Joshua Bell se rinde a la Filarmónica Joven de Colombia

Interpretará en el Teatro Melico Salazar el concierto en sol menor de Max Bruch para violín y orquesta.

La juventud versus la experiencia. El próximo domingo 8 de julio, en el Teatro Melico Salazar, la Orquesta Filarmónica Joven de Colombia compartirá escenario con el consagrado violinista estadounidense Joshua Bell, en un encuentro unido por la pasión por la música clásica y la visión de que los músicos de América Latina pueden volar tan alto como se lo propongan y lo sueñen.

La Filarmónica de Colombia convoca, desde el 2010, a los mejores músicos jóvenes de ese país y, tras ocho temporadas, se ha perfilado como uno de los proyectos más innovadores en Sudamérica, dado que es una mezcla del esfuerzo de la empresa privada y el aporte estatal.

Carlos Buitrago, director artístico de la Filarmónica, expresó que la agrupación reúne cada año entre 90 y 100 músicos de lo más selecto de Colombia y que, gracias a las excelentes presentaciones realizadas en América Latina y Europa, ya tienen las puertas abiertas para regresar en 2019 a dar conciertos en Alemania y Australia, entre otros países.

Con la excelencia como norte, la Filarmónica es producto de la Fundación Bolívar Davivienda, que con ello aspira a proyectarse socialmente en un país, como el colombiano, que tras 70 años de guerra arrastra una profunda herida como nación.

En 2017, Bell rodeado de admiradoras en Los Ángeles.

En ese ámbito y conscientes de que el arte y la música en particular pueden ser vehículos para trazar nuevos horizontes, la Filarmónica se abre espacio a pasos agigantados.

Buitrago explicó que cada año un promedio de 800 músicos realizan una audición que se efectúa con jurados internacionales, con el fin de que los escogidos respondan estrictamente a criterios técnicos.

Uno de esos jurados, en el campo de la percusión, es el costarricense Fernando Meza, quien actualmente trabaja para la Universidad de Minnesota, en Estados Unidos.

De esa forma, año a año han ido armando la orquesta que ha sido dirigida por diferentes maestros, entre ellos Rafael Payare, quien tendrá a su cargo la gira que efectuará por Centroamérica y que desembarcará en Costa Rica el domingo 8 de julio con Bell como la estrella indiscutible.

Payare es un joven director venezolano que ha estado a cargo de importantes orquestas como la de Sinfónica de San Diego. El músico empezó sus estudios con el carismático y recordado José Antonio Abreu, quien fue el impulsor del programa más exitoso en su país.

Con las presentaciones que harán en Centroamérica, ya suman seis temporadas internacionales, dado que estuvieron en Brasil, en 2012; en Estados Unidos, específicamente, en Florida, en 2013, y en Houston, en 2015; en Alemania y Austria, en 2017; y en Centroamérica, en 2018.

En el área tocarán en Honduras, El Salvador, Guatemala y Panamá. En esta oportunidad, la agrupación interpretará Íntima, poema sinfónico de Adolfo Mejía Navarro (1905-1973), considerado uno de los grandes compositores de Colombia, cuya vida bohemia es ya todo un mito en esa nación.

Íntima es de las pocas obras que se salvaron de Mejía Navarro, quien en su vida de errante dejaba aquí y allá sus creaciones, sin preocuparse por el destino que llegaran a tener.

EL SÍ A UNA INVITACIÓN

Buitrago cuenta que, motivados por la gran acogida que ha tenido la Filarmónica en Europa, le cursaron una invitación a Bell para que se uniera a la gira por Centroamérica y, por motivos de agenda, el violinista solo estará en Guatemala el sábado 7 de julio y en Costa Rica el domingo 8 de julio.

Bell es una de las grandes celebridades en el ámbito mundial de la música clásica. En Costa Rica tocará por segunda vez, tras su paso por los escenarios en 2017.

Tras el poema sinfónico de Mejía Navarro, Bell interpretará el concierto para violín y orquesta en sol menor de Max Bruch.

Como la Filarmónica Joven de Colombia funciona como si fuera una selección de fútbol, en palabras de Buitrago, dado que convoca a sus integrantes para ciclos especiales, durante la mayoría de ensayos están practicando con dos solistas jóvenes. Una vez en Guatemala y Costa Rica se les unirá Bell.

