Cultura Arqueología subacuática

Jóvenes del Caribe Sur cuidan patrimonio en el fondo del mar y recuperan su historia perdida

La arqueología subacuática empezó a nacer en el Caribe del país con el proyecto del Centro Comunitario de Buceo Embajadores y Embajadoras del Mar.

Esta es una historia sobre cómo respirar bajo el agua, sobre el sonido de las olas de la playa de Puerto Viejo, sobre encontrar en los artefactos en el fondo del mar una historia que se ha perdido, y sobre cuidar el patrimonio que sobrevive en un mundo submarino.

Los primeros pescadores de tortugas que llegaron a vivir a la playa de Cahuita vieron de lejos esos artefactos extraños en el fondo del mar. Muchos años después, un proyecto de gestión comunitaria significó un llamado para hijos, nietos y bisnietos de estos pescadores y pobladores originarios de Puerto Viejo, Cocles, Cahuita y Gandoca.

Jóvenes de Puerto Viejo, Cocles, Cahuita y Gandoca son parte del Centro Comunitario de Buceo Embajadores y Embajadoras del Mar. (Foto: Cortesía CCB).

Hoy en día estos jóvenes del Caribe Sur aprenden buceo scuba en el Centro Comunitario de Buceo Embajadores y Embajadoras del Mar (CCB), una iniciativa sin fines de lucro, que empezó en el 2016. Pero además, el Centro ha capacitado a los jóvenes para hacer trabajo de campo en arqueología subacuática en el Parque Nacional Cahuita, donde yacen vestigios de naufragios de embarcaciones que forman parte del arrecife coralino.

Pete Stevens Rodríguez tiene 20 años y vive en Puerto Viejo. Cuando sus primos lo invitaron a ir al Centro por primera vez estaba recién entrando al cole, surfeaba y dice que no tenía un plan de vida. Cuenta que la primera vez que se animó a bucear lo pensó “bastantillo”. Así tuvo su “bautizo”, que es como le llaman a esa primera inmersión a baja profundidad (2-3 metros).

“Es una sensación maravillosa, es mágico poder estar bajo el agua, uno se teletransporta, ver los peces, las langostas, ver los pargos como se esconden, como nadan; es sumergirse en otro mundo”, describió Stevens.

Pero no todo era bucear. En el Centro le dijeron que para poder seguir tenía que sacar buenas notas. “Y pues empecé a meterle más ganas al cole, le di más gusto, me ayudó a cambiar mi forma de pensar, me ayudó a decidir lo que quería hacer”, recordó.

Actualmente Stevens terminó el colegio, está matriculado en un curso de inglés, sigue llevando cursos en el Centro y ya decidió que quiere hacer buceo comercial.

“En Cahuita hemos visto un ancla, un cañón; mi primo una vez encontró un sello. Una vez encontré una pipa de fumar, y estaba bastante oculta; la vi dentro de unos corales y se parecía tanto a ellos. Todo lo que vemos lo medimos en el mismo lugar, tomamos las fotos bajo el agua y todos los detalles y todo se queda, tratamos de no manipular nada. Si uno mueve una pieza de un sitio arqueológico se pierde información, cambia el contexto”, explicó Stevens.

El CCB, con apoyo del arqueólogo Arturo Hernández, realizó una cartografía de yacimientos arqueológicos en contexto subacuático. (Foto: Cortesía CCB).

El origen

La historia del Centro empieza en la Asociación de Pescadores Artesanales del Caribe Sur, donde la mayoría son adultos y mayores afrodescendientes y con raíces indígenas Bribri y Cabécar. A esta asociación estaba vinculada la periodista, maestra, pescadora y buceadora puertorriqueña-costarricense María Suárez Toro, quien vive en el país desde 1974.

Suárez contó a UNIVERSIDAD que ella le decía a los pescadores que le parecía importante que la juventud se involucrara más en su relación con el mar, no solo por la pesca artesanal y sustentable, sino porque los pescadores que van al mar “son los ojos, los oídos y las voces de las problemáticas que enfrentamos del cambio climático, la contaminación y las especies invasoras”.

Así fue como invitaron a los jóvenes a un torneo de captura de pez león. “No agarraron un solo pez león; pero gozamos montones”, dijo Suárez.

A los jóvenes les encantaba el mar y algunos buceaban a pulmón y le dijeron a Suárez que querían relacionarse con el mar aprendiendo a bucear con tanque, lo cual en ese momento era casi exclusivo para turistas, por lo costoso. Suárez organizó una sesión de buceo con un instructor profesional de la zona.

“Ellos tuvieron un sueño que vale la pena. Cuando yo los vi salir del mar a esos cuatro jóvenes, que tenían en ese momento 13, 14, 15 años, con un brillo en los ojos, yo dije ‘a esto nos vamos a dedicar”, narró. Y de esa primera clase salieron los cuatro jóvenes fundadores del Centro.

La experiencia de bucear “con propósito”

Fue así como María Suárez Toro y un grupo de jóvenes de la zona armaron una escuela de buceo en Puerto Viejo.

Un papel fundamental jugó la magister Marianita Harvey Chavarría, coordinadora del proyecto de Acción Social “El mar y sus beneficios”, en la Sede Caribe de la Universidad de Costa Rica (UCR), quien ayudó al Centro con recursos para las capacitaciones y aprendizajes.

Luego la Fundación Acción Ya compró todo el material de una escuela de buceo que estaba cerrando en la Península de Osa y se los donó.

“Nos consiguió un camión lleno de todos los equipos de buceo y ahí sí dijimos ‘nos vamos con todo’; empezaron a venir más niños, niñas, jóvenes”, recordó Suárez.

