Cultura Molière

El enfermo imaginario, un virus de cuatro siglos

Quizás no haya momento más oportuno para recordar al poeta, dramaturgo y actor francés Jean-Baptiste Poquelin, conocido como Molière, a quien este 15 de enero, cuando se cumplen cuatro siglos de su nacimiento e internacionalmente, en el mundo del teatro, se le realizarán sentidos homenajes.

Golpeados en todo el mundo por las restricciones a congregarse, dentro de su tristeza y desesperación, los trabajadores de las artes escénicas recuerdan este 15 de enero a uno de los grandes creadores de la comedia, el francés Molière, seudónimo de Jean-Baptiste Poquelin.

Vinicio Rojas como Argán en la última representación que se hizo en Costa Rica de El enfermo imaginario, dirigida por José Pablo Umaña en 2017.

De las cumbres del teatro universal, junto al Siglo de Oro español, Shakespeare o los antiguos clásicos griegos, Molière es una referencia en el teatro de todos los tiempos. Su producción fue profusa, aunque su carrera duró apenas 30 años, desde que a los 21 de edad descubrió que eran un ser sustancialmente para la escena.

Jean-Baptiste nació en una familia acomodada, pues su padre era tapicero real. Pero la relación de padre e hijo no era buena, en particular luego de la muerte de su madre, cuando Jean-Baptiste tenía diez años. Su padre lo envió a estudiar, primero al colegio de jesuitas en Clermont, luego Derecho en Orleans, carrera que terminó, pero nunca ejerció. En ese tiempo conoció a los Bèrjart, un grupo teatral familiar integrado por las hermanas Madeleine y Geneviéve y Joseph. Inmediatamente, el joven Poquelin, que era de un temperamento entusiasta y un lector voraz, se fascina con Madeleine y con la vida de los actores, de tal manera, que no teme renunciar a los planes y recursos de su padre y decide solicitar el ingreso a la compañía teatral.

Molière: “El deber de la comedia es corregir a los hombres divirtiéndolos.”

En 1643, conforman el Ilustre Teatro, grupo con el que inician una serie de giras. En esos meses se consagra totalmente al arte escénico, practica, ensaya, estudia y funciona como administrador en el grupo. En 1644 al contratar a un bailarín firma por primera vez como Jean-Baptiste Poquelin Moliere. Ese seudónimo será su nombre de artista y por el que será conocido, ya que en adelante firmará JBP Molière. Los años siguientes son de aprendizaje y estudio. La compañía presentaba tragedias de Pierre Corneille, reconocido poeta y dramaturgo muy apreciado en esa época. Molière lo estudia a la vez que constata el agrado que producen, en un público más amplio o popular, los entremeses al estilo de Commedia dell’Arte italiana. Algunas de esas pequeñas piezas las escribió él mismo.

Participa en algunos papeles pequeños en donde descubre su gran habilidad para la comedia.

Según Marie de Croisy, actriz de la compañía, Molière “era más alto que bajo; aspecto noble; piernas bien formadas. Se movía con gravedad y tenía un aspecto muy serio; la nariz gruesa, la boca grande, los labios gruesos, el color moreno, las pestañas negras y fuertes y con el movimiento que les daba se dotaba de una fisonomía muy cómica. En cuanto al carácter, era suave, complaciente, generoso y le gustaba mucho arengarnos.”

Voltaire, en su Vida de Molière, también hace referencia a que “tenía una volubilidad en la voz y una especie de hueco que no podía convenir al género serio, pero que hacía su juego cómico más agradable”.

Pronto Molière asume como director de la compañía, sin embargo, las cosas no marchan muy bien económicamente e incluso tiene que ir a la cárcel en 1645 agobiado por las deudas, de las que logra salvarse según algunos por el auxilio de su padre.

Pero ninguna adversidad lo hace apartarse de su vocación. Perfecciona su producción y en 1655 estrena su primera comedia: El atolondrado o Los contratiempos y luego El despecho amoroso.

Entonces, Molière empieza a definir su estilo farsesco: toma materiales de otros autores, desde los clásicos griegos, la Comedia dell’Arte italiana, las innovaciones en el ritmo de acción de las tragedias de Corneille, música, canto, danza en escena, así como un juego de ironías y crítica social y política.

Fresco, inteligente y divertido, Molière y su compañía se ganan el favor de nobles y cortesanos, pero también la cólera de algunos que se ven criticados en sus obras, particularmente la iglesia católica.

El pecado de la risa

La compañía de Molière logra estabilizarse gracias al apoyo de Philippe D’Orleans, hermano del rey Louis XIV, quien invita a este a una representación del grupo. En ella se representa una obra seria y luego una pequeña pieza escrita por Molière, la cual encanta al rey.

