Cutris la pobreza, el abandono y esa fiebre por el oro que nunca se va

El lugar está como hecho de polvo. El aire es denso, espeso y amargo como el abandono y las contradicciones de una tierra repleta de oro y a la vez sumergida en la pobreza.

El lugar está como hecho de polvo. El aire es denso, espeso y amargo como el abandono y las contradicciones de una tierra repleta de oro y a la vez sumergida en la pobreza. El calor derrite las piedras y el cielo está cerca, muy cerca. La fiebre sigue allí, parece que nunca se va.

Cutris se divide en dos: La cabecera de distrito, que es Boca Arenal, y la zona fronteriza, donde está Crucitas. Carlos Chacón vive en Boca Arenal y es el síndico representante de Cutris. Tiene los ojos verde oscuro, el pelo negro, más corto imposible, es delgado, viste con pantalón beige y una camisa polo blanca con rayas azules. Tiene alrededor de 60 años. Entre tanto relato, Carlos dice que las dos partes del distrito son mundos diferentes. “La forma de comer, la forma de vestir, la forma de vivir”, es lo que cuenta el viejo síndico.

Boca Arenal es un poco de colores: hay pulperías, talleres, casas, trabajo. La Zona Fronteriza, en cambio, es un desierto de bosques, arena, alguna que otra casa o escuela y por supuesto, oro, mucho oro. Mucha y mucha fiebre.

Cutris tiene una extensión total de 873 km2 y una población de 10.334 habitantes, según el último censo realizado por el INEC, en 2011. Es el distrito número once de San Carlos, y el más grande también: abarca un 26,07% de todo el cantón, de acuerdo con datos del plan de desarrollo distrital 2014-2024.

Carlos tiene razón, son mundos distintos. Entre más lejos de Boca Arenal, más distinta la vida. El río San Carlos causa un desorden geográfico y el distrito de Pocosol fluye aledaño a Cutris. Carlos dice que es lo mismo, que la vida es casi igual. En el camino hay melina, un árbol exótico que usan para hacer tarimas y que aporta un poco a la economía del lugar, al igual que la piña.

La deserción en la zona está directamente relacionada con la presencia de coligalleros nicaraguenses, según las maestras. (Foto: Julián Zamora).

 “Sí, estamos un poco abandonados por lo que es el Ministerio de Educación”

El pueblo de Chamorro es pequeño. Hay una pulpería, una soda, y dicen que hace poco allanaron una casa donde vivían coligalleros. Al lado de la Iglesia está la Escuela Urire. La maestra Silvia abre la puerta de su clase a mediodía para que sus alumnos almuercen una tilapia en un comedor con techo de lata. Llueve un poco, el viento mueve las hamacas, que son el único juego en el jardín. Este año, en toda la escuela, solo matricularon 12 estudiantes, de los cuales 4 son costarricenses y 8 nicaragüenses. Algunos de primero, otros de segundo y tercer grado, todos en la misma clase.

En la pizarra estaba escrito: “No todas las familias son iguales.” Y algo más. La maestra Silvia tiene linda letra. Es alta, de piel morena y ojos gatos, su camisa roja contrasta con la pintura verde de la clase y es la única docente de la escuela. Dice que los niños de esa zona son especialmente inocentes y tranquilos, y que quizá es por su limitado acceso a la tecnología.

Con respecto a la educación en el distrito de Cutris: “Sí, estamos un poco abandonados, por lo que es el Ministerio de Educación. Porque nosotros aquí un asesor, nunca nos llega a visitar”, comenta la maestra Silvia. Dice que eso afecta a los niños. Porque los documentos o directrices llegan mucho tiempo después, dice que “tal vez llegan circulares al correo, pero aquí muchas escuelas no tienen internet.” Están como perdidos en el tiempo, como si todos los relojes de Cutris estuvieran estancados en la misma hora, una distinta a la del resto del mundo.

Más adelante, hay una cuartería donde suelen dormir los coligalleros pagando cinco mil colones por noche. Rodeados de sus ropas sucias, en hamacas viejas y con olor a frijoles fríos proveniente de una olla tirada en el piso agrietado de madera. Y a unos cuantos metros, está la escuela Las Crucitas.

