El tsunami de indignación contra estatuas racistas toca la de León Cortés Castro

Iniciativa fue planteada hace tres años, pero cobró fuerza en el contexto de destrucción de estatuas de racistas y esclavistas en Estados Unidos y Europa.

La muerte de George Floyd generó tal tsunami de indignación mundial que hoy provoca una oleada de cuestionamientos sobre a quién se le erigió un monumento en el pasado y a quién no. A tierras costarricenses llegó la marejada y le moja el pie a la del expresidente León Cortés Castro.

Quienes no quieren ver más la estatua del exmandatario en el parque Metropolitano La Sabana, al final de la avenida del Paseo Colón, piden eliminarla. Dicen que él simpatizó con ideas nazis y fascistas, al punto de que durante su administración se impidió la entrada al país de personas judías que huían de la persecución.

Fue levantada por iniciativa privada de simpatizantes de Cortés a inicios de los años 50 y según Antonio Trejos, quien pide bajarla, ha servido para crear el mito de un gran estadista, dejando de lado sus cuestionables tendencias ideológicas y acciones represivas.

Recordó que muchas personas afines a otras ideologías y partidos políticos se vieron forzadas al exilio durante su gestión y que por ello cuando se planteó la construcción del monumento nadie se opuso públicamente.

Trejos relató que la idea surgió luego de los disturbios protagonizados por ultraderechistas racistas y neonazis en Charlottesville, Virginia, en 2017, cuando se congregaron alrededor de la estatua del general Robert E. Lee, controvertida figura racista de la historia estadounidense. A raíz de ello surgió la inquietud de repasar las figuras inmortalizadas en monumentos costarricenses.

Al cierre de edición, poco más de 1.800 personas han firmado la petición para remover el monumento en el sitio Change.org. En esa página se reproducen algunos de los argumentos presentados por Trejos en un artículo de opinión publicado por UNIVERSIDAD en setiembre de 2017.

Se destaca que nombró al presidente del Partido Nazi de Costa Rica, Max Effinger, como asesor en materia migratoria, o que en las elecciones de medio periodo de 1938 destituyó a los miembros del Consejo Electoral y anuló la elección de Carlos Luis Sáenz como diputado por su militancia comunista.

El texto añade que “el mito de Cortés Castro como respetuoso de las instituciones democráticas y las libertades se empezó a fraguar con su fallecimiento y aumentó como consecuencia de la polarización política que condujo a la guerra civil y a la instrumentación de su figura por parte del bando ganador”.

Por ello, llama a “recuperar la perspectiva histórica y resituar el monumento en un museo, no en un espacio de glorificación pública”.

Trejos observó, además, que se trata de hecho del monumento “más grande del país; es mucho más grande que el monumento a José Figueres, que conmemora la abolición del ejército, un poco más grande incluso que el Monumento Nacional, que conmemora la Campaña Nacional de 1856. Este monumento lo glorifica y no se enmarca ni se recuerda y ni se hace un balance crítico de quién fue León Cortés”.

La iniciativa cobró fuerza en momentos en que en diferentes países se han tumbado estatuas de cuestionados personajes. En Estados Unidos han derribado varias estatuas de Cristóbal Colón; en Bristol, Reino Unido, la efigie del esclavista Eduard Colston fue a dar a un río y en Bélgica tumbaron la del rey Leopoldo, artífice de un genocidio en la actual República Democrática del Congo.

Revisión histórica

León Cortés gobernó Costa Rica entre 1936 y 1940. Años convulsos que vieron la victoria de Francisco Franco en la Guerra Civil Española, la consolidación del poder de Hitler en Alemania, la persecución de las personas judías en ese país y el inicio de la II Guerra Mundial.

Según escribió Marielos Aguilar en Carlos Luis Fallas: su época y sus luchas, el gobierno de Cortés “significó para los comunistas y las organizaciones obreras del país, un recrudecimiento de la represión política” y cita un texto del periódico Trabajo, del Partido Comunista, que lo señala como “¡Implacable con los pequeños. Alcahuete con los grandes! ¡Cortés con los grandes! ¡León con los pequeños!”

El historiador Jorge Barrientos, profesor de historia en la Escuela de Estudios Generales y autor del voluminoso libro Los Amigos de Lucifer: la ideología anticomunista en Costa Rica, recordó que Cortés fue un “defensor de los sectores más privilegiados en Costa Rica, trabajó siempre al servicio de los grupos de poder”.

Señaló que este expresidente tenía una admiración por el fascismo y militarismo europeo, así como por un “anticomunismo muy férreo”, un muy fuerte antisemitismo y una “afición por la mano dura para controlar a la ciudadanía”.

La remoción de la estatua lo hace plantearse que hay personas estudiosas abocadas al tema del patrimonio arquitectónico, quienes señalan que si se trata de eliminar las estatuas que representen dominación o violencia, “habría que quitar muchas, en el Parque Morazán por ejemplo; también las de los conquistadores o colonizadores”.

Del mismo modo observó que hay quienes creen que la mejor forma de construir criterio sobre la historia del país es precisamente dejándolas, “porque motivan que nos preguntemos quién fue León Cortés, Juan Vásquez de Coronado, Juan de Caballón o Cristobal Colón. Es decir, que la forma de hacer discusión política e histórica es precisamente sosteniendo esos monumentos y estatuas”.

Pero hay otra lectura que interpreta que, tal como sucede en Estados Unidos y Europa y algunas iniciativas en América Latina, “lo mejor que podemos hacer para reescribir la historia de Costa Rica desde una perspectiva más crítica y analítica y creando un juicio histórico más vehemente y fuerte contra estas figuras, actualmente muy cuestionadas, es quitando las estatuas y sustituirlas por figuras que fueron más positivas para el desarrollo institucional democrático de Costa Rica”.

Barrientos confesó que su posición original tendió hacia la primera de esas posiciones, pues le pareció “la más positiva o racional”, al considerar la cantidad de monumentos que habría que reconsiderar, empezando incluso por el mismo Paseo Colón, dedicado al racista almirante genovés.

Sin embargo, reconoció que “necesitamos abrir debates políticos y académicos sobre estas figuras de la historia”.

En ese sentido, expresó que la estatua de León Cortés podría ser “el inicio de una nueva forma de construir la historia de Costa Rica donde se haga un juicio histórico más crítico”.

En todo caso, sentenció que este monumento “constituye un homenaje a una figura que tenía una posición favorable al nazismo y al fascismo europeo. Personalmente estoy a favor de que la muevan de ahí y la puedan poner en un museo, como una figura histórica que debe construir sentido allí”.

Consideró que se podría levantar monumentos dedicados a figuras “más positivas para el país”, como a las personas que en los años 30 “asumieron una posición antifascista y de lucha sindical, como en la huelga bananera; más que la de un gobernante que se dedicó a reprimir, perseguir e insultar a luchadores sociales de su época”.

En todo caso, “se abre un debate interesante sobre quiénes debieran ser nuestros héroes nacionales”, dijo.

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