Cultura

El reloj de arena de David Cruz

El multilaureado poeta costarricense David Cruz publicó recientemente el libro Cine Fractal que recibió el International Books Awards 2023. Semanario Universidad conversó con él sobre la antología que resume su escritura.

En su antología poética Cine Fractal, el costarricense David Cruz reúne una serie de poemas escritos a lo largo de muchos años: desde que era un chiquillo y vivía en San Pedro, Montes de Oca, hasta los más recientes, aún inéditos, que ha creado en distintas estancias en Estados Unidos.

La recopilación antológica va en retrospectiva, y da cuenta también, de manera coligada, de los reconocimientos recibidos a lo largo de su trayectoria por su calidad literaria.

Con la antología Cine Fractal, publicada por New Aleph, le fue otorgado el International Latino Books Awards 2023; con Lazarus, editado por Mantis Editores, ganó el Premio Internacional Manuel Acuña de poesía en Lengua Española 2023 otorgado por la Secretaría de Cultura de Coahuila en México; con Transatlántico (2012), de la Editorial Costa Rica (ECR), obtuvo el Premio Luis Cardoza y Aragón; y con Natación nocturna (2005), también editado por la ECR, el Premio Joven Creación.

Cruz cuenta que la solicitud de textos por parte de la joven editorial New Aleph, ubicada en San Diego, California, fue un desafío.

“Prefiero armar libros conceptuales que me lleva varios años trabajar, pues generalmente tengo una idea y le voy dando forma a ese monstruito”.

En el caso de Cine Fractal es un monstruito robusto que expresa el paso del tiempo, que resultó en una retrospectiva conformada por sus cuatro poemarios y aquel que aún no ha visto la luz.

La antología es la evolución, o más bien la progresión a la inversa, de ese paso del tiempo, descrito por Cruz como un reloj de arena, que de vuelta en vuelta va sumando cíclicamente, y cuyos textos “abandonó” una vez concluidos como proyectos.

Sin embargo, el padre abandónico, que dice ser, retomó selectivamente sus poemarios para resucitarlos —cual Lazarus— y entregar a los lectores esas palabras corpóreas que son sus libros.

La contraportada de Cine Fractal la escribió Raúl Zurita (Chile, 1950). ¿Qué pensás de que tomara un verso de uno de tus poemas del libro Lazarus que dice  “Ir tras tus pasos es siempre dar con los míos”, y escribiera al respecto: “así, la voz que va emergiendo de estos poemas es tanto la voz múltiple en que vamos intercambiando nuestras vidas, como la voz de nadie con la que reconocemos la muerte. Conmovido cierro este libro y miro afuera el cielo difunto de estrellas: irguiéndose desde su propia muerte Lázarus visita a los poetas muertos para decirnos una de las frases más bellas que nos puede haber entregado la poesía de hoy… como un mantra vuelvo una y otra vez sobre ella y creo entender y creo que el lector entenderá conmigo”.

—A Raúl lo había conocido hace muchos años. Le tengo mucho cariño. Hemos coincidido varias veces en España, en un festival en Nicaragua y después cuando yo estaba en El Paso ayudé a que lo invitaran. Al final por el COVID-19 lo tuvimos por Zoom, que no es lo mismo. Es alguien a quien admiro mucho por su compromiso político y por su obra. Recuerdo hace muchos años que a Raúl le dije que trabajaba en publicidad y me dijo que debería ser plomero o cualquier otra cosa menos menos trabajar en publicidad “porque tu labor intelectual se pierde en cosas abstractas y no en tu obra”. Me siento muy honrado de que haya escrito la contratapa. Tengo buena comunicación con él y con su esposa.

Zurita escogió, precisamente, esos dos versos para la reseña… y me pregunto ¿qué representan para vos? Para mí es un abrebocas que capta muy bien el ars poética de tu libro.

—Ese es el último poema de la segunda parte de Lázarus, y esa parte específicamente está dedicada a poetas y poetisas que fueron perseguidos y exiliados durante la Segunda Guerra Mundial. Ese poema específico se titula “2 de septiembre de 1945” que fue cuando acabó la Segunda Guerra Mundial. Siento que cada vez que uno está leyendo a un autor lo está reviviendo. Una de las ideas que traté de hacer fue dar voz a todas esas autoras y autores que a lo largo de mis años de formación fueron importantes. Muchas veces te sorprende un poema, pero después cuando empezás a entrar en su historia personal descubrís muchas cosas como los exilios y maltratos. Fue importante condensar esas voces en este libro, por eso se llama Lázaro, porque parto de esa idea de que, cada vez que uno abre un libro, está resucitando un autor. Incluso con uno mismo; cada vez que uno hace una introspección empieza a descubrir capas de cosas, ya sea frustraciones, cosas buenas y malas, que te permiten conocerte de una forma que no te habías conocido antes. Con esos versos —no me había puesto a pensar sino hasta ahora que me dijiste— digo: eso cierra la parte de esos poetas perseguidos. Como poeta trato no solo de poner una palabra bonita detrás de otra, sino que trato de decir algo de una forma poética que tenga un sentido crítico de la vida, ya sea para dar muestra de la época que a uno le tocó vivir o para denunciar cosas concretas.

