María Pretiz, cantautora

“Estar de moda no me interesa”

María Pretiz hace el lanzamiento del libro-disco Pisapapeles el sábado 1 de setiembre, en un concierto con 36 maneras de decir lo que no quiere callar.

A la cantautora María Pretiz le gustan los plazos para crear. De lo contrario hubiera entrado en un letargo que iría en contra de su proceso de construcción de las 16 canciones, un disco, 20 textos de poesía y prosa, que finalmente parió en un libro que lo contiene todo.

Esto le ocurrió con el premio en Creación de canción popular que Ibermúsicas le otorgó en el 2016 para que en el 2017 produjera seis piezas con sus letras.

“Salir de un letargo donde no se te ocurre nada y que te veás obligada a componer”, empujó a Pretiz a ir más allá.

En vez de conformarse con un EP con piano y voz, que es menos complicado, optó por crear el libro-disco. “Como decía una amiga: para qué fácil si se puede hacer complicado”, declaró riéndose en entrevista para UNIVERSIDAD.

Producido por Bagnarello Producciones y con patrocinio de la organización Clínicas sin fronteras, el concierto de lanzamiento el sábado 1 de setiembre en el Auditorio Nacional también fue financiado por los ahorros de Pretiz. “Es un hobby caro, eso no se hace más”, volvió a bromear la artista.

El libro-disco Pisapapeles surge de la idea de armar una producción con aquello que fue componiendo, como las canciones de dos presentaciones en el Teatro Espressivo en años pasados y textos de un poemario que escribió en el 2001 luego de que su madre sufriera un derrame.

También hay escritos más actuales y otros más viejitos, que luego ponderó para ver cuáles calzaban y cuáles se quedaban por fuera. “El reto más grande fue ese”, señaló Pretiz.

El libro-disco se puede leer en el orden que para la cantautora tiene sentido, pero no tiene importancia si se lee de otra forma porque no es una historia, pues escogió una estructura determinada por el ritmo de la música.

Pretiz augura que nadie va a escuchar las 16 canciones que en conjunto tienen una duración de casi una hora. “Me gusta que sea una cosa larga”, manifestó, “no me gusta estar de moda, no me interesa”.

Hay una particularidad en este proyecto y es que pasás de una densidad filosófica y una complejidad a escribir con la claridad que se escribe para niños.

–Sí. Hay mucho que pareciera para niños, hay muchos animales: una cuca (cucaracha), una criatura que camina sobre el agua, otros bichos y elefantes, y cualquier cantidad de animales. Una vez a las once de la noche no podía dormir y me puse a contar los animales y eran 23. Y eso lo hace divertido. La idea es que los cuentitos sean entretenidos. Ah bueno, la vaca que es importante. El oso es un gato, una serpiente…todos somos unos animales.

Háblanos de este…

–Zoológico…

…bestiario, diría Jorge Luis Borges.

–Muy elegante, zoológico es más cotidianillo. Me gustan las historias para en vez de decir: ay la libertad o los grandes sustantivos abstractos que ya no pasa nada, se entretejen con algo más tangible.

Hay mucho humor y “sarcasmo” en Pisapapeles.

–Así me gusta, si todo es muy solemne me da mucha pereza. Es que a mí me gusta mucho el humor. Como cuando siento que construí una pieza bien y la comparto, como cuando alguien cuenta un chiste y le gusta, uno se emociona y dice: oigan este… uno disfruta de ver las caras al final y si no hacen la cara definitivamente no funcionó. También lo de los conciertos en casa fue para ir midiendo qué cosas funcionaban y qué cosas no, y si la gente no hace cara de nada. Es interesante ver cómo reaccionan.

Está el artista ensimismado, encerrado que no comparte el proceso de creación; pero vos abrís las puertas mientras estás construyendo.

–Y dejar que participen también los músicos en el proceso. Yo hago los arreglos y ellos sugieren cosas muy buenas. A lo único que le digo que no es si me incomoda la voz.

