A 112 años de su nacimiento José Figueres Ferrer es un personaje en busca de autor

General victorioso en el 48, tres veces presidente y Benemérito de la Patria, su figura reclama que se ahonde más en su pensamiento, legado y en sus sombras.

Con motivo del nuevo milenio, amigos y enemigos de José Figueres Ferrer coincidieron en un punto en el que parecía no haber discusión: don Pepe, como lo llamaba el pueblo, era el personaje del siglo XX de la Costa Rica que contribuyó a forjar.

Agricultor, político, escritor, idealista y pragmático: como todo gran personaje, a Figueres es difícil encasillarlo en una línea sin que esta, en muchos casos, termine por quebrantarse cuando propios y extraños menos lo esperan.

El 25 de septiembre de 2018 se cumplieron los 112 años de su nacimiento en un San Ramón rural, a donde llegaron, procedentes de Barcelona, su padre, el recién graduado en medicina Mariano Figueres Forges, y su madre, educadora de profesión,  Paquita Ferrer Minguella.

El hombre que 42 años después encabezaría la revolución del 48, nació un martes de 1906, en un lugar conocido como tierra de poetas y él mismo no solo sería un lector voraz, sino que también con el paso del tiempo se atrevería con algunas prosas en la ficción y el ensayo.

Considerado como un político adelantado a su época, Figueres, quien falleció el 8 de junio de 1990, también arrastraba sus contradicciones, las que al día de hoy todavía le acompañan, por lo que si para muchos fue un visionario, para otros fue un traidor al no honrar los pactos que permitieron el cese de hostilidades en 1948.

El niño José Figueres Ferrer con sus padres Paquita Ferrer y Mariano Figueres en 1906 en San Ramón. Foto: José Figueres Ferer, el hombre y su obra

Un puzzle literario, a partir de los retratos que dejan varios autores en libros y ensayos, proyecta una figura con sus luces y sus sombras. Así emerge el agnóstico que fue desde temprana edad; el empresario rural; el que soñó con liberar a varios países por medio de la Legión Caribe; el que se le acusó de dejar entrar al mafioso Robert Vesco; el que lanzó, mucho antes que otros en América Latina, la idea de educar a través de la música; el que creía en la cultura y el que algunos acusan de haber sido un perseguidor del movimiento comunista.

Para el historiador marxista Vladimir de la Cruz, que publicó el perfil José Figueres Ferrer: el hombre, el político, el estadista, cuya primera versión apareció en el libro Líderes Políticos del siglo XX, en Chile, en 2007, Figueres es “de los políticos costarricenses el más universal”.

En el perfil de 85 páginas, que también recoge en su libro Semblanzas y personajes, de 2017, sostiene que “su presencia en el desarrollo histórico marca de una manera indeleble cincuenta años, desde que irrumpe en la arena del activismo político a principios de la década de los 40 hasta su muerte, en 1990. Recoge los elementos de la época que le forman y proyecta su dimensión hasta nuestros días, y probablemente durante muchos años más”.

En su retrato, De la Cruz hace un recorrido por los momentos cruciales y las condiciones históricas que permitieron el surgimiento del político, quien estuvo en contacto con el Centro de Estudios de los Problemas Nacionales, cuyo líder principal fuera Rodrigo Facio, así como con la revista Surco.

El hundimiento del San Pablo en Limón, en el que murieron 24 personas, y las protestas que se desataron en San José con saqueo de comercios, motivaron el discurso del 8 de julio de 1942 en radio América Latina, que marca un punto de inflexión en su vida.

“Entre la salida de la prisión y la llegada a El Salvador tomó la decisión de impulsar la revolución, como única salida a los problemas nacionales, a lo cual dedica los seis [años] siguientes para prepararla.  Juró liberar al país de las garras de la arbitrariedad y la corrupción, la deshonestidad administrativa, el oportunismo, el nepotismo, el favoritismo, los fraudes electorales”.

En México no solo hace contactos para conseguir armas y apoyos, sino que empieza, según el citado autor, a “darle vuelta a la idea de la formulación de la Segunda República, preocupado por el desarrollo demográfico, de la necesidad de calzar la población y de mejorar la educación y la salud”.

En la Junta Fundadora de la Segunda República, en sus tres mandados de 1953-58 y 1970-74 intentará plasmar su visión de país.

Antes cargará con situaciones complejas, como la invasión de 1949, que luego fue reprimida con el crimen del Codo del Diablo, donde varios de los dirigentes comunistas pagaron con su vida, en un asesinato que ha sido duramente criticado a lo largo de los años posteriores y que evidenció una represión por la que otros camaradas se exponían a pasar si persistían en sus alianzas.

Para De la Cruz, en el gobierno de Daniel Oduber en 1974-78 se alcanza la plenitud del Estado Social de Derecho y con ello Figueres puede “tocar con sus propias manos”  el hecho de que su “pensamiento, ideas e ideales estaban materializados”.

