Estreno de Teatro Crono

Abrazar la vida para aceptar la muerte

La negación de la muerte en una enfermedad terminal es sustento dramático de Cartas de amor en papel azul,que se presenta en el Teatro Nacional.

Víctor no quiere morir, pero tiene la certeza de que así será, y pronto, pues sufre de leucemia. Ese es el punto de partida que desata el conflicto de Cartas de amor en papel azul, del dramaturgo inglés Arnold Wesker (1932-2016), y que el Teatro Crono pone en escena en el Teatro Nacional, a partir del 16 de febrero y durante siete días únicamente.

Bajo la dirección de Mariano González, y con las actuaciones de Óscar Castillo, Rodrigo Durán Búnster, Ivonne Brenes y Pablo Morales, la obra plantea, entre otras reflexiones, la oposición entre dos estados naturales del ser humano, la vida y la muerte, que son asumidos, en muchos casos, con torpeza y dificultad.

Valorar la vida, ese es el mensaje fundamental que González quiere transmitir con el montaje de un texto que le pareció maravilloso por su lenguaje poético, y cuya dramaturgia fue asumida por Luis Fernando Goméz, de Teatro Crono, quien también iba a dirigir la obra pero por razones de fuerza mayor se retiró.

A González le solicitaron que se encargara de la dirección del espectáculo, y a la vez diseñó la escenografía y las luces.

“(El texto) me llamaba a hacer un homenaje a cosas fundamentales, sobre todo en este momento por el que pasa nuestra sociedad: un homenaje a la solidaridad, a la amistad, al amor y fundamentalmente a la vida. Los jóvenes y todos los seres humanos no se dan cuenta de que lo más preciado que tenemos es la vida”, comentó González.

Para el director, la vida se experimenta en una sonrisa, en un beso, en ver el sol, en apreciar al ser humano; sin embargo, “hasta que nos dicen: “se va a morir” nos damos cuenta, y es cuando no aceptamos la muerte porque desperdiciamos la vida en hacer tonteras y no valoramos lo que la vida nos da todos los días”.

En el transcurso de la obra, el personaje de Víctor (Óscar Castillo) que padece una enfermedad terminal, va logrando la aceptación de la muerte con el apoyo de su gran amigo, Mauricio (Rodrigo Durán Búnster), y de su mujer, Sonia (Ivonne Brenes), quien González caracteriza como “fuerte y digna, que ha sabido valorarse por ella misma y que se ha defendido como mujer”.

La escenografía propuesta por Mariano se basa en un diseño de dos espacios principales ubicados uno a la par del otro, decorados con gran detalle, y en donde cohabitan los universos de cada esposo. Así, la acción transita entre el estudio, la cocina y el comedor de Sonia y el cuarto, donde pasa la mayor parte de tiempo Víctor, más otros pequeños entornos que simbolizan el exterior de ese mundo, como un jardín y el hospital.

González detalló que la escenografía enmarca las escenas cotidianas de una mujer que no para de trabajar: plancha, cambia las sábanas y escribe las cartas de amor a su marido, así como aquellas de un hombre moribundo que trata de encarar la certeza de la muerte.

Es un ambiente donde “todo está separado pero unido con la luz -cenitales concentrados en cada personaje- que se va trasladando, acompañado de la música que nos va llevando a un ritmo que nos mete en la obra poco a poco”.

Amor y cuido

“A Víctor le avisan de su muerte, se resiste y termina aceptándola”, reflexiona Castillo, “pero el ser humano no está hecho para vivir con la certeza de su muerte”.

De acuerdo con Castillo, la obra expone las cinco etapas de las enfermedades terminales que para el actor son: negación, rebeldía, complicidad, rechazo y aceptación.

“Esas etapas están en la obra mediadas por las visitas de su amigo y por las cartas de su esposa. Dice el autor que las cartas tienen como objeto ayudarle a él a aceptar, a ayudarle en el proceso de la muerte. Es una suerte de emisaria frustrada, aplastada por la cotidianidad”, expresó.

De forma paralela, el amigo le ayuda a sobrellevar la sensación de soledad y a veces de rechazo a las personas más cercanas, “a la gente que vos más querés, la necesidad de encontrar a alguien, a un amigo muy cercano o íntimo, alguien que te acompañe”, dijo Castillo.

Sobre la relación y función del mejor amigo, Durán destaca que la muerte es natural pero nunca se acepta; a pesar de ello, Mauricio tiene el optimismo de levantarle el ánimo a Víctor.

“Es bien rara esa relación, es de género”, precisó Durán, “es una necesidad de hablar de hombre a hombre, pues hay momentos en que estás en situaciones límites y que necesitas, como hombre, que otro hombre te esté apoyando, que te escuche. Esa relación no la puede tener con su esposa”.

Por esta razón, Sonia y Víctor encuentra ese canal de comunicación a través de las cartas de amor que ella le escribe a él, enviadas por correo, y que el mejor amigo le lee, en la intimidad de su cuarto.

Esas cartas se convierten en el alimento lírico y espiritual del esposo, pero también en la forma en que Sonia consigue expresar su verdadero ser en relación con Víctor y consigo misma.

Según Brenes, las cartas son la manera que ella tiene de expresar sus sentimientos hacia él, ya que en la cotidianidad no puede.

Para ilustrar esta reflexión, Brenes recita la frase del personaje que encarna: “Pero ahora debo ponerme al día después de tanto silencio”, “palabras con las que intenta describir el inmenso amor que siente por él”.

En esas cartas, Sonia refleja su situación de género pues manifiesta de forma lírica que Víctor la escribió como si ella fuera un lienzo, que la ayudó a manejar todo lo terrible que había en ella.

La actriz está consciente de que ese era el caso de muchas mujeres en otras épocas (y aún en la nuestra) y que los paradigmas en relación con la igualdad de género desde aquel entonces hasta ahora han cambiado.

De esta forma, la obra retrata a una mujer que confiesa que su esposo la enseñó a pensar con su manera de ver el mundo. “Para Sonia, aparte de las cartas, su manera de demostrarle amor es cuidándolo y atendiéndolo, es la única manera que sabe, que entiende que una mujer pueda demostrar su amor”.

Cartas de amor en papel azul fue escrita por el inglés Sir Arnold Wesker en los años setenta, periodo en que el teatro íntimo y psicológico denominado Kitchen Sink Drama (en su traducción literal: drama del fregadero de la cocina), que mostraba las vicisitudes de la clase obrera, tomó fuerza; en contraposición con el teatro tradicional que ponía en escena la vida de las clases con poder.



Compañía amorosa:

Cartas de amor en papel azul, de Sir Arnold Wesker

Quiénes: Teatro Crono, en coproducción con el Teatro Nacional

Dónde: Teatro Nacional

Estreno: viernes 16 de febrero

Hora: de jueves a sábado, a las 8 p.m.; domingos a las 5 p.m.

Entrada general: ¢12.000 y ¢10.000 para estudiantes y adultos mayores con carné. Descuento solo aplica en la boletería del TNCR.

Entradas en la boletería del TNCR y en www.teatronacional.go.cr



 

 

 

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