El gran héroe olvidado de la guerra de 1856

La figura del padre Francisco Calvo, del que el pasado 14 de septiembre se cumplió el bicentenario de su nacimiento, reclama el benemeritazgo que la patria le debe, por sus altos aportes culturales, políticos y religiosos.

Como si viviera una peste paulatina que se extiende por su geografía, Costa Rica es un país que tiende al olvido, lo cual explicaría el que haya sepultado en el silencio al padre Francisco Calvo, capellán y soldado en la campaña de 1856, a quien la patria le debe gloria, virtud y entrega, así como una recuperación histórica de su figura por sus grandes aportes desde la cultura, la religión y la política.

El viernes 18 de  julio de 1890, a las dos de la madrugada, abandonado por sus amigos más cercanos, Calvo murió en el Hospital San Juan de Dios a donde había sido traslado dado su deteriorado estado de salud.

El historiador Rafael Obregón Loría, quien en su momento fue el que más ahondó en la obra y vida del sacerdote, contaba así su desaparición en el libro Presbítero doctor Francisco Calvo (Ganganelli), Organizador de la masonería en Costa Rica, de la siguiente manera: “En ese instante dejó de latir un generoso corazón, se apagó un talento de mucho privilegio; desapareció del escenario del mundo que teniendo un origen, el más oscuro de todos, pudo llegar a ocupar luego sitios de primera línea, siendo confidente de presidentes y políticos, alta dignidad de la iglesia, jefe de la masonería en toda Centro América”.

El Presidente Juan Rafael Mora encontró en el cura Calvo un amigo fiel. (Foto Internet).

Tomás Francisco Arias Castro, quien es considerado actualmente el mayor estudioso del cura Calvo, y profesor de la Cátedra de Historia del Derecho de la Universidad de Costa Rica (UCR), sostiene que aquel está en el absoluto olvido, con excepción de los pocos esfuerzos que procuran ubicar su obra y su vida en una justa dimensión.

Hace tres semanas se realizó un simposio en la Escuela de Estudios Generales de la UCR con el fin de discutir y poner en contexto los aportes del padre Calvo, quien nació el 14 de septiembre de 1819 en Cartago y era hijo de Petronila del Castillo, hermana de Florencio del Castillo, y del cura Juan de León Santos Madriz.

En la guerra del 56 contra los filibusteros, encabezados por William Walker, no solo fue el capellán de los ocho sacerdotes que acompañaron a Juan Rafael Mora Porras en la defensa de la soberanía, sino que además se enlistó en condición de soldado raso y luchó en varias batallas como uno más de los costarricenses que acudieron al llamado para resguardar a la patria.

Se le reconoce el gran aporte histórico por haber escrito El libro de las defunciones, documento que recoge con rigor a los caídos por parte del ejército costarricense entre 1856 y 1857. Auxilió, además, a los que sufrieron los estragos del cólera y permaneció sirviéndoles hasta que no quedara ningún nacional que hubiese participado en la guerra.

El Presidente Mora lo distinguió con el grado de coronel y le reconoció así no solo su aporte en el ámbito espiritual, sino también sobre el terreno de los acontecimientos, con lo cual Calvo se adelantaba, incluso, muchos años a las concepciones de curas que se darían en la segunda mitad del siglo XX, como sucedió, por ejemplo, con la teología de la liberación.

“El padre Francisco Calvo es uno de los grandes olvidados de la guerra del 56. No solo fue jefe de los sacerdotes, sino que participó en las batallas como soldado. Si se revisan los partes de guerra se puede comprobar cómo en muchos de ellos se destaca su participación en el frente de batalla. Gracias a sus actos de valentía en la batalla de Rivas, en la campaña del tránsito, el Presidente Mora le dio una medalla de honor”, sostiene Arias Castro.

