Coronavirus también detona crisis en sector cultura

Cancelaciones y cierres temporales de establecimientos destruyen las fuentes de ingresos en un campo en que la mayor parte de profesionales y gestores trabajan de manera independiente. 

El 18 de mayo iba a estrenarse en el Teatro Lucho Barahona Mujercitas, una adaptación de la novela de Louisa May Alcott, bajo la dirección de Gerardo Cruz y la producción de Luciérnaga Producciones.

Se trata –aún– de “un montaje bastante integral” que incluye música y coreografías, según explicó la cantante y actriz Amanda Rodríguez, pero las medidas sanitarias decretadas por el Gobierno ante la llegada y avance en el país del Coronavirus y la enfermedad Covid-19 han imposibilitado la realización de ensayos presenciales, además de la evidente posposición indefinida del estreno.

“Ahora evidentemente no podemos ensayar apersonados” por lo que, según relató, el elenco y el director han buscado echar mano de las herramientas disponibles, como videoconferencias, con el objetivo de “por lo menos tratar de mantener un horario de trabajo  con metas, con objetivos” y sostener en la medida de lo posible dinámicas que permitan trabajar ciertas escenas o detalles, “pero hasta donde la virtualidad lo permite, simplemente para no dejar estancar el proceso, pues es obvio que todas las fechas que teníamos en el cronograma no existirán más”.

El periplo que ahora vive esa producción es apenas un atisbo de la realidad que atraviesan las personas trabajadoras del sector cultura, sobre todo quienes se dedican a las artes escénicas.

Cancelación de eventos como el Festival Nacional de las Artes (FNA), Transitarte o el Costa Rica Festival Internacional de Cine (CRFIC), sumado al cierre temporal de bares y espacios como el Teatro Popular Melico Salazar, la prohibición de realizar eventos masivos o simplemente la necesidad de que todo el mundo se quede en casa son factores que golpean a un sector artístico y cultural que ya enfrentaba complicaciones.

Rodríguez es cantante, tiene un disco a su haber, Corazón de Mar (2017), y añadió que ya se cancelaron todos los conciertos que tenía programados para los próximos meses. Dijo que entonces depende de la que ha sido su principal fuente de ingresos: ofrecer clases de canto, que también se ven afectadas por esta nueva anormalidad.

“Esta semana fue la universidad de la vida más impresionante para adaptarme en tiempo récord a algo que nunca había hecho, pensar siquiera que era posible dar clases de canto online”. Informó que tras experimentarlo con un par de amistades, ya ofreció la primera clase a un alumno.

“La actitud en este caso del estudiante es fundamental, se necesita que las dos personas estén muy en la onda de querer mantener los espacios y  lo más –entre comillas– normal posible; que eso ya  no existe, no hay una normalidad”.

Fuertes cambios

Así, Rodríguez consideró que “el reto más grande” es hacer de clase de canto un espacio vital, “porque ahora mis clases no pueden basarse solamente en enseñar a cantar bonito, sino que evidentemente las circunstancias en las que estamos requieren que el espacio de canto pueda brindar realmente una experiencia más vital a los estudiantes y que les permita sentirse mejor en el encierro, o sea poder compartir esa esencia que tiene el arte que es sanación, por lo menos desde mi perspectiva”.

Un criterio parecido expresó el guitarrista Óscar Jiménez, quien ya el sábado pasado ofreció a través de sus redes sociales un concierto de música original y nacional.

Jiménez –quien el año pasado publicó el disco Viento y Asfalto– reconoció la afectación al sector, pero aseveró que la situación actual representa “una oportunidad planetaria para reflexionar, para replantear muchos modos de vida y para transaccionar los valores” y que “nos está obligando a generar nuevos espacios, nuevas maneras de ejercer estas profesiones”.

Reconoció que hace tiempo se siente raquítico el apoyo del público a artistas nacionales y que es el momento “para ahora sí ponernos a pensar a la fuerza qué plataformas vamos a diseñar para vender nuestro trabajo y cómo lo vamos a valorar”.

Aseveró que en el momento actual “nos damos cuenta de lo importante que son los agricultores, los científicos y lo importante que vienen siendo los músicos a nivel mundial, porque lo único que da ánimo en Italia y en España son los músicos que tocan desde los balcones, eso es lo que el músico puede hacer: dar esperanza, dar belleza, hacer florecer lo que lo que ningún científico y lo que ningún economista puede traer”.

Tras apuntar la ironía de que el coronavirus afecta la capacidad respiratoria de las personas y aparece precisamente después de una dramática temporada en que severos incendios consumieron pulmones del mundo, dijo que igualmente está reforzando las clases de guitarra que imparte, “siempre creativo, siempre tratando de reinventar la manera de ejercer ese trabajo tan lindo de la música, pero también puedo decirle que la vida del artista varía poco, porque ya de por sí nuestra economía es incierta”.

El pago justo

Esteban Monge, cantautor, abogado y vocero de la Asociación de Intérpretes y Ejecutantes (AIE), dijo que el golpe ha sido “tremendo” para el sector y que también golpea a las entidades de gestión colectiva como la propia AIE o ACAM, pues al cancelarse conciertos y cerrar bares pierden parte de los ingresos con los que podrían ayudar al sector.

Monge –ya con varios discos publicados como De adioses y siempres (2008)–, subrayó la importancia de que todas las plataformas digitales, la radio y la televisión tradicional paguen los derechos a intérpretes y ejecutantes, pues en el país sólo reconocen los de los compositores.

“Son las plataformas de comunicación pública de la música las que siguen funcionando y a través del pago de ellos se podría compensar un poco, le daría recursos al sector por esa parte de derechos de autor y derechos conexos”, explicó.


Apañar tres meses

Otra cantante es Amanda Quesada, a quien la cancelación de todos los espectáculos en el Teatro Popular Melico Salazar golpeó sensiblemente, pues, según relató, su principal fuente de ingresos es cantar con la Orquesta Filarmónica, que usualmente se presenta en ese escenario.

Su otra fuente de ingresos –presentaciones en bodas– también se vino abajo incluso antes de que se diera la declaración oficial de emergencia, “de hecho, no tengo nada programado en este tiempo”.

Así, ve por delante al menos un mes que consistirá en “encerrarme en la casa. También por el hecho de que nos están recomendando no salir y por ahí también estamos muy afectados, en mi casa tengo una persona de alto riesgo. Todo afecta”.

Informó que la Asociación de Compositores y Autores Musicales (ACAM), la Asociación de Intérpretes y Ejecutantes (AIE), la Unión de Trabajadores de la Música (UTM) y la Asociación de Grupos Independientes de Teatro Profesional (Agitep) plantearon al Ministerio de Cultura la difícil situación, por lo que desde esa institución se hizo circular un formulario a los artistas en el que se pregunta por las pérdidas en el sector “supongo que para hacer un estudio a ver qué se puede hacer o cómo se puede ayudar”.

Añadió que, de acuerdo con sus cálculos, sus ahorros dan para vivir dos o tres meses “tallado”, además suma las circunstancias de que cursa una maestría. “No sé cómo voy a hacer, a la mano a Dios dice uno, todos los pagos que hay que hacer: la Caja, Hacienda, etcétera, entonces veo tres meses, como mucho”.


 

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