Ahí está la maestra Carmen. Tiene el cabello corto y rojizo, y viste una camisa amarilla. Tiene tres alumnos en total pero solo hay uno en la clase, los otros dos parecen estar enfermos. Ella lleva dos años en Cutris.

Por un momento comenzó a hablar del oro. Contó la historia de una niña llamada Steisy Leonela, que tiene cabello negro y es de piel morena, se parece a su madre, que también se llama Leonela y que llegó a matricularla a la escuela este año. Pero hace como quince días su madre dijo que iba a faltar porque estaba algo enferma, y nunca volvió.

Su padre es un coligallero nicaragüense. Y dice la maestra que esa es una de las principales razones de la deserción en la zona. Que los coligalleros llegan con sus familias, matriculan a sus hijos o hijas en las escuelas o colegios, sacan oro y se devuelven al lugar de donde vinieron. La maestra Silvia dice lo mismo: que la deserción está ligada con la presencia del oro.

La casa de Steisy Leonela es de varias latas, unas sobre otras, “un ranchito de lata”, dijo la maestra Carmen, que la fue a buscar a ver si había alguien. Pero nadie estaba. Un vecino le dijo que pronto volvían, que habían dejado cosas. Quién sabe.

Datos del MEP afirman que hay 5 colegios con 111 profesores y 21 escuelas con 179. Dicen que en el año 2017 registran 21 deserciones en primaria y secundaria y en 2018 registran 13 en secundaria.

Por otro lado, la maestra Silvia dice que es preciso decir que por año se gradúan un promedio de 1 a 2 niños de la escuela. Y como ella misma dijo, hay un abandono profundo. En más de 800 km2 hay 26 centros educativos y 290 profesores. Algunas voces vecinas dicen que solo importa que sumen, resten y sepan escribir. Para que luego manejen terrenos y vivan de eso.

“Tenemos en esa zona problemas de prostitución, tenemos en esa zona problemas de narcotráfico.”

El viceministro de Seguridad Pública, Luis Castillo está sentado en su oficina con un traje verde que reafirma su autoridad. Y cuenta precisamente eso, que en la zona de Cutris, hay prostitución, narcotráfico, trata y tráfico de personas.

Y a pesar de que hay datos del OIJ que dicen que entre 2017 y 2018 se dio un caso de violación y dos de agresión, no se sabe a ciencia cierta. Los coligalleros tienen que vivir en la sombra con discreción. En sus cuarterías o donde sea que se escondan, consumen crack, inhalan cocaína, fuman marihuana, toman alcohol, se acuestan con prostitutas. Y si hay asesinato o violación, ¿quién lo va a reportar? Si lo hacen se arrastran a sí mismos.

Carlos, el síndico, cuenta que hace un año era peor la cosa. Que uno caminaba por la calle de lastre y veía a todos con baldes llenos de oro. Que caminaban como si nada. Dice que tenían “casas de plástico” hechas por ellos mismos al lado de la carretera y que ahí llegaban las prostitutas y les pagaban con oro. Ahora no es tan evidente, no parece serlo al menos.

Cuenta el viceministro que hace poco encontraron una pareja de hondureños extrayendo oro, que él se sentó a hablar con ellos y su respuesta fue que en Honduras se sabe que en Costa Rica hay buen oro.

Hay de todo, el viceministro también dijo que llegaron a unas cuarterías y se toparon un grupo de cuatro hombres:

— ¿Y ustedes quiénes son?

— Nosotros somos taxistas de Alajuela.

— ¿Y qué hacen aquí?

— Nos dijeron que aquí se podía sacar oro y nos vinimos un fin de semana a probar.

“Nos llamó la atención porque ellos ya traían la dirección del contacto, el teléfono del contacto, cuánto les iban a cobrar”, afirmó el viceministro.

Es evidente la presencia de grupos organizados. Hay voces en la zona que dicen que los dueños de las fincas dejan entrar a los coligalleros a cambio de un poco de oro. Que algunos vecinos de Cutris les abren las puertas por un poco de dinero para que duerman ahí. O simplemente pagan cinco mil colones por noche por dormir en cuarterías.

