Diez días inyectados de arte popular

FIA mostró buen talante con lunares en curaduría

Con una programación conformada por 156 espectáculos, el FIA concluye con algunos desafíos, según opinan expertos.

Tras diez días de una programación intensiva de arte, la edición número 15 del Festival Internacional de las Artes 2017 (FIA 2017) dejó al corazón josefino felizmente agotado, aunque quizás abrumado por una oferta extensa, difícil de seguirle el ritmo.

El FIA 2017 propuso al público una maratónica artística, con una programación conformada por 156 espectáculos nacionales e internacionales presentados en 19 sedes cerradas y 12 al aire libre, a lo largo de 1.5 kilómetros del centro de San José.

Probablemente cada espectador que disfrutó de las propuestas artísticas de los 18 países participantes, incluyendo al nuestro, tenga una visión particular y distinta del FIA.

El Parque Nacional fue uno de los espacios donde la compañía Demain on Change tout de Francia presentó su propuesta de pasacalles y música.

Para dialogar en torno a sus aciertos y debilidades, y reflexionar sobre los desafíos dejados por esta edición del FIA  2017, UNIVERSIDAD conversó con especialistas en artes escénicas y música que perfilaron algunas conclusiones a vuelo de pájaro y con un panorama parcial.

Luego del fracaso de la edición del 2015, el festival internacional regresó al centro de la capital para resarcirse con nuevos bríos y buen talante, en medio de una primera semana con días despejados por el veranillo de San Juan, pero con tardes de lluvia durante la segunda semana.

De más de cien funciones al aire libre, solamente la presentación de la Banda de Conciertos de Puntarenas se canceló, según confirmó la producción del FIA. Aun así, resulta riesgoso celebrar esta fiesta mayor del arte y la cultura de nuestro país en época lluviosa y depender de un clima azaroso para desarrollar una programación pensada fundamentalmente para parques, plazas, calles y avenidas.

Con Argentina como país invitado de honor, la oferta de espectáculos internacionales se basó en la curaduría del colombiano Octavio Arbeláez (director del Festival Internacional de Teatro de Manizales), que privilegió el arte urbano y de la calle.

Así, la programación constó de 29 propuestas escénicas y musicales provenientes de Alemania, Bélgica, Francia y Polonia, entre otros países, para ser disfrutadas al aire libre, y 27 obras iberoamericanas mostradas en salas.

Curaduría

Una versión con muñecos de la obra Otelo de William Shakespeare, fue presentada por el grupo chileno Compañía Viaje Inmóvil.

Arbeláez explicó, en entrevista con UNIVERSIDAD, que “queríamos recuperar el centro y la ciudad, con una selección de arte de la calle contundente, renovadora y que no correspondiera a esa visión referida a una estética de zancos y tambores, sino que tuviera discurso y puesta en escena, con artes circenses”.

Los criterios para la selección de los espectáculos escénicos, por ejemplo, se basaron en enfatizar narrativas contemporáneas, con la utilización de nuevas tecnologías, así como elementos disruptivos propios del siglo XXI, y en que la calidad estuviera por encima de cualquier otra referencia.

En relación con el área de la música, Arbeláez escogió propuestas no consagradas por la industria mainstream sino aquellas emergentes y de alta calidad.

Bajo su curaduría, según expresó, el teatro de sala buscó propuestas arriesgadas, como la creada por el argentino Matías Umpierrez y su puesta Distancia, en la que las nuevas tecnologías se destacaran por su carácter innovador.

Al cuestionar a Arbeláez sobre cómo lograr un diálogo e intercambio entre las producciones locales e internacionales presentadas, y sobre la programación con los espectadores, el curador mencionó que para ello se implementaron talleres de formación en distintos campos como la dramaturgia y la escenotecnia, cuyos puntos de partida son Latinoamérica y no Europa.

A la vez puntualizó en que el FIA mismo es una vitrina o plataforma de circulación de producciones artísticas que se convierte en una escuela “en la medida en que ves esa diversidad de propuestas -que a unos les gusta más que a otros o que hay gente que se casa con un espectáculo o una tendencia-, y que te abre a nuevos mundos”.

Sin embargo, aceptó la necesidad de un diálogo directo con el público como un desafío a resolver: “deberíamos tener una especie de escuela de espectadores, y abrir el diálogo con lo escénico”, modelo en el que el público crea los discursos, mediante la reflexión de cómo se construye la imagen teatral.

Otro de las preguntas planteadas a Arbeláez fue la relevancia de presentar obras con enfoque de género, que como en el caso de Otelo, de la Compañía Viaje Inmóvil de Chile, retoma el femicidio pero de forma caricaturizada por el abordaje de los personajes.

Al respecto, el curador consideró que para él el espectador sale convencido de que es la violencia de género lo que atraviesa la obra. “La búsqueda es exacerbar esas contradicciones, es como hacer un close up sobre la violencia machista; claro, yo soy hombre, y estoy haciendo una lectura bien intencionada”.

Para Arbeláez, “lo importante es que el espectador no salga incólume de la obra, y si polemiza tanto mejor; me preocuparía si fuera de absoluta homogeneidad”, replicó.

Sabor de boca

Cientos de jóvenes disfrutaron del concierto con la banda de rock argentina Él mato a un policía motorizado, programado en la Plaza de la Democracia.

En relación con la apabullante oferta del FIA, uno de los principales problemas señalados por Kyle Boza, dramaturgo y director de teatro, es que le resultó imposible asistir a todas las obras agendadas en salas.

