¿Cómo vieron los periódicos extranjeros la Guerra del 48?

La gesta del 48 llama al análisis para desentrañar su dimensión política y social a la luz de los 70 años transcurridos.

Exposición de la Biblioteca Nacional para conmemorar el 70 aniversario de la Revolución.

Una exposición, inaugurada el miércoles 9 de mayo en la Biblioteca Nacional, presenta una mirada sobre cómo los periódicos extranjeros fueron contando la revolución del 48, con motivo del 70 aniversario de dicha contienda.

Vladimir de la Cruz, en un ejercicio impresionante de memoria, hizo un recorrido por los antecedentes que desembocaron en la guerra

La exhibición, denominada Conmemoración del 70 aniversario de la Guerra del 48. Exilio,  guerra y memoria, incluye periódicos de México, Colombia, Panamá, Guatemala y Costa Rica, y estará abierta al público durante un mes.

En ella se puede apreciar la forma en que se van narrando los acontecimientos, que en algunos casos son confusos, y así se recoge en las informaciones que se publicaron en la época.

Desde luego que otros medios de relevancia internacional, como The New York Times, también dieron cuenta de los sucesos del 48.

Los periódicos de Cuba y Nicaragua no fueron finalmente incluidos en la muestra, explicó Macarena Barahona, profesora de la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica (UCR), debido a que en el primer país no hubo forma de obtener la información y en el segundo, cuando se preparaba el viaje a Managua, se desató la tensión que ha tenido en vilo a la sociedad nicaragüense desde hace más de un mes.

Para Barahona, la investigación realizada por su colega Laura Moreno, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), evidencia que uno de los objetivos de Figueres, una vez que llegó a México en condición de exiliado, fue derrotar al gobierno de Rafael Ángel Calderón Guardia.

“Con documentos desclasificados de la policía mexicana, hemos podido conocer todo el espionaje y el seguimiento que le daban a Figueres y a figuras como Vicente Sáenz, y sabemos que ya en ese entonces el primero estaba trasegando armas para derrocar a Calderón Guardia. Los documentos revelan el lado más oscuro y golpista de Figueres”, dijo Barahona.

Agregó que a ella le queda claro que el movimiento de Figueres era invasivo, no solo porque se apoyó en extranjeros y todo lo estaba organizando desde afuera, sino también por las armas que obtuvieron y que en su momento transportaron a Costa Rica vía aérea desde Guatemala.

En criterio de Barahona, autora de Nuevos documentos del 48. Los proscritos, las historias que se han tejido en torno a la guerra han relatado, sobre todo, la visión de los vencedores, que a la postre fueron los que se alinearon con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), liderado por Figueres. “Las voces críticas desde organizaciones sociales no permean y hemos recibido la visión de los que vencieron”, aseveró.

Mientras tanto, Moreno, en una ponencia que duró 16 minutos y 58 segundos, resaltó la construcción de la historia con base en muchos antecedentes que rodearon al conflicto. “En el período en que Figueres estuvo en México, entre el 42 y el 47, sucedieron dos conflictos de escala mundial: La Segunda Guerra Mundial y el inicio de la llamada Guerra Fría. En ambos hechos se combatieron a dos grandes enemigos: el fascismo y el comunismo”, afirmó.

La visión de los periódicos de la región, entre ellos los de Panamá, se recoge en la exposición.

La Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS) fue la que se encargó de las investigaciones políticas en México y la que le dio seguimiento a los movimientos de Figueres en ese país, de acuerdo con Moreno.

“México recibió a Figueres en el 42, aunque no se tiene fecha exacta de su entrada, debido a que no se encuentra su ficha en el registro nacional de extranjeros; sin embargo, por otras fuentes sabemos que se instaló en la casa de la costarricense María Teresa Castro Cervantes, hermana del acaudalado Fernando Castro Cervantes, con quien Figueres mantuvo una amistad por varios años”, explicó.

Según Moreno, “con la Guerra Mundial en pleno apogeo, Figueres encontró en la Ciudad de México un lugar para continuar su campaña contra del gobierno de Calderón Guardia. Hay que recordar que el conflicto bélico mundial atrajo a México a un número importante de exiliados antifascistas de distintas partes del mundo. La mayoría eran intelectuales, profesionales y políticos, y también gente con mucho dinero”.

