Investigador ahonda sobre gustos musicales del siglo pasado

“Melodías de perversión y subversión. La música popular en Costa Rica 1932-1960” es otra de las publicaciones del historiador Juan José Marín Hernández, donde

“Melodías de perversión y subversión. La música popular en Costa Rica 1932-1960” es otra de las publicaciones del historiador Juan José Marín Hernández, donde analiza el discurso moralista de las clases dominantes durante ese periodo, con respecto a la tonadas más sonadas de ese tiempo.

Marín Hernández se aventuró al estudio de la música popular que bailaron los costarricenses en la primera mitad del siglo XX, una importante época en la que figuras como Daniel Santos, Agustín Lara, Jorge Negrete, Pedro Infante y Carlos Gardel  acaparaban las preferencias de la clase obrera, pese a los esfuerzos moralizantes de ciertos sectores que satanizaba a esos cantantes.

Para su cometido, el investigador utiliza los aportes de la historia cultural, una corriente que ha tomado auge en otras naciones, vinculando los gustos populares con las prácticas subversivas contra las ideas nacionalistas, religiosas y moralistas de los sectores conservadores de las sociedades del siglo XX.

Con la masificación de la radio y el cine, la música popular tomó auge, y pese a los llamados al recato y el pudor, los cantantes se convirtieron en personajes de gran popularidad en toda América Latina, con gran cantidad de admiradores que bailaban y se enamoraban al ritmo de notas cadenciosas, o —según los defensores de la moral— lujuriosas y pecaminosas.

“El desafío analítico de los historiadores no se sitúa en el análisis estético o si las diferentes melodías reflejan inmediatamente la realidad social, sino en el hecho de descubrir las representaciones sociales que estos tienen”, explicó el investigador en las primeras páginas de la publicación, que ofrece variedad de anécdotas y notas curiosas.

Para iniciar su viaje hacia el pasado, Marín Hernández retoma la letra del bolero “Virgen de medianoche”, interpretado por la poderosa voz de Daniel Santos. En ella, Santos “atropellaba al arquetipo dominante, al invertir el significado de la virginidad, al aplicar esa denominación a una prostituta símbolo de lujuria, maldad, suciedad, vagancia y concupiscencia”, detalló el historiador entre las motivaciones que le incitaron a profundizar en los discursos altisonantes de algunos sectores religiosos.

LO POLÍTICO Y LO IMPURO

Según la investigación de Marín, los señalamientos negativos hacia la música autóctona de América Latina fueron evidentes desde la conquista, cuando los religiosos impusieron la música sacra y condenaron al olvido o a la clandestinidad el acervo de los naturales de nuestras naciones.

Esta tendencia se mantuvo hasta entrado el siglo XX, cuando la radio transmitía gran cantidad de canciones que, según el criterio de la Iglesia y otros grupos políticamente dominantes, atentaban contra la moral y el proyecto de identidad nacional que impulsaban.

Por ello, desde el Estado se impulsó con ahínco la música militar y con el paso de los años proliferaron las escuelas de música. La preferencia de la llamada “música de culto” fue la que imperó en el discurso oficial.

Sin embargo, en los salones de baile los ciudadanos se movían al ritmo del bolero, el tango y otros ritmos considerados pecaminosos. Contrario a la censura oficial, muchos de los que propugnaban una sociedad más pura eran precisamente los que se beneficiaban de la creciente aceptación de la música popular.

Los numerosos cancioneros que recabó Marín demuestran que muchos propietarios de negocios pagaban anuncios de sus productos, aunque en público señalaban con dureza a aquellos que asistían a los salones a disfrutar de los nuevos bailes “lujuriosos”.

La mencionada obra está a la venta en la Librería Alma Mater, con su nueva ubicación en San José, del Concejo Municipal 150 metros este, sobre avenida 14, calle 13.  El teléfono es 2222-5558 y atiende 10 a.m. a 6 p.m.

Marín Hernández es director del Centro de Investigaciones Históricas de América Central de la Universidad de Costa Rica. Otras de sus publicaciones son “Prostitución: Honor y cambio cultural en la provincia de San José” y “La tierra del pecado, entre la quimera y el anhelo”.

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