El valor de la lectura en el marco de la Feria del Libro

El libro como objeto providencial para enriquecer el pensamiento y profundizar en la cultura no tiene todavía parangón en la historia de la humanidad, por lo que cabe una reflexión al celebrarse la XX Feria Internacional del Libro en_Costa Rica.

“Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros, yo sigo llenando mi casa de libros”. La cita podría ser un banal truco publicitario si no proviniera de uno de los escritores más singulares y prodigiosos que ha dado la América hispana, ese señor llamado Jorge Luis Borges, para quien la lectura era un ejercicio de felicidad como lo evocaba Michel de Montaigne.

En su magistral ensayo El libro, en el que recorre las diversas connotaciones que aquel ha tenido a lo largo de la historia de la humanidad, Borges hace una defensa que va más allá de la lectura: plantea una defensa de la relectura como arte superior del espíritu.

En una sociedad como la actual, en la que predomina la cultura visual y hoy se habla más de Netflix que de Alejandría como depósito de conocimiento de todos los tiempos, la lectura libra batallas infernales con una serie de distractores que la convierten en un sucedáneo del espíritu, cuando en realidad debería de ocupar un lugar central en el pensamiento y la creación.

El libro como instrumento del pensamiento, como extensión de la inteligencia, como creación suprema que tuvo su momento culminante con el descubrimiento de los tipos móviles realizado por Johannes Gutenberg en 1439, es hoy visto como un objeto más en medio de la multitud de alternativas que tiene el ser humano para emplear su tiempo de ocio y para apuntalar su enriquecimiento intelectual.

La aparición de la imprenta de Johannes Gutenberg en 1439 cambió para siempre el mundo del libro. (Foto: Internet).

En ese marco de la modernidad líquida, como la denominaba el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, se realizará la edición XX de la Feria Internacional del Libro de Costa Rica, del 10 al 19 de mayo en la Antigua Aduana, en San José, donde se reunirán escritores de diferentes partes del mundo. Entre ellos los invitados por Centroamérica cuenta, actividad que es organizada por el escritor Sergio Ramírez, y cuya edición de 2018 se suspendió en su sede de Managua por los acontecimientos políticos en Nicaragua.

¿POR QUÉ LEER EN EL SIGLO XXI?

En torno a la convocatoria de la Feria, cabe preguntarse para qué sirve la lectura y qué alcances puede tener para el espíritu humano el que alguien en medio de las prisas y los agobios de la cotidianidad tenga en su agenda un espacio para la lectura.

El primero en responder a la pregunta es el propio y ya citado Borges, para quien la lectura era uno de los placeres superiores del hombre.

“Yo he dedicado una parte de mi vida a las letras, y creo que una forma de felicidad es la lectura; otra forma de felicidad menor es la creación poética, o lo que llamamos creación, que es una mezcla de olvido y recuerdo de lo que hemos leído”.

Es evidente la modestia con que aquí habla Borges de su propia creación, que fue tan destacada en el ensayo y el cuento, pues nunca escribió novelas, que es casi unánime la percepción de que el comité del Premio Nobel erró en su día al no otorgarle tan importante galardón.

Borges asocia el arte de leer con una de las formas de felicidad a que tiene acceso el ser humano y va aún más lejos y plantea un enorme desafío: el desafío de reeler.

“Yo he tratado más de releer que de leer, creo que releer es más importante que leer, salvo que para releer se necesita haber leído. Yo tengo ese culto del libro. Puedo decirlo de un modo que puede parecer patético y no quiero que sea patético; quiero que sea como una confidencia que les realizo a cada uno de ustedes; no a todos, pero sí a cada uno, porque todos es una abstracción y cada uno es verdadero. Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros, yo sigo llenando mi casa de libros”.

Y aunque Borges se anticipaba, desde luego, a los tiempos de Internet cuando escribía el referido ensayo, hace alusión al lugar al que apunta la lectura como actividad humana y al hecho de la permanencia del libro como creación del espíritu.

Jorge Luis Borges en el ensayo El libro hace una maravillosa defensa de la lectura como actividad del espíritu. (Foto: Internet)

“Se habla de la desaparición del libro; yo creo que es imposible. Se dirá qué diferencia puede haber entre un libro y un periódico o un disco. La diferencia es que un periódico se lee para el olvido, un disco se oye asimismo para el olvido, es algo mecánico y por lo tanto frívolo. Un libro se lee para la memoria”.

