El ingeniero Constenla toma la presidencia del PLN en “los momentos más oscuros”

El exdiputado y exjerarca del INS y del MOPT vuelve a los 75 años a las canchas, aunque advierte un panorama complicado. Lo primero que se debe hacer es, como se ha dicho antes, “unir al partido”

Guillermo Constenla (centro) recibe las felicitaciones de los dirigentes limonenses Clinton Cruickshank y Willy Latouche a mitad de la jornada de este sábado en el Balcón Verde, en Pavas.

Los asambleístas del Partido Liberación Nacional (PLN) eligieron este sábado al ingeniero Guillermo Constenla, expresidente del Instituto Nacional de Seguros (INS), como su nuevo presidente para momentos que él calificó como “los más oscuros” en más de seis décadas de la agrupación.

Constenla, empresario de 75 años de edad, venció entre los asambleístas 65 votos contra 51 al exdiplomático Carlos Rivera Bianchini, un resultado que sorprendió a numerosos liberacionistas reunidos en su Balcón Verde, en Pavas, exactamente un año antes de las elecciones municipales del 2020.

Rivera contaba con apoyo no confeso de la corriente arayista y del excandidato presidencial Antonio Álvarez Desanti que hace un año sufrió la peor derrota electoral del PLN, pero los asambleístas se inclinaron por el postulante que se preciaba de no estar impulsado por la corriente arista ni figuerista, aunque esos respaldos no siempre se pueden confirmar o descartar.

Constenla era hasta hoy un político jubilado. Fue ministro de Transportes, diputado y presidente del INS. Ahora estaba dedicado a sus negocios y a terminar la carrera de derecho, aunque nunca ha renegado de su militancia liberacionista, (tanta que hasta pensó en no votar en la segunda ronda del 2018 y ahora prefiere no decir por cuál candidato se inclinó). Dice que lo fueron a buscar a la casa unos dirigentes y aquí está ahora, de vuelta en las canchas.

La noticia es que ahora preside el mayor partido del país, el que más poder ha ejercido en Costa Rica y el mejor representa la política tradicional que critica un sector de la población y que añora otro. Lo hace, sin embargo, en el peor momento del partido, según el breve discurso que pudo pronunciar antes de la votación.

“Vivimos los momentos más oscuros después de las derrotas más tristes del 2014 y el 2018”, dijo ante un auditorio de más de cien personas. “No podemos seguir sin rumbo y presentando ante el electorado papeletas desgastadas y estilo de gestión obsoletos”, añadió antes de decir de varias maneras que al PLN no puede vivir de la nostalgia.

Rivera abogaba por la unión interna y su discurso parecía más bien el de un raso que el de un aspirante a liderazgo, pero había hecho una campaña interna y se pensaba que hoy recogería los frutos. Lo decían incluso algunos asambleístas que apoyaban a Constenla.

Conocido el resultado, Constenla y Rivera se juntaron frente al auditorio para dar una señal de algo que se dice fácil pero que ha herido fuerte al PLN en años recientes: la unión. Después el ganador diría que eso es lo más urgente, como han dicho dirigentes después del 2014 y del 2018.

El nuevo presidente sustituye a Jorge Pattoni, quien quedó después de que José María Figueres dejó el cargo a finales del 2016 para asumir una precandidatura presidencial derrotada en 2017 por Álvarez Desanti. Con este candidato presidencial el PLN acudió a las presidenciales de febrero 2018 y ni siquiera pudo pasar a la segunda ronda, lo que hundió al partido en una crisis de la que debe salir “por el bien de Costa Rica”, según Constenla.

Para ello, el PLN debe encontrar la manera de revertir la imagen general de “corrupto” que el Partido Acción Ciudadana (PAC) logró crear ante el electorado, dijo el nuevo presidente, antes de reconocer que ha habido errores. Ahora deben conciliarse, organizarse, reinventarse, vencer a quienes “usurparon la identidad socialdemócrata” y prepararse para los comicios municipales con la mira puesta en volver a la Presidencia de la República en el 2022, dijo Constenla, porque “para eso es un partido, para buscar el poder e impulsar desde ahí los cambios”. Antes había sido más tajante: “o ganamos o morimos”.

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