas adaptaciones de obras dirigidas a distintas poblaciones con discapacidad, hasta dar con la técnica del teatro sensorial, la cual implementó
“Estaba segregando y más bien estaba haciendo un teatro para un público en específico, cuando lo que yo quería era algo que nos permitiera a todos disfrutar de las obras desde nuestras distintas capacidades”, explicó la docente.
Mora, quien ha fungido como directora de teatro desde el 2003, en obras mayormente enfocadas a giras a centros educativos, destaca que, para estas puestas en escena, el rol de dirección es muy distinto al que había realizado en años anteriores.
“En todas las funciones yo tenía que estar ahí para, a partir de la estructura que había diseñado, como un director de orquesta, ir diciéndoles en qué momento entraban los músicos, actores, etc.… porque es una estructura viva e inmersiva que se nutre de lo que pasaba con el público”.
Según explica, una de las principales diferencias radica en que son los actores y actrices quienes están espectando al público; a diferencia del teatro convencional donde los reflectores se los llevan quienes están en escena.
“Venimos de una formación como actrices y actores en la que siempre asumimos que nos están viendo en el escenario; la academia propone mucho la investigación, pero siempre apoyándose en lo visual”.
Además, detalló que en la investigación es un reto poder transmitir a sus elencos un modo de hacer teatro “a partir de lo no visto”. Según la actriz, debido a que el público está en movimiento y debe ponerse un dispositivo en los ojos, el grupo actoral pasa a ser “cuidador” y encargado de garantizar una buena experiencia a los espectadores.
“Requiere de todo un entrenamiento de cómo contar una historia a través de olores, el tacto, la palabra, lo que puedo comer; se exige que se cuente a través de otros sentidos a los que, normalmente, el espectador no tendría acceso por basar su experiencia en la vista”, apuntó.
La artista adelantó que recibió una beca con Proartes, por lo cual estará viajando a México en el mes de julio para capacitarse sobre teatro sensorial con el grupo Sensorama, uno de los pioneros en esta técnica y que ha sido uno de los principales referentes de la directora.