Cine Fractal reúne textos inéditos y poemas de los cuatro libros de David Cruz.

Quisiera no hacerte preguntas que vuelvan obvios los textos, ni quiero que desvelés o revelés sus significados, pero sí me gustaría señalar que para mí vos vas entrelazando el sentido que tienen para vos estos personajes de la historia de la poesía, por poner un ejemplo, con el sentido que tiene la poesía para vos, en una especie de reflexión metapoética.

—Ahora está muy de moda lo autorreferencial. Mi obra tiene mucho de mí mismo, pero para mí el ejercicio real es que no sea detectado. Me refiero con eso a que trato de que simple y sencillamente en lugar de traspasar cosas personales y relacionarlas con hechos históricos y con el momento que me toca vivir, en lugar de hacerlo así tan literal, lo que trato es de transformarlo en otra cosa, entonces, eso le da ciertas capas que quisiera pensar interpretativas. Si alguien, por ejemplo, entiende el contexto, por ejemplo, de Lorca —que mucha gente conoce bastante bien— y lee el poema sobre él, puede reflexionar sobre Lorca a partir del poema y a partir de lo que pueda o no saber de su biografía. Sin embargo, el poema debe funcionar tanto si conoce la obra como si no la conoce. Este libro obviamente tiene pinceladas personales porque cualquier cosa que uno escriba está dentro de una gran cosmogonía, de un gran universo que es David, y ese universo conoce muchas cosas, pero ignora muchísimas más. Basado en esa capacidad o limitación se arma la obra y trato de ser una voz, pero a la vez múltiples voces. Me gusta mucho el hecho de hacer lo que se llama en poesía un desdoblamiento del yo: agarrar el yo poético y en lugar de centrarme en mi experiencia personal entro en otras experiencias personales para tratar, desde ese punto de vista, decir algo de una forma distinta.

Hablás de una cosmogonía que te nutre y concretás en el poema; sin embargo, ¿qué pasa si el lector no tiene acceso a esas referencias? Yo hice el ejercicio de buscar los referentes desconocidos para mí de esa cosmogonía que mencionás, y el poema adquiere otra dimensión de sentido. Me planteo, entonces, muy honestamente, si la interpretación o lo que sintás con la lectura depende del acceso a una educación, lecturas o vivencias cercanas a ese universo tuyo. Esto me lleva a considerar que algunos poemas podrían ser crípticos. En un poema expresás que frente a la tumba de alguno de estos poetas te sentís como exiliado. Algo así podría sentir el lector. Cuando tu voz más que estar en la voz del otro está en vos mismo me acerca.

—Sí, hay varios poemas así en el libro. La antología tiene poemas de diferentes etapas de mi vida y al ser una selección hay distintas referencias. Hay uno, que creo no podría escribir ahora, en que hablo sobre un ritual donde mi mamá es como un sol y todo gira a su alrededor.

Es bellísimo… lo que quisiera preguntarte es en dónde te parás para establecer comunicación con el lector.

—Me gusta la pregunta porque son cosas que te ponen a meditar críticamente sobre vos mismo. El lenguaje que yo utilizo es muy accesible, es simple, trato de que sea muy limpio y que tenga varios temas o subtemas dentro que no afectan la lectura del poema. De hecho los libros son muy diferentes entre sí. Quizás una de las cosas buenas o malas que tengo es que escribo poco y muy espaciado en el tiempo. Entonces no soy el mismo cuando vuelvo a escribir. No critico a quien escribe un libro cada uno o dos años, pero yo no podría. Cuando vos estás leyendo mi poemario, pienso que es como una especie de viaje telepático o hacia el pasado, porque vos estás leyendo algo, que para mí ya no es, que abandoné. Es triste, y aunque suene a cliché del mundo de la literatura, no hay libros terminados, hay libros abandonados. Yo trato de no volver a los libros anteriores. Por eso esta antología fue todo un reto. La intención siempre es la misma: tratar de decir de una forma muy concreta lo que te tocó vivir como época. Me gusta mucho armar un libro como un concepto.

“La antología tiene poemas de diferentes etapas de mi vida y al ser una selección hay distintas referencias. Hay uno, que creo no podría escribir ahora, en que hablo sobre un ritual donde mi mamá es como un sol y todo gira a su alrededor”, David Cruz.

