Aunque han pasado 167 años de la Campaña Nacional, este es un asunto que sigue ocupando a los investigadores, quienes cada vez encuentran nuevas aristas para profundizar en esa guerra, como el papel de la prensa en dicho conflicto, el cual ha sido abordado recientemente por la historiadora Elizabeth Fonseca.
La exdiputada y exministra de Cultura presentó en 2021 La prensa en la época de Mora, su discurso de incorporación a la Academia Morista, y este miércoles 9 de agosto compartió hallazgos y revisiones en una conferencia que ofreció en la Biblioteca Nacional, la cual tendrá transmisión por medios digitales para que los interesados la puedan seguir en directo desde cualquier parte del país.
En esta entrevista con UNIVERSIDAD, conforme Fonseca va contando los diferentes elementos que descubrió con su indagación inicial, van surgiendo diferentes tópicos sobre la Campaña Nacional, en la que el presidente Juan Rafael Mora Porras, Juanito Mora, para el pueblo, se constituyó en el líder que guió a la patria a enfrentar a los filibusteros, encabezados por William Walker, un personaje que para entonces explotaba a la prensa con una habilidad propia de los tiempos actuales.

La guerra de informaciones y contrainformaciones entre el Nicaraguense (se escribió sin diéresis), el periódico de Walker, y el Boletín Oficial, el medio de los costarricenses, es un fascinante ejercicio de esgrima, que revela y recuerda que rara vez la prensa asume su neutralidad, como se pregona en las escuelas de periodismo de medio mundo.
La prensa en la época de Mora abre fascinantes frentes desde el punto de vista histórico, al tiempo que repasa el rol de la figura de Mora, del periodista francés Adolphe Marie y del juego que cumplió la diplomacia y la estrategia antes de que comenzaran a darse los primeros disparos en defensa de la soberanía del país y de Centroamérica, porque, al fin y al cabo, el conflicto fue de toda el área, que acudió a defender sus conquistas tras la independencia.
Aquí les presentamos un extracto de la conversación con la catedrática de Historia de la Universidad de Costa Rica, quien reconoce el valor que tiene seguir profundizando en un hecho fundacional como la Campaña Nacional de 1856.
Su discurso La prensa en la época de Mora, lo presentó en noviembre de 2021 para el ingreso en la Academia Morista. ¿De la fecha a la actualidad ha encontrado nuevos hallazgos?
—Sobre todo lo simplifiqué, porque el ciclo de conferencias que ofrece la Academia Morista en la Biblioteca Nacional tiene como objetivo que accedan estudiantes, público diverso y profesores de secundaria. Lo adapté para un público más amplio. Lo hice más corto y más sencillo para una mejor comunicación.
Menciona que su estudio es una aproximación. ¿Qué otras aristas se podrían abordar desde ese punto de vista?
—Definitivamente eso es así. Lo que hice al preparar mi discurso de incorporación a la Academia Morista es como un estado de la cuestión. Yo no fui a las fuentes primarias. Solo analicé los periódicos que ya estaban publicados, como en el libro Crónicas de Costa Rica, pero ir ya al documento preciso, para ver otros aspectos, no lo he hecho.
Los temas se van ligando unos con otros. En estos días preparé un documento sobre cómo nos veían los inmigrantes extranjeros en la década de 1850, como Félix Belly, y todos los que vinieron, y me quedé pensando que entrando al detalle en periódicos podría investigar cómo se veían los costarricenses de entonces a sí mismos. Es una posibilidad.
Además, me dijo don Armando Vargas que don Raúl Aguilar, exdirector del Museo Juan Santamaría, le había dejado una copia de los periódicos Eco del Irazú, que yo en el discurso afirmo que no existe ni un ejemplar, porque así lo señala otro autor. Ahora resulta que aparecieron completos. Siempre se van abriendo nuevas posibilidades. La curiosidad nos acompaña a quienes nos gusta investigar.

Lo cual revela que este tipo de investigaciones siempre están en un proceso continuo.
—Es un proceso que no se acaba nunca. En lo que respecta a la Campaña Nacional son temas que prácticamente están inexplorados. El discurso de don Armando Vargas, para su incorporación a la Academia, se titula El Asesinato de la memoria de Mora. Y es que en cierto modo fue así. Todo lo que hizo Mora se trató de desconocer después del golpe de Estado del 14 de septiembre del 59. Y los que estamos en la recuperación de la memoria de ese período vemos que hay mucho por hacer.
