El amor a García Márquez también habla bengalí  

La escritora, periodista y profesora Arundhati Bhattacharya cuenta su historia personal con la obra del Nobel y explica las que ha traducido y cómo su mundo, que pareciera lejano para un lector de la India

La escritora, periodista y profesora Arundhati Bhattacharya cuenta su historia personal con la obra del Nobel y explica las que ha traducido y cómo su mundo, que pareciera lejano para un lector de la India, se vuelve cercano por la carga humana que tienen los personajes de sus distintas novelas.

La anécdota de que Sigmund Freud aprendió castellano para poder leer el Quijote en la lengua materna de Miguel de Cervantes salta a la memoria cuando se conoce la forma en que una profesora nacida en Calcuta, India, decidió aprender español para disfrutar y comprender mejor a Gabriel García Márquez.

Era 1986 cuando Arundhati Bhattacharya comenzó la maestría en literatura bengalí en la Universidad de Calcuta. Para entonces, los ecos del Premio Nobel de Literatura, otorgado a García Márquez el jueves 21 de octubre de 1982, todavía estaban frescos en el imaginario de la intelectualidad india.

Para entonces, Bhattacharya escuchaba que sus compañeros hablaban de las obras del escritor colombiano, tras haberlas leído en inglés, pero ella en ese momento no comprendía bien ese idioma, por lo que decidió postergar el encuentro con los libros del citado narrador.

Portada de Memoria de mis putas tristes en lengua bengalí. (Cortesía de Arundhati Bhattacharya).

Luego, cuando se puso al día con el inglés, decidió que además de leerlo en esa lengua lo mejor era leerlo en el idioma original en que escribía García Márquez. Así fue como dejó a su hijo de 10 años con su padre y se fue a más de 2.000 kilómetros de distancia para estudiar castellano en la Universidad de Inglés y Lenguas Extranjeras, en Hyderabad.

Para una mujer india, en donde, como ella misma afirma —vía telefónica desde Bengala, al este de la India, en conversación con UNIVERSIDAD—, la mayoría de las mujeres son amas de casa, aquel acto llevaba implícito un sello de un gran amor: el amor a la obra de García Márquez, el autor que más la ha cautivado en su vida junto con el Nobel indio Rabindranath Tagore.

Hoy, gracias a ese amor sin fronteras por la literatura de Gabo, como le llamaban sus amigos, ella se ha convertido en la traductora de sus textos al bengalí. Como los derechos de autor cuestan tanto adquirirlos, Bhattacharya formó una pequeña editorial y desde ahí, con su dinero, financia las ediciones, que han comenzado con tirajes de 1.000 ejemplares.

No hay el menor afán de lucro en su tarea. Lo que ella pretende es que sus coterráneos, que leen y hablan el bengalí, tengan la oportunidad de disfrutar las metáforas desmesuradas, la perfección en el uso del adjetivo, las transiciones perfectas, que descubran el lenguaje popular y hablado que impregna buena parte de las obras de García Márquez, y que puedan a la vez descubrir historias en las que se desborda la imaginación.

Memoria de mis putas tristes, Del amor y otros demonios, Vivir para contarla, la mayoría de sus cuentos, así como Gabo, cartas y recuerdos, de Plinio Apuleyo Mendoza, son los libros que ha traducido al bengalí esta profesora que fue asistente del Departamento de Español en la Universidad en Bangalore y en la Universidad de Doon, en la India.

Como se motivó tanto con la traducción de las obras del autor de Crónica de una muerte anunciada, Bhattacharya dejó sus labores universitarias para atender por completo su labor de traductora. En sus palabras, deja entrever el orgullo y la ilusión que le hace comprender todo el universo garciamarquiano y plasmarlo en un idioma muy diferente como es el bengalí.

El año pasado su labor tesonera y silenciosa recibió un reconocimiento cuando fue invitada a dictar unas conferencias sobre García Márquez en la Universidad Industrial de Santander, la Universidad del Norte y la Universidad del Valle, las tres de Colombia.

Tras cumplir con sus responsabilidades académicas, realizó uno de sus grandes sueños: pisar la tierra donde García Márquez dio sus primeros pasos y visitar la casa donde nació el Nobel. En un acto que conmovió a los presentes, Bhattacharya, antes de entrar a la casa- museo del Nobel en Aracataca, se hincó y besó el suelo de esa bendita tierra, y entonces  le fue imposible no llorar de emoción y entusiasmo, porque al fin iba a palpar con sus propias manos el sitio exacto en que había nacido esa especie “santo laico” de la literatura latinoamericana y universal. Iba a constatar una de las grandes verdades que el autor anunció siempre a los cuatro vientos: que él no había inventado nada en sus novelas y cuentos, porque todo estaba ahí en la realidad.

