Elecciones presidenciales en Estado Unidos

“Trump no es un candidato presidencial normal”

Quizás la frase no sea muy original y no sorprenda a nadie

Quizás la frase no sea muy original y no sorprenda a nadie: “Trump no es un candidato presidencial normal”. Fue escrita por Colin Dueck, profesor asociado de la Escuela de Política, Gobierno y Asuntos Internacionales de la Universidad George Mason.

En un largo artículo (ver nota aparte) titulado “Política exterior del partido Republicano: 2016 y más allá”, Dueck afirma que Donald Trump armó una nueva coalición que atraviesa todo el espectro político norteamericano, dirigida contra el libre comercio, la inmigración y las élites políticas de los dos partidos, basada en el apoyo de los republicanos con menor formación académica.

Basta revisar la cobertura de la precampaña presidencial de algunos de los principales medios norteamericanos –especialmente los escritos– para darse cuenta de que durante todo el año este ha sido el mensaje que han transmitido: Trump no es un candidato presidencial “normal”.

The Washington Post le dedicó un editorial luego de la convención republicana de la semana pasada en el que lo llamó “candidato del apocalipsis”, lo acusó de demagogo y de carecer de “verdadero liderazgo”.

New York Times, en otro editorial, lo declaró como “mensajero tóxico”. Para el Times, Trump no ofreció “ninguna solución” a los problemas del país “más allá de su mesiánico retrato de sí mismo”.

Artículos en el mismo tono pueden encontrarse en el Huffington Post o en Bloomberg y, seguramente, en muchos medios más.

El discurso

El discurso de Trump en la clausura de la convención republicana, el jueves pasado, en Cleveland, era considerado por los analistas como la clave para el arranque de su campaña. Se trataba no solo del contenido.

Quizás era todavía más importante la forma: Trump dejó de lado un cierto estilo chabacano y se presentó a los millones de norteamericanos que lo estaban viendo como un hombre capaz de asumir la presidencia de la República.

Según los observadores de la convención, tuvo éxito. “A diferencia de otros mítines, en los que apareció como un aspirante impulsivo, grosero y sin coherencia, el magnate inmobiliario ofreció sustancia política en su alocución más disciplinada desde que lanzó su inaudita campaña hace poco más de un año”, dijo una agencia internacional.

Bloomberg recordaba que el miércoles anterior Trump había declarado al New York Times que los Estados Unidos podrían no defender a sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) si no contribuían con su parte al presupuesto de la alianza. Una declaración que despertó todas las alarmas al otro lado del Atlántico.

El jueves, dice Bloomberg, Trump trató de borrar esas preocupaciones con su carisma y confianza, con su discurso de tono más presidenciable, centrado en la idea de imponer ley y orden en el país.

Trump reiteró su lucha contra la inmigración ilegal (que podría representar la deportación de 11 millones de personas) y su intención de construir un muro en la frontera con México.

Para que no quedara duda de sus intenciones, uno de los oradores en la convención fue el sheriff del condado de Maricopa, en Texas, Joe Arpaio, acusado de racismo y que responde a demandas por la manera abusiva con que trata de los inmigrantes que logra capturar.

“Una nación sin muros no es una nación», dijo Arpaio; dejó, así, “la mesa servida para el discurso más antiinmigrante de Donald Trump”, escribió Univisión.

Situación deprimente

Trump pintó un cuadro deprimente de la situación de su país, con déficits fiscales y comerciales insostenibles, con su infraestructura deteriorada, con sus aeropuertos de Tercer Mundo, que se comprometió a arreglar.

En realidad, aseguró que solo él podía arreglarlo, con su experiencia como empresario.

A sus argumentos contra los tratados de libre comercio –en su opinión, el NAFTA, con México y Canadá es el más desastroso firmado por Estados Unidos–, agregó comentarios sobre los efectos que han tenido sobre el empleo al estimular el traslado de fábricas a países donde los salarios son de miseria y las regulaciones mucho más flexibles.

Sin embargo, cada vez que mencionaba esto, Berni Sanders, el aspirante demócrata que disputará con Clinton la candidatura de su partido la semana próxima, ponía en su cuenta de twitter un comentario:

“El gran plan económico de Trump: billones en reducción de impuestos para los millonarios, negativa a aumentar el salario mínimo federal”.

