Festival Aliados pintará la Amargura con la energía del graffiti

Durante tres días artistas pintarán el edificio Saprissa, entre presentaciones de hip hop y punk.

Mush habla con sencillez y pasión de la forma de arte a la que ha dedicado su vida, el grafitti. Junto a otros artistas urbanos y colegas del exterior asumió la gestión del festival Aliados, que este fin de semana del 9 al 11 de marzo se realizará en la Calle de la Amargura.

Unos 60 artistas tomarán las paredes del edificio Saprissa para plasmar su arte, en un evento que además integrará al equipo de La Ofensiva, el programa de hip hop de Radio U, que toda la tarde del sábado ofrecerá presentaciones de van a traer DJ y raperos nacionales, también habrá competencia de patinetas en la calle y en la noche hay un set de reagge. El domingo la revista La Base organiza concierto con bandas de rock y punk.

Posteriormente, el martes 13 a las 6 p.m. se realizará un conversatorio en la Facultad de Bellas Artes sobre la experiencia de los artistas graffiteros.

“El festival de graffiti es un pretexto para activar un poco más fuerte este espacio, que ya el trabajao comunal universitario (TCU) lo hace cuando cierran la calle los viernes, pero esa fusión es lo que estamos buscando”, expresó.

El artista detalló que Aliados es un importante evento de graffiti que se fundó en México hace diez años por los artistas Humo y Frase, quienes forman parte de un colectivo llamado Sin Fronteras. “Coincidimos en un evento y surgió la propuesta de llevar el evento fuera de México y que se volviera más un encuentro latinoamericano, se da la idea en San José junto con a Fundación Pausa Urbana, con el TCU de la Calle de la Amargura, todos juegan un papel importante en este espacio y entonces nos aventamos a organizar el Aliados que sale por primera vez de México y viene a Costa Rica”.

Informó que participan entres 26 y 28 artistas internacionales y alrededor de 30 nacionales, seleccionados a partir de una convocatoria. Pintarán las las cuatro caras del edificio, menos la fachada de la Librería Universitaria, “que fue intervenida hace poco por otros amigos, entonces ese espacio se respeta”.

El evento se inaugurará el viernes a las 10 a.m. y al medio día los artistas iniciarán su trabajo, el cual continuarán hasta el domingo.

UNIVERSIDAD conversó además con Mush sobre el papel del graffiti en su vida y en la sociedad.

¿Cómo empezó en esto del graffiti?
-Desde el colegio tenía la curiosidad de rayar cosas. Ésto viene de una esencia sencilla de rayar el baño, el pupitre y luego pasa a lo legítimo de “no rayar las paredes” y esa picardía y rebeldía de uno de decir ¿por qué no?
Jugaba con las letras, con mi nombre, logos de bandas, también mucha influencia de mi mamá que tenía una letra muy bonita y desde chamaquillo me gustaba esto de la tipografía. Un poco más en la etapa de adolescencia que conocí toda la movida del skateboarding, me vi muy influenciado por toda esta gráfica de las patinetas, de las marcas de ropa y ahí viene toda la influencia del graffiti.
Descubrí el graffiti como un movimiento de cómo apropiarse de la ciudad.

El graffiti es muy rebelde y subversivo, como usted citó “las paredes no se rayan” y entra el tema de la propiedad privada. Banksy dijo que fue escondiéndose de la policía que pensó en mejor utilizar stencil. Usted se dedica a esto profesionalmente, ¿cómo se hace cuando no toda la ciudad ofrece espacios abiertos e incluso puede ir a la cárcel?
-Honestamente vivimos entre dos mundos paralelos, lo ilegal y lo legal. Incluso el evento que vamos a hacer acá pierde esa esencia, ya es un evento súper producido con apoyo de instituciones, en esencia deja de ser graffiti, pues el graffiti siempre va a ser esa interacción y esa apropiación ilegal de la ciudad para decir algo, pero ha evolucionado mucho.
Está el tema de los anonimatos. Usted menciona a Banksy como un referente de un personaje que ahora no sabemos quién es, pero para lograr eso ya hay gente que lo esconde.
Aquí, donde vivimos, yo trato de no figurar, tampoco me ando escondiendo porque todo el mundo se conoce.