Lamentó que Calvo, que brilló con luz propia en distintos ámbitos, esté hoy “sepultado en el olvido y fuera de la memoria de lo que fue la campaña nacional del 56”. “Tuvo un papel preponderante en el combate del cólera. Él se dedicó a la cura de los enfermos y al cuidado de las personas que estaban contagiadas y fue de los pocos costarricenses que se dedicó, por recomendación del presidente Mora, a rescatar a esa gente que había caído en las manos de la peste del cólera”.

En el 2015, con el propósito de rescatar la figura de Calvo, fundador de la masonería en Costa Rica, Arias Castro publicó el libro 150 años de la masonería, en la que se centra en gran parte en lo que representó el valeroso presbítero para la patria costarricense.

“En el 2015 nadie hablaba del tema, nadie decía nada y yo desde el año 2010 había estado haciendo investigaciones de la masonería en el país y me parecía increíble que en Costa Rica no se conociera una vida tan brillante como la de él, por eso empezamos a sacar a la luz pública su vida, sus obras, sus improntas y sus derroteros, y también comenzamos, hace cuatro años, unos seminarios y simposios en coordinación con las logias masónicas y la UCR para dar a conocerlo. Hace unos días celebramos en Estudios Generales el Bicentenario Masónico del Calvo para que toda la comunidad universitaria se acercara a su vida y obra”.

El profesor Tomás Federico Arias Castro que recoge en dos volúmenes la historia de la masonería y en ambos resalta el aporte de Calvo, quien fuera el fundador de las logias en Costa Rica. (Foto Internet).

La deuda del benemeritazgo

En el 2010, el entonces diputado José Roberto Rodríguez Quesada presentó a la Asamblea Legislativa el proyecto de ley 17.911 mediante el que solicitaba se declarase benemérito de la patria a Calvo, no obstante, la iniciativa terminó archivada y sepultada.

Castro Arias fue uno de los que contribuyó con la redacción del proyecto y explicó que, pese a los esfuerzos por lograr que el país reconozca en Calvo a una de sus altas luminarias, la respuesta ha sido el silencio por parte de la clase política.

Calvo fue doctor en derecho canónico e impartió clases de teología en la Universidad de Santo Tomás, además de ser maestro masón y fundador de las logias en Costa Rica.

“Ya son tres legislaturas las que no han querido tomar el benemeritazgo en serio y lamentablemente la iniciativa se ha quedado en el papel”.

“El padre Calvo no solo fue educador, no solo fue político, no solo fue soldado: fue todo eso, entonces, la concatenación de esas facetas hacen que si el título de benemeritazgo se le da a una persona que supuestamente ha hecho grandes cosas por el país, quién mejor que él que tuvo brillantísimas páginas de su vida para darle un título que, a mi parecer, se está haciendo demasiado tarde para otorgárselo”.

Para el profesor de la UCR, el hecho de que Calvo fuera masón no es la razón principal por la que el país no termina de ubicarlo en el pedestal que se merece, sino que hay una situación detrás aún más grave: “Yo antes creía que era por ser masón que no se le reconocía al padre Calvo sus méritos, pero con el paso del tiempo caí en la cuenta de que estaba equivocado. No, no anda por ahí la cosa. Hay en general un desconocimiento y una desidia en los temas históricos y es no solo con el padre Calvo, se lo digo yo como profesor de historia. Lamentablemente diputados, ministros, presidentes ejecutivos y la gente en general no está interesada en temas de historia. Cada cosa que se quiera realizar con temas de historia y efemérides hace que uno se tope con un desinterés total, y no porque sea el padre Calvo, sino porque hay un desgano en los temas históricos de Costa Rica”.

Agregó que lo afirmado tiene mucha relación con la manera en que las jóvenes generaciones enfrentan el presente y el futuro del país. “Como se lo digo a mis estudiantes:  Si ustedes no conocen de dónde vino la patria que tienen, cómo piensan valorarla en el futuro y cómo piensan heredarle eso a sus hijos y a sus nietos, sencillamente no van a poder”.

