El “arte útil” de la cubana Tania Bruguera se instala en la Tate Modern de Londres

La instalación, para la que Bruguera trabajó en colaboración con un colectivo de vecinos de la zona, podrá visitarse hasta el 24 de febrero.

Transformar una reacción fría y distante ante la crisis migratoria global en una experiencia a la vez íntima y colectiva. Es lo que persigue la artista y activista cubana Tania Bruguera con una desasosegante instalación en la Tate Modern de Londres.

Construido en un antiguo edificio industrial a orillas del Támesis, este museo de arte moderno comisiona anualmente desde 2000 una obra única para su monumental Sala de la Turbina, por donde han pasado de Louise Bourgeois a Ai Wei Wei, de Anish Kapoor a Abraham Cruzvillegas o Doris Salcedo.

Pero el espacio, de más de 3.000 m2, con techos de casi 30 metros y habitualmente dedicado a esculturas de gran tamaño, aparece en esta ocasión inconmesurablemente vacío.

Solo un gran rectángulo gris pintado en el suelo, bajo el que se oculta el retrato de un joven refugiado sirio que tras un largo periplo acabó vagabundeando por las calles cercanas al museo.

Sin embargo, la imagen solo aparece si cientos de personas cooperan estirándose en el suelo unas junto a otras para activar con su calor corporal la tinta termocromática que lo cubre.

La artista cubana yace rodeada de voluntarios en el Turbine Hall del Tate Modern en la inauguración de su exposición comisionada “Tania Bruguera: 10,142,926”, en Londres. (Foto: Daniel Leal-Olivas, AFP)

“Es una reflexión sobre los tiempos que vivimos, en los que parece necesario que todo el mundo trabaje junto, aunque no crean en las mismas cosas, aunque tengan agendas políticas diferentes, o incluso aunque no se conozcan”, explica Bruguera a la AFP antes de la inauguración este martes.

La instalación, para la que Bruguera trabajó en colaboración con un colectivo de vecinos de la zona, podrá visitarse hasta el 24 de febrero.

“Es una especie de antídoto (…) a la forma en que a menudo consumimos las noticias y las tragedias, solos”, dice su comisaria, Catherine Wood.

“Hacerse invisible”

Una desasogante secuencia de sonidos ultragraves compuesta por el artista sonoro escocés Steve Goodman, conocido como Kode9, envuelve al visitante y lo hace bribar desde adentro.

El sonido “es casi otra presencia porque toda la obra trata sobre la invisibilidad, como las vidas de los inmigrantes, que tienen que hacerse invisibles” para subsistir, dice Bruguera.

El título de la exhibición -“10.142.926”, de momento, ya que irá cambiando- es el número de personas que el año pasado emigraron de un país a otro, sumado al número migrantes muertos este año.

Este número cambiante es estampado sobre la mano del visitante cuando entra en una pequeña sala adyacente donde se desprende una sustancia que hace llorar.

“Es una forma de pasar de las estadísticas a las emociones”, asegura Frances Morris, directora de la Tate Modern.

Bruguera, que suele definirse como una “artista que disiente”, defiende un “arte útil” y muy político que trabaje en beneficio de las personas.

En diciembre de 2014 fue detenida tras convocar una performance para permitir que cualquier cubano hablase libremente ante un micrófono en la emblemática Plaza de la Revolución de La Habana. Anteriormente, había distribuido cocaína durante una performance en Bogotá.

Aun así, no se considera una provocadora.

“No busco la provocación”, asegura. “Busco avenidas para abrir conversaciones y a veces cuanto mayor es la conversación que se quiere abrir, más estruendoso tiene que ser tu argumento”, afirma.

“Es la gente primero”

Actualmente milita contra la Ley 349 del gobierno cubano que, afirma, “legaliza la censura en Cuba”.

“Todo evento artístico tiene que ser autorizado por el ministerio de cultura“, afirma. Así que incluso organizar una exhibición privada con amigos en una casa particular “hoy es ilegal” y puede conllevar la retirada de todos los permisos, la confiscación del material, la prohibición de actuar, se indigna.

Cada vez que entra o sale de la isla, asegura, es retenida e interrogada durante horas por la policía debido a su activismo.

Pero aún así, insiste en regresar a su país: “¿Por qué el ministro del Interior o la policía deberían decidir quién puede o no puede ser cubano, quien puede o no puede ser artista?”.

Bruguera, que a principios de año tuvo una gran exposición personal en el MoMA de Nueva York, se muestra también muy crítica con la política migratoria de Donald Trump.

“Se está equivocando, no es Estados Unidos primero, es la gente primero”, asegura. “Está dañando las vidas de muchos migrantes, separando a familias, quitándole a la gente el derecho a trabajar y a tener una vida decente”.

“Lo mismo está ocurriendo en Europa y en todo el mundo. Se está jugando con el miedo para que quienes no tienen información o educación política voten contra sus propios intereses y eso es lo que está pasando con el Brexit” en Reino Unido, asegura.


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