La Zurda: la barra antifascista y obrera que le canta al Guadalupe F.C.

Desde la gradería de sol, una nueva barra regresa la política al fútbol y combate al machismo en suelo guadalupano.

La Garra Herediana mira con desconcierto a una veintena de muchachos que agitan banderas de Nicaragua y de Palestina en medio partido de fútbol. A primera vista, parecerían recién sacados de una manifestación de la Avenida Segunda. A unos metros de las banderas rojiamarillas, un insólito grupo repite a gritos “No pasarán”, con el mismo arrebato que lo haría Mejía Godoy o cualquier revolucionario de izquierda.

Desde la cancha, extrañado, un jugador de la escuadra Guadalupana los mirará en algún momento del partido contra Heredia. La Zurda es una barra nueva. Se autodefine antifascista, obrera, feminista, a favor de las personas migrantes, LGTB+ y los afrodescendientes, y eligió apoyar a Guadalupe no solo por su fútbol sino porque es un barrio obrero. Gradería de sol, porque son barra obrera. Zurdos, porque el fútbol también es un acto político.

“Jale nica, ‘hijueputa”, le grita alguien a una de las mujeres de la barra que se cubre con bandera de Nicaragua. “Me limpio con los sobacos de la Chayo”.  Ella no se inmuta, y se une al coro de sus compañeros.

En sus manos, sostiene un papel con las consignas que la barra cantará durante todo el partido contra el Herediano, el 29 de julio: el último juego de la jornada dos del Torneo de Apertura del 2018.

“Quiero un fútbol diferente que disfrute la gente. Racismo ya no más. Vamos, vamos Guadalupe, con gana’, vamo’al frente, que lo pide la gente, no para de alentar. Quiero un fútbol diferente…” cantan los de La Zurda.

A diferencia de otras barras deportivas en el país, como La Ultra de Saprissa o La Doce de Alajuelense, La Zurda es una criatura joven. Nació hace unas pocas semanas y se inauguró en su primer partido este 29 de julio, con la asistencia de veinte personas. No es casualidad que haya escogido al Guadalupe ni a ese estadio para cantar las consignas. Para la organización de la que forman parte, Guadalupe es un importante sector obrero de la capital.

Además, su estadio recuerda la relación del fútbol y la izquierda en el país. La historia se remonta a poco más de un siglo. En la convocatoria de la primera marcha del Primero de Mayo, en un documento firmado por varias organizaciones obreras en 1913, figuran las firmas del primer club profesional costarricense: el Club Sport La Libertad. La gran movilización de ese año, que empezó a las 8 de la mañana en La Sabana, contó una hora y media después con un encuentro de fútbol entre ese equipo y el Club Orión. La Libertad es el club anarcosindicalista del fallecido jugador de los años 20 y 30 José Joaquín “Coyella” Fonseca, de quien lleva nombre el estadio guadalupano.

“El movimiento surge desde la necesidad de las personas por tener un espacio seguro y libre de discriminación en el que puedan disfrutar el pasatiempo de ir al estadio”, dice la agrupación en su convocatoria.

Los miembros de la barra son parte de un grupo llamado “Colectiva Conciencia de Clase”, que apodan La Triple C. No llevan ninguna vestimenta particular. Alguno tiene una camisa de vestir de manga corta, algún tatuaje por aquí, lentes redondos de Lennon por allá y casi todos tienen consignas escritas en papeles que sostienen en la mano.

“¡Guadalupe! ¡Suba la jeta pa’ que me la chupe!”, les gritan, a la derecha. “Dénle duro en la madre”, dicen los heredianos, mientras la zaga guadalupana intenta equilibrar el juego y salir del empate a cero del partido. La Zurda no se inmuta y canta:

“Borra los machos, a los racistas. Guada mi vida, es la alegría. Sos lo más grande de Costa Rica. Dale oh, dale oh… ¡Bien Torres!”.

El partido se va al descanso con empate a cero, y La Zurda aprovecha para colgar su bandera de Palestina en la malla del estadio. Herediano vuelve a la cancha, para buscar el primer gol, pero Guadalupe está bien parado atrás y le impide llegar a marco.

“¿Por qué será que te sigo a todas partes, Guada? ¿Por qué será que no sé vivir sin vos? Carnaval toda la vida. Azul y oro es la pasión… Si no te veo, se me parte el corazón”. “¡Barrio obrero Guadalupe!”, cantan a los jugadores, que mirarán extrañados a la nueva barra, de la que no saben nada.

Al minuto 60 el guadalupano Arturo Campos se acerca al marco herediano y abre el marcador con un cabezazo, tras un tiro de esquina de Moisés Arce. La Zurda vitorea y empieza a gritar “No pasarán. No pasarán”: el canto de batalla que popularizaron los republicanos en la Guerra Civil Española y los sandinistas en su guerra contra Somoza.

–“Puta, malparidos”, les responden.

A los guadalupanos no les costó marcar otro tanto. Seis minutos después, tras una combinación entre Víctor Murillo y Josué Rodríguez, este último trazó un centro raso a Oscar Moisés Arce, quien no perdonó frente al mundialista Leonel Moreira y puso el 2-0.

A la derecha, los rojiamarillos de la gradería contraatacan a La Zurda y, sin estar conscientes de la ironía, empiezan a gritar “Sí pararán” y “Pasaremos”: famoso lema acuñado por el dictador español Francisco Franco. Guadalupe tenía la victoria en sus manos, frente a un Herediano desorientado.

La historia cambió en los últimos diez minutos. El capitán rojiamarillo Pablo Salazar descontó al minuto 81, tras un tiro de esquina del exmanudo Diego Estrada. Con más confianza, unos cinco minutos después Granados marcó el empate tras un tiro de esquina de Randall Azofeifa, confirmando aquella vieja ley que dice que el 2-0 es el marcador más engañoso del fútbol.

“¡Sí pasó, carepichas!”, les grita un rojiamarillo a una Zurda atónita. “¡Y dos pasaron!”, agrega.

– “¡No pasarán! ¡No pasarán!”, grita un zurdo.

– “¡Pero si ya pasó dos veces”, le responde otro guadalupano de la barra, con la risa nerviosa de la derrota.

Desde los balcones de las casas de zinc al lado del estadio, los guadalupanos vieron cómo Heredia consiguió un tiro libre que Júnior Díaz aprovechó para darle vuelta al marcador y confirmar la gesta rojiamarilla. Sin embargo, el árbitro marcó una supuesta falta, que no se observó en ninguna de las repeticiones. Con la paridad en el marcador, el partido terminó con la pizarra sin cambios.

Para La Zurda, eso también cuenta como victoria.

“Nuestro objetivo principal es expandir la conciencia de clase en todos los sectores de la sociedad. (…) El proyecto va a permitir articular gente para las luchas sociales e incluso planear acciones por la comunidad de Guadalupe. Esperamos lograr ser una barra que además sirva comida a personas de la calle, que organice recolectas de víveres o campañas para ayudar perros callejeros, entre otras cosas”, cierra su casi insólito primer comunicado.

El marcador, goleo, posición en la tabla, el contexto, los errores tácticos y toda la parafernalia alrededor del campeonato es secundario. La Zurda ganó porque logró, con 20 gatos, alzar la voz en un espacio acondicionado para desahogar las peores falencias del hincha de fútbol: el racismo, la misoginia y la testosterona tóxica.

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