En el Centro los jóvenes reciben cursos de buceo scuba y de buceo profesional recreativo, y pueden obtener una certificación internacional de buceo de la Asociación Profesional de Instructores de Buceo (PADI, por sus siglas en inglés).

Asimismo, en julio de 2019 jóvenes del Centro viajaron a Los Cayos, Florida (Estados Unidos a un curso sobre conservación de arrecifes becados por la iniciativa sin fines de lucro Youth Diving With a Purpose (YDWP) de buceadores scuba afroamericanos.

“Estamos re-creando el buceo para que sea un buceo con propósito, propósito de protección del mar, de que los jóvenes tengan oportunidades para quedarse en su zona interactuando con el mar, de hacer cultura arqueológica comunitaria al conservar objetos culturales en el fondo del mar, de cuidar los arrecifes y los corales”, recalcó Suárez.

Un encuentro intergeneracional con el mar

Pero el Centro va más allá al compartir la cultura viva. Realizan visitas a escuelas y colegios, visitas guiadas de familias de las comunidades y de visitantes a los sitios arqueológicos, festivales sobre las raíces de la pesca artesanal, recopilan la historia oral, recopilan la biografía de objetos arqueológicos, y producen cuentos históricos, calypsos y dramatizaciones sobre los acontecimientos que se investigan, Gloriana Brenes vive en Puerto Viejo, es buceadora profesional y coordina actividades en el Centro.

“La idea es que la vida no sea solo una cuestión de que tienen que ir a la universidad porque así tienen título y les dan trabajo y, sino, no son nadie. Se trata de darles una oportunidad para que con algo con lo que han tenido contacto toda su vida, como lo es el mar, puedan tener opciones para encontrar trabajo, desarrollar sus propias iniciativas y nosotros los apoyamos. Somos como una gran familia”, dijo Brenes en entrevista con este medio.

“El Centro ha hecho que la comunidad entera se involucre: desde los más chiquititos con campamentos infantiles, enseñándoles cómo proteger el mar, de dónde vienen estas piezas, cómo capturar el pez león, qué le está haciendo a nuestros corales; hasta los adultos mayores de la comunidad, porque ellos son los que han guardado en su memoria las piezas que necesitamos para reconstruir esta historia. Es darles ese lugar en la comunidad, la importancia que tienen como guardianes de esta memoria”, expresó Brenes.

María Suárez también destacó que al investigar sobre los artefactos que están en el fondo del mar y su valor histórico y cultural adquieren sentido para los jóvenes sus raíces y su identidad. “Es un ir y venir del pasado y el presente, aprender su propia historia, una historia que no aparece en los libros, que no les enseñan en la escuela, y ellos la están escribiendo con el sentido de identidad que están desarrollando”.

Yara Ruth Wray tiene 17 años y vive en Cahuita. Conoció el Centro a través de una amiga y empezó a ir en 2018. “Al inicio sí sentí demasiado miedo, porque tenía miedo de bajar y no respirar; pero me explicaron que con calma, que estuviera tranquila porque estaba con el tanque”, contó.

“Me gusta lo que hace el Centro porque trata de incluir mucho a las personas de la zona”, dijo la joven que piensa estudiar biología marina. “Realmente he visto que a las mujeres les da como susto meterse en cosas así y se apartan un poco, y el Centro ha tratado de incluir mucho a las mujeres”, destacó Wray.

Se muestra un ancla ubicada en el Parque Nacional Cahuita. (Foto: Cortesía CCB).

Cartografía comunitaria

El Centro ha sido apoyado por especialistas del Programa Marítimo de la Universidad de Carolina del Este y la UCR, entre otros arqueólogos, antropólogos y biólogos marinos.

Arturo Hernández es un arqueólogo terrestre formado en la UCR, que literalmente fue “pasado por agua” cuando empezó a dar talleres de georeferenciación, sistemas de información geográfica y arqueología a los jóvenes del Centro, en 2019. Al mismo tiempo, aprendió a bucear con ellos.

Hernández además desarrolló una cartografía comunitaria de recursos arqueológicos marinos, como parte del proyecto de Acción Social de Marianita Harvey. Sobre esto, enfatizó en que: “fue un reto”.

Hicimos una georeferenciación de todos los recursos arqueológicos que tiene el mar, para presentarlo a nivel de mapas; pero además es una arqueología participativa, no es un arqueólogo el que hace el inventario, sino que es un arqueólogo y actores de la comunidad. Los jóvenes mismos están haciendo la investigación y se identifican con el patrimonio que van identificando”, explicó a UNIVERSIDAD.

Para él es una forma de fortalecer la identidad comunitaria local y desde un punto de vista político es una herramienta con función social.

La vida del Centro cobra especial relevancia en la actualidad, ya que en 2018 el Estado costarricense ratificó la Convención de la Unesco para la Protección del Patrimonio Subacuático, que obliga a involucrar a las comunidades. Esta ratificación forma parte del ordenamiento jurídico como la Ley 9500.

Según la Convención, “por patrimonio cultural subacuático se entiende todos los rastros de existencia humana que tengan un carácter cultural, histórico arqueológico, que hayan estado bajo el agua, parcial o totalmente, de forma periódica o continua, por lo menos durante 100 años” y este patrimonio incluye la evidencia cultural que se encuentre bajo las aguas de los océanos, lagos, ríos, manglares y zonas pantanosas.

Actualmente un Comité está elaborando una propuesta de Reglamento, que será sometida a consulta ciudadana antes de ser adoptada por las autoridades competentes.

El Centro presentó ante el Comité una propuesta para que se reconozca la gestión comunitaria en el conocimiento, documentación, preservación y diseminación del patrimonio cultural subacuático en Costa Rica.

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