En ese contexto, resaltó, se conformó la Unión Democrática Centroamericana, creada por el costarricense Vicente Sáenz, quien contó con el apoyo del líder sindical mexicano Vicente Lombardo Toledano, quien, a juicio del historiador Vladimir de la Cruz, cada vez que venía a Costa Rica era recibido con honores. No obstante, a Lombardo Toledano, no le gustaba ni apoyaba las gestiones que realizaba Figueres, puntualizó Moreno.

En esos años, destacó, un informe confidencial determinó que Figueres y sus colaboradores estaban tratando de obtener armas en Guatemala para apoyar la oposición interna que vivía el gobierno de Calderón Guardia.

“Si bien como medida diplomática México se abstuvo de tomar partido entre picadistas y cortesistas, lo cierto es que el Ministro y el Embajador de Estados Unidos sabían que Teodoro Picado llegaría a la presidencia solo mediante el fraude, debido a que los simpatizantes de León Cortés eran una abrumadora mayoría. En ese sentido, era obvio que los exiliados en México intentaran mediante las armas deponer al actual gobierno y con ello impedir la imposición de Picado en la presidencia. Aun con todo este acontecimiento, México se abstuvo de entrometerse en la política de aquel país centroamericano –Costa Rica–. Sin embargo, era evidente la simpatía del diplomático –mexicano– hacia Calderón Guardia”, aseguró.

UNA GRAN ANTESALA

En una disertación sin mirar un solo dato a mano, es decir, a pura memoria, de la Cruz hizo un largo y detallado recorrido por la década del 30 y los primeros ocho años del cuarenta, para luego llegar a lo que fue el comienzo de la guerra.

“¿Cómo entender, a 70 años del 48, la llamada guerra civil o la llamada revolución, como la queramos llamar? Es preciso para ello hacer una síntesis de los años 30”, afirmó. Esa síntesis se convirtió en 58 minutos y 56 segundos de disertación, en los que, más allá del enfoque que hizo el historiador, que a algunos gustó y a otros no, su discurso fue un elogio a la memoria en tiempos de Internet.

Macarena Barahona, Vladimir de la Cruz y Laura Moreno, de México, disertaron sobre el 48 en la apertura de la exposición dedicada a este período en la Biblioteca Nacional.

Datos, fechas precisas, nombres, acontecimientos, México, Centroamérica, el contexto internacional con la Segunda Guerra Mundial como elemento determinante, el fortalecimiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) tras el gran conflicto, los movimientos obreros, las alianzas entre los comunistas y los calderonistas, la aparición de Figueres como líder de la oposición en medio de todo aquel hervidero, que habría de llevar a la anulación de las elecciones ganadas por Ulate, y que ya en el 48 dieron pie para que los liderados por Figueres empuñaran las armas.

De la Cruz hizo gala de ese enfoque para ir llevando poco a poco a la audiencia que lo seguía casi absorta por los diferentes caminos y cauces en que había entrado la pacífica Costa Rica y que estallaría el 12 de marzo de 1948 con las primeras acciones bélicas del ejército dirigido por Figueres y sus hombres. “Lo que sucedió en 1948 no puede desligarse de lo que ocurrió en la década del treinta y en la década del cuarenta, porque los actores principales del 48 se desarrollan en la vía institucional y política a partir de esos años”, explicó.

Como ejemplo, de la Cruz citó cómo el Partido Comunista, entre 1934 y 1942, tuvo que participar en las elecciones bajo el nombre del Bloque de Obreros y Campesinos, pues de lo contrario no se lo hubieran permitido.

“En 1934 el Partido Comunista elige como diputados a Efraín Jiménez Guerrero y a Manuel Mora Valverde, quienes fueron electos simultáneamente con Rafael Ángel Calderón Guardia, que venía como regidor del 30 al 34 en San José” y venía influido por las corrientes socialcristianas de la Universidad de Lovaina, Bélgica.