A continuación les presentamos un extracto de la conversación sostenida con Bhattacharya, quien nació un 30 de mayo de 1968 en Ranaghat, Bengala occidental, y quien demuestra que el amor a García Márquez no tiene fronteras y que pese a la muerte del escritor, el 17 de abril de 2014, su legado sigue más vivo que nunca.

Arundhati Bhattacharya aprendió castellano para leer a García Márquez en español, lengua materna, y ahora traduce sus obras al bengalí. (Cortesía de Arundhati Bhattacharya).

¿Cómo nació su interés por aprender castellano?

—Fue principalmente por García Márquez. Empecé a estudiar en la universidad cuatros años después de que Gabo ganara el Nobel. En ese tiempo, todo el mundo en nuestra universidad hablaba de él y de Cien años de soledad. Ellos lo habían leído en inglés, pero yo no sabía suficiente inglés entonces, como para leer una novela entera, y no se había publicado todavía la traducción al bengalí. Así que pensé, bueno, un día lo leeré en su propia lengua. Más tarde, cuando decidí aprender un idioma extranjero, elegí el español.

Con base en su experiencia, ¿qué interés hay en la India respecto del español como lengua?

—Aparentemente se ve mucho interés. Varias universidades aquí, en la India, ofrecen la Licenciatura y la Maestría en español. Hay también muchas instituciones privadas que dan clases básicas de español.

Aparte de Gabriel García Márquez, ¿qué otros escritores de lengua castellana le han despertado entusiasmo?

—Aparte de Gabo, me encanta Juan Rulfo, lo más. Además, me gustan Pablo Neruda, Alejo Carpentier, Borges, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Eduardo Galeano, Mario Benedetti, Horacio Quiroga, Gabriela Mistral, Isabel Allende, Mario Vargas Llosa, Nicanor Parra, Roberto Bolaño, etc.

¿De qué manera descubrió a Gabriel García Márquez?

—Conocí su nombre por primera vez cuando estudiaba en la universidad. Pero no podía leer nada entonces. Más tarde, leí sus obras primero en inglés y luego en su lengua original. Comencé con Crónica de una muerte anunciada, después seguí con Cien años de soledad, y me sumergí totalmente en su magia. Aparte de Rabindranath Tagore, Gabo es quien me atrae más.

¿Qué elementos de su obra le han llamado más la atención?

—Su manera de contar el cuento.  No hablo del Realismo Mágico, sino de cómo desarrolla la historia, el uso del tiempo y los detalles. Los detalles, entre ellos, es el elemento que me ha llamado más la atención, porque estos detalles minuciosos dan la vida a la narrativa, como dicen: “Dios está en los detalles”. Ahora, si hablo del Realismo Mágico, esto sí es el elemento más conocido y popular de su obra. En este caso también son los detalles los que aportan para crear la magia.

¿Cuáles han sido los libros que ha traducido al bengalí de García Márquez?

—Ya he traducido Memoria de mis putas tristes, la mayor parte de sus cuentos y algunos de sus ensayos. Ahora estoy traduciendo su autobiografía Vivir para contarla y el cuento La mujer que llegaba a las seis. Además, estoy traduciendo Gabo cartas y recuerdos, escrito por Plinio Apuleyo Mendoza. Aparte de estos, ya he traducido Del amor y otros demonios, pero todavía no se ha publicado.

Me gustaría aprovechar este espacio para anunciar la publicación en Calcuta de un libro sobre García Márquez y Cien años de soledad. Es una antología de ensayos escritos por diez escritores colombianos y editada conjuntamente entre el profesor Fabio Rodríguez Amaya y yo, y traducida por mí al bengalí. Entre los escritores se destacan Alfonso Fuenmayor y Eligio García Márquez, el hermano menor de Gabo.

¿Cuáles son los mayores desafíos con los que se ha topado al traducir la prosa garciamarquiana a la citada lengua?

—Cada lengua tiene su propia sintaxis, por lo que no es posible traducir las frases literalmente. Además, si el grupo lingüístico de la lengua meta es totalmente distinto del de la lengua original, este es nuestro caso, la traducción cuesta más trabajo. Y si la narrativa proviene de la pluma de García Márquez, este duro trabajo se convierte en el desafío. Ante todo, el gran desafío con la traducción de la narración garciamarquiana son las frases largas y complicadas. Como no se escriben las frases tan largas en bengalí, hay que dividir una frase en diferentes oraciones para que se adapten a los lectores bengalíes. Además, su uso del adjetivo es muy diferente; es decir, muy original. Por eso, a veces, me parece muy difícil encontrar la palabra adecuada en mi lengua.

¿Cómo resume la experiencia de haber visitado en 2018 Aracataca, la tierra del Nobel?