Y para enfatizar en la grandeza que encierra un libro, Borges recurre a la idea de objeto sagrado con que hoy se mira a ciertos tipos de libros, situación que no ocurría en tiempos antiguos, donde más bien a la palabra escrita se le miraba como un sucedáneo de la palabra oral.

“A Bernard Shaw le preguntaron una vez si creía que el Espíritu Santo había escrito la Biblia. Y contestó: ‘Todo libro que vale la pena de ser releído ha sido escrito por el Espíritu’. Es decir, un libro tiene que ir más allá de la intención de su autor. La intención del autor es una pobre cosa humana, falible, pero en el libro tiene que haber más. El Quijote, por ejemplo, es más que una sátira de los libros de caballería. Es un texto absoluto en el cual no interviene, absolutamente para nada, el azar”.

GUERRA DE GUERRILLAS

En 2012, a tan solo dos años de haber ganado el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa publicó La civilización del espectáculo, libro en el que en su característico estilo de provocador profesional hizo una defensa de la cultura como espacio reservado a una elite, para así diferenciarla de la masa que acude a los eventos como las ovejas de un rebaño sin mayor claridad de razones por las cuales responde a ese llamado.

Aunque Borges, partiendo de Montaigne, asocia la lectura con la felicidad, ese concepto no tiene relación con el de “entretenimiento” evocado por Vargas Llosa, para quien es este el que domina hoy la cultura occidental, a tal punto que se aventura a afirmar que la cultura, como un espacio para el gran arte, está prácticamente desaparecida.

La concepción de cultura de Vargas Llosa, como un espacio de la elite, parte a su vez de T S. Elliot, quien a finales de la Segunda Guerra Mundial publicara Apuntes hacia la definición de cultura, texto en el que defiende y evalúa la idea de cultura como un espacio para la aristocracia del espíritu y del pensamiento.

El problema en la actualidad es que hay cruce de caminos entre lo que es cultura, palabra que llegó tener más de 200 definiciones, y la sociedad del espectáculo. En el medio de ese fuego cruzado, el libro procura mantenerse vigente inmerso en el avance tecnológico y el que el concepto de profundidad cada día es más desplazado.

De ahí que en su libro Vargas Llosa aboga por revisar y profundizar qué se entiende por cultura en los tiempos modernos.

“¿Qué quiere decir civilización del espectáculo? La de un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. Este ideal de vida es perfectamente legítimo, sin duda. Solo un puritano fanático podría reprochar a los miembros de una sociedad que quieran dar solaz, esparcimiento, humor y diversión a unas vidas encuadradas por lo general en rutinas deprimentes y a veces empobrecedoras. Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad, y, en el campo de la información, que profiere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo”.

Contra estos gigantes, más que molinos de viento, como evocaría el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, es que tiene que abrirse paso el ejercicio de la lectura.

La feria contará con el Festival Centroamérica cuenta, organizado por el escritor Sergio Ramírez. (Foto archivo)

En el país, por ejemplo, según la Encuesta Nacional de Cultura de 2016 realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) para el Ministerio de Cultura, el 56,8 de los costarricenses aceptó que no había leído ni siquiera un libro impreso en el año.

En medio de la pérdida de la lectura en buena parte de la sociedad occidental, Vargas Llosa llama la atención sobre el tipo de literatura que se quiere promover, en un contexto en el que en la medida en que todo se iguala mejor, porque se asiste entonces a la llamada “democratización de la cultura”.

“No es por eso extraño que la literatura más representativa de nuestra época sea la literatura light, leve, ligera, fácil, una literatura que sin el menor rubor se propone ante todo y sobre todo (y casi exclusivamente) divertir”.

Y en ese entorno, Vargas Llosa, acusado de ser un liberal de derechas al servicio del sistema capitalista, también disparaba una lanza contra la academia, cómplice en su criterio de lo que pasa con el mundo de la cultura al que pertenece el libro como espacio supremo del pensamiento.

“Tampoco es casual que la crítica haya poco menos que desaparecido en nuestros medios de información y se haya refugiado en esos conventos de clausura que son las Facultades de Humanidades y, en especial, en los Departamentos de Filología, cuyos estudios son solo accesibles a los especialistas”.