El director artístico resaltó que los costarricenses pueden estar seguros de que disfrutarán de un concierto de altísimo nivel, dadas las exigencias de la agrupación y por la presencia de Bell.

En la segunda parte del concierto, la Filarmónica tocará la décima sinfonía de Dmitri Shostakóvich y, además, habrá “un par de sorpresas”, adelantó.

La Filarmónica es un proyecto de la Fundación Davivienda que se rige por la excelencia de sus músicos, como el director Andrés Orozco-Estrada.

UN CONSAGRADO

La presencia de Bell en el Teatro Melico Salazar, para ampliar la metáfora del fútbol planteada por Buitrago, es como si en el Estadio Nacional se presentara, incluso en sus horas bajas, Lionel Messi con el Barcelona o la Selección de Argentina.

Vinculado al violín desde los cuatro años, Bell se ha convertido en una de las grandes estrellas de la escena internacional.

La interpretación realizada en la película El violín rojo, una coproducción de Canadá, Italia y el Reino Unido, distribuida en 1998 y dirigida por François Girard, despertó magníficas críticas de los expertos.

En el año 2000, el filme obtuvo un Óscar en la categoría de mejor música original. La banda sonora estuvo a cargo de John Corigliano.

Ya para entonces Bell destacaba en la escena internacional como uno de los grandes solistas, y con el paso del tiempo lo que ha hecho es acrecentar su fama y su carrera ha seguido una línea de impresionante ascenso.

El hecho de que toque con un Stradivarius valorado en $4 millones es un dato que siempre llama la atención de los espectadores, aunque el propio músico, en diferentes entrevistas, ha tratado de minimizar esa situación.

El instrumento, de 1713, tiene en sí una historia de película, porque a Bronislaw Huberman, su dueño, se lo robaron dos veces, lo que motivó incluso que se hiciera un documental, El retorno del violín, dirigido por Haim Hecht, en el que

se recoge la historia de cómo se recuperó y de qué manera llegó a las manos de Bell.

Un breve repaso a su carrera evidencia la seriedad, la entrega y la capacidad desarrollada por Bell como violinista a lo largo de tres décadas. Debutó en el Carnegie Hall cuando tenía 17 años y lo hizo acompañado de la Orquesta Sinfónica de San Luis.

Asimismo, entre sus apariciones en filmes que han trascendido, se encuentra su participación en Música del corazón, una historia protagonizada por Meryl Streep y que recibió en 1999 una gran acogida por parte de la crítica especializada.

En otra de sus colaboraciones para películas, trabajó con el compositor Hans Zimmer en la adaptación de la novela Ángeles y Demonios de Dan Brown.

UN GRAN RETO

Para la Filarmónica Joven de Colombia, el contar con un músico invitado como Bell, cuyo éxito y compromiso están más que probados, es en sí un premio a la excelencia, aspecto que desde un principio se plantearon los fundadores del proyecto, de acuerdo con lo manifestado por Buitrago en conversación telefónica con el SEMANARIO.

Como solista, Bell ha desarrollado una carrera de más de 30 años, en los que se convirtió en un artista exclusivo de Sonny. Para esta firma, ha grabado más de 40 discos compactos, ha ganado un Grammy, un Mercury, un Gramophone y el Avery Fisher, el más prestigioso galardón de la música clásica en el mundo.

A lo largo de esos años, también ha dirigido orquestas como la de Londres y se ha presentado en los principales escenarios del mundo, desde Nueva York a Shanghái. Beethoven, Tchaikovsky, Debussy, Mendelssohn, Brahms y Bach son de los muchos artistas que ha interpretado en su larga y fructífera carrera.

En el campo de la educación, se ha involucrado como profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts y como profesor invitado de la Royal Academy de Londres. En el Tecnológico, incluso, ha colaborado con el impulso y la creación de una nueva línea de instrumentos y juguetes musicales.

De ahí que, cuando Buitrago y compañía recibieron el sí del violinista, supieron, de inmediato, que habían alcanzado otro logo en sus cortos ocho años de proyecto.

En las palabras del director artístico, lejos de existir alguna preocupación por tener que tocar con un músico que se mueve en la cima desde hace décadas, lo que se percibe es una satisfacción de saber que sus muchachos tendrán el desafío de acompañar a uno de los grandes violinistas del siglo XXI.

