El “noble” Kamikaze sobrepasa los tres años de compartir música

Desde hace tres años, el proyecto Kamikaze se ha arriesgado a mantener activo, al menos dos veces por mes, un espacio para compartir

Hacen falta nombres para describir un Kamikaze. No es un concierto de un solista o una banda, sino que los músicos van llegando a la tarima como sorpresivos destellos de luz en una noche larga. No es música de un solo género, sino que cada canción trae a compartir su nueva música, propia y única.

El Kamikaze nació en el 2012, como un proyecto que buscaba tener una fecha y un espacio −una vez cada semana− para exponer nuevas canciones, bandas y diversas colaboraciones entre músicos nacionales y regionales.

Detrás de este experimento “suicida” estaban Fabrizio Walker (voz y guitarra), Juanka Hidalgo (percusiones y secuenciadores), Jorge “Kako” Brenes (guitarra) y Alejandro Coto (piano y teclados).

Ellos se propusieron crear un espacio nuevo donde los músicos en tarima jugaran a ser entre un “jam de canción” y un “taller musical”, donde mostraran lo nuevo que se estaba haciendo. Después de tres años y más de 80 conciertos, los Kamikazes ahora tienen esa “naturaleza convivial” que tienen las fiestas, los asados y los cumpleaños, donde el placer de compartir es el objetivo final.

“Es música sincera”

La lista de invitados a los Kamikazes contempla destacados cantautores nacionales y regionales, como María Pretiz, Manuel Monestel, Bernal Villegas, Frank Noguera, Andrés Cordero, Felipe Pérez, Esteban Monge, Maf É Tula, NiñoCoy, iO, Jaguar, etc.

Para Fabrizio Walker, cada vez que se comparte música con un invitado se tejen redes que van más allá de lo sonoro. Se vuelven, como dice él, “yuntas”; son redes que fortalecen la escena musical costarricense.

La única premisa que defiende el Kamikaze, como un código de honor, es “nunca sacrificar la vara artística, porque la plata no es lo que importa. Es siempre hacer lo que más se pueda”.

Para mantener un espacio así, los integrantes de Kamikaze han optado por una constancia muy parecida a la necedad. “Hay veces que pasan cuatro meses y no llega nadie, pero hay que seguir. Lo más difícil es tener un espacio. Nosotros hemos topado con suerte en El Sótano, que aunque a veces no llega mucha gente nos dicen: ‘Ustedes tranquilos, yo sé que esta vara funciona’. Confiamos mucho en el equipo de trabajo que somos”, afirmó Walker.

El Kamikaze, para él, es un bicho raro que ya camina solo. Comenzó a manifestarse en su cabeza después de un momento clave: “La vara fue que a mí me echaron de un brete, hace como tres años, y yo le dije a Juanka que tocáramos, y ese mae se movió rápido”, recordó.

Cuando se inició, en su búsqueda de aterrizaje, encontró un lugar en el Teatro Urbano, a cargo de Eloy Mora. Ese fue el hogar que vio nacer y crecer los conciertos y “jam sessions”, durante su primer año. Sin embargo, como todo lo que crece tiene que moverse, el Kamikaze buscó otro lugar.

“Un año y pico después, en el Teatro Urbano hubo problemas porque llegaba mucha gente, y algunos llevaban cosas para tomar y ver el chivo, pero en el Teatro Urbano no se vendía licor. Entonces en eso apareció El Sótano. Yo le escribí a ‘Chema’ para que me diera una fecha. Hice un chivo y el mae me dijo que me trajera el Kamikaze para El Sótano, que es un espacio ideal para eso”, comentó el cantante e integrante del Kamikaze.

En ese rincón subterráneo de Amón Solar (400 metros al norte del Automercado en San José), bajando las gradas, en El sótano, se monta el ritual Kamikaze al menos dos veces al mes. A pesar de la constancia, no se sabe qué esperar de cada noche. “Hubo un día que tocaron María Pretiz, Esteban Monge, después se subió a tocar Bernal Villegas, Las Chicharras, y tocamos nosotros. ¿Qué es ese chivo? ¿Cómo se llama? No sé, pero pasa por la red de personas que hay”, detalló Walker.

Para el futuro, el Kamikaze piensa abandonar las comodidades citadinas para expandirse en zonas del país como Grecia y Sarchí, así como llevar su música a otros países centroamericanos, como ya lo hizo en Guatemala. En adición, se encuentran grabando material para un disco en el que colaboran músicos como Andrés Cordero, Frank Noguera, entre otros.

¿Quiénes son?

Fabrizio Walker: solista, cantante de Infibeat y próximo proyecto con iO.

JuanKa Hidalgo: percusionista de bandas como Maf É Tula e Ishto Juevez.

Jorge “Kako” Brenes: guitarrista en Carisma de Venus y con Maf.

Alejandro Coto: tecladista de Carisma de Venus, Maf É Tula y Carmela Suite.


“Eso es lo que yo me imagino: que seamos tan necios, tan necios que la gente vea el proyecto y diga: ¿Estos maes tienen siete años de estar haciendo esta vara? Diay, vamos a verlos”.
Fabricio Walker

 


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