Trabajo doméstico no remunerado

Salario de “ama de casa” sería de ¢342 mil al mes si se pagara

Los hombres que hacen trabajo doméstico recibirían ¢137 mil mensuales.

Si las empresas y el Estado pagaran el trabajo doméstico que realizan las “amas de casa” –y las mujeres que además trabajan fuera del hogar- para hacer posible que las niñas y los niños se conviertan, eventualmente, en una fuerza de trabajo saludable y capacitada (crianza y cuido en la primera infancia, compra y procesamiento de alimentos, vacunaciones, atención de citas médicas, ayuda para hacer las tareas, lavado y planchado de ropa, etcétera), tendrían que remunerar a cada una de ellas con ¢342 mil mensuales.

Este es el monto que, precisamente, se ahorran unos y otros porque el trabajo doméstico que realizan principalmente las mujeres costarricenses no se reconoce como parte de la economía, y por eso no se les paga.


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Roxana Morales, coordinadora del Observatorio Económico y Social de la Universidad Nacional (OES-UNA) estimó ese monto, a solicitud de UNIVERSIDAD, a partir de los resultados actualizados al presente de la Cuenta Satélite del Trabajado Doméstico No Remunerado (TDNR), dada a conocer el mes pasado por el Banco Central de Costa Rica, la cual tomó como base la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del año 2017.

Esta cuenta determinó que el trabajo doméstico no pagado en Costa Rica, en ese año, equivalió al 25,3% del Producto Interno Bruto (PIB, toda la riqueza producida en un año en el país), unos ¢8,34 billones anuales. Además, demostró que este tipo de trabajo está recargado en las mujeres: el 71% fue realizado por ellas (18% del PIB; ¢5,95 billones) y el 29% por hombres (7,38% del PIB; ¢2,38 billones).

La actualización de esas cifras al 2019, suponiendo que el peso de estas actividades con relación al PIB se mantuviera, dio como resultado que este año el TDNR equivale a ¢9,2 billones, de los cuales ¢6,57 billones corresponden a trabajo realizado por mujeres y ¢2,63 billones a trabajo realizado por hombres.

Ama de casa Hilda Morales: “Como uno siempre está de ama de casa, entonces, ahorraría, guardaría dinero para tener para el futuro”. (Foto: Hilda Morales).

Luego, la economista dividió ese monto entre el total de hogares en el país (1.600.797 en 2019, según el INEC) y esa cifra la dividió a su vez entre 12 meses, con lo cual obtuvo el costo promedio mensual en que incurriría cada hogar si tuviera que pagar por ese trabajo doméstico.

“El resultado es sorprendente: ¢479 mil por mes, de los cuales ¢342 mil se tendrían que pagar a las mujeres y ¢137 mil a los hombres”, dijo.

Además, si se compara ese costo mensual con el ingreso neto promedio mensual por hogar, que según la Encuesta Nacional de Hogares de 2019 es de ¢1.016.358, se obtiene que el 47% de ese ingreso tendría que dedicarse al pago del TDNR, agregó.

“Lo anterior permite dimensionar el gran valor que tiene el trabajo doméstico y las labores del cuidado para la sociedad. Además, es claro que los datos solo muestran un promedio, posiblemente el costo equivalente para algunos hogares es mucho mayor y para otros es menor, dependiendo de la cantidad de miembros por hogar, la cantidad de labores que se realizan y la posibilidad que tienen los hogares de contratar esos servicios”, argumentó.

Por su parte, Lidia González, planificadora del Área de Coordinación del Sistema Estadístico Nacional, del INEC, recordó que Costa Rica es uno de los pocos países en América Latina y en el mundo que han logrado avanzar en la valoración del trabajo doméstico no remunerado.

Los países de América Latina que calculan la cuenta satélite de este de manera regular son: México y Colombia. Otros países las han calculado también como Perú, Ecuador y Argentina, pero este únicamente para la ciudad de Buenos Aires, en el 2016.

Canadá, Estados Unidos y España están entre los países que también han calculado el valor económico del trabajo doméstico no remunerado.

Realizar esa estimación “permite desmitificar la idea de que el trabajo doméstico es marginal y que su contribución al desarrollo económico no es significativa, como sí lo es el trabajo remunerado. Se evidencia con ello que existe una estrecha interdependencia entre ambos y que su valor en términos monetarios es muy significativo”, dijo.