El viceministro también dice que el oro no se queda en Costa Rica. Que todo se va a Nicaragua. Y que el mercurio también proviene de allá.

A inicios de este año, se realizó un “mega operativo” en Crucitas por parte de varias instituciones llamado Lapa 1. Ahí se encontraron 254,6 gramos de mercurio, 0,5 de crack, 115 gramos de marihuana y hubo más de cien detenidos.

Actualmente, hay 19 fincas que están funcionando para la extracción ilegal del oro. Entre el 2017 y 2018, se dieron más de 700 casos por flagrancia en la zona.

A pesar de todo esto, Carol viste una camisa de flores y atiende una pulpería cerca de la iglesia. Y hablando sobre el estilo de vida en Cutris dice que ahorita es un poco complicado por la situación de la minería pero que aparte de eso es muy tranquilo. Dice que ver coligalleros es cosa de todos los días por la zona, pero que cada quien anda en lo suyo.

“En el año 2014, 2015 Costa Rica no tuvo ni un solo caso de malaria.”

Pero en el 2016 empezó. En lo que va del 2019 se han presentado 27 casos, de los cuales 18 han sido en Cutris. Y de esos 27, 16 han sido autóctonos y 11 importados.

El Doctor Rodrigo Marín, del Ministerio de Salud, dice que el mosquito Anopheles (malaria) ataca principalmente de noche. Y de noche, suelen salir también los coligalleros a rebuscar entre la oscuridad y la tierra la respuesta del oro. Pero pueden terminar encontrando la pregunta de los síntomas que anuncian la malaria: fiebre, escalofríos, dolor muscular, más fiebre.

Esta enfermedad se debe tratar con seguimiento. Y uno de los problemas es que los coligalleros no salen por miedo a ser detenidos, entonces sus situaciones muchas veces no son tratadas. Otras, si se tratan, no siempre son los buscadores de oro, muchas son de residentes de la zona de Cutris. Incluso ya se han reportado casos en la cabecera de distrito.

La malaria es una certeza. Carlos, el síndico, dice que “las enfermedades son normales.” Que desde Boca Arenal hasta Crucitas la malaria anda al acecho. Y no solo la malaria, Carlos dice que la pobreza y la inseguridad caminan por ahí todos los días.

“Económicamente es un distrito deprimido”

Es lo que dice el abogado ambientalista y ex candidato a la presidencia, Edgardo Araya. Funcionarios de la Municipalidad comentaban que no hay nada que hacer, a medida que se adentra a la zona fronteriza, entre cada casa hay varios kilómetros, hay más bosque que vida humana. El mismo Alcalde de San Carlos, Alfredo Córdoba, dice que “es una cosa triste.”

Edgardo Araya también comenta que “hablar de Cutris no es lo mismo que hablar de Crucitas.” Y el alcalde dice que “no es un problema de Cutris sino del país.” Entonces, ¿qué pasa?

Pasa que en la frontera norte, hay un lugar abandonado. Y sí, Boca Arenal es un poco de colores, hay comercios y trabajo. Y no, en Crucitas no hay desarrollo ni esperanza. Cutris es un solo distrito, y por más grande que sea y por más distintos que sean los pueblos que lo conforman, los une algo más que su nombre, los une una realidad humana.

La fiebre del oro nunca se fue. Siempre ha estado enterrada en el rumor de la tierra y en el caudal del río. Y no es para alquimia ni para un tesoro pirata. Es para solventar necesidades por la “economía deprimida” de la que habla Edgardo.

Los nicaragüenses cruzan la frontera, vienen con mercurio y sacan el oro de la tierra. Los costarricenses también se adentran en los bosques laberínticos en busca del metal precioso, así como hondureños o de cualquier lado. Si lo hacen es por la necesidad, porque como dice Carlos Chacón, además de las enfermedades y la inseguridad, es un lugar “muy pobre.”

La pobreza y el oro. Y en medio de esas dos palabras la vida oculta de tanta gente, la realidad de un lugar que parece haber sido olvidado.

“Si no temes a Dios, témele a los metales.” Dijo García Márquez.

 


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