Estreno de Abya Yala en el Museo del Jade

Caída libre en un sombrero de copa con conejos

Abya Yala tiene acostumbrado al público a espectáculos provocadores, políticos y amarrados a la realidad costarricense; “Conejo blanco conejo rojo” no es la excepción

 

¿Cómo se “monta” una obra de la cual los actores tienen poquísima información, sobre todo, porque hasta el día de la presentación y cuando estén sobre el escenario conocerán el texto?

Este reto lo tendrán ocho actores convocados por Abya Yala, grupo independiente de larga data que se arriesga para esta primera temporada en marzo con la obra Conejo blanco conejo rojo del iraní Nassim Soleimanpour .

La puesta en escena se presentará en el Museo del Jade ubicado en San José centro, del viernes 9 al sabado 24 de marzo.

El elenco invitado a improvisar con el texto de Soleimanpur está integrado por Erika Rojas, Andrea Gómez, Eric Calderón, Marcia Saborío, Monserrat Montero, Tatiana Sobrado, Javier Monge y Michelle Canales (leer declaraciones de cada actor más abajo) .

Los ocho actores tienen una sólida trayectoria en las tablas, cada quien con sus características y registros particulares.

Cada noche, el texto será interpretado por uno de los actores sin repetirse en otra función, de manera que el público podrá apreciar las diversas propuestas si optara por asistir a más de una o a todas las presentaciones.

Roxana Ávila, directora de Abya Yala, explicó que el día de la presentación se les entregará a los actores un sobre con el texto que deberán devolver ese mismo día. “Esto es así para que no circule y haya un poquito de vértigo”, confesó.

Los intérpretes estarán a merced del público y de la adrenalina, en un espectáculo que confirma que el teatro es el arte del presente y que no se repite.

En relación con el dramaturgo iraní, Ávila evidenció la prohibición de salir del país que sufrió hasta hace dos o tres años. A raíz de esta vivencia, el autor escribió una obra en clave de improvisación que viajara por distintos países, como una manera de que su voz fuera escuchada.

De acuerdo con Ávila, es muy valioso darle voz a alguien, sobre todo, al sopesar las circunstancias políticas del país. “Son los tiempos para usar el teatro para mover conciencias. No vamos a ser activistas políticos dejando el oficio y no vamos a hacer teatro que no está pegado a su tiempo”, afirmó.



Ocho actores dan voz a la libertad

Al elenco de Conejo Blanco conejo rojo le da un vuelco el corazón cuando piensa en la caída libre que implica improvisar la obra.

Abya Yala confía plenamente en ellos y ellos en Abya Yala, así que, en sentido figurado, se dejarán caer de espaldas con los ojos cerrados para ser apañados por el público, el cual, a su vez, abrirá todos los sentidos para dejarse llevar por la verdad teatral de la propuesta.

A continuación, un extracto de las impresiones de los intérpretes.

Andrea Gómez, actriz. (Foto: Mauricio Otárola)

“Cuando Roxana y David (Korish) nos proponen montarla, dije: ‘no voy a ver nada de la obra’. Parte de las reglas es que no hay que conocer el texto antes de su performance. No tengo idea de cuánto dura, quién la hizo, de cuál tema trata, quién es este ser que está en la escena, qué le sucede. Ese reto lo asumo con mucha tranquilidad; me siento muy cerca del público en ese sentido. Solo el texto va a pasar por mi cuerpo. La situación del dramaturgo me hace reflexionar sobre la manera en que podemos encontrar libertad dentro de una estructura ya dada. Si creemos en la libertad, hay que ejecutarla. No tiene que ver con las libertades políticas, sino más bien con el ejercicio de atreverse a hacer algo, de atravesar un miedo o trascender una idea. Es muy interesante como el proyecto de Abya Yala, grupo con el que cumplo 20 años de trabajar, ha pasado de un lugar articulado milimétricamente a uno de este vacío, de esta cantidad abismal de incertidumbre, y cómo nos ha hecho crecer”.

Javier Monge, actor. (Foto: Erwin Dobles)

“La gente me decía: ‘para vos va a ser muy fácil’ y yo decía: ‘es que hay dos lugares, porque el resto de las personas tal vez no se ha especializado en la improvisación, pero sí ha trabajado los textos’. Va a ser la primera vez que voy a improvisar algo que ya está escrito. Para mí, es un salto al vacío trabajar, algo que no sé qué va a generar ni qué me va a generar, no sé qué dice. Me he dado a la tarea de no leer nada del autor, no quiero llenarme de ideas la cabeza. Yo lo encaro a partir de ir escuchando lo que va sucediendo momento a momento; mi trabajo se centra en tener todo el cuerpo, todo yo, listo para lo que sea. Es recibir un estímulo de golpe y poder jugarlo e ir armando lo que me toca leer y decir. ¿Cómo abordar un texto así? Lo primero es la apertura y lo segundo es escuchar momento a momento qué va a ir pasando y dejarse llevar. Esta propuesta es muy innovadora, es algo que se puede esperar de Abya Yara porque es un grupo vanguardista”.