“Pude ver relativamente poco y esa es la conclusión más grande a la que llego: el FIA tiene demasiado que ofrecer dentro de cada arte e incluso para cada género”, detalló Boza.

El artista enfatizó en que a pesar de ese inconveniente fueron de muy alto nivel las obras a las que asistió, aun cuando hubo otras “que no entendés cómo entraron en la curaduría”, como  Los malditos, de unahoramenos Producciones de España.

Boza hace alusión al refrán “el que mucho abarca poco aprieta” y considera que el festival intentó “dejar contento a todo el mundo y eso a veces no funciona. Falta controlarlo, que no sea tan monstruoso”.

La dramaturga, directora y actriz María Bonilla opinó que en un Estado que no tiene políticas culturales ni artísticas, un evento de la magnitud del FIA, que requiere de un planeamiento, una programación y un presupuesto tan grandes, los objetivos deben ser muy precisos; “probablemente ellos los tenían pero no se proyectaban con la claridad que uno hubiera querido”, dijo.

De las ocho obras a las que asistió Bonilla, la mitad le pareció adecuada para un festival como el FIA: Labio de Liebre (Colombia), Mendoza (México), Cervantina (España) y Tebas Land (Uruguay), “que compré un poco al azar porque siento que faltaba información sobre los grupos y las propuestas internacionales, o llegó muy tarde”.

Bonilla mencionó además que “con una curaduría que se pagó al precio que se pagó y un presupuesto de ₵900 millones, me replantearía cosas”, sobre todo al sopesar que para marzo próximo está agendado otro festival internacional.

De acuerdo con Bonilla, entre las preguntas a plantearse están los criterios y objetivos del evento, así como la calidad e ideología de los espectáculos: “el nivel ideológico me preocupa”, expresó al referirse al caso de la obra Distancia, ya que le pareció misógina y machista, con un abordaje tecnológico deficiente.

Bonilla reafirmó su derecho a plantearse estas inquietudes pues paga impuestos y no lo considera un regalo. “Yo defiendo el concepto del FIA, pero la propuesta de once días con programaciones simultáneas, y una gran inversión, ¿es ese un festival a la medida de Costa Rica?”.

Con respecto al uso de nuevas tecnologías, el técnico audiovisual Francis Villalobos consideró que obras como Distancia, de Umpierrez; Maleza, de la compañía Maleza de Chile y Los Malditos, las utilizaron sin rigor técnico ni conceptual.

“Le llaman mapping, pero proyectar sobre una superficie plana no es mapear, para hacerlo tenés que tener una superficie irregular. En esas obras usan una pantalla en donde se proyectan imágenes”, detalló.

El experto explicó que hay una tendencia mundial de trabajar el video como un elemento de iluminación conocido en inglés como virtual stage (escenarios virtuales), pero en el caso de los espectáculos mencionados no aplicaba.

Para Villalobos, al repetirse el fenómeno tres veces en el festival, se convierte en un problema de curaduría. “¿Qué es lo que se trata de lograr con el video como arte lumínico?, hacer espectáculos con riqueza visual superior en comparación con lo que no estuviera ahí”, adujo.

En la parte musical, Randall Zúñiga, programador de Radio Nacional, reflexionó en torno a la importancia de haber incluido más rock alternativo y rap, dos de los movimientos más representativos de la actualidad, pero le pareció un acierto las presentaciones del acordeonista colombiano Carmelo Torres y La Cuneta son Machín de Nicaragua.

“Estos conciertos ayudan a enlazar con comunidades residentes en el país y muestran la riqueza cultural de poblaciones que están estigmatizadas”, comentó.

Zúñiga criticó el concierto de inauguración del FIA, del argentino Gustavo Santaolalla, al considerar que debió realizar un recorrido más extenso por su carrera. “Fue un desacierto, pues era una oportunidad muy grande para que muchas más personas se acercaran a su música”, opinó.

A pesar de algunos problemas de sonido detectados en la Plaza de la Democracia, Zúñiga afirmó que las presentaciones ahí son una buena opción.

“No se trata de vetar la plaza por problemas de sonido”, agregó Zúñiga, pues estos espacios en el centro de San José son necesarios. “Hay que hacer más conciertos para ir adquiriendo experiencia y adecuarse a las condiciones propias del lugar”.

La curaduría del FIA estuvo dirigida a visibilizar el arte urbano y de calle, como los circos. Sobre este particular, Sol Carballo, directora artística de Metamorfosis y coordinadora de la Escuela de Danza, Teatro y Circo del Parque La Libertad, expuso que había presenciado dos de gran calidad: L’effect escargot del grupo belga Kadavresky y Naufragatta, del Circo Zoé de Italia.

Sin embargo, según lo observado por Carballo, a estos dos espectáculos circenses, el FIA no les proporcionó las condiciones adecuadas para sus actos y tampoco tomó en cuenta las necesidades de los espectadores.

“Debajo de la lluvia nadie ve nada, el público se les mete encima en el escenario porque quiere guarecerse de la lluvia y además ver. O compran una carpa o meten los circos en un teatro donde la gente se puede sentar decentemente”, alegó Carballo.

Carballo resumió que la escogencia fue acertada por el nivel técnico y musical de las agrupaciones pero que la producción del festival debió estimar el cambio climático, y que el circo por lo general atrae mucha gente de todas las edades pues es muy entretenido.

“Busquemos un espacio que permita que la gente vea el espectáculo con comodidad”, expresó.

(Créditos: Foto: Lucía Molina, Foto: Katya Alvarado)


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