Entrevista a Valentina Maurel, cineasta

“Es importante hacer cine que viene desde adentro”

El cortometraje Paul está aquí, de la costarricense Valentina Maurel, ganó el premio Cinefondation del Festival de Cannes 2017.

La cineasta costarricense Valentina Maurel hacía un viaje en carro desde Bruselas (Bélgica) hacia Nantes (Francia) mientras conversó por Whatsapp con UNIVERSIDAD en una especie de mini road interview, a propósito del premio Cinefondation del Festival de Cannes 2017 que recién recibió por su cortometraje Paul est là.

Valentina compartió sin reparos -a excepción de esclarecer en la entrevista quién es Paul-, lo que quiso expresar y cómo lo hizo con su tesis del Institut National Supérieur des Arts du Spectacle et des Techniques de Diffusion, de Bélgica.

De 2,600 cortometrajes en competencia, el suyo fue seleccionado para el primer premio con una dotación de €15.000 y la certeza de que podrá proyectar su primer largometraje en el Festival de Cannes, “aunque lo haga en diez años”, precisó Valentina.

Nacida en Costa Rica, de madre tica y padre francés, se dice hija de la multiculturalidad, característica que en su filme también se manifiesta al escoger para los roles protagónicos a un actor de la Bélgica flamenca y una actriz de la Bélgica francesa. De esta forma, según manifestó, cada quien habla en su propia lengua y se siente más cómodo.

Hace ocho años se fue a Bruselas para estudiar primero producción y luego dirección de cine, aprendizaje que culminó con el cortometraje, reconocido por un jurado conformado por figuras como el rumano ganador de la Palma de Oro del 2007, Cristian Mungiu, la actriz francesa Clotilde Hesme, que actuó en Chocolat, y Barry Jenkins, director y escritor de Moonlight.

Con Paul está aquí, a Valentina le interesaba hablar de cosas “ordinarias, íntimas, pequeñas, concentrarme en detalles”, con una actuación y conflicto desdramatizados, en el sentido de que la película no muestra una confrontación real.  “No hay nada grave que sucede. Sin embargo, algo pasa en los detalles y sí hay un cambio sutil”, resumió.

Paul le dice a Jeanne que el nombre de ella significa “Dios perdona”, y ella termina aceptándolo como es, ¿lo perdona de algún modo?

-Absolutamente. Él regresa a su casa y quiere pasar tiempo con ella, y en cierta medida lo que está buscando es que ella lo perdone por ser lo que es, un tipo ausente. Lo que yo no quería es que se piense que ella lo perdona y ya, porque hay una diferencia entre perdonar y aceptar. Ella lo acepta a él y se acepta a ella misma, con su cuerpo y esa incomodidad que tiene con su olor y con su persona.

El olor cobra un primer plano en tu corto…

-Precisamente lo íntimo es el reino del olor, secreto que uno intenta esconder cuando está sucio, uno no quiere existir por su olor, al menos no su olor real, animal, y me parecía que esa era una manera eficaz de caracterizar a mi personaje. Es una jovencita a la que le da miedo oler, que es tenerle miedo a existir. Por la misma razón me gustan las lavanderías públicas, que es un lugar donde uno va a lavar algo muy íntimo pero en público, es la transgresión de lo íntimo que sale al mundo exterior y se manifiesta.

Desde hace ocho años Valentina Maurel radica en Bruselas, donde concluyó una maestría en dirección de cine.

La música está planteada como salida de la escena misma, no como un elemento externo, y usás canciones en español, en específico “Juana la cubana”…

-Yo quería música latinoamericana. La de la escena del bar es una que hicieron en Bélgica en los años noventa, que tiene un acento pésimo (en español) y es kitsch; me gustaba esa imagen que tienen los europeos de la música latinoamericana que puede ser cliché. Y después la de la radio que es “Juana la Cubana” que, en efecto, es una referencia a Jeanne y que me parece que en ese contexto tan frío es una invitación a liberarse. También, hay muy pocos movimientos de cámara y esto va en el mismo sentido de no usar artificios cinematográficos como la música extradiegética, ni mucho movimiento de cámara.

Llamarse Jeanne (Juana en español) cobra una significación particular…

En realidad eso viene de mi mamá que siempre sabe qué significan los nombres de las personas. Me interesa lo poco que la gente sabe qué significa su nombre y el potencial simbólico que tiene. Paul por ejemplo significa frágil. Él busca en las mujeres a su alrededor un refugio, un lugar en donde se va a sentir liberado de las responsabilidades como adulto y un cierto perdón.

En los subtítulos en español se usa el voceo, ¿es una manera de expresar tus raíces?

-Sí, de hecho la escuela había hecho subtítulos españoles, y yo tuve que insistir para poder traducirlos yo -los tradujo mi papá- para tener los subtítulos en vos. Hay una cuestión de lenguaje en la película que es importante porque es difícil y raro ver una película belga en la que la gente hable en francés y holandés al mismo tiempo. Yo decidí que un personaje fuera flamenco y el otro francófono, sin justificar por qué, porque es un país que tiene esa identidad cultural y lingüística y eso me gusta y quiero que cuando hablen lo hagan naturalmente. Si algún día hiciera una película en Costa Rica me gustaría que los personajes existieran por la música de su hablado.

Esta expresión múltiple de las culturas te refleja a vos también, que sos tica y tenés el influjo de la cultura francesa de tu papá. En una entrevista leí que para vos el corto es tico porque vos sos tica…

-La película es tica en la medida en que yo lo soy. Es una producción belga pero para mí habla de algo universal desde una visión muy íntima de la vida. A partir de ahí es igual de tica y europea que yo, que soy las dos cosas. La multiculturalidad me ha hecho sentirme extranjera y al mismo tiempo en mi casa en diferentes lugares. Cuando regreso a Costa Rica me siento outsider y es lo mismo en Europa. Eso me permite tener una distancia bonita en relación con las cosas, tener otra mirada.

¿Cómo fue participar en el showcase frente a ese jurado?

-Los otros cortos eran muy diferentes y dan una idea de lo que se está haciendo en las escuelas de cine y por los cineastas muy jóvenes, cosas narrativas y otras experimentales. Yo estaba muy nerviosa de mostrar mi corto a un jurado tan pro. Pero yo hice mi peli en la escuela y no me imaginé que iba a estar ahí y me alegra mucho que habiendo hecho algo muy espontáneo y sincero y confidencial, les haya gustado. Es importante hacer cine que viene desde adentro, que se arriesga, incluso, a ser raro.

 

¿Cómo ha sido estudiar allá?

-Ha sido interesante, porque antes de estudiar en el Insas hice una escuela más técnica, en asistencia de dirección y cómo rodar un largometraje. La Insas me permitió tener referencias, ver cine, pensarlo como cine de autor, como una forma de expresión en la que uno debe darse el chance de encontrar su voz y de experimentar y equivocarse. Yo hice muchos proyectos ahí, pequeños cortometrajes, documentales, una docuficción autoetnográfica y eso me permitió experimentar y buscar.

¿Y la experiencia en Cannes?

-Fue muy intensa. Pasé mi tiempo conociendo productores y cineastas, haciendo entrevistas y clases maestras, corriendo. Pasé como en un sueño de varios días, no logré aterrizar nunca, y menos cuando recibí el premio. Guardo un recuerdo casi que borroso. Pero el cliché de que Cannes es una pura fiesta no es verdad, porque fue más trabajo que otra cosa. Pensé que iba a ser más superficial, la alfombra roja, ponerse el vestido y sonreír y ya.

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