Lanza su primer disco autogestionado

Amanda Rodríguez: “La música es la que no abandona”

Los 43 de Ayotzinapa, Violeta Parra, el amor, el desamor y el despecho son protagonistas en su primera producción.

La música es su vida, su herramienta de expresión, lo que le mueve el cuerpo, las cuerdas vocales y los sueños, y ahora se concreta su pasión en un disco que se aventuró a producir por sus propios medios.

Por algunos años, Rodríguez cantó con el grupo nacional Rialengo Cumbia.
Por algunos años, Rodríguez cantó con el grupo nacional Rialengo Cumbia.

Amanda Rodríguez canta desde que aprendió a hablar y ha dedicado su vida a la música. En setiembre, presentará al público su primer disco, un compendio de seis canciones que representan un salto al vacío.

Ante la urgencia de hacer sonar más voces de mujeres compositores y la ausencia de apoyos a la producción nacional, la artista tomó la decisión de apostar por ella misma en una jornada extenuante y costosa, que no sabe dónde la llevará pero que afirma “es un sueño hecho realidad”.

En medio del ajetreo de grabar maquetas, impartir lecciones de música y ensayar para la próxima obra en la que aparecerá; La ruta de su evasión –ópera del grupo Abya Yala que se estrenará próximamente–, Rodríguez conversó con UNIVERSIDAD sobre su carrera musical y sobre la aventura de producir su propio un disco.

¿Cómo comenzaste en la música?

–Desde que sé hablar canto, fue algo natural desde siempre porque mi mamá canta. Siempre hubo un estímulo, desde mis abuelos y mis papás. De verdad, aprendí a hablar al año y, al mismo tiempo, aprendí a cantar. Para mí, el canto siempre fue algo muy cotidiano.

Entré al Conservatorio de Castella porque mi mamá quería que me involucrara con la música y ahí empecé a estudiar canto y a leer música. En el colegio empecé con canto lírico pero luego me rebelé y decidí dejarlo para cantar música que me gustaba a mí. También, desde el colegio escribía poemas y me gustaba inventar melodías, pero nunca pensé en aterrizarlo a un proyecto, como un disco.

Luego estudié enseñanza de la música en la UCR y empecé a tomármelo más en serio. Me empezó a salir trabajo y comencé con proyectos que mezclan el canto con lo escénico, que es lo que más disfruto.

¿Por cuáles ritmos y grupos has pasado?

–Tengo influencia de muchas cosas y por eso soy ecléctica. Mi primer grupo fue Taforem, de la UCR, donde cantaba calypso con Manuel Monestel. Luego, con Daniel Solano y Allan Vega, hicimos un grupo de música brasileña que se llamó DaCosta, que funcionó dos años a puro bossa nova. Después, un amigo me llamó a un proyecto y me fui a Emiratos Árabes a cantar salsa, merengue y cumbia. También, en Rialengo Cumbia, Fran Murillo me llamó y pertenecí al grupo cerca de dos años. Es que la música latinoamericana siempre me está jalando el hilo.

Además, tengo mucha influencia de la música de cantautores porque es la música de mi casa, de mi infancia.

¿Qué es para vos la música?

–La música es lo primero. Es el lenguaje en el que mejor me comunico. Y es el soporte, la que siempre está ahí, nunca abandona.

¿Porqué lanzarte a hacer tu propio disco?

–Las canciones las compuse en fechas distintas, desde hace años. El año pasado tuve el empuje personal de creer en mí y hacerlo, aunque me daba mucho miedo. Estoy haciéndolo con las uñas, estoy gastándome todo en este proyecto, que es equivalente a lanzarse en medio del Pacífico, porque no sé qué vaya a pasar; simplemente es algo que quiero hacer y que creo que tengo que hacer. No va a venir un mecenas a “descubrirme” o a darme miles de dólares. Si yo creo en mí, tengo que apostar por mí.

También porque quiero darme a conocer como compositora. Cada vez hay más mujeres sacando lo que llevamos dentro. Nos ha costado, hay una cosa histórica de cerrar las puertas a las creaciones de las mujeres, pero venimos empujando y haciéndonos espacio. Por eso, para mí, es muy importante dar a conocer mis propias canciones.

¿Qué ritmos y temas incluye el disco?

–Tiene tres estilos convergiendo que son parte de lo que somos como Latinoamérica: hay una pieza flamenca, cuatro piezas que podrían clasificarse desde el folk, porque son ritmos suramericanos, y hay una que cierra con música latina, tropical, de bailar en la pista. Es sonido muy latino que recorre desde España, que es parte de lo que somos, hasta la música tropical que nos caracteriza.

En los temas, hay siempre amor y desamor, hay temas sociales que no puedo evitar que me muevan a escribir. Por ejemplo, hay una pieza que compuse para los desaparecidos de Ayotzinapa, en ritmo de landó peruano. Hay otra que le escribí a Violeta Parra, una de despecho, y así. Es un disco muy personal.

¿Qué te ha dejado el proceso de crear el disco?

–Ha cambiado todo. Sacar un disco es como volver a ir a la universidad: aprendés cosas de la música que no por ser intérprete o compositor sabés. Sobre todo, aprendí que los músicos tenemos que vivir y que sólo haciendo las cosas nosotros mismos vamos a lograr gestionarnos la vida.


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