El dulce desencanto de editar libros

A partir de este año Juan Hernández cambió el concepto de su editorial. (Foto: Katya Alvarado)“Tengo un problema: una vez que yo mismo imprimo

A partir de este año Juan Hernández cambió el concepto de su editorial. (Foto: Katya Alvarado)

“Tengo un problema: una vez que yo mismo imprimo un libro, difícilmente lo leo; una cosa es cuando lo reviso y maqueto, pero no había tenido la cercanía de leer el libro como objeto una vez que lo editaba. Y empecé a agarrar unos y sentía incomodidad de leerlos”, exterioriza Juan Hernández, de la Editorial Germinal.

Para eliminar esa sensación disonante, el editor independiente se propuso desde enero redirigir su empresa hacia la producción de libros como objetos de arte, un concepto de diseño totalmente diferente y la promoción de un espacio para generar conocimiento y debate.

Pero más que cambiar el diseño de los libros, para Juan se trata de ‘resemantizarlo’, darle otra significación, de asumir su microempresa, casi artesanal, con una visión nueva sobre la edición de libros que lo haga sentirse cómodo.

Porque hoy por hoy, Juan es un empresario ‘multitasking’ que revisa el texto en Word, lo maquetea, diseña, imprime, pega, y hasta vende y distribuye los libros que publica.

A Juan el cambio no le da miedo y así lo afirma. Con su larga barba negra y tupida y esa cierta altivez que lo caracterizan, parece que posara para un cuadro renacentista, sentado en el banco de mediana altura desde donde conversa a gusto, como quien está en su charco, o más bien porque está en su charco.

Y es que la entrevista se desarrolla en su recién inaugurado espacio “Germinal: libros y taller”, cuyo objetivo es la generación de conocimiento y debate mediante talleres, cursos, presentaciones de libros y residencias artísticas.

Este nuevo sitio está ubicado en la planta baja de un edificio, que en el segundo piso también alberga su casa, sita en barrio Aranjuez, a cien metros del puente Los incurables, límite exacto entre los cantones de San José y Goicoechea.

Sus gatos Tomasina y Pantera recorren sinuosos y a sus anchas este amplio territorio que les pertenece, con techo alto, iluminado por la luz natural, y donde hay varios estantes y cajones elaborados con maderas rústicas sin pintar.

La librería-biblioteca personal de Juan guarda el catálogo de la Editorial que suma más de 140 libros, publicaciones que trueca con reconocidos autores iberoamericanos y una sección de libros usados.

PUNTO DE GIRO

Juan tiene un tatuaje negro de formas geométricas en el antebrazo, que, encubierto por su ropa, continua en su pecho, espalda y pierna derecha.

¿El tatuaje significa algo?

-Es cuando decidí tomar control de mi vida en todo sentido, en el 2012.

Sin ahondar en los pormenores de su proceso personal, lo que queda claro es que durante estos 4 años, Juan tomó las riendas de su proyecto y logró posicionarlo como una de las editoriales independientes de mayor importancia en el movimiento literario del país.

Pero eso para él pareciera no ser suficiente, porque el caso es que la discreta industria del libro en Costa Rica no se mueve. Es decir, no vende. “Lo que me han demostrado estos cuatro años de trabajo es que, por más que se intente canales de distribución, no hay”.

Juan detalla que la mayoría de las librerías invierten dinero en fondos editoriales del extranjero que compran de contado, pero son políticas que no aplican para los nacionales. “Soy uno de los que tienen los fondos más grandes de las independientes, y tengo que darlos en consignación”.

Juan intentó convencerlos de que la calidad de Germinal era la misma que de aquellas extranjeras, que sus títulos sí se vendían, pero “la respuesta de las librerías es que no les interesó; hasta les planteé un descuento, pero no quisieron”.

Por eso está reinventando el concepto de la Editorial, dándole prioridad al texto y a hacer ediciones limitadas de 150 ejemplares.

Este panorama se agrava, ya que en nuestro país no se lee, aunque los índices de lectura muestren lo contrario.

¿LA GENTE NO LEE MÁS?

Creo que no y no lo digo porque lo mío no se venda. El asunto es qué es lo que leen y cómo. Es como decir “voy a comer”, y pasás comiendo Taco Bell, McDonald’s, Burger King; una cosa es alimentarse y otra comer.

Ante esta desencantada realidad, Juan se planteó darle otra estética a los libros que edita, cambiar las cajas de lectura, la tipografía, el formato, eliminar temas de portadas y los nombres de las colecciones divididas en los géneros de poesía, ensayo, cuento y novela.

El proyecto social que lo entusiasma, entonces, es ayudar a crearles a los lectores una biblioteca cuyos libros vayan en cajas coleccionables, y que le permita a él como editor preocuparse más del texto y del libro como objeto de arte.

Por esta razón abrió desde el año pasado “Residencias artísticas Incurables”, que dirige Adrián Flores en colaboración con Carla Pravisani y Giovanni Bulgarelli. Esta propuesta trae artistas visuales internacionales y nacionales por 22 días, para que impartan un taller y una charla, mientras que la editorial les produce un libro.

También el espacio “Casa de escritura” inició talleres de poesía y cuento desde enero, así como uno de encuadernación artesanal que tiene abierta la inscripción hasta mediados de febrero.

¿Entonces editar libros qué sentido tiene si no es vender esos libros?

-Esto es algo por lo que diariamente tengo dudas. El punto es que, por un lado, estoy con la realidad económica que es que debería de sostenerse solo pero no lo hace, y, por otro lado, estoy haciendo algo en donde estoy cómodo y me siento bien. Lograr eso es muy difícil.

¿No hay ganancia en el negocio?

A mí lo que me ha ayudado es que me han contratado trabajos externos, y como hago todo en el proceso de edición, entonces me gano todos los salarios; ojalá fuera todas las semanas, pero esto es un trabajo por un mes, y ahí se va compensando uno con el otra.

Juan confiesa que su pareja y socia Mariela Hidalgo le dice que este nuevo concepto es una linda idea, pero riesgosa, “y yo le digo, sí, pero es el mismo riesgo que corremos cuando publicamos a alguien que solo hemos leído nosotros”.

De acuerdo con Juan es salirse de la onda del mercado de la industria del libro. “Ya que no tengo esas preocupaciones, voy a hacer otras cosas; ya que tengo claro la calidad de los libros que publico, empiezo a jugar con esto como un objeto de arte. Es decir, tal vez entre más simple se haga, más cómodo se va a estar con un formato. No me da miedo hacer ese cambio”.

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