Cultura

Calendario lanza a la luz a mujeres constructoras de identidad con la música

El Bicentenario de la Independencia es el contexto que aprovecha el Archivo Histórico Musical de la UCR para lanzar un calendario que conmemora los invisibilizados aportes de muchas mujeres en la música y cultura del país.

“Costa Rica lamentablemente no ha sido un país que premie la genialidad o el trabajo revolucionario e innovador de las mujeres”, expresó con vehemencia Susan Campos, coordinadora del Archivo Histórico Musical de la Escuela de Artes Musicales (EAM), UCR.

Lo demostró con el ejemplo de Rocío Sanz, “nuestra más grande compositora del siglo XX”, quien emigró a México en busca de condiciones para desarrollar su trabajo y “para recuperar su patrimonio, es otra mujer, Zamira Barquero, la que se va a ese país a buscarlo”.

La compositora e investigadora recordó que las escritoras Yolanda Oreamuno y Eunice Odio enfrentaron el mismo problema, así como la cantautora Chavela Vargas —“que por más que intentó hacer las paces con Costa Rica, no lo consiguió”— y la compositora Dolores Castegnaro, quien “hizo toda su carrera en Europa. La música de ella fue estrenada por las más grandes sopranos de su época, entre ellas María Callas”.

“No eran mujeres para nada mediocres —sentenció—,  entonces ¿por qué se invisibilizan?, ¿por qué se niega su existencia?, ¿por qué su obra no se conoce ni se programa?, ¿por qué no se discute el legado que han ofrecido a Costa Rica?”.

La injusticia se repite con cantautoras o intérpretes, con las maestras escolares compositoras o folcloristas. Por ello, para Campos surgió el cuestionamiento de “en qué medida hay una actitud misógina dentro del pensamiento cultural costarricense, que no ha reconocido el valor de los aportes de estas mujeres”.

Por eso, “decidimos en el Archivo Histórico Musical tomar las riendas del cambio y la Oficina de Producción Artística nos dio gran apoyo”. Con ello se refiere concretamente a la publicación del calendario denominado Constructoras Sonoras, que ofrece una celebración de los aportes de mujeres en la música costarricense, con el objetivo de “cuestionar el canon patriarcal, blanco, mestizo, heterosexual, que ha dominado la historiografía oficial de la música en Costa Rica”.

El resultado es “un calendario conmemorativo feminista y decolonial, donde la diversidad sonora étnica y sexual vibra en sororidad”, que se publica nada menos que en el contexto de la conmemoración del bicentenario de la independencia centroamericana.

Además, a lo largo del año se realizará el ciclo de conciertos y conferencias “Componer la historia sonora de un país”. (Ver recuadro).

Calendario

Un primer paso en este camino fue la publicación del libro “Mujeres costarricenses en la Música”, publicado en 2016 por Zamira Barquero y Tania Vicente, bajo el sello de la Editorial UCR.

Esa perspectiva decolonial a la que se refirió Campos tiene que ver con ir más allá de la inclusión de las “mujeres blancas que interpretaban música académica europea” o costarricense escrita por hombres, para incluir también el aporte de las afrodescendientes, indígenas, incluso asiático descendientes.

Por ello es que el calendario resulta de una investigación de casi dos años, que implicó una amplia revisión de trabajos realizados desde disciplinas como la historia, la sociología o la antropología, y se estrechó el vínculo con la Cátedra de Estudios de África y El Caribe, el Instituto Confucio —ambos en la UCR—, con el Proyecto Jirondai (dedicado al rescate, creación y experimentación con la música indígena), con el Archivo Nacional y la Biblioteca Nacional.

“Hicimos una búsqueda para poder identificar a esas mujeres que eran creadoras y constructoras sonoras en otras comunidades y que no necesariamente utilizaban como base la música escrita académica, sino las tradiciones orales”, señaló. “Tratamos de pensar en qué medida esas mujeres representaban una ruptura con ese canon que tenía que ser decolonizado”.