—Desde el comienzo de estudiar español hasta llegar a Aracataca, yo había soñado muchas veces que llegaba a la casa de Gabo viajando desde mi ciudad solamente dos horas en un autobús. En mis sueños hablaba con él y con su familia, y veía la casa tal cual está descrita en Vivir para contarla. Cuando uno tiene este tipo de sueños, es casi imposible de que se hagan realidad. Pero en mi caso se cumplió. Por eso el año pasado, cuando llegué a la puerta de la Casa Museo, no pude evitar derramar lágrimas de felicidad.

Cuando vi esa casa, me parecía que no era tan grande como la describía Gabo en su autobiografía e incluso en Cien años de soledad. Comprendí que para el niño Gabo aquella casa era enorme. Aunque hizo su descripción en edad madura, no había cambiado esa mirada de aquel niño de 10 años. Mientras miraba la casa se iban mezclando los personajes reales e imaginarios en mi mente. Al entrar en el taller de su abuelo recordé al Coronel Aureliano Buendía o el comedor de Úrsula y del tren de las once. Así los personajes de sus obras se volvieron vivos frente a mis ojos. Era algo muy emocional que es muy difícil para mí contar con  en palabras.

Su gesto de besar la tierra antes de entrar a la Casa Museo, como símbolo de su admiración por García Márquez, conmovió a quienes presenciaron esa acción: ¿puede ampliar esta experiencia en concreto?

—En nuestra cultura tenemos la creencia que poner en la cabeza el polvo de los pies de los santos, de los gurús o maestros, incluso de nuestros padres es tener su bendición. Yo considero a Gabo mi gurú, por eso puse en mi cabeza la tierra de su casa en la que, creo, todavía queda el polvo de sus pies.

La novela más conocida del Premio Nobel es Cien años de soledad y aquí vemos la portada de la traducción al bengalí. (Cortesía de Arundhati Bhattacharya)

¿El interés en la obra de García Márquez es grande en la India?

—Más o menos.  Sí es muy popular principalmente en el círculo literario y entre los jóvenes educados de la clase media. Por ejemplo, al día siguiente de su fallecimiento, este suceso fue portada de los periódicos en la India y durante los tres o cuatro días siguientes se publicaron numerosas editoriales y artículos homenajeándole en diferentes periódicos y revistas en distintas lenguas. En uno de esos homenajes escribió Kabita Punjabi, profesora de la Universidad de Jadavpur, que García Márquez nos transportó las luchas vividas y la resistencia de los ciudadanos de un mundo duro y aquejado igual que nosotros.

The Times of India, un periódico indio, publicó una noticia el 26 de abril de 2014 en su edición de Calcuta que fue titulada “García Márquez wave grips Kolkata”, que significa que la ola de García Márquez ha agarrado a Calcuta y comentó que mientras el mundo rendía homenaje a Gabriel García Márquez, sus libros estaban volando de los estantes en Calcuta y librerías de Oxford y Starmark habían agotado sus libros porque cada día recibían la petición de entre 90 y 100 copias de cada obra por parte de los lectores.

De hecho, en el caso de Bengala occidental, la escena tiene otra dimensión. Ya he mencionado que casi una década antes de que Gabo ganara el Nobel, la Universidad de Jadavpur había incluido Cien años de soledad en su programa.

En 2003 ‘Expert Committee on School Education’ incluyó sus dos cuentos Un señor muy viejo con unas alas enormes y Un día de estos en el programa para los estudiantes del grado XIX-XII. Ya se han traducido casi todas sus obras importantes, excepto sus escritos periodísticos, al bengalí y además muchas de ellas tienen más de una traducción hechas por diferentes traductores. Gabo tiene la misma popularidad en Bangladesh, el país vecino, en donde también se habla bengalí. Por eso el profesor Aveek Majumdar, el director del dicho comité, me dijo una vez que García Márquez ya se ha convertido en un escritor bengalí para los bengalíes.

¿Cuáles son las obras del Nobel colombiano que más interés despiertan en esa zona del mundo?

—Primero Cien años de soledad y luego El amor en los tiempos de cólera. Aunque debo mencionar que sus otras novelas y sus cuentos también han despertado mucho interés. Porque la gente de esta tierra del tercer mundo puede encontrar su propia sombra en el fondo de sus historias a pesar de las diferencias culturales y geográficas.

¿Qué hacer para difundir más a García Márquez en la India?

—El nombre de Gabriel García Márquez podría llegar a las puertas de una multitud de lectores aún más grande si conseguir los derechos de autor fuera fácil, es decir, costara menos. Todas las traducciones que he mencionado, están hechas principalmente por la afinidad personal de los traductores a la literatura y son publicadas por pequeñas editoriales. Por eso su difusión no es muy amplia. En mi opinión, para que las grandes editoriales de los idiomas locales pudieran difundir sus trabajos a gran escala, sería necesario considerar el coste de los derechos de autor según la condición económica del país en el que se van a publicar las traducciones.


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