Tatiana Sobrado, actriz. (Foto: Mario Ulloa)

“Es algo muy nuevo, nunca había participado en algo así. No tengo la menor idea sobre qué va el texto ni el tipo de escritura. No puedo ensayar, y lo único que puedo hacer es entrenar la lectura en voz alta y a primera vista e intentaré en el momento jugar con lo que voy descubriendo en el camino; ir hilando sensiblemente lo que voy leyendo. Siento que debo estar muy conectada en el aquí y el ahora. Voy a hacer un texto que viene de una necesidad en la que yo creo, que es la posibilidad de expresarse libremente, de manifestar lo que yo pienso y siento, y le estoy dando voz a esa necesidad porque va de acuerdo con mis principios y valores.  Abya Yala apuesta por cosas que tienen un riesgo y no sabemos la respuesta del público; es algo diferente, me interesa porque no es una propuesta fácil. Nuestro público necesita abrirse a otras formas escénicas”.

Eric Calderón, actor. (Foto: Shi Calderón).

“Algo tuve que haber hecho bien para participar en este ejercicio en caída libre frente al público. Tengo mucha expectativa, porque es un proyecto donde no se ensaya; no hay dirección ni escenografía y el intérprete no conoce el texto hasta la noche en el escenario. No voy a negar que cada vez que pienso que esto va a llegar de una forma tan expuesta se me salta el corazón; sin embargo, la naturaleza que tiene esta dramaturgia, que es una metáfora de la represión política en un momento como este, es un obsequio. El solo hecho de que, en una dinámica política tan cabrona como en la que estamos, voy a tener la oportunidad de salir a vivir mi presente, a estar frente a la gente, a desarrollar una idea, a mostrar mi cuerpo vivo y nervioso, aventuroso, es un regalo. Quiero asumirlo como esa metáfora de libertad, porque me estoy sintiendo coartado en muchas facetas de mi vida. Como espectador, siempre he agradecido a Abya Yala las historias que rompen el imaginario y la capacidad que como intérprete me han dado para investigar y proponer, porque es una gran escuela”.

Michelle Canales, actriz. (Foto: Oscar Carballo)

“El actor siempre se encuentra en estado de vértigo y de sensibilidad plena. En el caso del proyecto, hay una conexión completa con la esencia del trabajo mismo del intérprete, porque estoy transfiriendo una información en estado y tiempo real; es un estado de conexión plena con el texto dramático.  Esto me da ansiedad, pero me aprovecho de mis recursos para ponerlos a disposición total de mi capacidad creadora y vocación por la interpretación. ¿Cómo me preparo? Pienso decodificarme, trataré de limpiarme gestual y mentalmente y trabajar sobre la presencia, que me lleve a estar receptiva en el momento de la lectura e interpretación del texto. Abya Yala siempre ha intentado hacer ruptura de las líneas convencionales del teatro, acercar nuevos espectadores y nuevas temáticas, y su compromiso político está marcado desde su fundación. La obra se está vetando en varios países del mundo y a Abya Yala le gusta correr esos riesgos. La correspondencia entre lo artístico y político es un argumento más del porqué Abya Yala continúa siendo uno de los grupos más innovadores de la escena nacional, que intenta romper con ciertas posturas cómodas de lo que es el teatro en Costa Rica”.

Monserrat Montero, actriz. (Foto: Esther Lev)

“Tenía muchos nervios y no estaba segura porque me daba mucho susto no tener la capacidad para enfrentarme a eso. Luego pensé todo lo opuesto: tengo una oportunidad de tirarme al vacío y hacer algo que nunca antes podría hacer: es experimentar el peligro sobre el escenario.  Para mí, esto es muy potente porque alguien que no le permiten salir de su país y es censurado tiene la capacidad de hacer valer su voz. Lo que tengo seguro que haré es tener la capacidad de abrirme a la experiencia y no poner obstáculos. Voy a dejar de pensar tanto y solo hacer, accionar a partir de lo que el texto me dé y de mis propios impulsos en ese instante. Siento que a Roxana y David les surge la necesidad de hacerlo por el momento tan específico en que está el grupo: no repiten el estilo y no tienen un sello tan definido. Responde a esa madurez de estar probando cosas nuevas y estar contradiciendo lo que vienen diciendo. De ensayos diarios a esto es no tener una receta válida. Es un búsqueda constante en el quehacer teatral”.

Erica Rojas, actriz. (Foto: Carolina Arias )

“Tengo un susto estimulante. Creo que es una experiencia que uno tiene que estar dispuesto a vivir y disfrutar; es estar ahí con el espectador como único sostén de un viaje que haremos juntos. Es aterrador porque le quitan al actor todo lo que lo hace sentirse cómodo: el ensayo, el vestuario, la escenografía: todo es desconocido. Yo planeo llegar con la disposición de estar presente. Es imposible no estarlo, porque es en esencia el juego del teatro. Es un ejercicio de libertad y de salto al vacío. Hay ciertas cosas esenciales: trabajar, desde lo psicofísico, en estar constante, en no dejarme engañar por artificios. Voy a intentar ser lo más honesta posible con lo que me pase a nivel sensorial. Me agarro de la respiración y la mirada y del centro del cuerpo, que es la raíz que me permite estar pegada a la tierra y al espacio. Voy intentar estar lo más conectada con el público, y con el trabajo y con la acción que me va a permitir avanzar. Abya Yala tiene tradición con textos novedosos y la obra tiene un contenido político de un autor que no podía salir de Irán por razones políticas, y salió la obra que ha sido traducida a 20 idiomas y ha recorrido muchos países. También me parece importante el hecho de juntarse como rito para escucharse en estos tiempos políticos que vivimos”.


 


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