Otro aspecto que fue importante evidenciar en el almanaque es el ya mencionado hecho de que “muchas personas que construyen innovación a partir de la composición han tenido que dejar Costa Rica, porque no les dio las oportunidades de crecer”.

Para Campos, se trata de una realidad que el país “tenía que enfrentar en el marco del Bicentenario, no podíamos entrar en un discurso complaciente”.  Tanto más por cuanto “ha habido una negación de la diversidad de las músicas en Costa Rica, priorizando solo un tipo de discurso”.

De nuevo citó el caso de Sanz, quien “no solo hizo música atonal y electrónica muy radical, también era pedagoga, logró compatibilizar las dos áreas, algo que nos ayudó a lanzar luz sobre el legado de las mujeres maestras y el repertorio didáctico”.

Al buscar una representación de la música popular, se decidió que era “fundamental” incluir a Chavela Vargas, porque “además suma la parte de romper con el discurso heternormativo, rompía con la idea esencialista de la identidad musical costarricense basada en el folclor guanacasteco y nos hace confrontar que otras posibilidades de músicas folclóricas han habitado nuestro país y que se han consumido durante mucho tiempo”.

También había que incluir a mujeres indígenas para Campos, quien observó que mucho de lo que se ha recopilado da prioridad a los Awá, o chamanes, “hasta que el Proyecto Jirondai empieza —a partir de las casas de memoria—, a darle voces a las mujeres cantoras”.

Y a las mujeres afrodescendientes —a quienes se dedica el mes de agosto—, la coordinadora anunció que le dará diversidad, “desde Taboga hasta cantantes de jazz y ópera. Ellas no representan solamente la vida cultural de sus comunidades, también sus búsquedas personales”.

El calendario cierra con Zoraide Caggiano porque “representa a las académicas universitarias”. Campos no perdió la oportunidad para denunciar que la EAM “es una de las escuelas con menos porcentaje de profesoras en propiedad, ha sido dominada por hombres, fue hasta el año pasado que nuestra decana María Clara Vargas presentó una moción afirmativa, desarrollada por las estudiantes, para exigir que se incluya repertorio de compositoras en conciertos y programas de estudio”.

Por eso cuestionó: “¿cómo esperamos tener presencia real y exigir derechos como ciudadanas, si ni siquiera estamos en los libros de historia, en las bibliografías de las carreras, o en los repertorios de concierto”. Añadió que esas omisiones perpetúan “la idea de la mujer ausente que no ha aportado nada y eso es una representación de la misoginia cultural de nuestro país”.

Por otra parte, aseveró que “si esto no lo investiga la UCR, se pierde para siempre”. Detalló que no se trata solamente de recuperar el material, sino de analizarlo para construir conocimiento, generar preguntas “acerca de qué aprendemos de lo que estas mujeres crearon musical y sonoramente, qué saberes y conocimientos están construyendo ellas cuando producen música y qué nos permiten aprender acerca de 200 años de historia de Costa Rica como país independiente. Hay muchas cosas que no calzan con el discurso oficial, construido por los patriarcas de la nación y por los compositores que les sirvieron”.


Historia sonora

Todas las actividades del ciclo de conciertos y conferencias “Componer la historia sonora de un país” se divulgarán oportunamente en la página de Facebook Archivo Histórico Musical.

De momento está confirmado que el 28 de enero arrancará con el evento “Costa Rica distópica: las óperas de Carlos J. Castro”, con la participación del compositor. El 25 de febrero será “Audiotopía: Geografía sonora de una Costa Rica diversa”, con Randall Zúñiga, productor de ese espacio musical en Costa Rica Radio.

También se proyecta para marzo el conversatorio “Ser compositora en Costa Rica”, con las invitadas Maricel Méndez, Carmen Alfaro e Isabel Guzmán; mientras que en abril se presentará el primer número del suplemento “Músicas de Costa Rica” publicado por Escena. Revista de las Artes del Instituto de Investigaciones en Arte (IIArte) de la UCR.


 

Ir al contenido