La visión de la Campaña Nacional que hemos tenido es una visión muy restringida. Se nos olvidan dos cosas fundamentales: que fue un hecho significativo no solo para Costa Rica, sino también a nivel latinoamericano. Los costarricenses fueron los primeros que detuvieron la avanzada filibustera, pero no estábamos solos, fue una guerra librada con los demás países de América Central, y que todos colaboraron, no en un primer momento, porque al llamado de Mora no respondieron con la rapidez que él hubiera deseado, sino con una tardanza que hizo que fuera en la segunda fase en la que colaboraron.
A mí, este es otro de los filones que me gustaría explotar. Cuando usted ha escrito historia de Centroamérica sabe lo difícil que es, porque hay que ir a los demás países y no en todos tienen el material ordenado y clasificado como lo tenemos en el Archivo Nacional, y eso dificulta mucho la labor. Y si uno quiere investigar en libros sobre Centroamérica, no circulan y hay que ir país por país comprando lo que haya. Es una lástima que se llevaran a Educa para Guatemala, para darle cristiana sepultura.
Entonces, por eso, pensar en la guerra como un evento centroamericano a los costarricenses nos cuesta mucho. Además, es un tema nada fácil de explicar, porque no es nada sencillo explicarlo. A lo largo de mi vida, he llegado a la conclusión de que entre más difícil es el tema más debe saber quien lo explica. Y no es el caso de los maestros y los profesores, que apenas conocen un poquito del asunto. Además, los programas se limitan a la celebración de efemérides, que no tienen en cuenta que la historia no puede ser nacional, sino que tiene que trascender los límites del Estado y, cuando no se trasciende, entonces, nos quedamos con la Campaña Nacional reducida a la Batalla de Santa Rosa y a la Batalla de Rivas.
Y desde luego hay otras dimensiones.
—La Campaña Nacional tuvo una dimensión a nivel diplomático, cuando Felipe Molina alerta al presidente Mora de que se avizora el peligro de invasión filibustera y le informa de que van a entrar por Nicaragua. Todas las alertas fueron enviadas y Mora se comienza a preparar. Él primero se organiza en el campo diplomático y, cuando el campo diplomático se agota, comienza a prepararse para la guerra.
Después, viene la primera etapa, que fue finalizada debido a la peste del cólera. Luego, cuando el país está un poquito recuperado, decide volver a la Campaña, y es cuando ya los centroamericanos están ahí. La guerra no se había detenido; la guerra continuó sin la presencia de los ticos.
Esta segunda etapa, a mi parecer, fue mucho más estratégica. Costa Rica está en la retaguardia, y la guerra la siguen librando hondureños, guatemaltecos, salvadoreños y nicaragüenses.
Costa Rica, con asesoría extranjera, toma la decisión de que es estratégico cortar la vía a Walker en el río San Juan, y de esa manera acabar con la llegada de refuerzos, vituallas, armas y todo lo que la guerra necesita.
Esta etapa es mejor pensada, más estratégica. La primera fue de mucho coraje, mucho corazón, mucho convencimiento del líder, para que el líder acompañara a las fuerzas costarricenses y estuviera presente en Rivas, se necesitaba mucho coraje y convicción. En la segunda ya no fue así.
¿Cómo cataloga a la prensa que existía, en aquel momento de la Campaña Nacional, desde el punto de vista operativo?
—Era una prensa en un estado muy embrionario. Muchos de los periódicos que circulan en la década del 50 son medios que tienen una periodicidad irregular. Tienen poca capacidad para recibir información del exterior. Se repiten las historias de Europa. Por lo general, los editores las resumen. Cómo conseguían los periódicos, con qué tardanza llegaban hasta acá, no se tiene muy claro. Llegaban esporádicamente, no eran siempre los mismos, no eran suscripciones, sino porque algún viajero los traía o alguien los mandaba en un correo.
La información se adquiere con mucha dificultad. En el caso de la información extranjera, la primera persona que trabajó y que estaba suscrito a un importante periódico extranjero fue Adolphe Marie, a un periódico francés, donde publicaban los grandes literatos de la época, esto sí que les daba noticias más frescas.
También, ayudó a dar una mayor rigurosidad, en cuanto a la frecuencia, el hecho de que mejoraran los sistemas de transporte en el ámbito internacional. La construcción del ferrocarril a Panamá, en 1855, inaugura la llegada de los vapores a los puertos centroamericanos. Entonces, las noticias circulan con mayor facilidad.
En lo que se refiere a las informaciones nacionales, son noticias oficiales que el editor consulta en las oficinas públicas: ¿aquí qué ha pasado?, ¿cuáles son los horarios del correo a Puntarenas? o cosas de ese tipo que a la gente le interesaban.
Pero lo que es como ahora sucesos, amarillismo, eso no lo he encontrado, hay noticias de guerra, políticas, económicas y precios, por ejemplo.
