Exposición acerca obra de Carmen Naranjo al costarricense

Una exposición de 110 cuadros con dibujos, realizados en diversas épocas y con enfoques distintos, busca acercar la obra de la escritora Carmen Naranjo al_público_costarricense

Una exposición de 110 cuadros con dibujos, realizados en diversas épocas y con enfoques distintos, busca acercar la obra de la escritora Carmen Naranjo al público costarricense, al haberse cumplido seis años de su muerte.

La exhibición, que estará abierta al público en el Museo Calderón Guardia hasta el 14 de abril, es una ventana para que el lector entre de nuevo en contacto con la escritora, quien fue poeta, ensayista, cuentista, funcionaria pública y una conocedora de la cotidianidad del ser costarricense, al que retrató de forma precisa en su prosa.

Además de los dibujos, muchos de ellos realizados en las partes en blanco de tarjetas e invitaciones, la muestra cuenta con objetos personales y manuscritos de Naranjo, quien nació en Cartago un 30 de enero de 1928, pero que a muy corta edad se debió trasladar a San José con su familia por las condiciones imperantes de la época.

El curador y director del Museo Calderón Guardia, Luis Núñez Bohóquez, muestra uno de los pequeños cuadros de la escritora, caracterizado por la saturación de los elementos.

Es la primera vez que se le presenta al público este quehacer, un tanto desconocido, de Naranjo, quien empleaba los momentos de reuniones burocráticas y espacios en blanco en sus labores cotidianas para plasmar una idea que, en realidad, le servía para completar su ejercicio y oficio con la palabra, que fue el que la definió toda su vida.

De ahí que la exposición se denomine “De la palabra a la imagen, Carmen Naranjo, una apreciación plástica”, porque, según explicó Luis Núñez Bohórquez a UNIVERSIDAD, lo que demuestran los dibujos es que “Carmen Naranjo era una artista total”.

No hay en la exhibición un afán de presentar a Naranjo como una artista plástica, sino, más bien, de recoger una actividad que la escritora practicó a lo largo de su vida como una forma de complementar su trabajo con la palabra.

Naranjo fue una de las más prolíficas escritoras costarricenses de la segunda década del siglo XX. Autora de novelas como Los Perros no ladraron (1966), cuyo manuscrito se puede apreciar en la exposición, Camino a medio día (1968) y Memoria de un hombre de palabra (1968); de poemarios como América (1961); Canción de la ternura (1964), Misa a oscuras (1967) e Idioma de invierno (1970); y de libros de cuentos como Hoy es un largo día (1974), Pasaporte de palabras (1998), Los poetas también se mueren (1999) y Los girasoles perdidos (2003).

Los dibujos, algunos de los cuales, en su momento, aparecieron en sus libros de poesía, retratan las inquietudes cotidianas de Naranjo y algunos de esos textos, incluso, muestran los bocetos que hacía como una manera de captar el instante.

LAS VENTANAS

Los primeros dibujos están caracterizados por la recurrencia del tema de la ventana.

Para Núñez, esa es una forma de la autora de comunicar que le interesaba esa mirada hacia afuera, pero, al mismo tiempo, la ventana como metáfora permite que el otro se adentre en su mundo, en su intimidad, en sus miedos y en sus preocupaciones como ser humano.

La saturación es otro elemento característico en los dibujos que marcan esa primera etapa de Naranjo, quien luego dará un salto del tema realista a uno en el que lo abstracto estará más presente.

En medio de esos períodos se decanta, también, por mostrar una preocupación por la naturaleza y la ecología. Por ese motivo, llama la atención que, en vez de tirar a la basura las tarjetas de invitaciones, las utilizara para plasmar un dibujo aquí y otro allá, con lo que aplicaba a la perfección el ideal de reciclar.

Los dibujos son en blanco y negro, a color, con tinta y lápiz, y tienen ese rasgo del apunte, de la rapidez, del ahora. Incluso, la mayoría de estos responden a la técnica de la saturación.

Para el curador, ese aspecto de la saturación evidencia “el miedo al vacío” de la exministra de Cultura (1974-1976), quien en 1986 recibió la máxima distinción de la cultura costarricense al otorgársele el Premio Magón.

Ese elemento, de que no quedara nada ningún vacío en el cuadro, se nota todavía más en los dibujos de pequeño formato (diez por cinco centímetros) que hay en la muestra.

Escrito que muestra la sencillez a la que apelaba la autora de Los perros no ladraron

LO URBANO

Conocedora de lo urbano y de la burocracia que definía a buena parte del ser costarricense, en los dibujos también se plasma esa mirada, la cual estuvo presente en gran parte de su obra en verso y prosa.

A la par de ello, en los dibujos se nota el sentido lúdico de la autora, hecho que liga su producción visual con la prosa. En textos como, por ejemplo, Camino a medio día la narración del suicidio de Eduardo Campos pasa por el tamiz del humor.

La exhibición, más que apuntar a una Carmen Naranjo como artista plástica, lo que pretende es que los lectores, y en especial los jóvenes que quizá no estén muy familiarizados con su obra, tengan una motivación para luego indagar en sus textos, ya sean cuentos, poemas, novelas o ensayos.

Documento que la acredita como integrante de la Academia Costarricense de la Lengua.

UN RETRATO

El escritorio en madera, sobrio, sencillo, con las marcas que va dejando el tiempo, sobre el cual reposan manuscritos con prólogos, con artículos, con las múltiples inquietudes que definieron a esta pensadora y humanista, revela su gusto asceta por la vida.

El trazo manuscrito firme, como fue ella en gran parte de su vida, en tita azul o negra, da la sensación de que en la sala se respira la atmósfera en que pasó sus últimos años la escritora, en su finca en Tambor de Alajuela. En este lugar, encontró un remanso para seguir rumiando sus poemas, sus preocupaciones y sus búsquedas, siempre con el afán de que era posible un mundo mejor, más justo, más alcance de los más desfavorecidos.

Alrededor de ese escrito hay varias obras de distintas épocas; entre ellas, Ventanas y asombros, cuya portada está ilustrado con un ave o  un pez, o ambos, que busca saciarse en los estambres de una flor.

“De la palabra a la imagen, Carmen Naranjo, una apreciación plástica” es una posibilidad inmejorable para interesarse por esta autora clave de la literatura nacional y, a la vez, imprescindible para entender al ser costarricense, siempre tan contradictorio, tan huidizo, tan burocrático, y que tan a menudo teme mirar por esa ventana de la realidad que lo retrata.


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