En este ambiente cultural enrarecido por la “civilización del espectáculo”–y ahora habría que añadir por el afán de perseguir clicks por doquier y a como haya lugar con el fin de que aumenten las estadísticas de las visitaciones en las páginas de los periódicos y portales especializados–, el libro impreso reclama el que se escuche su voz en medio del ruido del entretenimiento superfluo, rodeado de un entorno en el que lo visual lleva kilómetros de ventaja.

LA LECTURA PROFUNDA

En el camino que supone el libro como una extensión de la inteligencia, según Borges, la lectura de ese objeto se ha visto hoy interrumpida y modificada con la aparición de Internet. Era en la que se pasó de una lectura lineal, profunda, que ayudaba a modificar el pensamiento, a una lectura múltiple en las pantallas de la computadora, la tableta e incluso del teléfono celular.

Ya Nicholas Carr en Superficiales, ¿qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, había advertido que como bien lo había dicho Marshall McLuhan, el medio es el mensaje, por lo que no es lo mismo leer un libro impreso que uno digital, aunque los contenidos sean exactamente iguales.

“Nuestra respuesta convencional a todos los medios, en especial la idea de que lo que cuenta es cómo se los usa, es la postura adormecida del idiota tecnológico”, refiere Carr de McLuhan. Y agrega: “El contenido de un medio es solo ‘el trozo jugoso de carne que lleva el ladrón para distraer al perro guardián de la mente”.

Contra este desafío tecnológico actual llamado Internet tiene que luchar el libro tradicional, que tiene ese valor agregado en la cultura occidental que permite profundizar el pensamiento como ningún otro objeto lo ha logrado hasta ahora.

“En los tranquilos espacios abiertos por la lectura prolongada, sin distracciones, de un libro, la gente hace sus propias asociaciones, sus propias inferencias y analogías, desarrolla sus propias ideas. Piensa profundamente porque lee profundamente”, afirma Carr.

De ahí que la celebración del libro como instrumento en una feria, debería de servir para la toma de conciencia de que la lectura es una actividad que conlleva una profunda implicación y que si bien pueden existir estrategias para incentivarla, al fin termina por ser una decisión individual y un estilo de vida.

Jon Lee Anderson será uno de los escritores destacados de la feria. (Foto archivo)

Al respecto, Harold Bloom, el viejo y consagrado profesor de Yale y crítico literario, asegura que la lectura es un afán estrictamente personal: “no trates de mejorar a tu vecino ni a tu ciudad con lo que lees ni por el modo en que lees. [ ] No hay una ética de la lectura”, explica en Cómo leer y por qué.

En Defensa de la lectura, el poeta Pedro Salinas arremete contra la moda, surgida a mediados de los años cincuenta y que perdura hasta hoy, de la lectura rápida, la lectura que busca abarcar páginas y páginas como si aquello fuera una carrera de caballos en el famoso hipódromo del Royal Ascot, en Inglaterra.

“Lo que conviene es conformarse: conformidad con el tiempo que nos es dado por providencia de Dios, sin propinas ni estirones posibles; conformidad, en consecuencia, con esa realidad que se nos impone de no leer en ese trecho temporal más libros que los que en él queda leer, honda, fecunda y delicadamente”.

Más que cantidad, enfatiza el poeta de “La voz a ti debida”, lo que interesa es qué tanto puede modificar el alma esa lectura: “¿Que no pueden ser muchos? Pues que sean Buenos. De Séneca en adelante abundan  los testimonios de varones ilustres que se pronuncian en favor de los pocos libros leídos, y en contra de los muchos leídos malamente”.

En esos días en que el libro en Costa Rica tendrá el protagonismo del que carece durante el resto de los 355 días del año, cabe recuperar uno de los muchos sentidos que tiene la lectura como actividad intelectual de altos quilates.

Y es precisamente Marco Tulio Cicerón quien le otorgaba las más altas medallas a la lectura en su Defensa de Arquias: “El cultivo de las letras alimenta la juventud, deleita la ancianidad, y es en la prosperidad ornato y en la desgracia refugio y consuelo; entretiene agradablemente dentro de la casa, no estorba fuera de ella, pernocta con nosotros y con nosotros viaja y nos acompaña al campo”.


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