Epsy Campbell: el búmeran que cayó en la Casa Amarilla

Por antecedentes, por el contexto actual o por la figura de ella, al PAC no se lo perdonan. Los nombramientos irregulares sacan de Exteriores a una de las referentes del partido, que ya ocupa su oficina en Presidencia.

Epsy Campbell en el traspaso de poderes el 8 de mayo junto a su hija Tanisha y a su marido Berny Venegas.

El gobierno de Carlos Alvarado no pudo sostener a Epsy Campbell Barr como canciller de la República. La mujer negra que tomó ese cargo como una señal de los nuevos tiempos políticos apenas alcanzó a cumplir siete meses y este martes anunció que presentó la renuncia para evitar mayores desgastes políticos. El efecto búmeran ya estaba consumado.

Asediada por cuestionamientos similares a los que ella lanzaba desde la oposición como una figura referente del Partido Acción Ciudadana (PAC), esta economista de 55 años se rindió ante el plenario legislativo, desde donde recibió en los últimos dos meses ráfagas de críticas alimentadas por noticias casi diarias sobre su gestión en la Casa Amarilla.

No aceptó culpas, dijo algo sobre las prioridades en un gobierno, pero se va de la Cancillería y eso dice más.

Campbell se mantendrá como vicepresidenta de la República, el cargo maleable para el que fue electa tras acompañar a Carlos Alvarado en una fórmula presidencial compuesta después de otros intentos de arquitectura electoral fallida, de cuando el actual mandatario aún no era tal y estaba quinto en las encuestas.

Seguirá en la Casa Presidencial, pero a partir de este martes ella será también exministra de Relaciones Exteriores y la personificación de un golpe político que permite a algunos opositores recordar que lo son, a pesar de las alianzas en la reforma fiscal. Para otros, igual significa una cachetada a la bandera del PAC en el que ella milita desde su fundación, hace 18 años.

El PAC en la voz fuerte de Campbell

“Usted realmente representa bien al PAC”, dijo con sarcasmo después en el plenario la diputada Ivonne Núñez. También su compañero de bloque Nueva República, Jonathan Prendas: “Es una salida en falso del gobierno de Carlos Alvarado ¡Por supuesto que sí!, otra salida en falso de los cinco años del gobierno PAC”. Y Eric Rodríguez Steller: “Ella es la cara visible del fracaso ético del PAC”. Y así otros.

Es innegable que ha sido cara del PAC dos veces como diputada, como presidenta de la agrupación, dos veces como precandidata presidencial y una vez como candidata a la vicepresidencia hasta que el ocho de mayo desfiló en la toma de poderes con su vestido blanco, un elegante peinado afro, una de sus hijas y un marido que se iba a convertir también en razones de sospecha, por exceso de presencia.

A los pocos días de aquel mayo de la toma de gobierno, se vio pasar a diario una escolta con sirenas de la Policía de Tránsito que altera las mañana en la ruta 32. Era ella, que recorría poco más de 10 kilómetros entre su casa en San Isidro de Heredia y el despacho en el josefino barrio Otoya. No acostumbra pasar inadvertida en el desempeño de sus puestos políticos. Siempre mediática, casi extravagante y de discurso vehemente como dice ella, o soberbio, como le achacan algunos de sus críticos, incluso desde dentro del PAC.

Sin experiencia en cargos en el Ejecutivo, y menos aún en un ambiente diplomático que nunca es amigable para los cancilleres externos, Campbell intentó afianzarse pronto y construir su agenda en buena medida alrededor de sí misma: la inclusión étnica y de género. También pudo posicionarse fuerte contra el gobierno de Nicaragua y contra el de Venezuela, a pesar de que una cita en persona con el canciller venezolano Jorge Arreaza, el 8 de mayo, dejó muchas preguntas abiertas.

Diplomacia en tiempos poco diplomáticos

El resto de la política exterior era aún una obra en construcción, en parte porque nunca pudo consolidar un equipo de trabajo en la Cancillería. Los nombramientos de los directores a cargo resultaron ilegales, se acuerdo con la Procuraduría General de la República, como lo señalaron con insistencia diputados opositores.

