Joker: la deshumanización de nuestros tiempos

Joaquin Phoenix, el recién ganador del Oscar como mejor actor, logró alcanzar una delgadez impresionante para su papel de Arthur, quien como él mismo admite, le posibilitó una mejor expresión corporal y mayor conexión con el personaje.

Arthur (Happy) es un hombre diagnosticado con una enfermedad mental, constantemente agredido y azotado por una sociedad indiferente y hostil. Personas como él no tienen muchas opciones para abrirse paso en la vida y sobrevivir en un entorno que los ha privado de oportunidades.

Arthur pierde su trabajo como payaso, con el cual apenas logra mantener y atender a su madre enferma, después de haber sido atacado por unos muchachos que le destruyen un cartel publicitario sin motivo alguno. Desanimado, consciente de la injusticia cometida, sube al metro, en donde unos jóvenes ricos agreden a una chica y luego a él, cuando trata de intervenir a favor de ella.

Indignado y sin mucha contemplación utiliza una pistola que le había dado un compañero de trabajo, y les quita la vida a los chicos en búsqueda de justicia. Este hecho empodera a Arthur y le crea la ilusión que puede entonces alcanzar algunos sueños que tiene, como todo ser humano: ser un cómico profesional y que lo ame su amor platónico (la vecina de al lado).

No obstante, se desencadena una serie de eventualidades: le informan que el sistema social no le dará más sus medicinas, (es paciente psiquiátrico); su madre lo ha engañado todos estos años al hacerle creer que era hijo ilegítimo de Thomas Wayne; y no logra hacer reír al público en un intento por ser comediante profesional. Todos estos hechos lo dejan en una profunda depresión y lo llevan a la incontrolable venganza contra una sociedad que lo desprecia. A su vez, lo convierten en un tipo de modelo y canalizador de la rabia de muchos, quienes, al igual que Arthur, sufren de esa marginalidad.

Esto desencadena así un movimiento de liberación social que busca derrotar a los poderosos y volver héroes a quienes se sienten oprimidos.

La película (Joker) es un producto del tiempo en que vivimos; no está tan desconectada de esa realidad, en la cual nuestras necesidades personales y el éxito individual es mucho más importante que el progreso colectivo.

Me llaman la atención los discursos que en relación con los regímenes políticos ha movido la película, como si la deshumanización y la violencia actual fueran producidas por una sola visión económica del mundo.

 

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