Un gran mérito

Para el historiador Vladimir de la Cruz, la figura de Calvo puede analizarse al menos en tres ámbitos de la vida nacional. El primero de ellos está relacionado con su condición de sacerdote, a quien se le debe el “primer gran documento relacionado con los muertos durante la campaña del 56”.

De la Cruz puntualizó que ese libro, que se encuentra custodiado actualmente en el archivo eclesiástico en la Catedral de San José, luego fue ampliado y mejorado por el historiador Raúl Arias Sánchez, pero que la base estaba en el trabajo elaborado por Calvo.

De acuerdo con De la Cruz, Calvo jugó un papel preponderante para que Bernardo Augusto Thiel fuese nombrado obispo del país y ello estuvo de igual forma relacionado con todo el movimiento liberal que se dio entonces en Costa Rica en los años 90 del siglo XIX.

El segundo elemento que destaca De la Cruz de Calvo es su rol crucial en el impulso de la masonería en Costa Rica. “El padre Calvo fundó en 1865 la logia Caridad, en la que estuvieron, José María Castro Madriz y otros grandes personajes. La masonería desempeñó una función destacadísima en el movimiento liberal de 1890. Hubo ministros, presidentes y funcionarios que exaltaron el liberalismo político e institucional”.

En criterio de De la Cruz, un aspecto relevante y que se conoce poco en la biografía del padre Calvo fue su aporte a la lucha de los trabajadores, ya con una idea de clase, porque antes se daban iniciativas en que no se tenía dicha conciencia. “El padre Calvo impulsó la organización social de los trabajadores y ello dio origen a la constitución de sociedades de trabajadores, artesanos y obreros, como se llamaban en 1874. Antes había habido sociedades mutualistas de socorros mutuos, que agrupaban a trabajadores, patronos y estudiantes. Con el esfuerzo de Calvo se daba la idea y quedaba bastante clara y así se reconocía que la sociedad costarricense estaba dividida en grandes clases sociales”.

Este historiador considera que a Calvo no se le ha reconocido su aporte como “sacerdote y capellán en la guerra del 56, como liberal, masónico ni como gran organizador de los movimientos sociales de su época”, por ese motivo, rescatar la iniciativa del benemeritazgo es una forma de que la historia patria salde la gran deuda que tiene con esta gran figura intelectual, religiosa y política, aunque nunca ocupó un cargo político directo.

De la Cruz estimó que su condición de masón en una Costa Rica conservadora y en la que en su momento se desconocían cuáles eran los pilares de las logias, es lo que mejor explica el hecho de que se la hayan negado los sobrados méritos que tiene Calvo para ser declarado benemérito de la patria.

“Creo que declararlo benemérito de la patria podría ser muy importante para reafirmar y consolidar esa perspectiva liberal democrática que históricamente ha tenido el país, y evitar así que se consoliden visiones conservadoras de tipo eclesiástico, y no me refiero solo a las católicas. Hay que propiciar el ejercicio de libertades y hacerlo con el paraguas de los derechos humanos. Si el padre Calvo viviera hoy sería un gran defensor de los derechos humanos”.

El historiador Raúl Arias Sánchez aseguró que todos quienes estudian la campaña del 56 tienen una deuda con el padre Calvo. (Foto Internet).

Figura central

El historiador Raúl Arias Sánchez ubica a Calvo como una figura central de su época, no solo por lo que hizo en la campaña contra los filibusteros entre 1856-57, sino porque al ser el fundador de la masonería desempeñó un rol central.

Para Arias Sánchez, la llegada como obispo de Augusto Thiel encontró en Calvo una gran influencia, así como la que ejerció en mandatarios de la época, como el caso de Tomás Guardia, Bernardo Soto y Próspero Fernández. “El padre Calvo era el amigo de esos presidentes y era como su consultor. Fue el que hizo que trajeran a monseñor Thiel al país, porque el que iba a quedar no le gustaba, dado que estaba en contra de la masonería”.