INOLVIDABLE

Quienes se aventuren a asistir al concierto del domingo 8 de julio en el Teatro Melico Salazar quizá no puedan olvidar el experimento del que participó Bell el 12 de enero de 2007. En esa oportunidad, a instancias del diario estadounidense The Washington Post, el violinista se apostó en la plaza L’ Enfant de la estación de metro de Washington y se dispuso a tocar con su Stradivarius mientras las personas se dirigían a toda prisa a sus trabajos.

La pregunta planteada por el periódico había sido la siguiente: “¿Sería capaz la belleza de llamar la atención en un contexto banal y en un momento inapropiado?”

La función comenzó a las 7:51 de la mañana, hora local, y duró 43 minutos. Según el conteo, 1.097 personas pasaron cerca de donde se encontraba el músico, quien recaudó la suma de $32,17 céntimos (¢18.266.44 al tipo de cambio actual). Tres días antes, admiradores del violinista habían pagado $100 (¢57.067) por ver su interpretación en el Boston Symphony Hall y no eran, precisamente, los boletos más caros de esa noche.

En la estación, Bell tocó la Partita número 2 en Re menor de Johann Sebastian Bach, el Ave María de Schubert y la Estrellita de Manuel Ponce.

Del total de transeúntes que esa mañana pasaron por donde él tocaba, en realidad solo siete se detuvieron a escucharle y 27 decidieron contribuir con dinero, pero no escucharon su música. Únicamente una mujer lo reconoció.

El experimento fue tan impactante, que el periodista Gene Weingarten ganó en 2008 el Premio Pulitzer con ese reportaje titulado “Perlas antes del desayuno”.

UN SEMILLERO

La Orquesta Filarmónica Joven de Colombia ha confirmado en ocho años que ese país, como el resto de América Latina, es un semillero de grandes talentos y que la música es una de las bellas artes que no solo sirve para enaltecer el espíritu humano, sino también como un vehículo para el progreso social.

Por tal motivo, a la agrupación la conforman integrantes procedentes de las distintas capas socioeconómicas y ha servido para que muchos de sus músicos se integren a universidades de Estados Unidos y Europa.

El joven Andrés Orozco-Estrada es un ejemplo de lo anterior, pues, gracias a la Filarmónica, comenzó una meteórica carrera que lo ha llevado a ser director de la orquesta de Houston, de la de Radio Francia Internacional y de la Filarmónica de Berlín.

“Orozco era un joven normal que, gracias a su disciplina, se ha abierto paso en el campo internacional dirigiendo a importantes orquestas”, dijo Buitrago.

Los músicos que llegan a la Filarmónica proceden de diferentes formaciones, pero todos ya tienen una buena base, de lo contrario se les haría imposible cumplir con los altos parámetros de exigencia a que son sometidos, según destacó el director artístico.

En ese sentido, el aporte de algunas universidades y de la Fundación Nacional Batuta han sido claves para el rápido ascenso de la Filarmónica.

El semillero que han encontrado en Colombia fue lo que muchos años antes había descubierto José Antonio Abreu en Venezuela con su proyecto de la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela y el Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles, Infantiles y Pre-Infantiles de Venezuela, iniciado en 1975 y que le mereció el reconocimiento internacional y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2008, y que marcó un antes y un después en la música de ese país.

Ya antes de Abreu, en Costa Rica, el entonces presidente José Figueres Ferrer, su ministro de Cultura, Guido Sáenz, y el maestro Gerald Brown se aprestaban a impulsar una revolución en la música nacional con la refundación de la Orquesta Sinfónica Nacional y la creación de la Orquesta Sinfónica Juvenil.

De modo tal que en el subcontinente latinoamericano ha quedado demostrado que hay músicos de tanta categoría que brotan de todos los rincones, sin que la condición social sea un obstáculo.

Esos músicos son, pese a su juventud y a estar en una etapa de formación, tan rigurosos en su arte, que figuras como Joshua Bell son capaces de hacer un quiebre en su apretada agenda para venirse a acompañarlos como solista, con toda su fama, sus estrellas, sus reconocimientos y su violín de $4 millones, el cual recuerda la época dorada de los Stradivarius allá por el año de 1713, cuando aún prevalecían las luces del Renacimiento.

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