“Don Pepe Figueres se fue en 1928 a estudiar a Boston y no terminó sus estudios, porque a final de cuentas se dedicó a prepararse de forma autodidáctica en la biblioteca pública de Boston. Por eso, el doctor Mariano Figueres lo mandó a traer para que se dedicara a las actividades empresariales de la familia y fue cuando se metió en la finca La Lucha”, afirmó.

De acuerdo con de la Cruz, “Figures fue un hombre ignorado en toda la década del treinta. Nadie lo conocía. Estaba dedicado a las empresas de la familia, a la producción agrícola y empresarial, vinculado comercialmente con el sector alemán de Costa Rica, con los capitalistas alemanes y exportadores. En esa época, el país, en especial a partir del 36, recuperó la economía tras el impacto de la crisis del 28 al 34 y hay un auge económico y una relación comercial muy importante con la Alemania nazi. El 80 por ciento del café se exportaba a Alemania”.

Existía, en el gobierno de León Cortés, una gran cercanía con la Alemania nazi y eso se evidenciaba en el estrecho trato con el embajador de ese país. “Para no entrar en muchos detalles, el gobierno de León Cortés era león con los pobres y cortés con los ricos”, aseguró de la Cruz.

Ante el auge del fascismo en esos años finales del treinta, en la Tercera Internacional Socialista, del sétimo congreso, los comunistas reformularon el concepto estratégico de su lucha internacional y pasaron de la lucha de clases al concepto de la colaboración de clases, y ello explicaría, en parte, la alianza entre los comunistas costarricenses y el frente calderonista.

Fue una guerra nacional, pero el área estaba muy pendiente de ella, como lo muestra El Excelsior de México.

Para de la Cruz, la presencia de Víctor Manuel Sanabria a partir del 39 como jerarca de la Iglesia Católica agrega un elemento más en contra del comunismo, que más tarde, también, habría de ser determinante en la lucha del 48.

“Sanabria era un anticomunista muy importante y, entre 1941 y 1942, sus discursos y sus homilías fueron muchas veces dirigidos contra el Partido Comunista, señalándolo como apéndice de Moscú, como extraño, como nada costarricense. Ese era un Sanabria que pocas veces conocemos, porque ahora lo rescatamos por las garantías sociales, pero ese era el Sanabria de esos años”, aseveró.

Así fue llevando de La Cruz al auditorio por un portentoso y detallado recorrido por los años que antecedieron al 48, en los que mencionó, también, las conversaciones que luego se dieron entre la Iglesia Católica, el Gobierno de Calderón y los comunistas.

“Así como el obispo era anticomunista y andaba diciendo que los comunistas eran el pecado original, de pronto monseñor sacó un documento, influenciado por Manuel Mora, en el que decía que los católicos podían ingresar a la nueva organización –Vanguardia Popular– sin cargo de conciencia alguna. No era pecado ser comunista”, detalló.

Tras la evolución del conflicto y el arribo a un clímax como lo fue el Pacto de Ochomogo, que se rubrica en la embajada de México, Figures, precisó de la Cruz, le impuso a Otilio Ulate lo que se llama el pacto Ulate-Figures, que está escrito y en el que se compromete a quedarse 18 o 24 meses en el Gobierno.

“Ulate no puede hacer nada más que esperar a que le entreguen el Gobierno. En esas condiciones se prepara el desfile de la victoria, que es la entrada triunfal a San José. Figueres venía con el compromiso de respetar vidas, haciendas, los derechos y libertades, y la legalidad de los partidos y organizaciones sindicales, etcétera, y todo eso estaba rubricado en el pacto. Obviamente Figueres no cumple y el 24 de abril Manuel Mora tiene que salir del país”, aseguró.

La revolución del 48, el conflicto del 48, la guerra del 48, o como quieran llamarla, según aclara e insiste de la Cruz, es una contienda cuya celebración de sus 70 años apenas comienza y abre un gran abanico de interpretaciones, discusiones y visiones para intentar aprehender ese período crucial de la Costa Rica del siglo XX y de los primeros años del XXI.

La Nación, que apenas tenía dos años de fundada, se topó con la posibilidad de cubrir el conflicto y así anunció el comienzo de las acciones bélicas

 


 


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