Festival de las Artes 2016

Calor, arte y risas pintaron el Sur

En el Sur, entre las montañas y el golfo, el Festival Nacional de las Artes volvió a la vida.

Bajo el sol ardiente de la mañana o las lluvias torrenciales, durante diez días el Sur del país se llenó de risas, colores, luces, ritmos y movimientos. Cientos de actividades de las más variadas disciplinas hicieron vibrar Golfito y Ciudad Neily durante el Festival Nacional de las Artes 2016.

La música nacional estuvo presente cada noche en las tarimas de conciertos, aquí Amarillo Cian y Magenta.
La música nacional estuvo presente cada noche en las tarimas de conciertos, aquí Amarillo Cian y Magenta.

El evento arrancó con teatro, bailes y música, el viernes 5 de agosto en Ciudad Neily y cerró el domingo 14 en Golfito con pasacalles, fuego y música tropical.

Celebrar las manifestaciones propias de la región y dar espacios a la construcción de procesos culturales en cantones con bajos índices de desarrollo social fueron los objetivos del festival. De acuerdo con los organizadores, y a pesar de que la meta de alcanzar a las 150.000 personas que habitan el Sur no se cumplió, sí se alcanzaron los propósitos centrales.

En cada evento, y aunque la asistencia no fue tan numerosa como en otros festivales, la sed de arte y cultura de los cantones sede y sus vecinos, era evidente. Personas viajaron desde Fortuna, Curré, Paso Canoas, Osa, Río Claro y San Vito, para disfrutar los espectáculos.

Por ejemplo, el show de improvisación teatral del jueves reunió a 100 personas alrededor de una pequeña carpa de circo sin paredes en el Parque del Pueblo Civil en Golfito. Poco después comenzó a soplar con fuerza el viento y la lluvia arreció, tanto que los mismos pobladores de la zona lo consideraron inusual, pero no se fueron. Bajo sombrillas y toldos, la pequeña multitud se aglomeró para seguir riendo ante las ocurrencias de Omar Galván y Jano.

Todas las actividades que UNIVERSIDAD acompañó tuvieron dinámicas parecidas. A pesar del calor, o las tempranas horas en fin de semana, la carpa de circo atraía a los niños como carrito de helados. En la función del sábado por la mañana, Iván de 10 años, ya se sabía el show y, desde la primera fila del público, les contaba a sus amigos qué seguía. “Este ha venido como ocho veces a vernos”, comentó el mago Dover.

“Me gusta muchísimo, es excelente. Ojalá el Festival viniera todos los años o cada seis meses, me imagino que es costoso económicamente pero yo sueño con que esto pase más a menudo”, contó Cecilia Quirós, vecina de La Fortuna, cuya nieta se mostró encantada con las funciones de títeres y la magia.

En el concierto del sábado, Glendon Ramírez – tecladista de Amarillo Cian y Magenta – preguntó al público ¿qué les ha parecido el festival? ¿Les gustaría que se repita más a menudo? El sonoro “sí” y los gritos emocionados de las centenas de personas frente a la tarima respondieron con seguridad.

Para los artistas y productores del festival, también fue notorio el calor y cariño con el que el público sureño recibió el Festival. “Juan Cero” (Juan José Salazar), jefe de pista en las funciones de CRCirco,  calificó la experiencia como “alucinante”. “Muy gratificante, la respuesta de la gente ha sido increíble, palpable todo el cariño de los niños, una experiencia alucinante”, comentó al finalizar la última de las 38 funciones que realizaron en Neily la docena de artistas de la agrupación junto a los cirqueros locales que se sumaron a los varietés.

El buen recibimiento del público, sobre todo de los niños, fue la principal motivación para los artistas circenses.
El buen recibimiento del público, sobre todo de los niños, fue la principal motivación para los artistas circenses.

“Nos vamos con el corazón muy henchido del afecto, de la cantidad de vínculos que nos ofrecieron. Nos vamos muy honrados de que nos hayan dejado estar en su casa, de que nos hayan ofrecido su hospitalidad”, fueron las palabras con las que Sylvie Durán, Ministra de Cultura, se despidió del Festival, evento que calificó “más que como una vitrina para mostrar el arte, un espacio de encuentro para vernos, para encontrarnos como ticos”.

Rafael Ávalos, productor de los espectáculos de inauguración y clausura, destacó en sus redes sociales, la importancia social del evento. “El valor simbólico y social del Festival, el llevar arte de calidad a comunidades que de otra manera no tendrían acceso a este, sin que importaran criterios de masividad, sino de relevancia sociocultural, es el fundamento mismo de la edición nacional del programa del Festival de las Artes Costa Rica”.



Cultura regional fue protagonista

Con la exposición “Tradición e innovación” y el pasillo de artesanías, las manifestaciones culturales propias de la Región Brunca fueron centros de atención.

La muestra, que se presentó el primer fin de semana del FNA en Ciudad Neily y el segundo en Golfito, recoge la artesanía tradicional de la región, marcada por la presencia de cinco pueblos indígenas, a la vez que introduce productos innovadores.

La exhibición comienza con una introducción a la región y los cantones que la integran; luego se presentan ejemplos de bateas – elemento representativo de la cultura de la Zona Sur – algunas hechas por los pueblos indígenas, otras por artesanos campesinos y algunas más contemporáneas. Posteriormente, se presentan las artesanías reunidas de acuerdo con el grupo indígena que las produce – bribrí, boruca, térraba y ngöbe. En cada estación se incluye desde los elementos más tradicionales hasta los productos actuales, innovadores y reinterpretados.

Al finalizar el tránsito por la muestra, se encontraba el pasillo donde los grupos de artesanos ofrecieron al público sus obras. Máscaras, muñecas, almohadones, bateas, esculturas, ropa, productos de cuidado personal y productos de diseño podían ser adquiridos de manos de sus artífices.

Adriana Ramírez, encargada de la exposición, comentó que este proyecto es resultado de una serie de esfuerzos institucionales en la región, con antecedentes en iniciativas como “Productos con identidad” del Inamu, Brunca Emprende y el Festival de las Esferas, entre otros.

“Muchas veces los productos artesanales se asocian solo con lo costumbrista: la carreta, la casita. La idea ahora es apropiarse de las regiones y las localidades, y también de las historias personales y familiares para darle distinción al producto y poder competir en el mercado turístico. Por eso queremos que esta experiencia se repita en las demás regiones del país”, afirmó Ramírez.

 


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