El hecho de que se considere como “marginal” a este tipo de trabajo se refleja en que se contabilice precisamente en una cuenta “satélite” y no como parte integrante del PIB, a pesar de representar un valor económico equivalente a una cuarta parte de este.

En el caso de Costa Rica, fue el arduo trabajo de una comisión interinstitucional, integrada por organizaciones feministas, las universidades públicas, el Instituto Nacional de las Mujeres, el INEC y otras instancias, el que, finalmente, logró la aprobación de la Ley 9325, “Contabilización del Aporte del Trabajo Doméstico no Remunerado en Costa Rica”.

El trabajo doméstico es responsabilidad de todos y todas, es fundamental para la sostenibilidad de la vida y del sistema económico; por ello, este no debe seguir cargándose en las mujeres”

Roxana Morales, Economista

Esa norma establece que el insumo principal para esta cuenta satélite, la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, se deberá realizar de manera continua, “conforme al período que defina el INEC como autoridad responsable. En todo caso, este período no podrá ser superior a los tres años entre una y otra medición”.

En cuanto a los efectos prácticos de la información que provee esta cuenta satélite, Morales consideró que “el primer paso es reconocer la importancia que tiene el TDNR dentro de los hogares, que todos los miembros del hogar sean conscientes del valor que este tiene. El segundo paso, es empezar a redistribuir las tareas del hogar entre los miembros. El trabajo doméstico es responsabilidad de todos y todas, es fundamental para la sostenibilidad de la vida y del sistema económico; por ello, este no debe seguir cargándose en las mujeres”, enfatizó.

González, por su parte, dijo que, al reconocer el valor del trabajo doméstico, la sociedad podría retribuir a las “amas de casa” que no poseen ingresos propios mediante los programas de las políticas sociales en su beneficio como servicios de salud, vivienda, seguro social y otros.

Con estas apreciaciones coincidió el ama de casa Hilda Morales, quien además consideró que, si se reconociera monetariamente el trabajo que ellas realizan, podrían ahorrar previsoramente.

“Sí, imagínese. Si el trabajo doméstico se pagara y se ganara cierta cantidad de dinero, me imagino que uno ahorraría. Porque como uno siempre está de ama de casa, entonces, ahorraría, guardaría dinero para tener para el futuro, porque nosotras, las amas de casa, no tenemos salario”, afirmó.

“Sería una gran ventaja, sería muy bueno que a las mujeres que se dedican a ser amas de casa, les reconozcan su trabajo. Porque el trabajo de ama de casa no es reconocido como tal, como trabajo. Sería muy importante”, agregó.


Economista Roxana Morales: “El resultado de la cuenta satélite del trabajo doméstico no remunerado es sorprendente”. (Foto: Katia Alvarado).

¿Por qué no se valora económicamente el trabajo doméstico?

Históricamente, las sociedades se han establecido bajo paradigmas androcéntricos -visión del mundo que sitúa al hombre como centro de todas las cosas-, que se caracterizan por crear importantes diferencias entre lo económico y lo no-económico, entre trabajo y no-trabajo, equiparando lo económico a los mercados.

Estos paradigmas consideran que la producción de valores de cambio es la única o la principal actividad económica y que trabajo es sinónimo de trabajo remunerado. En este sentido, las dimensiones monetizadas se han masculinizado y las no-monetizadas se han atribuido históricamente a las mujeres. Es decir, se ha generado una división sexual del trabajo que determina a las mujeres como responsables de la reproducción -trabajo doméstico, cuidado de niños y niñas, personas enfermas y adultas mayores-, y a los hombres como responsables de la producción.

Es así como las actividades no remuneradas realizadas dentro de los hogares, principalmente por mujeres, han sido convertidas en “invisibles”: no se valoran socialmente ni se contabilizan dentro de la producción nacional de los países -dentro del PIB-.

Gracias a las luchas feministas, se han empezado a crear las llamadas cuentas satélite del trabajo doméstico no remunerado, con las cuales se logra estimar un valor monetario de las actividades realizadas dentro de los hogares, que son fundamentales para la reproducción de la vida, pero que, al ser consideradas “no productivas” en el sentido económico, no son contabilizadas dentro del PIB.

Fuente: Roxana Morales, coordinadora del OES-UNA.


 


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