“¡Qué hipócrita! Si Trump quiere arreglar el comercio, puede comenzar haciendo sus productos en los Estados Unidos, no en países de bajos salarios”.

Para resolver el problema del comercio, agregó Sanders, “deje de fabricar corbatas Trump en China”; “deje de fabricar ropa Trump en México”; y aun “deje de fabricar camisas Trump en Bangladesh a 30 centavos la hora”.

En los Estados Unidos, el salario mínimo es de $7,25, que Sanders califica de salario de hambre; por lo que propone aumentar a $15.

En todo caso, a las críticas de Sanders se opone la visión de los partidarios de Trump. Un delegado de Pensilvania, Robert Yates, citado por Bloomberg, decía que el mensaje de Trump sobre ley y orden, así como las medidas económicas, cae especialmente bien entre la multitud que asiste a la convención.

“Él está enfatizando todas las notas adecuadas y no veo nada de lo que pueda discordar”.

Yates, que apoyó al rival de Trump, Ted Cruz, en las primarias, decidió, la semana pasada, votar por Trump. “Es lo correcto para el partido y estoy realmente feliz de esa decisión”, enfatizó.

Terrorismo

Otro tema clave del discurso de Trump fue la lucha contra el terrorismo, de cuyo fracaso acusó al gobierno Obama y a la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton.

Mientras Trump acusaba a Obama de haber debilitado el ejército y prometía aumentar los gastos militares, el vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, pronunciaba un importante discurso en el Lowy Institute, en Sidney, Australia.

Orientado a afirmar la presencia de Estados Unidos en el Pacífico y dar seguridad a sus aliados ante las tensiones con China, Biden reiteró que el compromiso de Estados Unidos con mantener su fortaleza militar “no tiene parangón”.

“Nosotros continuamos superando a nuestros competidores, gastando más en nuestra defensa que las siguientes seis naciones del mundo combinadas”. Una realidad que deja en evidencia diversas cosas, entre ellas el tono demagógico con que Trump aborda esos temas y que también evidencia el eje de las tensiones mundiales y el peligro, muy real, de una confrontación armada catastrófica.

El discurso deja, sobre todo, en evidencia que Estados Unidos está comprometido con un esfuerzo que va mucho más allá de sus posibilidades, pues no hacen falta demasiadas averiguaciones para comprender que sus capacidades económicas no superan hoy esas seis naciones aludidas, entre las que se incluye Rusia y China.

Una de las consecuencias de un tal gasto insostenible es el deterioro de la infraestructura que Trump denunció.

Vicepresidencia

Tras un cuidadoso proceso de selección, Trump anunció, antes de la convención, quién sería su compañero de fórmula en la vicepresidencia.

El elegido fue el gobernador de Indiana, Mike Pence, hombre del Tea Party, un sector surgido en pasadas campañas electorales republicanas identificado con posiciones aun más conservadoras.

“La elección de Pence –se puede leer en un comentario de la prensa norteamericana– es un intento por calmar la línea dura conservadora del partido, muchos de los cuales votaron por Ted Cruz en las primarias”.

Cruz causó conmoción al hablar en Cleveland, donde pidió a sus partidarios votar en conciencia, pero no dio su apoyo a Trump, como se esperaba de los oradores en la convención.

Trump dijo que Pence era un hombre del establishment político, cosa que él presume no ser. La afirmación no dejó de causar sorpresa, pues los miembros del radical Tea Party tampoco son considerados representantes del establishment político norteamericano.

Quizás haya otras claves para explicar la elección de Pence, entre ellas su “cercana relación con los donantes más importantes del Partido Republicano, incluido los multimillonarios hermanos Charles y David Koch”.

La prensa norteamericana había señalado la lejanía de Trump de los ultraconservadores hermanos Koch, lo que “podría cambiar” con Pence a su lado.

“Los currículos de varios de los principales colaboradores del gobernador incluyen trabajos con grandes redes corporativas y políticas de los hermanos Koch», señaló The Washington Post.

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