La antología tiene una sección como de haikus, impresiones que amalgaman la naturaleza con la filosofía de manera sencilla y profunda. ¿Cómo llegaste ahí?

—Yo soy muy visual, y una metáfora construye una imagen. Cada vez que lees un verso debería ser un fotograma en tu cabeza, entonces metáfora a metáfora vas armando el poema. Traté de empezar con temas sobre esos primeros poetas como Corina de Tanagra, que es la más antigua de todos. Parto de pequeñas impresiones muy personales: “las estrellas son las únicas flores que no rompen la quietud al caer al estanque”; o este otro: “Dos cuerpos se deshacen hasta dejar el mundo en escombros”. Después los poemas van creciendo cada vez más y se complejizan.

Cuando tengo un libro terminado luego de corregir muchas veces y han pasado muchos años, lo agarro todo y lo pego en una pared para verlo como si fuera un solo un cuerpo y a veces digo “Ah, la parte dos la veo desbalanceada… o de pronto me empieza a resonar un poema y digo ¡uff! este poema como que no calza dentro de esto, o estos dos poemas son muy pesados y mejor los separo. Pienso en el libro como un gran bloque que va desde lo temático hasta lo corporal. Para mí lo corpóreo del libro es importante. Desde el espacio en blanco y lo gráfico en el sentido de dónde está, dónde se ubica el poema gráficamente y después si hay aire.

Hay una especie de encabalgamiento entre poemas que va creando una unidad y te va llevando de manera suave, como en cascada, por los textos. Es como una sensación cíclica, de que las cosas empiezan y terminan y que siempre están en movimiento.

—Como te digo soy muy visual y pensé en cómo podía hacer que textos de distintas épocas tuvieran algún sentido en un libro. Entonces, pensé en la imagen del reloj de arena y en cómo le das vuelta. Eso al final de cuentas es el tiempo. Nos detenemos nosotros, pero el tiempo no. El tiempo es algo subjetivo. Carl Sagan decía que si lo ponemos a nivel del macrocosmos del universo un mosquito vive dos días, un perro 15 años, un ser humano 80, pero una estrella vive 2 millones de años. Todo es como elástico, el tiempo y el lenguaje también y eso es genial porque te permite, de cierta forma, volver a cosas que ya no son las mismas. Incluso yo mismo, cuando, por ejemplo, pienso en esa idea de lo efímero —soy muy obsesionado con lo efímero—: el gran valor de la vida es saber que vamos a morir, la finitud de todo.

Yo termino de construir la historia dentro de mi cabeza y puede ser de muchas formas, tantas como lectores hay. Es una particularidad sobre todo de la poesía, porque la poesía no cuenta una historia necesariamente, es decir, puede haber poesía que cuenta historias, pero generalmente no, y el lector termina de darle un sentido.

 


Carta a Sor Juana Inés de la Cruz

El silencio es el pecado más cruel

cuando el invierno amenaza

con llevarse tu olor de las sábanas.

Sueña robarse tus escritos

para verte en la pira

y darle más dramatismo

a la historia.

 

Esperas a tu amante.

Juntas van a reintentar el diluvio.

Una vida es un charco

que se interrumpe

por el casco de un caballo.

Las palabras son la tumba que elegiste.

No hay votos ni vestimenta

que cubran tu desnudez.

El hombre es un necio.

Afila su espada.

Se masturba.


“Para mí lo corpóreo del libro es importante”, afirma David Cruz, poeta costarricense. (Foto: María Ramos Pacheco)

David Cruz

San José Costa Rica 1982

En 2015 fue incluido en la antología El canon abierto, última poesía en español, donde fue

seleccionado como uno de los mejores poetas hispanoamericanos menores de 40 años. Ha

publicado cuatro libros: Natación nocturna (2005) Premio Joven Creación; Trasatlántico (2012), Premio Luis Cardoza y Aragón; y A ella le gusta llorar mientras escucha The Beatles, libro que tradujo al inglés en 2017; y Lazarus, Premio Internacional Manuel Acuña de poesía. Su más reciente libro Cine Fractal ganó el International Latino Books Awards 2023.

Actualmente cursa un doctorado en Hispanic Studies en la University of Washington y tiene un máster bilingüe en Creative Writing en la University of Texas en El Paso donde fue editor de la revista Rio Grande Review.

Su obra también se encuentra recogida en diversas antologías entre las que destacan: Región. Antología del cuento político latinoamericano (Interzona, Argentina, 2011); Antologia Della Poesia Costarricana (Italia, 2012); Resistencia en la tierra. Antología de poesía social y política de nuevos poetas de España y América (Ocean Sur, Chile, 2014); Il fiore della poesia Latinoamericana D’oggi (Raffaelli Editore, Italia, 2016).

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