Ni siquiera pudo mantener a su lado a una asistente de confianza en el despacho, pues las noticias la señalaron como “ahijada” y, aunque no lo era, sí estaba ahí por designación personal; cosas que siempre se han hecho, pero ya el terreno es otro y buena parte de ese mérito (si lo es) lo tiene el discurso extremo sobre ética que ella y su PAC lanzaron siempre desde la oposición en los tres cuatrienios en que lo fueron. Ese búmeran rojiamarillo tumbó ahora a una de las personas que lo lanzó.

Se lo recriminaron hoy los diputados opositores en medio de un ambiente triunfal. Recordaron en el plenario la vez que ella, como precandidata presidencial en 2013, se movía en un bus que portaba escrito un mensaje demasiado directo: “¿Vamos o no vamos sacar a Liberación? (…) Liberación ha implementado una forma de hacer gobierno que está caracterizada por la corrupción”.

Ahora algunas voces de ese mismo Liberación se place de haberla sacado de la Cancillería a ella y, por tanto, a una fibra importante del PAC. La oyeron renunciar ante el plenario, una forma inusual para despedirse de un cargo en el Ejecutivo. No fue una rueda de prensa con Alvarado al lado, fue ante el poder que representa a la gente. Algunos opositores le aplaudieron esa forma y otros creen que es otra chance de altivez.

La decisión estaba tomada desde la mañana. Una breve conversación con Alvarado resultó definitiva. Campbell decidió poner la renuncia al cargo de canciller y quizás nunca se pueda confirmar si fue una decisión propia o si se la solicitó el Presidente, ese político que decidió incorporarla en la fórmula presidencial del PAC en 2017 como parte de los balances internos en un PAC que padecía grandes fracturas.

Se desconoce aún qué funciones tomará Campbell, pero el golpe está dado. También al Gobierno, si es que eso se puede constatar. Y al PAC, o al sector más tradicional del partido, el más cercano al fundador Ottón Solís, del que ella siempre se ha considerado cercana.

Con un estilo más histriónico, amiga de las cámaras y menos dada al trabajo invisible, Epsy Campbell igual se convirtió en figura. Mujer y negra, banderas para ciertos momentos y taras en otros, como denunció ella misma. No faltaron, es cierto, algunos insultos por esas dos características que tanto se realzaron cuando se anunció la designación como canciller: la primera mujer en la Casa Amarilla, la primera vez que un rostro negro es el rostro de Costa Rica ante los gobiernos del mundo.

La imagen erosionada y el retorno a Zapote

Pero la imagen no basta. Campbell arrancó con buen ambiente de los opositores, pero pronto sobrevino el calentamiento y ella entró en el pulso. Internamente, profesionales diplomáticos compartían serias dudas sobre sus capacidades y sus formas. Fuera, ella era una oportunidad de oro para cobrarle alguna factura política al PAC o al Gobierno, según qué lente se usara.

En la última encuesta CIEP-UCR ella recibió una calificación popular de 4 en la escala 1-10, menos que Alvarado, que los ministros Rodolfo Piza o Rocío Aguilar o que el desconocido vicepresidente Marvin Rodríguez. Campbell o “Epsy”, como se le llama en las redes sociales, está lejos de ser una figura popular. Se cuestionaba si el mandatario tendría las agallas para separarla del cargo, pero con solo diez diputados y con tanta dependencia de la oposición para avanzar en otros temas, lo más osado habría sido defenderla de cada cuestionamiento de algunos medios, críticas o dictamen desfavorable.

Ahora la Cancillería queda en espera de una nueva cabeza que construya las pautas de la política exterior. Poco habrá que derribar porque poco hay después de siete meses y no todo depende del despacho ministerial. La Casa Amarilla tiene ahora más focos encima y quizás ese sea un legado del paso breve Campbell, sin habérselo propuesto.

Pero eso ya no es asunto de ella, que vuelve a su oficina en la Presidencia de la República sin que nadie espere verla en tareas propias de su condición de economista. Los cupos parecen llenos en ese sector, pero “ella tiene mucho que aportar”, expresó. Ella sigue a las órdenes de aquel muchacho que en 2004 ella –como jefa de la fracción legislativa del PAC– entrevistó para contratarlo como asesor en el Congreso.

La política da demasiadas vueltas y gira demasiado rápido. Como un búmeran.


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