Festejo se ha realizado por 16 años en Buenos Aires de Puntarenas

El sol y la tierra se conectan en un festival indígena al sur de Costa Rica

El Festival del Sol en Costa Rica se ha festejado por 16 años, tiene como objetivo reconectarse con uno mismo y con la tierra.

A más de 340 kilómetros del Valle Central, en un rincón de Altamira de Biolley (Buenos Aires de Puntarenas) suenan tambores y maracas dedicadas al sol, en un evento que trata de exaltar las raíces indígenas del pueblo costarricense. Es el “Festival del Sol” en Costa Rica, que ya tiene 16 años de festejarse en los primeros meses del año.

Francischo ‘Pancho’ Quesada, un artista, ambientalista y científico oriundo de esta zona es el encargado de organizarlo. Para llegar al evento, en una tierra propiedad de Quesada con más de seis hectáreas, desde San José, se tiene que conducir por más de seis horas, pasar por ríos y subir cerros.

Anualmente llegan más de 300 personas y dura 24 horas sin pausas. El objetivo es reconectarse con uno mismo y con la tierra. “Promovemos el mensaje de que hay otra forma de vivir. (La vida) no solo es licor, televisión, fútbol. El objetivo es romper ese círculo”, expresó el organizador.

UNIVERSIDAD viajó a Puntarenas para ser parte de la última edición del Festival del Sol y retratar la forma de convivencia de esta enigmática festividad.

El Festival inicia con un “Jam comunal”, con el objetivo de juntar las comunidades que llegan al evento, entre ellas Ngäbe, pueblo indígena que habita entre la frontera de Costa Rica y Panamá y los Borucas, aborígenes de la zona. Miriet Ábrego | Semanario Universidad
El alimento que se comercializa en el Festival es, en su mayoría, elaborada y cosechada en el mismo terreno de Quesada. En el evento no se promociona ni recomienda consumir alcohol comercial, sin embargo venden bebidas como la chica, tradicional indígena. Miriet Ábrego | Semanario Universidad
Como parte del festival se realizan talleres de danza, parkour, teatro y artesanías indígenas, impartidos por asistentes del evento. Quesada expresa que uno de los objetivos es eliminar el “elitismo”, por lo tanto, afirma que todos “deben estar al mismo nivel”. “Artistas invitados, instructores, la gente que acampa, lo bonito es pensar en estar acampando y los que están en la tienda de la par son los que estaba en la tarima en la noche. Aquí no hay diferencias”, expresa. Miriet Ábrego | Semanario Universidad
En el Festival se comercializan varios productos de artesanos que viven cerca de la zona, así mismo, foráneos también pueden llegar a vender sus propios productos. Miriet Ábrego | Semanario Universidad
El terreno de Quesada, según él explica, es un espacio colaborativo y “todos son bienvenidos. Es decir, afirma que los asistentes al festival pueden quedarse viviendo permanentemente en el terreno si se comprometen a trabajar con y para la comunidad que vive actualmente en “La Champa”, como la llaman comúnmente. “Si un anciano muere aquí y quiere ser enterrado aquí, entonces uno podría acá su cementerio y sembrarle su árbol encima, su jardín de plantas medicinales o lo que le guste”, afirma. Miriet Ábrego | Semanario Universidad
La Champa funciona con “permacultura orgánica”, motivando a la gente a plantar y hacer cabañas para que vivan o alquilen cosas que generen productos al proyecto. Miriet Ábrego | Semanario Universidad
“Chinco” tiene 90 años y es fiel asistente al Festival del Sol. Es de descendencia indígena Boruca y con los años ha perdido la vista. Dentro del evento participa como músico tocando el güirro, un instrumento de aire típico de la zona. Miriet Ábrego | Semanario Universidad
Uno de los mayores atractivos de este festival es acampar para ver el atardecer y el amanecer y lograr conectarse con el ecosistema. También uno puede visitar senderos, ríos, cascadas, bosques y más miradores. Miriet Ábrego | Semanario Universidad
El primer Festival del Sol fue realizado con pirotecnias. En ese momento las personas traían su propia comida, lo cual fue restringido por cuestiones de salud y seguridad. Desde ese entonces hasta ahora, se prohibió el licor comercial, se comenzó a hacer camping en la propiedad y se integró más actividades culturales. Miriet Ábrego | Semanario Universidad
Guadalupe Urbina, cantautora costarricense que participó en la actividad, junto a Francisco “Pancho” Quesada, organizado del Festival. Miriet Ábrego | Semanario Universidad
El “Jegui” es una danza típica Ngäbe, según Quesada, este significa “la comunicación con la madre tierra”. Miriet Ábrego | Semanario Universidad


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