Temporada 2016

Danza joven se transforma con pedagogía

UNA Danza Joven presenta su temporada 2016 en el Teatro de la Danza

Consecuentes con la visión de darles prominencia a los procesos creativos y pedagógicos y no al resultado, UNA Danza Joven (UNADJ) presenta su temporada 2016 del jueves 11 al domingo 14 de agosto en el Teatro de la Danza (ubicado en el Centro Nacional de la Cultura, Cenac).

La propuesta parte de las experiencias con cuatro creadores invitados que desde diferentes perspectivas han compartido un desarrollo transformador con los intérpretes/estudiantes.

Las obras Queda de Andrea Catania, Nava Rasa de Andrea Vargas, Raíces elementales de Erika Mata y Síndrome de separación de Alex Catona conforman el programa de la temporada.

Queda, de Andrea Catania

Sin un tema impuesto, Andrea Catania utilizó la improvisación para guiar su proceso pedagógico y de montaje de la coreografía Queda.

El método consistió en poner en la superficie las necesidades, inquietudes y movimiento de los estudiantes con pequeñas pautas; es decir, “que el grupo hablara, dijera hacia dónde quería caminar”, detalló Catania.

De este modo surgieron muchísimas dudas enmarcadas en el contexto académico que experimentan. De acuerdo con Catania, la búsqueda personal los empujó hacia la expresión teatral y verbal, más que dancística.

El punto común fue surgiendo con base en frases positivas o negativas que los maestros de danza le han dicho, y según Catania “te quedan por el resto de la vida. Cuando empecé a descubrir estas cosas dije: hay que ponerlas en escena”.

El propósito fue que tuvieran una voz y no caer en la coreografía grupal, “todos tienen su lenguaje y todos tienen algo que decir”, expresó Catania.

Nava Rasa, de Andrea Vargas

La coreografía de Andrea Vargas se basa en las nueve emociones del arte clásico indio denominadas las Navarasa y que son explicadas en uno de los capítulos del libro de arte escénico de la literatura sánscrita Natya Shastra, escrito por Bharata Muni y datado entre el 400 y el 200 A.C.

Las cuatro escenas de la obra destacan una Rasa (sabor o sentimiento) diferente a través de la emoción del gesto facial y de los mudras o lenguaje de las manos tradicional de la India.

Los sentimientos de paz (Saraswati), amor devocional (Shiva Shakti), furia (Kali), y felicidad (Adbhuta) guiaron la búsqueda interpretativa.

Vargas se formó durante seis años en la India, y en consecuencia fusiona las técnicas Odissi, y Kathak con la danza contemporánea. La coreógrafa explica que las danzas clásicas indias son meditación en movimiento. “Es muy intensa y te cambia completamente pues el objetivo final de las danzas es la unión con el ser supremo”, puntualizó.

El movimiento propuesto por Vargas se basó en el Kathak o la percusión de los pies en el piso -raíz de la danza flamenca-, con movimientos de los brazos muy sutiles, y en el Odissi, danza escultural en la que el cuerpo está en una postura muy diferente al dibujo de la danza contemporánea.

Raíces elementales, de Erika Mata

Raíces elementales  de Erika Mata es un estudio de la cualidad del movimiento considerando los elementos naturales que constituían el universo según la Antigüedad: agua, tierra, aire y fuego.

Siguiendo la concepción de Empédocles, los estudiantes/bailarines crearon situaciones de seres humanos relacionados con estos elementos; “somos uno y somos todos parte del Universo, un microcosmos o partícula de ese Universo”, manifestó Mata.

La coreografía muestra los viajes de los individuos en el colectivo que van transformándose de lo social a lo básico. “Es más poético, no es una historia cronológica sino una aproximación al colectivo, de algo social a algo más primitivo y orgánico”, dijo la creadora.

Mata comentó que en su calidad de profesora y coreógrafa ha sentido que los estudiantes/bailarines tienen distintos tipos de energía: algunos son más “airosos”, que la cultura traduce a “este es viento, lo que se mueve”, y otros más fuego, que se asocia a la intensidad.

Su objetivo pedagógico fue estudiar a los muchachos y conectar estas poéticas con sus cualidades de movimiento, rescatando las energías con que se sintieron afines. “Pudimos sacar un resultado muy orgánico entre nosotros; yo fui con los conceptos preestablecidos y los muchachos aportaron en la construcción del movimiento escénico”.

Síndrome de separación, de Alex Catona

Alex Catona trabajó con los intérpretes la videodanza Síndrome de separación, de la cual presentará un adelanto en formato de instalación.

La videoinstalación está dividida en dos partes: la primera se proyecta en el foyer a la entrada del público; y la segunda ocurre entre las dos últimas coreografías.

La propuesta consiste en proyecciones de diferentes tamaños de una pequeña muestra fotográfica del proceso tomada por Catona, que reflexiona sobre la presencia y ausencia del cuerpo en el universo de las artes escénicas.

“Es una deconstrucción del cuerpo haciendo cosas básicas, pero en la cual no hay cuerpo presente sino una consecuencia de lo que han hecho”, explicó Catona.

El artista desea huirle al culto del cuerpo como medio principal para transmitir algo. “Hemos trabajado algunas coreografías y, a la hora de filmar mientras bailaban, grabamos, por ejemplo, lo que se reflejaba en el piso de madera, y de otra coreografía con flores en las manos, finalmente dejamos solo las flores que se mueven”.

Catona produjo el arte sonoro mediante filtros del material producido por los intérpretes durante los ensayos y que al editarlos no se reconocen como la voz humana.

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