Falleció Rafa Fernández, referente pictórico de la historia del arte en Costa Rica

Rafa Fernández se destaca en la historia del arte de Costa Rica por el universo onírico y colorido de las mujeres que pintó.

El universo pictórico del artista visual costarricense Rafa Fernández es reconocible por sus mujeres hieráticas inmersas en un entorno onírico, de gran colorido, con sombras y luces y de una extraordinaria fuerza emotiva que marcaron profundamente su trayectoria hasta el día de su muerte.

«Tengo la fuerza existencial de pintar hasta el día en que muera», declaró para una nota publicada en el sitio web rafafernandezpaintings.com, que dio cuenta de su viaje a Estados Unidos en el 2017, para participar en la exposición «Viajero del tiempo», en la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, DC.

Precisamente esa capacidad expresiva se recuerda este domingo 9 de setiembre, día en que su hija Alma Fernández Tercero, artista visual y galerista, anunció en su Facebook personal que su padre había fallecido.

«Ya mi papá, Rafa Fernández ha sido llamado a la casa del Señor», escribió en la red social.

Fernández se hizo acreedor del Premio Magón en el 2002, máximo reconocimiento cultural del país, por una vida dedicada al arte visual en la que se destacó por ser uno de los referentes más importantes de la historia del arte costarricense.

Además, el MCJ le otorgó el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en 1969, 1972 y 1975. Sus pinturas se exhiben en el Museo de Goya en Zaragoza, España; la Galería Uffizi en Florencia, Italia; y en el Museo de Arte Costarricense (MAC).

De acuerdo con Sofía Soto-Maffioli, directora del MAC, Fernández fue uno de los creadores nacionales más prolíficos, «con una obra fantástica y onírica de una gran sofisticación estética y que finalmente se integra como uno de los ejes revolucionarios del mercado del arte costarricense».

Soto-Maffioli destacó que la pintura de Fernández logró establecerse de una manera universal en el coleccionismo nacional, formando parte de colecciones públicas, tanto de museos como de instituciones del sector público, así como privadas.

«Una cosa que me parece muy valiosa es que incluso la obra realizada en sus últimos años, estando don Rafa enfermo, está llena de una expresividad extraordinaria; era un artista muy valiente y persistente, muy valioso para la historia del arte costarricense», manifestó Soto-Maffioli.

A inicios de la década de los ochentas, Fernández fundó el grupo denominado Cofradía, junto a Álvaro Bracci y Edwin Castillo, mimsa época en que trabajó con el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, en la promoción de artistas emergentes.

En la segunda mitad del siglo XX, Fernández se hizo heredero de la figuración poética europea, logrando una obra de gran calidad, innovación y experimentación, que en los noventas y 2000 se consolida con los rasgos fantásticos y oníricos que la caracterizan.

Para la directora del Museo Nacional, Rocío Fernández,  Fernández es el pintor por excelencia de Costa Rica de la segunda mitad del siglo XX, quien reconoció el legado nacionalista de Teodorico ‘Quico’ Quirós y Fausto Pacheco,  «pero articuló una estética propia; fue un profesional de la pintura a tiempo completo y un colorista innato», dijo en declaraciones para UNIVERSIDAD.

«Don Rafa privilegió la figura femenina y las composiciones coreográficas; fue un narrador de sueños sensoriales y un pintor de atmósferas, luces y sombras», destacó Fernández.

Otras cualidades del pintor fueron la gestión cultural y la reflexión pictórica propia, ya que no solo organizó eventos al aire libre como asesor de artes plásticas desde el despacho de Cultura en varias administraciones para promover las artes plásticas en espacios públicos, sino que además fue artífice «de esa etapa cuando perteneció al grupo Cofradía, interesado en renovar la pintura y que tuvo texto teóricos a finales de los ochentas y principios de los noventas».

Asimismo, Fernández señaló que era una hombre muy curioso que no cabía en sí mismo: «era impaciente, los horizontes se le quedaban pequeños», razón por la cual tuvo relación con el arte en Centroamérica, ya que le preocupaba expander a Costa Rica como mercado y tener contacto con El Salvador y Guatemala.

Finalmente, Fernández expresó que la obra del pintor fue sensible de su tiempo asociada a la estética narrativa del realismo mágico y que predominó fuertemente en la literatura del continente.

«Rafa no solo respondió a la sensibilidad literaria de la época sino a la originalidad de un mundo particular y romántico, a veces barroco, pero siempre muy preocupado por interpretar esa mujer: ¿qué siente?, ¿con qué sueña?, que le da siempre un misterio a los personajesm pero sobre todo el encierro y esa densidad en que viven», concluyó.

 

 

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