“Yo soy especialista en la guerra del 56 e incluso publiqué un libro sobre el tema, que se llama Los soldados de la campaña nacional y todo eso que sabemos, se lo debemos al padre Calvo, que fue quien hizo el libro de los muertos de la guerra, de manera que es una figura importante y que  fue un gran patriota y ha quedado en la oscuridad por haber sido masón”.

En opinión de Arias Sánchez, el que Calvo no haya recibido los honores que Costa Rica le debe con su declaratoria de benemérito de la patria obedece a que fue el fundador de la masonería.

“El hecho de que el padre Calvo no haya sobresalido a nivel de historia patria y al mismo nivel que Juan Rafael Mora es por su condición de masón. Siempre hay una sombra de la religión católica que insiste en que la masonería no es cristiana. Para mí como historiador esa es la razón y pienso que es muy importante recuperarlo para la historia de Costa Rica”.

En relación con la participación de los masones en la independencia en América Latina, Arias Sánchez consideró que existe, también, un enorme desconocimiento, porque aquellos jugaron un papel crucial.

“Los masones fueron importantes en la independencia de América Latina, Estados Unidos y en la revolución francesa. Por ejemplo, el general Simón Bolívar y José de San Martín eran masones, así como el cura Hidalgo en México. De manera que a veces se ve la historia de la independencia de América Latina como un movimiento espontáneo y no fue así”.

Según Arias Sánchez, a pesar del invaluable aporte de Calvo en diferentes campos pocos conocen a cabalidad su trascendencia para el país.

“El padre Calvo ha estado sumido en el olvido, solo los historiadores que nos metemos con la guerra del 56 conocemos lo que hizo. Si usted le pregunta a mis colegas de la escuela de historia sobre Calvo, ellos prácticamente no saben nada de él”.

Héroe de la guerra de 1856. Murió pobre y olvidado un viernes 18 de julio de 1890 en el Hospital San Juan de Dios. Al cumplirse recientemente el bicentenario de su natalicio, su amada patria le sigue negando los honores con que la defendió y la amó con una fidelidad sin par y sin cálculos, y con una altura de miras dignas de un iluminado.


El doctor Calvo

Aunque está en ese largo olvido en que la patria somete a muchas de sus grandes figuras, el legado de presbítero Francisco Calvo sigue intacto y vigente, y al cumplirse el bicentenario de su nacimiento, el país tiene la posibilidad de enmendar su deuda histórica con este ilustre ciudadano, que obtuvo el grado de doctor en derecho canónico en la Universidad de Santo Tomás, cuando su rector era José María Castro Madriz.

Nacimiento: 14 de septiembre de 1819.

Muerte: 18 de julio de 1890.

Padres: Petronila del Castillo y Juan de León Santos Madriz.

Criado por: el cura Rafael del Carmen Calvo, de ahí el apellido que llevó toda su vida.

Estudios: Estudios realizados en el Seminario de León, Nicaragua, donde obtuvo el bachiller en teología, filosofía y derecho civil. Fue ordenado sacerdote en Comayagua, Honduras.

Doctor en derecho canónico por la Universidad de Santo Tomás.

Labores: Catedrático de teología en la Universidad de Santo Tomás. Sacerdote en la parroquia de Cartago. Capellán del ejército de Costa Rica en 1853. Tomó parte en la campaña de 1856 como soldado y capellán a la vez.

Condecoración: Alcanzó el grado de coronel del ejército otorgado por el Presidente Juan Rafael Mora.

Masón: Título de maestro de la logia austral número cinco de Perú.

Fundador: De la masonería en Costa Rica.

Libros que tratan el tema: Presbítero doctor Francisco Calvo (Ganganelli). Organizador de la masonería en Costa Rica, de Rafael Obregón Loría.

150 años de la masonería en Costa Rica (2015), Historia de las logias masónicas (2017) ambos de Tomás Federico Arias Castro.


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