Ya estabilizado en el Petit-Bourbon, en París, gracias al favor real, Molière se dedica, además de actuar, a escribir para su compañía sus propias obras, donde despliega su enorme talento y donde fusiona elementos de la comedia de costumbres, la farsa, los juegos de palabras, las comedias de personajes o de situaciones, la comedia-ballet, todo en función de una denuncia de los vicios sociales, en particular la hipocresía.

Retrato de Molière por Pierre Mignard.

Su primer gran éxito será Las preciosas ridículas, que confirma la admiración que el rey tiene por su trabajo. La amistad con los músicos Jean-Baptiste Lully y Marc-Antoine Charpentier, también preferidos del rey, le agrega gran valor a su trabajo y sus montajes.

La cercanía con el rey y la corte también le permite estudiar los grandes vicios de la política y el poder, que serán tema de sus agudas críticas.

Tartufo: «quien peca en silencio, no peca, es el escándalo lo que vuelve pecaminosa a la acción».

En 1662, Moliére se casa con Armande Béjart, hija de Madeleine, su antigua amante cuando se iniciaba en el teatro. Tuvieron tres hijos: Louis, que el rey Louis XIV y su cuñada Henriette o Enriqueta de Inglaterra apadrinan y que fallecerá unos meses después; Esprit–Madeleine, que vivió hasta 1723, pero no tuvo hijos, y Pierre, que no vivió más de un mes. Ese matrimonio fue utilizado por sus detractores para acusarlo de libertino e inmoral.

 

Tartufo y su confrontación con la iglesia

En 1663 inicia una de las polémicas más serias que vivió Molière, al escribir este la obra Tartufo o El impostor. En ella, el autor la emprende contra la hipocresía de los beatos (como si dijéramos hoy los “políticamente correctos”) que, esgrimiendo la defensa de la virtud, viven para manipular, sacar ventaja, perseguir y acusar los vicios ajenos. El personaje de Tartufo dice: «quien peca en silencio, no peca, es el escándalo lo que vuelve pecaminosa a la acción».

El cinismo de Tartufo y su conciencia oscura para engatusar e intentar robar los bienes, seducir a la mujer e incluso casarse con la hija de un gentilhombre que lo acoge en su casa creyéndolo piadoso, contrastan con su palabrería de beato.

Inicialmente Molière escribe a Tartufo como un sacerdote o un fraile. La obra es censurada y se prohíbe su representación y publicación, por lo que no sería puesta en escena sino hasta cinco años después y tras algunas correcciones al texto original.

En 1664 se nombró responsable de las diversiones de la corte a Molière, pero si bien ganaba adeptos y admiradores, también muchas envidias y enemigos acérrimos que se sentían aludidos en sus obras.

La iglesia en esos años condenaba el teatro, actividad que consideraba frívola y que incitaba al pecado; particularmente la comedia y la profesión de actor se señalaban como inmorales.

“El deber de la comedia es corregir a los hombres divirtiéndolos; yo he creído que en el empleo que tengo, no encuentro nada mejor que hacer que atacar por cuadros ridículos los vicios de mi siglo, como la hipocresía, sin duda, que es uno de los más comunes, de los más incómodos y de los más peligrosos…”, respondió Molière a sus detractores.

La medicina imaginaria

Su última obra fue El enfermo imaginario, comedia-ballet que estrenó en febrero de 1673, con música de Marc-Antoine Charpentier. Si antes la había emprendido contra los falsos devotos, los inmorales y los hipócritas, ahora Molière se desquita con los falsos sabios, los charlatanes, supuestos científicos que cargados de soberbia se atribuyen el conocimiento de la verdad única.

El personaje de Argán es un hipocondríaco que lleno de temores vive quejándose y engañado por los médicos y charlatanes. Obsesionado con garantizarse el cuidado de su salud, pretende casar a su hija Angelique con el hijo de su médico Diafoirus.

La vulnerabilidad del que se cree enfermo, azuzado por el miedo de las voces supuestamente autorizadas, sirve para que se llenen de poder los abusadores y charlatanes. Será la sensatez de mujeres sencillas, como ocurre muchas veces en las obras de Molière, la que busque una solución al asunto.

La cuarta noche después de su estreno, Molière, que era protagonista, sufrió una crisis por causa de una tuberculosis mal curada a la que había sobrevivido por años.

Su amigo y confidente La Grange, quien además de actuar llevaba el diario del grupo, anotó esa noche: “17 de febrero de 1673:

Este mismo día, después de la comedia, sobre las 10 de la noche, M. de Molière murió en su casa de la Calle Richelieu, después de representar el papel del Enfermo Imaginario.” Murió a los 51 años.

Porque es social, integral y esencialmente humano, el teatro de Molière nunca pierde vigencia, sus personajes, aunque tomados de su realidad, son a la vez universales, con rasgos exagerados que sustentan su comicidad. El tema general de su teatro es moral pues denuncia vicios de las personas en la sociedad, pero también rescata el sentido común, tantas veces extraviado por los discursos del poder.

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