Ahora para el evento Aliados pesa el hecho de poder traer artistas de diferentes países y que la institución está de acuerdo con prestar el espacio.
-Es un caso curioso. En los años 90 el edificio Saprissa tenía muchos graffiti más de contenido político, de protesta, me imagino que de los mismos estudiantes, inclusive poemas, alguna ilustración pero no era tan gráfico o colorido. A finales de los 2000 empezamos a acercarnos y descubrimos estas paredes que están rayadas y como que la U no les da mantenimiento, nos apropiamos y aprovechamos para practicar nuestro graffiti, que abarcan desde el que nació con el movimiento hip hop, que es la gente poniendo su apodo por la ciudad, a como también hay una propuesta gráfica de imágenes, dibujos, cosas que dicen más que un apodo.
Hoy en día está mezclado y es curioso cómo, después de tantos años de estar pintando acá, sentimos que nos apropiamos del lugar. Al principio sólo se pintaba el costado oeste, luego la librería se apuntó, luego al frente de la U frente al pretil ya tenemos espacios. En realidad nunca habíamos tenido un permiso oficial de la Universidad, hasta ahora que nos acercamos con la intención de enmarcar esto en un encuentro internacional.
Lo más importante y valioso que todos estos años de estar pintando han generado son las amistades, todas las conexiones que hemos logrado a nivel centroamericano y a nivel regional de Latinoamérica. Por eso se da la oportunidad de invitar a otros colegas amigos a que vengan a disfrutar un fin de semana, es un proyecto autogestionado, porque no hay una gran productora, ni nace de la Alcaldía, sino de los artistas, pero las instituciones nos apoyan, como la Universidad que da los permisos, igual la Alcaldía, la Universidad aporta parte de los materiales, también entra la empresa privada aportando un poco y nosotros como equipo que se organiza y prepara la pared y demás.

Hay cierto tipo de mentalidades que no son permisivas, siempre una lucha entre la mentalidad más abierta y la más cerrada. ¿Conoce casos de grafiteros que hayan estado presos o que hayan sido agredidos?
Nosotros mismos hemos experimentado eso con los años. De todo el año hay tal vez un evento como éste, siempre andamos pintando en la calle, entonces siempre se confronta esas situaciones entre lo ilegal, lo legal o gente cerrada. A veces un vecino da permiso de pintar su pared, pero los demás no quieren ver esa imagen en el parque o comunidad, entonces ya empieza una negociación.
A la fecha, la población acepta mucho las obras de calidad, elaboradas, que proponen una gráfica más compleja y tal vez con mayor contenido. La otra gráfica, la más espontánea del bombing -un trabajo rápido clandestino en la calle-, sigue siendo rechazada, porque se ve como más sucio, más invasivo, más transgresor inclusive.

Su trabajo normalmente gira en torno a generar una estética alrededor de su nombre, ¿ha sentido la inquietud de enviar un mensaje más explícito?
Sí, a veces lo hago por medio de imágenes. Crecí con esta cultura de hacer letras y es algo que todavía me apasiona, es un juego gráfico de cómo diseño, cómo coloreo.
A veces yo mismo me obstino y me empacho de las letras, quiero proponer otra cosa y empiezo a explorar imágenes, me gusta mucho influenciarme de la cultura mesoamericana, del arte precolombino, lo mezclo con otras cosas que voy explorando y experimentando.

¿Cómo siente la recepción de la sociedad a una forma de arte que es un tanto clandestina, irreverente?
El lenguaje más del gremio, que es el de los “tags” y el “bomb”, lo que la gente llama garabatos, es poco aceptado. Es entendible, es muy invasivo a veces, se impone a la vista del transeúnte. Pero por otro lado, la propuesta más elaborada, compleja, con contenido es bastante aceptada, a la gente le gusta el dibujo, le gusta el arte; he notado que con el solo hecho de pintar la pared -no que no sea importante lo que se pinta, claramente es muy importante lo que dice- sólo la acción, a veces hay cosas más abstractas y sólo el hecho de aplicar color en un espacio genera una experiencia para la gente que pasa por ahí. Irradia y cambia la energía del lugar.


Junto con otros artistas, Mush espera próximamente fundar un espacio físico en la Calle de la Amargura, “propone ser algo así como una cooperativa gráfica”, que integrará artistas de diferentes disciplinas, como xilografía, serigrafía, ilustración, trabajo digital, pintura al óleo o acrílico. Ese espacio además aportará a la comunidad un café y galería. “Le queremos llamar al proyecto Ensamble, y empezar a proponer no sólo para la zona de Montes de Oca, sino para toda la ciudad: tenemos proyectos en camino en Barrio La California y en San José”.

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