“Fue un líder natural de multitudes que supo fortalecer la identidad nacional y la de sus instituciones. Pero nadie, solo él, ha podido hacer de un país un referente mundial con tan solo eliminar de la Constitución el carácter permanente de su ejército. Sus luchas y compromisos en estas causas lo hacen el más trascendente y universal de los hombres públicos y gobernantes de Costa Rica”.

Esta es la tumba de don Pepe en el cementerio de San Cristóbal Sur, en la entrada a Lucha sin fin, ya las placas están prácticamente ilegibles. Foto: José Eduardo Mora

UN EUROPEO

Gerardo Contreras, historiador y excatedrático de la Universidad de Costa Rica (UCR), califica a Figueres como un hombre con sensibilidad social, pero quien analiza la realidad de los años cuarenta, de una Costa Rica rural, pobre, sin mayor acceso a la salud y a la educación, con una mirada del europeo, como si no hubiera nacido en estas tierras:

“Él se entendía como un europeo en suelo americano con una tarea civilizadora”.

En el destino del exiliado Figueres, Manuel Mora Valverde, líder del Partido Comunista, quien debió irse a Cuba tras la guerra del 48, jugaría un papel crucial al interceder para que no lo enviaran a un campo de concentración, acusado por los Estados Unidos como un pro nazi.

A tal posibilidad, Mora se opondría de manera categórica, sostiene Contreras; sin embargo, esta versión fue por mucho tiempo invisibilizada por la historia oficial.

“Ya en el exilio, don José Figueres Ferrer, escribió un conjunto de reflexiones filosófico políticas, las cuales las tituló Palabras gastadas. El contenido de este texto es muy importante, en razón de que ahí ya se vislumbra un político con vocación de estadista, y dichas reflexiones apuntan hacia un hombre que cree, no en la revolución social, mucho menos en la categoría de la lucha de clases, sino en una visión renovada de crítica al sistema capitalista, vale decir, un reformista al mejor estilo de Bernstein”.

Para Contreras, Figueres no honró su palabra de que no habría represalias contra los comunistas. “Si bien es cierto, tanto en el Pacto de Ochomogo, como en el Pacto de la Embajada de México, se menciona explícitamente que no habrá ningún tipo de represión contra el movimiento popular, una vez concluido el conflicto bélico, lo cierto es que la furia anticomunista de quienes llegaron a ejercer el poder no se hizo esperar; el propio don José Figueres Ferrer, treinta y cinco años después, sin ningún sonrojo, nos dice: ‘El Partido Vanguardia Popular, el partido comunista de aquel tiempo, se proscribió complaciendo a una fuerte corriente de opinión pública”.

EL ELEGIDO

El lector que se adentre en las páginas de José Figueres Ferrer, el hombre y su obra, de Arturo Castro Esquivel, se topará con un libro en el que el autor, desde el comienzo le rinde pleitesía al líder liberacionista y plantea, a lo largo de sus 274 páginas, una visión en la que da la impresión de que el expresidente fue un elegido por los dioses para llevar a Costa Rica por el camino del desarrollo, que hoy, 70 años después de la guerra del 48, está en entredicho, producto de una polarización social y política evidente.

La biografía, que fue publicada en 1955 en la entonces imprenta Tormo, es más un mundo en blanco y negro, en el que hay buenos y malos, y en el que, por extensión, los matices parecieran no existir.

En ese contexto, se erige la figura de Figueres como el verdadero caudillo, casi predestinado, sin fisuras y dispuesto a cumplir las líneas de la historia como le fueran trazadas en alguna estancia de la fragua universal.

Una cita del texto evidencia el carácter que lo marcará en sus distintas páginas.

“…Ya doña Paquita, con su ojo de madre, que nunca engaña, había adivinado mucho de lo que sería su hijo, cuando al hacer un anagrama con todas las letras que forman su nombre, obtuvo esta sentencia, que resultó profética: surgiré y reformaré a jefes”.

Antes, en el paratexto de la dedicatoria, quedaba clara la posición ideológica del autor: “A los Hombres y Mujeres de la Liberación Nacional, que con su gloriosa gesta lograron darle vida a los ideales de José Figueres”.

El libro, hechas las advertencias anteriores, permite adentrarse en aspectos biográficos de Figueres de gran utilidad, por lo que su lectura no debería descartarse para aquel que quiera comprender la talla y la dimensión de este hombre llamado José María Figueres Ferrer y conocido como don Pepe.

En El caudillo en su lucha, el periodista, escritor y excombatiente del Ejército de Liberación Nacional, Miguel Salguero, se adentra en las aguas de la ficción para crear un retrato de lo que representó el hombre en su finca Lucha sin fin, en su vida cotidiana, en sus desafíos comunales y en su visión de estadista; no obstante, aunque el relato-entrevista es ameno, no hay serios cuestionamientos.

Ya desde el titular, con la inclusión del término “caudillo” y con el juego que hace de la palabra “lucha” en su vertiente del día a día y en el de su trascendencia política, se evidencia que el libro nos deparará un retrato en el que personaje estará lleno de luces y exento de sombras.

En la narración, el autor designa al personaje de Figueres como “el Patriarca”, con lo cual recalca, de nuevo, las connotaciones hacia las que apunta el texto.