Entonces fuiste armando el disco, hiciste estas sesiones en tu casa…

–Hago como tres sesiones al año en mi casa porque los bares me cansan. Me gusta que me pongan atención, me gusta que me escuchen y en mi casa me escuchan como si fuera un teatro y puedo escoger a la gente, no es azaroso, sé quién va a llegar. Caben cómodas 50 personas, es un salón rico. Ahí voy probando cosas y me ha hecho bien. Cuando uno comienza a deprimirse porque después de 27 años de carrera la gente no oye y tocás en la casa y la gente sí oye es que estabas buscando a la gente equivocada, porque yo neciamente quiero hacer lo que hago y después buscar a quién le guste en vez de ser al revés.

Cuándo decís “hago lo que hago neciamente”, ¿a qué te referís?

–Porque lo que normalmente se hace en esta carrera es: ¿qué quiere oír la gente? y partir de ahí para crear; yo no, yo prefiero crear lo que necesito crear y después ver qué gente… sí; eso mercadológicamente, no. Esa no es mi prioridad. Igual, en esta parte del proceso ya hay cosas imprimiéndose y uno dice: no estoy segura de si me gusta o no.

¿Hay algún momento en que no estás convencida?

–Lo que yo voy aprendiendo en este pedazo de vida es qué quiero hacer sin ponerme tan exigente, porque si me pongo exigentisísima no termino nunca, no termino las cosas y prefiero terminarlas y ser mediocre a no hacer nada. No es mediocre, espero, pero habrá partes que sí.

Tu libro tiene poemas y textos en prosa. En el momento de crear, ¿cómo abordás el texto cuando lo escribís para música y cuando escribís para narrativa. ¿Siempre has escrito prosa?

–No siempre, empecé en el 2001 después del derrame de mi mamá que me senté a tramitar todo eso, y escribí un libro de poesía para mandarlo a un concurso –no me importaba mucho el concurso, sino un plazo– y solo tomaba café, fumaba y escribía todo el día, y no comía. Eso no lo publiqué nunca, pero no importa porque el objetivo era terminarlo y mandarlo. Y me hizo bien. Como me hizo bien y fue toda una experiencia distinta de armar todas las cosas en formato canción con el ritmito y no necesariamente la rima. Hay una elaboración donde estoy jugando con otra forma de rimar que propone (Jorge Drexler) las décimas. Salir de lo que es canción te abre la puerta de un parque, ponernos las tenis y corra. Fue una catarsis importante porque fue decir todo lo que he querido decir con respecto a Dios y a mi crianza de padres evangélicos misioneros, sacar muchas cosas. Yo creo que todo el disco tiene que mucho ver con la voz, con decir, con sacar, con sonar. Lo narrativo parte de una necesidad de decir más rápido y menos estructurado que puede ser poesía. En eso me ayudó mucho en la edición Camila (Schumacher) que ya conocía varias canciones y el libro porque es mi amiga. Me ayudó a quitarme la costumbre de sermonear y del final feliz que es una mala costumbre. Con Camila aprendí de mis mañas porque me señala bien.

Musicalmente, ¿cómo lo trabajaste?

–Prioritariamente es un trío de jazz, a la hora de meter saxofones (de Insax) no es tan melódico sino texturas, como masas sonoras que entran y salen. Me encanta jugar con esas armonías. Con Edín Solís lo aproveché para más de una canción. Rítmicamente hay un 6×8 casi folclórico pero “jazziadito”, hay otra que es un cha danzonesco, y hay otra que por ser (la letra) sobre un bicho raro es un 5×8 y es muy incómoda, es como si tuviera siete patas. Y el violín de Erasmo Solerti y los coros de Natalí Salguero, Paola Bagnarello y Mafi Flores. En el concierto estamos todos, somos 12. Voy a leer muy poquito y se van a proyectar las imágenes.

El texto con el que inicia el libro dice: “yo existe en tanto me escuchés así que sonaré, ¿es muy importante para vos la voz y sacar afuera y sonar?

–Por eso escogí la pieza que le hice a Laura Astorga con lo del voto femenino, porque es como tu voz; hay palabras que guardas, que anhelan salir, decir, que para mí es curar. Yo que creo tanto en el psicoanálisis, para mí decir es gran parte de curar, aunque no es lo único.

También escribís: “En el principio creó Dios el cielo y la tierra…pensando sobre tu vida con tus papás y la religiosidad, ¿en qué lugar estás en ese sentido?