En la década de Mora se moderniza la prensa y tiene otras características. Empiezan a salir más avisos económicos, el país y Centroamérica están en total transformación de un colonialismo a un sistema más moderno, camino al capitalismo. En esa transición, hay un mercado de tierras más grande, se comienzan a importar productos extranjeros, se anuncia la moda, se anuncian servicios nuevos, etc.

Dentro de ese contexto, ¿qué peso tuvo la prensa en la guerra?
—Un peso muy importante. Sobre todo en el Boletín Oficial del Ejército, porque en primer lugar ahí se publicaron las proclamas de Mora, que son fundamentales. La primera el 20 de noviembre de 1855.
En la prensa, también, se desmienten las informaciones que se publicaban en el Nicaraguense, que era el periódico oficial de William Walker.
Nicaraguense que, atinadamente, usted aclara que entonces se escribía sin diéresis.
—Así es. Exactamente así.
Lo que se da, entiendo, es un cruce de informaciones.
—Un cruce muy interesante, porque la prensa nunca ha sido neutral. Walker tenía muy claro el poder de la comunicación periodística para fomentar sus intereses. En el Nicaraguense publica noticias halagüeñas, la llegada de refuerzos, ventajas del país, proyectos de colonización de tierras, bellezas y riquezas de Nicaragua. Los de aquí, que acceden al Nicaraguense, desmienten, la mayoría de las veces lo que ahí se decía.
Era un intercambio de informaciones y contrainformaciones, como sucede ahora, pero en otra dimensión.
—Nada más que ahora se hace con medios tecnológicos más sofisticados, pero el hecho es similar: la prensa de aquí también procuraba dar noticias, abro comillas, ciertas, o no tan inquietantes de lo que iba aconteciendo. Eran partes de guerra.
Por ejemplo, se lo pensaron mucho para dar cuenta de lo que sucedió en la Batalla de Rivas, del 11 de abril de 1856. Esto de la Batalla de Rivas es todo un tema, porque nosotros celebramos como si hubiese ganado el ejército costarricense.
Walker se fue de Rivas. En esta revisión que hemos estado haciendo en la Academia Morista me pregunto si lo que hizo Walker fue una retirada estratégica. Fue una batalla en la que las dos partes sufrieron mucho, pero fue Walker el que se fue, porque tenía a dónde ir, y los costarricenses se quedaron allí.
Aparece, entonces, la epidemia del cólera, y los costarricenses comenzaron a echarle la culpa a las aguas, a los efluvios, y luego decidieron regresar, pensando que al venir todos se iban a sanar por arte de magia, no fue así, y enfermaron a la gente del interior. Ya sabemos que eso nos costó como un 10% de la población aquel entonces. Fue una verdadera tragedia.
En la Campaña Nacional hay una tercera prensa que sale a relucir: la prensa que manda enviados especiales a cubrir el conflicto.
—Ni lo dude. Es que está mucho por hacerse. Yo hice la traducción de los discursos de Félix Belly en el libro América Central en el Siglo XIX. Miradas francesas. A mí me fascinó hacer esa traducción. Hay algunos artículos muy técnicos, pero los de Félix Belly son muy interesantes. Esto me hizo pensar también en los artículos que Adolphe Marie publicaba en Francia.
¿Merecería Adolphe Marie un estudio a fondo por lo que hizo a favor de la Campaña Nacional?
—Es un personaje de novela. Vino de Ecuador, estuvo aquí, y por ser extranjero no podía ser secretario de Estado, pero, a pesar de ello, lo fue.
Estuvo en Francia con Luis Napoleón buscando apoyos para la guerra. Publicaba en Francia. Era cultísimo y cuando regresa lo hace con Pedro Barilé, que trae el militar que estratégicamente iba a ayudar en la guerra. Un personaje súper interesante.
Aquí quiero decir algo que merece mencionarse con determinación.
Hay algunos historiadores que se han encargado de negar las cualidades de Juanito Mora, como parte de la muerte a la memoria del expresidente, y le atribuyen las proclamas a Adolphe Marie, que en ese momento no estaba en el país, sino en Francia.
Entonces, cómo iba a mandar la proclama redactada de Francia si entre Europa y América una comunicación tardaba meses.
Entonces, la prensa extranjera que cubrió la guerra dio una visión distinta de la prensa directamente involucrada y también este es un abordaje que podría investigarse más.
—Los mejores periódicos de Estados Unidos, de la época, tenían corresponsables. Incluso el Frank Leslie’s Illustrated envío a un dibujante. Muchos de los grabados que hay en la actualidad en libros sobre el conflicto son esas ilustraciones, debido a que en ese momento no existía la facilidad de las fotografías.