-¿Usted nunca se cansa de leer? -le pregunta el personaje Dorelia-, -No, nunca; ese ha sido mi alimento espiritual toda la vida, responde el Figures ficcionalizado.

EL AUTODIDACTA

Otra forma de descubrir pistas para armar ese gran retrato de Figueres es ahondar en sus búsquedas filosófico-políticas y en su condición de lector y escritor.

En efecto, desde un principio Figueres se decantó por ser un hombre autodidacta y esa alergia a los estudios formales le venía desde su estancia en la secundaria, en el Colegio Seminario.

Para entonces, tenía un muy mal concepto de la educación formal, lo que dejó plasmado en El espíritu del 48, las memorias que escribió con la ayuda de Guillermo Villegas Hoffmeister y el padre Bejamín Núñez, quien fuera capellán del Ejército de Liberación Nacional.

“Tan fuerte llegó a ser mi malestar, que cuando obtuve el bachillerato no retiré el diploma correspondiente. Por mí que lo botaran”. El texto refiere que ese título lo obtuvo en el Liceo de Costa Rica, pero debe de ser una errata de los coautores Villegas Hoffmeister y Núñez.

“Creía y aún creo, que para un hombre verdaderamente estudioso, la mejor forma de aprender, de cultivarse es la propia investigación. Leyendo lo que a uno le guste y satisfaga, lo que sea útil para la vida espiritual. No ser forzado a aprender cosas que no interesan y que había que memorizar, si se querían obtener las calificaciones necesarias y pasar al curso siguiente. ¡Oh! ¡La obsesión del título! Sirven los títulos para buscar un empleo y aumentar un salario, pero no garantizan el dominio de un saber”.

Lector de Tolstoi en su juventud y en su vejez. También fue un ávido lector, entre otros, de Shakespeare, Whitman, Rousseau, Voltaire, Bacon, Spinoza, Spencer, Schopenhauer, Nietzsche, Locke, Cervantes, Kant, Lincoln y José Martí, por quien desarrollaría una enorme admiración, a tal punto que uno de sus hijos se llama igual.

Los tres años que pasó en Boston, donde prometió a su padre que iría a estudiar una carrera formal, los dedicó a trabajar y a leer horas y horas en la biblioteca pública, y allí leyó también a los representantes del liberalismo clásico y del socialismo utópico.

Francisco Orlich, amigo y cómplice de toda la vida, lo acompañó en esta época de autodidacta empedernido.

Y para adentrarse en este personaje lleno de matices, contradicciones, lealtades e idealismos, hay que acudir a sus propios escritos, muchos de los cuales fueron recogidos en sus discursos, pero los que aquí más interesan son los textos de su propio puño y letra.

Palabras gastadas fue un libro que escribió en México y ahí perfila su visión de lo que debería ser un Estado y sus ideales.

Cartas a un ciudadano es una manera de abrir una puerta al otro, para el que se gobierna, y Frijoles tiernos en abril es una incursión a la ficción. Por cierto, que Figueres tenía en este ámbito a maestros de la talla de Juan Bosch, quien luego sería presidente de República Dominicana, considerado por el propio Gabriel García Márquez uno de los escritores más dotados para el cuento.

En el ocaso de su vida se dio más a la relectura de los autores rusos, en especial de Tolstoi, cuya obra llegó a admirar tanto que Joaquín Gutiérrez rememorara en una ocasión que Figueres había contado, que sabía que en Yasnaya Poliana una de las escaleras de la casa “traqueteaban” y cuando lo llevaron a conocer se llevó la sorpresa de que no sonaban y la razón era simple: habían reconstruido dicha estructura.

“Un buen político, como debieran ser todos, debiera estudiar muy bien a Shakespeare y Cervantes. Leer el Quijote es una magnífica lección de naturaleza humana, dijo en el Café de las Cuatro junto a Gutiérrez, Arnoldo Mora y Ana Instarú, en 1984.

La otra pieza que encaja en este Figueres multifacético se resume en su creencia en la cultura como un don necesario para aprehender el mundo en su más honda dimensión.

Sin ella, creía, la riqueza no tiene mucho sentido para las naciones.

“Es necesario hacer un esfuerzo cultural superior a las posibilidades económicas de hoy. Es necesario no solo pensar en el nivel de vida sino en la calidad de vida. ¿Para qué tractores sin violines?”, dijo la mañana del miércoles 26 de julio de 1972 en el anexo del Teatro Nacional, que actualmente forma parte de la Plaza de la Cultura. La frase le dio la vuelta al mundo e incluso hoy es motivo de reflexión, sobre todo en tiempos en el que las humanidades han sido relegadas por el poder del mercado y las tecnologías.

A los 112 años de su nacimiento, a 28 de su fallecimiento, y en el año en que se conmemora el 70 aniversario de la revolución del 48, Figueres es un personaje que desde la historia y la ausencia aboga para que no se le archive en el frío ayer, y como si fuera un personaje en busca de autor reclama una gran biografía a la altura de sus luces y de sus sombras.


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