–Yo no solo pienso que la religiosidad es algo que hay que respetar en todo el mundo; también pienso que no es inofensivo sino ofensivo que me pongan a adorar una cosa que sangra y que me metan el parámetro de que cualquier sufrimiento es algo bueno, que te purifica, que mientras me haga mierda las rodillas de aquí a Cartago, más le cuadra a la virgencita. Qué clase de Dios le gusta que suframos, es un asco. Yo he estudiado teología, sé por qué lo digo, no es un arranque.

Según vos, tampoco le fue bien a Dios “creando el amor”…

–Tampoco. ¿Qué es el amor romántico? Eso en el fondo es una crítica fuerte al amor romántico. Usted es mía, es mí cosa. Una cosa que está construida así está destinada al fracaso.

Hablemos sobre Eugenio, el ilustrador del libro.

–Eugenio Murillo Fuentes es amigo mío, profesor pensionado de Artes Plásticas y artista plástico. Le gusta mi música, le gusta lo que escribo, y se lo propuse pensado que iba a  hacer diez ilustraciones, y me hizo una (cada una con tres bocetos) por cada texto y una para cada canción. Lo hizo porque quiso y no me cobró.

¿Sentís que este proyecto es un punto de inflexión?

–Siento que es diferente, que es atreverme porque yo no me siento escritora, no me siento poeta, yo estoy haciendo un libro, ojo la diferencia. Nunca pensé mucho en ser cantante pero me gusta hacer canciones y las puedo cantar.

El autor mexicano Juan Villoro dice que el escritor tiene problemas con las palabras, ¿vos tenés problemas con tus canciones?

–¿Cómo salirme de mis propias cuadraturas después de ocho discos? Fijo me voy a repetir en algo. Hay un estilo y hay una repetición y uno trata de salir.

Antes dijiste que este material es tico, ¿en qué sentido lo dijiste?

–Es como que me pregunten si soy feminista. Se me va a salir por ahí, no es mi intención ni es la premisa. Yo soy una cosa y a partir de ahí hago lo que hago, y va a verse reflejado; estoy segura de que soy feminista, pero no creo en las consignas.

¿Por qué incluiste un único poema de Jorge Debravo?

–Porque me encanta, pero también es como decir que yo soy de aquí aunque no me haya convenido para nada quedarme.


Sísifo

Sísifo apagó el despertador; apenas martes

el tiempo es de hule

y se levanta, levantó, levantará a hacer

exactamente lo mismo que ayer.

Cábala, quizá el horóscopo le dé algún sentido

la piedra lo espera

la que empuja, empujó, empujará otra vez,

hasta la cima, a la cuenta de tres.

Sísifo delira y sueña con taladros,

sueña explosivos rompe- letargos, balas perdidas,

Sísifo marca tarjeta pero sabe

que hay una puerta y tiene la llave, una salida.

Lúcido, ya convencido, en lo peor de la subida

que esto no es vida

él enciende, encendió, encenderá el motor

ruge el taladro, un aullido de honor.

Y está eufórico, parte su

piedra, la revienta en mil pedazos

después el silencio, y

cuando el polvo se asienta, mira con horror

que no ha acabado su ardua labor.

Sísifo sin piedra empuja su vacío,

máquina triste, suda el hastío de su rutina.

Sísifo la procesión la lleva adentro,

es el que empuja, empuja al viento,

hasta la cima.


Sonar la voz para no callar

Qué: Lanzamiento del disco Pisapapeles de la cantautora María Pretiz

Cuándo: sábado 1 de setiembre

Dónde: Auditorio Nacional del Museo de los Niños

Hora: 8 p.m.
Entradas a la venta en www.publitickets.com; en los puntos de venta autorizados https://goo.gl/5N3bgM y en la boletería del Auditorio a las 6 p.m. del día del concierto

Precio: ₡12.000 entrada general

**El público asistente tendrá un precio especial el libro–disco a un costo de ₡8000 y cada uno por aparte en ₡5000, pagadero en efectivo o tarjeta.

Evento FB oficial: https://goo.gl/7FvdC4

Sitio web Oficial: www.mariapretiz.com


 

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