Fabricante de Guitarras

Nery Rodríguez: “Donde haya una guitarra, se hace la fiesta”

Construye y repara guitarras desde hace más de 40 años. Además, toca el requinto y canta serenata. Conozca a Nery Rodríguez

Nery Rodríguez es heredero de una época en la cual la guitarra fue protagonista de muchos amores, allí donde una serenata sorprendía a la enamorada y el trío entonaba canciones que celebraban la pasión y lamentaban el desengaño.

“Nació con el arte”, como él mismo lo dice. Nativo de la península de Puntarenas, recolectaba latas de sardina en el pueblo, les pegaba un brazo y les tensaba una cuerdita de nailon; “el objetivo era que sonaran, para tocar”, cuenta.

Pasó muy poco tiempo para que la curiosidad lo llevara a desarmar una guitarra profesional con sus manos, para aprender cómo construir una él mismo.

“Allá no había máquinas, no había ni corriente de luz. Todo era a pura mano, cepillitos a mano. Alumbrarse con una canfinera. Allá teníamos un trío cuando yo tenía 18 años. Despuecito de eso me vine”.

Del Puerto a San Pedro

Con sus 18 años cumplidos, Nery Rodríguez encontró trabajo en la fábrica de guitarras de Arístides Guzmán, en Cinco Esquinas de Tibás. Allí consolidó sus conocimientos empíricos durante once años. “Después me independicé y me vine para el lado de San Pedro”.

Pero era otro San Pedro al de hoy. La fábrica de guitarras que instaló en la calle principal de este centro urbano, en el año 1982, fue testigo de cambios radicales. Este pequeño taller, ubicado 200 metros al este del Banco Nacional, vio aparecer los malles y la fuente de La Hispanidad. Empezó a mirar las carreteras más densas, las paradas de buses en otros lugares.

Aunque los vecinos cambiaran por tiendas de ropa y salones de belleza, su fábrica de guitarras se ha resistido a desaparecer; incluso, con los años, se hace más fuerte. Ahora construye guitarras de estudio, ukeleles, mandolinas, cuatro venezolano, guitarras para niños y más.

Sin duda, la música es parte de sus secretos de salud. Con un tono jovial, confiesa que la guitarra es una buena compañera. “Anda con uno por todas partes, y hace uno la fiesta en cualquier lado. Donde haya una guitarra, se hace la fiesta”.

Armar la guitarra

Hacer guitarras ha sido parte de la vida cotidiana de Nery Rodríguez durante más de 40 años. Cuando le pregunté cuántas guitarras calculaba que había hecho en su vida, confiesa que es difícil de calcular. ¿Más de mil? “Ah sí. Uhh… Bastantes guitarras”.

Tal vez por eso cuando explicaba cómo armar una guitarra paso a paso, lo hacía sonar tan simple, como una cuestión más ancestral de domar la madera con sus manos, de darle forma a la materia.

En las guitarras, el elemento más exótico suele ser el origen de la madera. Nombres como abeto de Italia, cedro de Honduras, ébano de la India o palosanto suramericano son los que suelen utilizar los luthiers para darle valor a sus instrumentos.

Sin embargo, en su opinión, el valor de una guitarra está en lo manual. Para este experimentado fabricante de instrumentos musicales, hay una magia extra en saber quién fabricó la guitarra que se usa. Y sobre todo, saber que no fue una máquina que la hizo. “Hay mucha guitarra china, como esa que llegó. ¡Mire la manera en que la hacen! Se golpea y ya se jode”.

Las guitarras de don Nery
Las guitarras de don Nery

Seis pasos para hacer una guitarra

Nery Rodríguez construye sus guitarras a partir del método tradicional español:

  1. Se construye la tapa y el fondo de la guitarra con sus respectivos refuerzos.
  2. Se diseña el brazo con el tacón en la base y la cabeza en el tope.
  3. Se doblan las tablas para las fajas.
  4. Se monta la guitarra sobre la tapa y el mango o tacón, alineados sobre una cama que llaman solera, y sobre esta base se montan las fajas y el fondo.
  5. De último, se construye el mástil, el diapasón y el clavijero. Se barniza y se hacen detalles finales como la roseta.
  6. Se colocan las cuerdas y se afina para la fiesta.

Canciones que enseñaron a sentir

Con la invención del fonógrafo y la expansión de la radiodifusión, la década de 1930 vio crecer al bolero y al tango por toda América Latina. Las temáticas eran casi siempre las mismas: un amor idealizado o un amor masoquista.

La sensibilidad de millones de latinoamericanos se moldeó con los tangos de Gardel, los boleros de Agustín Lara y las rancheras de Los Panchos. Aún hoy, no pierden vigencia; su letra transporta un aire de confesión apresurada tan íntima, que aquel que la escucha aprende a nombrar sus propias emociones.

Como afirma el poeta colombiano Darío Jaramillo, hay un “cardiocentrismo” en la canción popular: todo pasa por el corazón. Allí se forman los sentimientos, allí se aloja el alma.

Nery Rodríguez no tiene canción favorita. Su tonada preferida es cualquiera que diga cosas lindas para las mujeres. Para él, las modas, como el reggaetón, son una cosa pasajera.

“Son unos añitos y ya la gente vuelve a los boleros y lo romántico. Eso de la bachata, agarran un bolero rítmico, le aligeran el ritmo y vámonos. Y qué me dice del bolero romántico, ¿qué inventaron ahora? ¡La música de plancha!”.

El requinto mexicano

El requinto es el galán de los tríos. Primo de la guitarra: la función del requinto es no poner tanta cejilla. Todo queda transportado. Explicado de manera simple, es como si se empezara desde el quinto traste de la guitarra.

Nery Rodríguez me lo explica muy simple: “Yo hago ‘sol’, usted hace ‘do’. Yo hago ‘do’, usted hace ‘fa’. Yo hago ‘re’, usted hace ‘sol’. Y así se va. Son como primos”.

Quizás es “El Güero Gil”, integrante de Los Panchos, el requintero más famoso de todos los tiempos, y el que marcó el estilo del instrumento.

Se ha utilizado su agudo sonido para acompañar boleros, rancheras, trovas yucatecas y sones istmeños. Presentamos unos fragmentos de don Nery interpretando los requintos construidos por él.

Un taller de guitarras.

Trozos de madera por doquier, serruchos y clavijeros. Máquinas “hechizas” y aserrín en el piso. Este es el taller de guitarras de Nery Rodríguez.

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